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jueves, 20 de mayo de 2010

ANTOLOGÍA DE LA NARRATIVA LAMBAYECANA CONTEMPORÁNEA 2010

ANTOLOGÍA DE LA NARRATIVA LAMBAYECANA
(Parte II)
¿Qué y cómo están escribiendo nuestros narradores actualmente?

Por Nicolás Hidrogo Navarro
LOS NARRADORES ARRASTRAN SUS TEMAS Y NOSTALGIAS EN LA ALFORJA DE SU IMAGINACIÒN
Los cuentos en la región Lambayeque no son monotemáticos, muy por el contrario prima un exotismo disperso, descolmatado y alejado de identidad lambayecana y renuente del tema que evidencia el terruño como soporte de localización topográfica de las narraciones. Son textos ficcionales, con alusiones y experiencias personales. Cuanto más joven es el creador más prima la influencia personalista, el tema neoexistencial, la lucha interna por problematizar su propia vida y sus asuntos personales. Hay una tendencia al experimentalismo casero, por una introspección racional, pero al mismo tiempo ficcional, mística y pasional.
Hay que entender también otro fenómenos temático: las interferencias e hibridaciones culturales: nuestros cuentistas que produce literatura en Lambayeque proceden de zonas tan distantes como Cajamarca, Jaén, Bagua Grande, Chachapoyas, Trujillo, Moyobamba, etc. Lo que explica un poco esa falta de localización topográfica de las historias. Un 70% de los narradores no necesariamente han tenido su origen en Lambayeque, lo que arrastra fuertemente la nostalgia temática de su terruño y las experiencias directas e indirectas afloran como una cuota de pago a la tierra que los vio nacer y crecer y que desde la urbe es la forma de evocarlos, la manera como se homenajea la tierra que los vio nacer.
Los cuentos urbanos han perdido ese sabor a leyenda, mito que tenía la leyenda rural trasladad a la ciudad. Chiclayo, Lambayeque y Ferreñafe tiene una rica tradición mitológica y una herencia de mitos, leyendas y tradiciones que fortaleció mucho la influencia de sus primeros cuentistas cultores, pero que ahora la falta de estudio por ese pasado y por el mismo fenómeno de la globalización ha exotizado la temática y a diversificado las diversas técnicas narrativas. Por su supuesto, demás está decir que el 90% de las producciones cuentísticas carece de un uso y manejo consciente de las técnicas narrativas. Su afán es contar y motivar, predominantemente.

Nicolás Hidrogo Navarro.


 
EL CAMINO HACIA LÜMBURNIA
Por: Marie Linares

La neblina que acompañaba el camino rumbo al norte tuvo voz de mujer, ella cantaba en susurros los himnos secretos del parnaso donde moran eternos los preferidos de las musas. Sus ojos de lechuza se dibujaron en el aire al advertir el cansancio que debilitaba al viajero en su travesía. El día recién estaba en su primera hora de la madrugada y la ruta era larga. Junto con los himnos la neblina le cantó otros versos – aquellos que sí pueden ser escritos – advirtiéndole al viajero a modo de acertijos, las peripecias del camino; así, que no podía desatender el canto de la neblina que, poco a poco, fue haciéndose más quedito hasta desaparecer igual que la bruma, igual que un sueño al despertar de él.

La belleza de Urania confunde tu mente,
y tus ojos serán abiertos a su hermoso canto
sus notas empezarán en el inframundo y
culminarán en el agua,
no habrá otra cosa más poderosa que la voluntad
y la fiereza de su mirar.

La neblina había desaparecido y el cansino corcel seguía avanzando por los caminos tenebrosos y el inevitable fango; apenas podía andarse por el sendero que se asomaba entre el tupido bosque y el sabotaje de una noche de luna nueva con sus adormecedores bucles negros. Tenía que ser el muchacho más triste que se haya conocido, aquel a quien le habían robado la esperanza y trizado los sueños, el que finalmente montara ese caballo tan gris como la melancolía y tan salvaje como el arrebato de un adolescente; tenía que ser un jovenzuelo acostumbrado a las historias incompletas y a las confesiones a medias, aquel que no temiera morir sin epitafio, un descendiente legítimo de las tierras sumergidas de la Atlántida, cuyo linaje familiar llevaba tatuado en jeroglíficos sobre la piel de la nuca, oculto bajo su cabellera bruna.

El jinete se llamaba Alexour, y aún con catorce años recién cumplidos, su mirada iba más lejos que sus pies, sobre su cabeza se difuminaron los cielos de otra madrugada, vaciándosele el alma sobre la línea del horizonte donde se juntan la tierra y el firmamento y, en algún punto azul y distante donde tiene lugar la fantasía, descansaba la tierra Atlántida. La nostalgia se lo devoraba y las lágrimas pendían reprimidas del borde de sus ojos, con el sabor de recuerdos lejanos atracados aún en la mitad de la garganta, incapaz de poder hacer algo, impotente frente a las frecuentes visiones de un imperio majestuoso que no llegó a verlo como príncipe.

El silbido de un pájaro hunturi recibía al forastero y, a lo lejos, los campesinos recogían las manzanas de la temporada mientras un joven inválido tocaba la flauta. A casi cien metros de la casa más cercana, el jinete, que apenas podía mantenerse en pie y sostener las riendas de su corcel, se desplomó. Su organismo había pasado más de una semana sin provisiones y alimentándose con las semillas y frutos amargos del bosque. Pudo haberse comido a su caballo, como lo hacían los trontarios cuando padecían de hambre y ése había sido un caso de extrema necesidad. Pero no lo hizo… Su relación con Miunsai iba más allá del binomio hombre – bestia, se trataba de amistad; así era como pensaban los atlantes y Alexour no podía comerse a un amigo, había asimilado la idea de que el cuerpo de su caballo y el suyo uno eran aún en soledad; también era conciente de su linaje de príncipe aún en vestimentas de hijo de herrero; sus ojos dulces de adolescente se dedicaron por un instante a contemplar ilusionados aquel punto mágico de sus sueños en el horizonte que, como un espejismo, parecía siempre lejano y etéreo… Las patas del corcel Miunsai se doblaron sobre sí mismas, incapaz el animal de resistir el cansancio. Para cuando los campesinos por fin vieron a Alexour, éste se desplomó sobre la grama y las puertas de Lümburnia aún seguían lejos, a cinco kilómetros al noreste.

Al abrir los ojos se encontró vestido con una túnica blanca, en una habitación con una luz muy tenue, casi a oscuras… Un lecho con cortinas de seda dorada... Vaporoso olor de esencias florales e incienso… Detrás de la cortina, alguien encapuchado se acercaba con una vasija, mojaba la mano dentro de ella y estiraba el brazo para dibujar una señal sobre la frente del muchacho mientras pronunciaba palabras foráneas a los oídos de Alexour. Era el vocabulario de hechicera y su voz parecía la de una princesa… La última estrofa que repetía mientras le dibujaba húmedamente la señal en la frente correspondía al canto que momentos antes había escuchado – como si fuese un sueño – de una bella y extraña mujer que lo despertó de entre los cadáveres putrefactos del Inframundo.
- Mi nombre es Ieyakvna y lo que viste fue real, no te asustes. Te regresé del Inframundo porque te estabas muriendo y no hay caballero viajero sin misión importante.
Convaleciente, él le preguntó: -¿Qué cantabas y qué me pusiste en la frente?
La hechicera, a cierta distancia del lecho, y con la cabeza encapuchada y gacha le contestó:
– Te regresé con la canción de la vida, jamás podrás cantarla porque su letra y su fonética son secretas, al ponerse el sol ya te habrás olvidado de su melodía. También sé tu nombre, tu pasado, tu misión… en Inframundo se conoce todo, Alexour de Haçeibuan. Lo que dibujé en tu frente fue para protegerte y lo hice con agua de rocío.
- ¿Agua?
- El origen de la vida está en el agua… No te levantes.
- ¿Puedo verte? Eres muy bonita, sólo con mirarte me recuperaría.
- No puedes, te llevarías una decepción; no soy bella en este mundo. Lo que viste es mi alma, por lo general invisible, los únicos que pueden verla fuera de este mundo, como pasó cuando te salvé, son los dioses, los demonios y los seres especiales. Tú eres especial príncipe atlante y en tu última hora yo guiaré a tu alma a su estancia inmortal, esa será la próxima vez en que tú y yo nos encontremos.

Así le siguieron a esa noche ocho días en los cuales la hechicera además de prodigarle cuidados, le enseñó el poder curativo, casi milagroso, de ciertas hierbas medicinales y cómo usarlas para el bienestar y el veneno. Le educó asimismo en el arte de escuchar el consejo en el murmullo del agua, ya que el agua es fuente de vida o salud pero pocos conocen sus propiedades de ser el elemento revelador de los hechos pasados, de los presentes y de su facultad de predecir el futuro. Se trata del espejo del tiempo, ya que el agua ha existido en el planeta desde los primeros tiempos, conociéndolo todo desde entonces y es capaz de advertirlo todo y, debido a su propiedad transformativa, lo que se llama “el ciclo del agua”, ésta ha tenido contacto con la naturaleza en todas sus formas y en todos los momentos de la historia.

Así fue que la hechicera Ieyakvna lo adiestró en escuchar el consejo del agua y Alexour, joven príncipe atlante, sintió un pálpito cuando la dulce vocecilla del arroyo adivinó lo que guardaba su corazón y que sus labios aún no se atrevían a confesar. Sin embargo, la madrugada antes de marcharse, su garganta no pudo contenerse más en el secreto, pese a estar arriesgando un objetivo se atrevió a decirlo.

- Realmente tienes un alma muy hermosa, podría casarme contigo y dejarlo todo, quedarme a tu lado para siempre, en ese extraño cielo de Urania, contigo en la eternidad.
Ieyakvna se acercó a la ventana e irritada por lo que había acabado de oír, se despojó de la ruda vestimenta que la cubría. La luz de la luna dejó ver un ser de extraña y diabólica apariencia, con la cara muy blanca, rasgos deformes y horrorosos, escamas platinadas en la frente, pequeños cuernos de carnero, cabellos largos, resecos y platinados, carente de cejas, labios finísimos, dientes puntiagudos, lengua bífida y ojos celestes pero ciegos. Su cuerpo, no obstante tener forma de mujer, era de un color amoratado, con cicatrices y escamas a doquier; Ieyakvna parecía un ser maldecido por el universo. No dijo palabra... el príncipe atlante ya se había desmayado sobre el lecho.

- ¿Dónde estoy? ¿Y Ieyakvna? ¿qué pasó?….. era la visión de un monstruo, ella me engañó con su magia hizo que la viera horrorosa ¿por qué…? – fueron sus primeras palabras y trató de salir a buscarla, pero el aldeano se lo impidió.
- Tu caballo ya está listo para continuar tu camino, no te está permitido retroceder, Ieyakvna ya cumplió con su parte, te curó, ahora vete.

Esa mañana, Alexour y su caballo recorrían los cinco kilómetros restantes hasta Lümburnia y antes del mediodía se abrían para ellos las puertas de la ciudadela.
- ¿De dónde vienes forastero? – le preguntó uno de los guardianes de las puertas de Lümburnia,
- De muy lejos, de las tierras de Haçeibuan – aún no podía revelar su verdadero origen, el de la estirpe atlante.
- ¿Cuál es el motivo de tu entrada a la ciudad?
- Estoy de paso. Sólo serán unos días.

La bella revelación de la imagen del alma de Ieyakvna aún oprimía el corazón de Alexour y éste tenía la sensación de que con el tiempo todo lo que sentía por ella colapsaría por dentro y no habría cuerpo que lograse resistir semejante martirio, se había enamorado y no había sido el primer ser apasionado en el mundo por volver a ella a pesar de su desgraciado aspecto, atormentado por el recuerdo de un hermoso espíritu. Sólo pocos podían contemplar su verdadera belleza, y Alexour podía sentirse especial tan sólo por ese lujo de ser escogido; y, mientras el príncipe, aún con lágrimas vertidas en su corazón de carne adolescente daba sus primeros pasos en una extraña ciudad de enormes murallas llamada Lümburnia con una misión por cumplir; Ieyakvna lo veía todo desde los cielos de Urania, donde nacen estrellas como flores en la tierra, y habría de seguir ahí morando eternamente para bajar de vez en cuando a la tierra.




ELLA Y MIS LUCES


Por Antonio Serrepe Ascencio (ANSEAS)


Todo comenzó cuando tuve un sueño y extenso. Soñaba a colores, con un sol radiante que se ocultaba en el poniente, como un rojo incendio, muy redondo y muy brillante.

Luego soñaba con un coro de adolescentes que vestían con tules celestes muy brillosos, blondos y transparentes. Soñaba también con luces del arco iris y con un desordenado tropel de caballos azules y verdes.

Pero, no sólo en estado subconsciente, sino que despierto y despreocupado, también veía unas láminas de luz que se desplayaban en lenta procesión. Unas tras otra, pasaban las láminas parecidas al mercurio de los termómetros. Grandes y delgadas, dejaban ver sus transparencias.

A veces me reía a solas. Pero, no preciso desde cuando me río delante de la gente, en la calle, en los ‘combis’, en el mercado. Pero, no solo es risa, viene mezclada con llanto persistente y ruidoso. La gente me observa, se miran entre ellos y no dicen nada. Será porque mi aspecto es fiero, tal como me vi en espejo de mercurio.

Pero, no solo era risa y llanto, me sobrevino un tic nervioso muy pronunciado, que comenzaba en los hombros y terminaba en la cintura, al tiempo que yo me golpeaba la base del cráneo porque me dolía mucho. Le pegaba fuertes puñetazos a ese cráneo, porque sabía que de allí provenía todo.

..................

Yo había vivido feliz, tranquilo y reposado, hasta que ella apareció. Sutilmente me fue conquistando, y su coqueteo, medido y agazapado, fue tendiendo su red sobre mi voluntad y mis sentimientos. Era muy bonita, coincidía con la mujer que yo había soñado. Al llegar, llenó el vacío que en mi vida se había hecho persistente, tenaz. Despertó mis posiciones, y le dediqué candorosas poesías y hermosas canciones.

Recuerdo que de niño ganaba los concursos de poesía y de composición, de joven, también, de adulto escribía libros. Era famoso, por eso un poeta al vernos dijo que formábamos una pareja ideal.

Yo era feliz, ella fingía serlo, sin que yo lo notara. Hasta que los encontré en un cuarto de alquiler. Escuché primero su risa, después sus gemidos de placer. Y esto, naturalmente, me conturbó y salió la fiera que siempre tuve en mí.

Por eso comencé a destruirle, a tomar venganza. Y la perseguí en sus estudios, su trabajo, su economía, su felicidad. Fui destruyendo el poco pero feliz camino que ella había andado, fui quemando sus esperanzas y sus ilusiones. Yo le hice magia negra, espiritismo y brujería. Parece que por estar en esta última, me excedí de ‘ayahuasca’ y de ‘guarguar’, las hierbas que desenfrenaban y enloquecen. Ellos también las bebieron, pero extrañamente a él no les hizo daño. Es probable que fuera a la brujería a desintoxicarse, algo que yo no hice, ni ella tampoco.

Y bueno, me tienen aquí, dando lastimas y molestias, viajando interminablemente. Me doy cuenta que viajo cuando subo a los ómnibus y veo pasar interminables los campos y las ciudades. Los veo desconocidos, cada vez más nuevos, nunca los mismos viejos pueblos que conocí. La gente, generosa y extraña, siente piedad y me ofrece comida. Pero, yo no tengo hambre. Me doy cuenta que es comida por olor. Cuando en las noches frías no hay luz, me alumbro con mis láminas de mercurio, por eso he aprendido a querer a mis brillantes luces.

Ahora duermo en las calles, en los mercados, en los basurales, ahí donde encuentro calor. A veces, pasan mis láminas de mercurio y veo mi dormitorio elegante y mi cama grande. A veces veo los exitosos momentos cuando ganaba los concursos, o cuando dirigía los cuales o cuando disertaba en las universidades.

Hasta que un buen día mis láminas luminosas pasaron conduciendo esa pareja, pero por separado. A ella la vi, vieja, andrajosa y enferma, la sarna la cubría y la desdentada boca pedía limosna por misericordia. Entonces me sentí feliz, aunque de esto me arrepiento.

También lo vi a él, pero, elegante y exitoso, llevaba del brazo a otra mujer hermosa y rica en vestidos. Pasaron entre mis láminas de luz, pero por supuesto, no me reconocieron.

Desde entonces, comencé a sentirme mejor, ya hilvana ideas, ya me hacía entender. Desapareció el tic y ya no hubo risas enlazadas con llantos. Ya no más luces rojas, celestes ni verdes. Debe ser porque piadosos amigos me llevaban al brujo, quien me tendió una ‘mesa’ y me sanó.

Lo que si no recuerdo es cuando escribí este relato, si fue antes del rojo sol que se ocultaba, o después de él. No lo puedo precisar, porque ella y mis luces siguen llenando mi mente.




MÍSIAMENTE JODIDO


Por Marcoantonio Paredes Brenis


Un par de días más y tengo que pagar nuevamente el cuarto: ¡O me botan!
Tengo una reunión en la casa de la cultura.
Aún se habla de la última noche de poesía.
A primera vista el INC tiene apariencia de sepelio perpetuo.
Es periodista. Me gusta.
Esperé, esperé y esperé. Sólo llegaron dos.
Le di la pintura para que la vendiera y no me ha dicho nada.
Me debe de la revistas, necesitaba para los pasajes y sólo se fue.
La cité y no llegó. ¡Carajo!
Mañana. Si, mañana es el día.
¡Ya me voy!

Mientras caminaba su vacío se ondeaba deliciosamente en un espasmoso consuelo. Algo que ya reconocía, pero que a pesar de ello, sentía el frescor de la novedad de un adolescente. Como la sensación de una curiosidad maliciosamente perfecta. ¡Sonreía! ¡Sonreía! Sabe que va a ser, y será. ¡No hay remedio! Cualquier circunstancia insignificante lo embelesaba, como ir tocando de vez en vez los barrotes de la reja del INC. Todo le era agradable. A pesar de todo. Prefirió irse sólo a tomar su carro hasta el paradero. En el trayecto, la inercia de la costumbre, lo llevó a irse caminando. Sus pensamientos para el mañana eran más largos que el camino: ¡¿Cómo sería?! Sería algo para contar. ¿Lo habrán hecho antes? ¿Será?. Seis y treinta de la tarde, extraordinaria hora. Tendría que esperarla dónde sacan las copias. En frente.

Mientras caminaba por los paisajes de su ausencia, la noche redonda no avanzaba, se había perdido en la extensión de su imaginación galopante. La luna amarilladamente incólume, miraba el paso desconcertante de Marcelo. Excitada escrutaba en su rostro el plan secreto que sería revelado al borde de la luz del sol y en el esbozo de su mirada blanca al día siguiente, en otra noche.
Las paredes de las calles corrían a su paso, cambiaban de color para llamar su atención, algunas veces envían incoherentes mensajes: “JECU por el cambio” “Internet” “El APRA: siempre con el agro” “Se alquila cuartos para señoritas” “No arrojar basura” “Movimiento humanista”. Pero, por más que gritaban, Marcelo yacía en el oscurantismo exterior de su luz interior. En algunas ocasiones las piedras se cruzaban en el camino, algunos agujeros salían a su encuentro, las esquinas lo retaban a confundirlo, pero parecía que algún espíritu lo conducía hasta su destino final. Marcelo estaba ya en un día después.

Cuando estuvo frente a la entrada que lo llevaría hasta su cuarto el protector de metal, aletargado, de la puerta de madera le dijo: “Hey idiota tienes que abrir”. Marcelo volvió al hoy, a la noche celosa, a la estrella de su destino del treita de febrero sobre su cabeza: ¡Una fecha de nadie, un día de todos!. Al aire limpio de las once de la noche. A la visión de la “Primavera” donde vivía, frente a la fachada rosada de la casa, frente así mismo: zapatos mineros marrones, su querido pantalón jean celeste con un ojo a la altura de la rodilla, su camisa manga larga blanca de rayas azules que usaba por fuera, su viejo saco azul, sus lentes astigmáticos y su cabello salvajemente ondulado, como les gustaba a las chicas, de raya al costado.

La llave que se había perdido en la frialdad de su desinterés, estaba casi muerta al fondo de su bolsillo remendado. La sacó y ella cobró vida y penetró ávida el agujero. Abrió la puerta de madera y entró. Un sonido que durante el día era mudo, durante aquellas horas de la noche jodía, anunciaba la entrada, no conveniente para cuando toca pagar la cuota del cuarto. Cerró la puerta tras de si. Todo estaba tan oscuro que podría sujetarse de ella para no caer. Subió las escaleras y recorrió el ancho pasadizo hasta su cuarto. Nuevamente la llave: alegre abrió la puerta de metal. Esta si que jodía. Eran el grito virginal de unas bisagras oxidadas (Como una mujer virgen de 42 años) al ser desfloradas. Al entrar y al salir.

Cuando todo el mundo se había enterado de su llegada, ya dentro de su cuarto, prendió la luz que le anunció la soledad. Su colcha sobre el suelo, cubierta por algunas sábanas y el grito de sus dibujos en la pared:”Hola mi amor” “¿Quién soy?” “Mírame” “Estamos tomados de las manos” “Por un ojo” “Paz”, lo dejaban conmocionado por un instante y luego se revisaba: estaba cubierto de un cansancio terrible. Para cuando se observó de nuevo, ya estaba a oscuras y con un sueño que le acariciaba los ojos y un tiempo que le susurraba al oído las horas del día siguiente.

Nuevamente Marcelo se fue. Y unos espíritus invisibles bailaban en silencio la balada de la noche. Y los rostros de las paredes no parecían asustarse ante aquel aire de danzas nocturnas. Todo parecía vitalmente muerto. Una escena que nadie observaba, sólo la inconciencia de los objetos, se suscitaba libre, desnuda y fría. Pero las cosas no dirían nada nunca. Tampoco los espíritus invisibles. Y la calma hacía su fiesta, con música de la nada y luces de la desaparición... Sólo la calma: Sólo la calma era.

Abrió los ojos y el mundo de nuevo. ¿Dónde había estado? Se debía preguntar. Pero la costumbre nos hace creer en la normalidad de la cotidianidad y olvidamos las preguntas. Lo cubrió una especie de aire de solemnidad con una alegría extrema, que lo fue llenando hasta quitarle totalmente el sueño: nuevamente en su mente lo de más tarde y sonrío muy plácidamente dejándose ir al momento inexistente. Luego volvió.

Tengo que bañarme.
Llevar las otra pinturas.
Tengo treinta céntimos extras: para dos plátanos y un pan.
¡Ojalá venda algo!
...y geniales como las de Jorge: AUREA CONVEXA... (¡Hmmh!¡Le gustó a Jorge!).
¡Patricia! ¡aaay! Patricia...
Mi casa: que dirán en mi casa...
Magaly. Claro Magaly.

Se levantó para no pensar más.

Al mediodía el sol quema más.
Sin la gorra estuviese más negro.
Me provoca un ceviche. No puedo. Tengo que guardar.
Camino por la sombra.
Este “Pablito” no demora. ¡Si que corre!
¡Puta que son las tres y el sol aún quema!
(-ALTERNATIVA Estudiantil-)
Pucha que el “Pablo” me deja lejos de la casa de Nico.
Sólo voy a conversar con él un par de horas y salgo.

¡Puta mare carajo! Es lo que me molesta de ella. Siempre se demora. ¡Siempre! Marcelo mascullaba su ira, ansioso, impacientemente detenido, mientras las seis y treinta pasadas se burlaban de su espera.

La gente salía. El esperaba que viniese temprano para poderse confundir con ellos, así nadie sospecharía. Entrar antes de que salgan: ¡Aunque normal! Todavía veo que están entrando.

Su traje, el de siempre, parecía que le quería abandonar. Estaba harto. ¿Cómo la recibiría: molesto, medio molesto, sonriente, tranquilo y algo afectado. ¿Cómo?

¡Hola! Lo sorprendió por detrás. Sin dejar hablar a Marcelo le dijo adivinando su fastidio: ¡Perdóname! La culpa la tiene una cucaracha. Y Marcelo: ¡Queeeeeé! Y ella con su carita graciosa: ¡Siii! Lo que pasa es que se metió a la ducha y era tan escurridiza que me costó bastante tiempo matarla.¡Era una cucaracha enorme y asquerosa! Pero ya estoy aquí. Marcelo conteniendo su fastidio, respiró lascivia y su cuerpo se estremeció secretamente: ¡Ya bueno! ¿Entonces?. Interrogando como si no supiera que hacer. Y Abril respondió del mismo modo: No sé. Y Marcelo sonriendo consternado: ¿Cómo que no sabes? Y Abril con su mirada asustadamente emocionada, pausada: ¡¿No sé pues?!

Bueno... Bueno. Lo que pasa es que a mí me da un poco de temor. Pues es un poco tarde y ya están saliendo y pareciera que ya no queda nadie. Por eso te dije que vinieras temprano, la idea era entrar antes de que saliera la gente para pasar como que entramos con ellos. Pero vamos pues, no importa, ya estamos aquí. Pero sabes, yo entro primero y me dirijo a donde nos encontramos siempre y tú luego entras y te das la vuelta. Es mejor que pareciera que no llegamos juntos. Sentenció Marcelo después de urdir su plan.

Y Abril respirando desde las piernas: ¡Ya pues!

Marcelo se encaminó hasta la puerta y entró temiendo que le impidieran el ingreso los vigilantes, pero no. Nada pasó, eso le daba la señal que todavía se podía ingresar normalmente y significaría un par de horas dentro. Y pensó para sí que era suficiente.

Cuando ya estaba lejos de la entrada, volvió la mirada y pudo ver a Abril ya dentro. Se veía hermosa. Con su acostumbrada mochila azul y su cabello atado en lo alto de su cabeza. Su jean blanco apretado y su blusita amarilla, magnificas. Ella no miraba, sólo caminaba oronda. Marcelo continuó caminando hasta el lugar de siempre. Llegó, se sentó. Había un relativo profundo silencio, eran 6:45 de la tarde. Sólo se podía ver muy, pero muy aisladamente alguna que otra persona. El viento soplaba frío y fuerte, más de lo acostumbrado. Parecía que cobraba libertad en ausencia de gente. Marcelo decidió, mientras Abril llegaba, irse a recorrer que tan sólo iban a estar él y ella. Y encontró que por todos sitios, la misma acogedora y cómplice soledad, reinaba seductora y atrayente. Deliciosa.

Marcelo regresó a la banca, la que también parecía cálida para la hora. Y entre la placentera atmósfera del ocaso y los pabellones silenciosos y estimulados a guardar el secreto, cómplices, eran el marco preciso para la entrada de Abril. Su piel fresca del color de una galletita field de vainilla, agradablemente pálida, era lucida decorosamente por su carita que tenía como holgada guarnición un corcel negro vuelto cabello, como hilos de diamante azabache. Los que atados en lo alto de su cabeza, luchaban por cobrar la libertad que un gancho les hurtaba apretándolos.
Se acercaba dejando brillar su amplia sonrisa la que me fulguró el todo de mi humanidad.
Cuando ya estuvo cerca a mí, me sentí el profano más grande y satisfecho del mundo. Una diosa me abrazó por el cuello y me dijo: Perdóname mi amor, por llegar tarde. Y yo estaba hondamente gozoso como si estuviera recibiendo la santidad en vida. Sus pechos enormes, como ostias salvajes, me limpiaban del terrible pecado de no ser lujurioso con tan tamaña perfección, a la que yo sostenía por su fuerte y angosta, ceñida y justa cintura, pensaba ansioso: ¡Si era mía! ¡Mía! Sólo mía.

Y me dijo, decidida y segura: Bueno mi amorzote que hacemos. Y le dije emocionado al desborde, señalando a todos los sitios: ¡My beautiful lady! Tienes más de ochocientas aulas para escoger, cuál de ellas te provoca más. Ella sonriendo sublime le dijo: La que tenga menos luz mi amor. ¿Por qué no vamos a buscar?



Y tomándola de la mano, fueron a buscar el aula más conveniente. El mutismo de la noche
¿Qué hay más allá del agujero del último suspiro?¿Qué universo se oculta en la párvula mano que se extiende a pedir el pan? ¿Qué dimensión hay en el llanto de un niño? ¿Qué doctrina reza el cabello sucio de un loco? ¿Qué hay de primitivo y salvaje en el beso de despedida de la madre del niño que vende caramelos? ¿En qué lenguaje intenta hablarnos el roto pantalón de los niños de la calle: nuestros hijos? ¿Cuánto duele la patada de unos ojos ciegos?



UNDERGROUND

Por Rubén Mesías Cornejo.

Preludio.

La energía que emana de la proa ilumina vivamente la cabina de la sonda. Por un momento parece que la legendaria luz del sol estuviera resplandeciendo frente a mí, pero todo no pasa de una simple ilusión que mi cerebro desecha pronto. Nada debe distraerme de la tarea de conducir esta sonda a través de las entrañas de la Tierra. Detrás de nosotros se alinean centenares de sondas que transportan a los colonos que abandonaron las cuevas del Inframundo para retornar a las comarcas del mundo superior, tal como lo ha determinado la voluntad de nuestro Patriarca.
Hasta el momento nuestro éxodo ha resultado propicio pues el fuselaje de las sondas ha resistido bien los rigores de la travesía subterránea. Además el espectrómetro nos ha brindado una buena noticia: se han encontrado residuos de roca sedimentaria entre el material de desecho que los filtros retienen a diario. Este indicio nos permite inferir que estamos atravesando la corteza, y que nos hallamos cerca de las superficie donde se erigen las ciudades que nuestros padres habitaron antes de ser arrojados al abismo situado más allá de la discontinuidad. La leyenda cuenta que esa gente aprendió a resistir el acoso de la terrible estrella que antaño contribuyó a la germinación de la vida .Hoy me toca empezar mi reposo. Otro navegante ocupara mi lugar mientras me hundo en el gélido sueño que proporciona el criopreservador . He calculado los turnos y estoy seguro de que me tocará conducir la sonda cuando la invasión se produzca.

Interludio.

Desde mi despacho de Tecnocrátor monitoreo las condiciones del ámbito exterior. Sobre el domo se ciernen brumosos cúmulos de smog que evocan la amenaza de una tormenta, de pronto las nubes se detienen y dejan escapar una nutrida lluvia de partículas que se abaten estruendosamente sobre el domo que protege a la ciudad.
Cada vez que ocurre algo semejante, acude a mi memoria el fenómeno que originó este desequilibrio extremo .Hace muchos siglos atrás que la atmósfera se echó a perder debido a las emisiones gaseosas de las industrias establecidas en el Primer Mundo. A raíz de esto el clima del planeta empezó a cambiar, y la tragedia se precipitó sobre la Humanidad.
El paulatino recalentamiento derritió el casquete de hielo que cubría a la Antártida, y el océano enloqueció devorando islas y asolando el interior de los continentes. Por ende ninguna ciudad costeña pudo permanecer incólume al vendaval que alteró severamente la toponimia del orbe. Así fue como la costa quedo convertida en una región insalubre que obligó a emigrar a los que pudieron sobrevivir hacia los austeros valles serranos que habían resistido mejor los embates del cambio climático. De esta manera la vida pudo continuar su curso en aquellos lugares que nuestros antepasados rescataron de la catástrofe .En ese momento los sobrevivientes que provenían de la extinta capital decidieron, por unanimidad, empezar la construcción de un Domo que los protegiera de los efectos de la radiación ultravioleta. Lamentablemente la ejecución de la obra acarreó una serie de inconvenientes- escafandras defectuosas, equipos de respiración inadecuados y una insidiosa epidemia que mermó la mano de obra disponible-que suscitaron una oleada de histeria entre los refugiados. Apremiado por los reclamos de sus súbditos el primer Tecnocrátor dispuso que el domo entrara en servicio sin evaluar previamente su capacidad de resistencia a la radiación, pues era una necesidad imperiosa contar con un área protegida para poner en marcha la planta atmosférica que purificaría los sectores habitados del valle. Además nadie deseaba permanecer más tiempo dentro de los incómodos refugios subterráneos que se habían excavado para servir de vivienda mientras se terminaba el domo. A largo plazo la decisión de mi antecesor se revelo contraproducente, pues si bien le produjo la aprobación de la mayoría no tuvo en cuenta que los defectos de construcción terminarían manifestándose tarde o temprano. Conforme fueron pasando los siglos el domo empezó a deteriorarse severamente, y la compresión llego a formar enormes grietas , que si bien pudieron ser reparadas, permitieron que la temida radiación ultravioleta se filtrase dentro de la urbe .Este accidente afecto a la mitad de la población urbícola produciendo un grave quebranto moral entre todos nosotros. De inmediato los damnificados fueron transferidos a lugares aislados donde pudieran recibir tratamiento, sin embargo nuestra ciencia nada pudo hacer para revertir la mutación que se había producido en los cromosomas de los afectados. Como era de esperar la prole de esta gente presento un aspecto monstruoso que determino su inmediato exilio en las comarcas subterráneas que se habían descubierto por esos días. Así fue como aquellas personas y su progenie fue conducida a las grandes plataformas que los llevarían al interior del abismo. La única concesión que mi antecesor hizo fue permitirles llevar las maquinas que consideraran útiles para acondicionar aquellos lugares a la vida humana. Y por ultimo antes de partir se les hizo jurar solemnemente que nunca retornarían a la superficie, sin embargo por motivos de seguridad la fuerza armada cegó los pozos por donde habían descendido en un intento por complicarles las cosas si faltaban a su promesa e intentaban volver.
Desde entonces no hemos sabido nada de ellos, y por mi parte espero, que jamás sientan la necesidad de venir aquí. Si lo hicieran tornarían sumamente difícil la existencia que llevamos, pues nadie quedaría libre para ocuparse de los biodigestores que sustentan la ecología de esta urbe enclaustrada.
Escampa. Los rayos del sol traspasan la corina de smog permitiendo que aprecie su esplendor en la imagen que tengo en mi monitor. Bajo el domo aquellos rayos se refractan semejando una pira que ardiera en medio del firmamento. Y entonces siento que ha llegado el momento de interrogarme por cuánto tiempo continuaremos resistiendo la presión de esta coyuntura agobiante.

Coda

La travesía ha culminado, hemos llegado a la superficie. La tamizada radiación del sol cae sobre nuestras escafandras mientras los urbícolas nos contemplan espantados ante el surgimiento de nuestras sondas. En sus rostros puede leerse un párrafo de horror inconcebible. Han sido testigo del parto más increíble registrado en la historia del planeta. Sin duda la magnitud de la verdad les induce a huir. Esta circunstancia nos otorga una ventaja sustancial sobre nuestros oponentes potenciales ya que podemos desplegar nuestra vanguardia sobre las avenidas de su ciudad y dirigirnos hacia los biodigestores donde se produce la energía que alimenta todos los sistemas de la urbe. Si conseguimos tomar estos objetivos por sorpresa podríamos dedicar el resto de la faena a buscar el escondrijo donde se guarece el Tecnocrator, sin embargo la realidad no se corresponde con mis deseos y las fuerzas urbícolas reaccionan haciéndonos frente con todo su poder de fuego. Ahora los disparos de sus armas destellan detrás de sus parapetos, mientras sus maquinas de guerra acuden para apoyar su esfuerzo... Resulta evidente que esta demostración solo es el preludio de un contraataque mayor. La batalla continua y sendos haces de luz surcan el espacio demostrando que la lucha se encuentra en su momento más álgido. Sus armas continúan disparando a plena potencia, pero su impacto resulta repelido por los escudos energéticos que nuestros guerreros generan para conjurar el peligro. Aquella barrera invisible hace reverberar el éter con cegadores destellos que deslumbran a los urbícolas que defienden el biodigestor con el valor de los desesperados. El aire crepita en torno a los impactados anunciando que el ataque ha fracasado. Desconcertados los urbícolas se repliegan combatiendo, mientras sus lanzarrayos continúan disparando haces de luz contra nosotros en un alarde de coraje, pero su retirada no es completa y poco después reanudan su resistencia en torno al edificio que contiene al biodigestor. Para eliminar la oposición que nos impide apoderarnos de sus reductos apelamos a las sondas lanzacohetes. El gran poder de fuego de dichas armas bate los emplazamientos urbícolas con efectos realmente devastadores .Así después de una andanada de cohetes el reducto queda convertido en una ruina de la cual surgen decenas de hombres con los brazos en alto, en un claro gesto de rendición que se repite en todos los sectores de la ciudad. No obstante en torno al Palacio del Tecnocrator la resistencia no parece menguar, pero el numero de lanzacohetes que se concentra alrededor de la posición hace cambiar el cariz de la lid, y pronto nuestros infantes consiguen desbordar su perímetro defensivo. Ahora se produce un combate mucho más cruento pues la corta distancia que separa a los contendientes hace que los disparos se hagan casi a quemarropa. Un alto número de soldados urbícolas perece de esta forma defendiendo la persona de su Tecnocrator. Sacando la cuenta parece que el asalto final ha resultado demasiado cruento para ellos. Los pocos que aun resisten se retiran hacia los campos de minas que cercan esta ciudad casi rendida. Sobre el terreno que ya es nuestro yacen miles de urbícolas desmembrados por los rayos. Por todos lados se ven los escombros donde agonizan los soldados que defendían esas posiciones destruidas por los cohetes. Pese a su infortunio el Tecnocrator todavía encabeza a la pequeña facción de empecinados que persisten en combatir.
Para eliminar aquel foco de resistencia se nos ordena atacar la periferia con la tares de eliminarlo y capturar al Tecnocrator con vida. Ante nosotros se levanta la translucida cúpula que contemplara la última batalla de aquel demente. Nuestros guerreros inician el ataque apoyados por un diluvio de cohetes que estremece el cielo y la tierra. Los urbícolas apenas replican y se retiran hacia el perímetro que protege los campos de minas que alguna inteligencia pérfida dispuso allí. Su única esperanza consiste en que los sigamos, confían en que las minas darán cuenta de nosotros. Pero no saben que las minas han sido detectadas y que los trajes de nuestros guerreros cuentan con dispositivos de amplificación muscular que les permite eludir, de un salto, la ultima trampa del enemigo. Ante esto los urbícolas que siguen al Tecnocrator deponen las armas pues nadie quiere morir por algo que ya no existe.
Y el Tecnocrator se entrega con el rostro desencajado de un hombre que se siente culpable de un desastre demasiado grande.
Ahora toda la urbe nos pertenece, y más allá del domo que cubre a las ruinas de esta ciudad ya dominada se distinguen las humaredas que indican que la lucha también ha declinado en las urbes vecinas. Esto quiere decir que la sincronización de la operación ha resultado exitosa, y que nuestras armas han logrado una victoria completa en todas partes.
Las cámaras que registran en nuestro avance nos traen una imagen justiciera. Sucede que el Tecnocrator ha sido llevado a una plaza pública para ser escarnecido ante sus propios súbditos. Luego, en un acto ritual, la ciclópea estatua que representaba al Primer Tecnocrator fue echada abajo, el rostro de aquel hombre ,muerto hace tantos siglos, permaneció impávida con su indeleble expresión de hegemonía inmortalizada en un bronce puesto al nivel de los despojos de la urbe que ayudo a construir.
Ahora las cámaras nos traen la imagen de una legión de rezagados que se atreven a encaramarse sobre las arcadas que sustentan la superficie del domo .Han eludido la puntería de nuestros tiradores y su intención es claramente suicida pues han instalado explosivos plásticos que despedazaran la bóveda si nosotros lo permitimos. Tal vez los anime el pérfido deseo de dejar la partida en tablas, sin vencedores ni vencidos., pero se equivocan si imaginan que evitaremos esa contingencia .Todos sabemos que cuando el domo se desplome se producirá la terrible implosión que acabara con todos los urbícolas que no se hayan puesto a salvo. Es cierto que su cultura desaparecerá, pero eso no significa gran cosa en los anales de nuestra historia ahora que los underground señorean la superficie del antiguo planeta azul.



CARTA DE UN FANTASMA

Por Arturo Bravo Flores.

Era una fría mañana de Julio, como cualquier otro día, nada hacía presagiar que algo espantoso sucedía aquellos días. El frío ingresaba a la habitación desanimando dejar el abrigador refugio de la cama, de pronto, escuchamos llegar el custer, que retornaba luego que había llevado a un grupo de trujillanos, a la fiesta de Motupe. ¡Señora Manuela! gritó el cobrador, por la ventana de la puerta ¡Un desayuno!, pasa le ordenó mi mamá, quien había convertido la casa, en un pequeño restaurante. Luego de apretar las lagañas con unos bostezos, nos aseamos y nos sentamos a la mesa, el calambre que así lo apodaba estaba pálido y ojeroso, ¿Qué te pasa? le preguntó mamá. Fíjese señora Manuela, contestó, y empezó a narrar lo que le había sucedido.
Eran más o menos las diez de la noche estábamos a la salida de Lambayeque cerca del cementerio que está a un costado de la pista, cuando a una cierta distancia observamos a una hermosa joven que nos hacía señas para detenernos.
Al estacionarnos un viento helado nos acarició la cara, la joven subió lentamente sin decirnos nada, su pequeño rostro reflejaba una gran pena, avanzó hacia el fondo y se sentó junto a la ventana. Cuando decidí cobrarle el pasaje tuve temor de hacerlo. Luego le cobro me dije, me senté junto al chofer y nos pusimos a hablar sobre lo extraño que era esa chica; cuando en eso él mira por el espejo y dice ¡ya no está! su cabeza giró bruscamente para mirar atrás frenando al mismo tiempo el custer, con tal violencia que los pasajeros sobresaltados despertaron sin saber lo que sucedía, yo algo confundido lo miraba mientras él tartamudeando me decía: ¡ya…no…está! ¡ya…no…está! señalaba al fondo, miré hacia donde me indicaba; y pude darme cuenta que la joven que habíamos recogido en el camino había desaparecido; un escalofrío recorrió mi cuerpo mientras mi corazón amenazaba con romper mi pecho, rápidamente fui hacia su asiento, el aire ingresaba por la ventana mire el asiento vacío y ahí estaba ¿estaba que? Interrumpió mi mamá; la carta contestó el calambre, ¿Una carta? si, una carta, por la cual no he podido dormir toda la noche, pensando en lo que pueda tener escrito. Mi mamá se santiguaba el rostro mientras nosotros nos mirábamos sorprendidos; ¿y la piensas leer? Le preguntamos, no sé, nos contestó, me da miedo hacerlo, ya veré que hago.
Por la tarde luego de lavar el custer prendió un cigarrillo y saco la carta de su mochila; la observó fijamente con algo de recelo, dio su última piteada a su cigarrillo, arrojando el pucho por la ventana, entonces decidió leerla, el humo había invadido el momento. La carta era un sobre amarillento con un extraño olor a flores, sus ojos lo recorrían con curiosidad y su corazón latía tan fuerte que podía escucharse a kilómetros. Tomó la carta con sus dos manos, la abrió lentamente entonces pudo leer las primeras líneas; en la carta la joven decía llamarse Elizabeth y que no tenía más familia que un pequeño hermano de quien se había hecho cargo después que sus padres murieran en un accidente, continuó leyendo y su semblante iba cambiando a medida que avanzaba. Por la carta supo que una noche unos hombres habían ingresado a la casa, ella escondió a su hermanito debajo de la cama logrando ponerlo a salvo, la cogieron salvajemente y se la llevaron en un auto hacia un descampado donde luego de violarla la asesinaron, desde entonces su alma aprovecha las noches de luna llena para escapar de las sombras que resguardan el cementerio y enviar estas cartas con el fin de que algún ser piadoso ayude a su hermano y así ella pueda descansar en paz, ya que los ruegos de este la atormentan, la dirección que aparecía en la carta era Torres Paz 417.
Esta debe ser; se dijo miraba la borrosa placa clavada en la pared, donde apenas se distinguía el nombre de la calle y el número de la casa. Era una inmensa casona con paredes desteñidas, y un viejo jardín donde crecían arbustos; reflejando su descuido. Dos balcones al estilo colonial descansaban sobre unas columnas que hacían juego con la empedrada calle. Empujó la reja que cedió lanzando un largo chillido, llamó a la puerta que estaba a medio cerrar y nadie contestó, entonces decidió entrar, sus sentidos estaban muy atentos. Creo que mejor me olvido de todo esto, se dijo, pero ya estaba en medio de un gran salón. En el centro de la casa había un gran patio por donde ingresaba los débiles rayos de luz de la tarde, avanzó con cuidado, el olor a humedad invadía todo el lugar llamó nuevamente, y el aleteo de unas palomas que se echaron a volar casi le arrancan un grito. Yo no sé porque vine se reprochó. Los pisos estaban llenos de tierra, las ventanas colgaban de una sola bisagra con los vidrios rotos, y unas sucias cortinas se movían con el aire que tristemente silbo en sus oídos. Tenía la garganta hecha un nudo y la boca reseca, avanzó por el callejón la puerta de una habitación estaba entre abierta, se acercó sigilosamente, miró dentro mientras empujaba la puerta, las bisagras chillaron de manera tenebrosa. De pronto sus ojos se crecieron no podía creer lo que veía; la pared estaba salpicada de sangre y junto a una cama habían otras cartas iguales a la carta que lo había llevado hasta ese lugar, retrocedió unos pasos, quiso correr pero su cuerpo estaba paralizado, en la pared ya se dibujaba la sombra de un hombre con un cuchillo en la mano. La carta cayó lentamente sobre las otras cartas. Afuera ya había oscurecido, una hermosa luna llena iluminaba la noche, al filo de la carretera una hermosa joven levantaba la mano.



EL AMOR ES SUEÑO

Por Jorge Fernández Sánchez

Era un hombre no muy viejo, común y corriente. Al quedar desempleado por los despidos masivos de la política del gobierno se hizo trabajador independiente, vendedor callejero de baratijas y pequeñas cosas para asegurarse el menú del día siguiente, según decía, y manteníase presto para cualquier desempeño honrado.
Se llamaba Alejandrino. De clase media intermedia pasó a la de los desocupados que tienen comida, de la que salió recorriendo los pequeños poblados aledaños de su urbe domiciliaria pregonando su mercadería. ¡Baaaaaldes de pláááástico , vaaaasos, platos de plástico a soool!
Cuando no vendía plástico se le escuchaba gritar: ¡Saánguches de pollo a soool, con un vaaso de café a un sol cincuenta!
Otras veces conducía sonriente una mototaxi, un auto o un microbús. “No puedo morirme de hambre, tengo que trabajar” . Eran otras de sus frases. Siempre estaba haciendo algo.
Sin embargo, Alejandrino vivía solitario y cargando una existencia de esperanzas y anhelos herrumbrosos en una ciudad que poco a poco se iniciaba en la costumbre de estar despierta las veinticuatro horas del día y empezaba a ser bulliciosa. Adornada con luces y avisos resplandecientes de mil colores ésta soportaba en su alrededor una garúa de pobreza que caía persistente venida de otras comarcas y de la evaporación de los puestos de trabajo de quienes empobrecían en ella misma y cuyas pequeñas e inocentes salpicaduras - mancha social doliente - caminaban por sus calles pidiendo limosna de muchas maneras: limpiando los vidrios de carros y camionetas, cantando en los buses, vendiendo caramelos o simplemente estirando el brazo con la manito abierta acompañada de una mirada triste y un casi imperceptible balbuceo que imploran una caridad.
No se había enamorado nunca. Jamás supo lo que era amar a una mujer hasta que de manera repentina se encontró con aquella que había de robarle el corazón y el alma. Junto a ella era feliz a pesar de no confesarle su amor. Tenía miedo ser rechazado si lo hacía. Le bastaba verla para ser feliz.
La conoció una noche , después de haber escuchado a sus amigos que la primavera es la estación del amor. Pensaba que esa afirmación era errada por cuanto el amor, aunque no lo conocía, no tiene preferencias por las estaciones del tiempo; pues veía cómo las parejas se aman en la quemante estación del verano cuando el sol está más cerca de la tierra, y en invierno cuando el amor igual tirita febril pero no siente frío porque su fiebre es de felicidad. Pueden caer las hojas en otoño pero el amor se conserva incólume y tan indestructible como las más altas y fuertes montañas volcánicas que no pierden su majestuosidad.
Las flores de primavera pueden dar colorido y más vida al amor cuando éste vibra en dos espíritus que se atraen, pero también pueden brindar tristeza sepulcral cuando uno de ellos sufre al no alcanzar la comunión junto al otro. La unión común de los espíritus en uno solo y la comunión feliz y plena de las carnes en una sola carne.
La noche que la conoció él conoció el amor. Ella se convirtió en su semidiosa terrenal, pues los dioses y las diosas habitan en el firmamento. Sus cabellos rubios ondulados cayendo a cada lado sobre sus hombros y más abajo parecían pequeñas cataratas de suaves plumas de canario. Su tez era canela y sus ojos hermosísimos del más bello color, el enmarronecido tenue de la semilla del melocotón. Dos agujeros en sus mejillas cuando sonreía la embellecían más. Sus cejas azabache y pobladas eran otro adorno natural y deslumbrante de su rostro y sus pestañas , más azabache, que como rayos de su aureolada mirada la dibujaban virginal lo llevaron al enamoramiento más sublime que haya sentido algún ser humano.
Ella le sonreía y le hablaba con la suavidad y el cariño que él no había tenido nunca. Su voz, exquisita melodía de palabras que sonaba celestial. Así era esa mujer. El la amaba con tanta devoción que esperaba las noches para su encuentro con ella o intentaba verla en cualquier momento del día cuando empezó a sentir que el amor y el temor de no volver a mirarla comenzaban a consumirlo y abandonaba su quehacer para buscarla. Se sentía morir cuando no la veía.
Hubo encuentros en los que ella no pronunciaba ni una sola palabra, aparecía sonriéndole y desaparecía como huyendo para no ser descubierta en esas citas que no pedía y que él sabía prohibidas y caprichosas. Su sufrimiento era terrible cuando no la encontraba y hacía lo imposible para verla y estar cerca de ella. Dios no podía castigarlo por amar a quien con su locura de amor hizo semidiosa. Dios no podía tener corazón de piedra o no tener corazón. La amaba y su vida era tal solamente viéndola un instante. Sólo con contemplarla y que ella lo mire era feliz. Se había vuelto su obsesión. Sufría una tortura en su alma con la ilusión del romance que lo temía inalcanzable.
Cuando decidía confesarle su amor ella se iba o se separaban de manera abrupta, interrumpidos por el despertar de las noches de la ciudad ebria de cláxones y rugir de motores que perturbaban su extraña vivencia de amar. El prefería la tranquilidad más apacible en la que solamente podía escucharse el silencio – extraña y maravillosa música ¿quién lo duda? - como acompañamiento de la dulce voz de su amada.
Una noche, Dios se apiadó del enamorado solitario. Se vio a unos cuantos pasos de ella que con mirada apasionada como nunca antes y fija en él extendiéndole los brazos le dijo: “Aquí estoy. Ven”.
La vio cerrar sus ojos y entreabrir sus labios carnosos, provocativos, encendidos de calor, brillantes, temblorosos de deseo. La Eva de esta civilización se ofrecía así, esperando en ella el mordisco del pecado del moderno Adán que sufriente y a la vez dichoso se embriagó con aquella ambrosía divina, nueve veces más dulce que la miel. No llegó a más porque, como las veces anteriores, otra vez huyó súbitamente.
Pasaron los días, empezaron a pasar los meses y no volvieron esos encuentros. Su amada había desaparecido dejándole el sabor y el recuerdo del beso que no podía olvidar y el perfume de aquella fruta hecha mujer en el paraíso en el que vivió un instante y quiso interminable.
¿Qué pudo imponerse para no volver a encontrarla? ¿Qué hacer? En silencio ofreció su vida como sacrificio si Dios, que le permitió besarla una sola vez, se la devolvía a su brazos para siempre.
La espera fue vana. Llegaron y se fueron muchos amaneceres, atardeceres y anocheceres y ella no aparecía. El insomnio era cruel y aquel beso se le clavó como un puñal en su cerebro. Empezó a odiar todo lo que lo rodeaba culpando a su entorno de no poder verse con ella ¡La ciudad era la culpable de que ella haya huído!. La esquizofrenia autista tocó a su mente y tomó la decisión de ir a buscarla hasta encontrarla a cualquier precio. Y desapareció.
Algunos días pasaron y su ausencia fue notoria. Sus amigos y vecinos llamaron a su puerta y nadie respondió. Decidieron entrar y en el interior los rodeó el aroma paralizante de la muerte. Cogieron un papel en el que leyeron su historia y sufrimiento de enamorado ¿El amor lo había matado o él se mató en nombre del amor?. El cuerpo sin vida yacía sobre la cama y su rostro mostraba un rictus sonriente ¿De felicidad? ¿Había encontrado a su amada?.
El papel lo habían tomado de su pecho, sujetado por sus manos. Alejandrino terminó escribiendo: “solamente cuando duermo vivo feliz con la mujer que amo. Voy a buscarla para vivir eternamente. El amor es sueño” FIN.



UN AMOR Y SU INCERTIDUMBRE

Por Ronald Calle Córdova

... Aún percibo su voz en mi conciencia, ese estertor agonizante se me hace un nudo en la garganta, ¡sabes! es algo que no se aguanta.
...
_ ¡Que no me ponga así, pero que quieres que haga, si es algo que a cada momento se hace presente, convirtiendo mis días y mis noches en lamentos cargados de espanto, en esta penumbra que ya parece eterna .
...
_¡sí soy hombre carajo, y es por eso que lloro ¡ Claro es obvio, algunos aceptamos que algún día la fregamos y que mas da ¡ cumplimos nuestra pena, sin embargo, otros no lo aceptamos y luchamos hasta el último de nuestros días por evidenciar que todo esto es injusto
...
_es que no me comprendes, casi a nadie se lo he contado, sólo a mí familia y a esos hijos de puta que nunca me lo creyeron, ¡claro¡ lo tuyo fue una falta y es por eso que estas resignado. En cambio lo mío... ¡aun no comprendo cómo pudo ocurrirme esto!
...
_Ya, está bien, se que tú me lo has contado todo. Además, ¡que tanto interés por saberlo carajo! ya pareces una vieja cotorra.
...
_¡Tú también sentimental¡ está bien, está bien, si es por eso te lo contaré por única vez en estos cuatro años que hemos compartido esta célula réproba, sólo un favor, no me interrumpas con tus cuestiones; no es que me moleste o no te lo quiera contar, sino que para mí es algo difícil de hacer.
...
_fue un sábado como este cuando todo cambio en mi vida... era aproximadamente las 10pm, estaba recogiendo a mi novia cuando todo ocurrió, y le digo mi novia, porque llevábamos casi cuatro años de enamorados, nos amábamos con demasía y ante alguien nos presentamos como tal. Ella trabajaba allá en Chiclayo, era la cajera en una tienda de abastos y continuamente se quedaba hasta el final del día para cuadrar las cuentas de todo lo vendido.
Yo había cobrado de algunos trabajos que hice a unos compañeros, salí de la universidad un poco más temprano de lo a acostumbrado, y también lo hice para ir a recogerla, pensando en que quizá podríamos ir a dar un paseo o comer algo juntos, ¡pero esto nunca se concretó¡ no solíamos salir a menudo, ella por su trabajo y sus padres, ya que estos no me vieron como un buen partido para su hija. Y yo por el horario de estudios y mi condición de estudiante ¿tú me comprendes verdad?

Me vestí no tan de prisa, al cruzar el umbral de la puerta regresé al clóset; cogí la única chaqueta que tenía y, decidido a partir, me la puse sobre el hombro. Estábamos a finales de abril, el invierno se avecinaba y el frío comenzaba a apoderarse de la ciudad, aun más a estas horas del día. Me cubrí para evitar cualquier tipo de resfrío ya que era muy propenso a ellos. Luego partí.
Mientras cruzaba las quince cuadras que tenía que caminar, pensaba en mi familia, en lo fantástica que era, en lo mucho que mi madre me quería y en lo mal que se pondría se algo malo me ocurriera. Recordaba algo dicho por un amigo cuando le comenté que prefería morir antes que mi madre, ya que el verla muerta no lo soportaría; “no seas tonto, es mucho más duro el dolor cuando una madre pierde a su hijo que cuando un hijo pierde a su madre”-me dijo- No sé por qué pensaba en esto, a lo mejor era mi subconsciente que me avisaba de lo que ya se avecinaba.
Estaba a punto de abordar la cuadre diez de Los Amautas que es donde ella trabajaba. De pronto, una mujer con un niño en brazos que no cesaba de llorar, preguntó desesperada: ¡Joven, joven! Por favor me podría decir dónde está el hospital más cercano, mi hijo se me muere y no se que tiene.
Para serte sincero, el niño se veía muy mal, y la madre, angustiada, desesperada… Por su aspecto, sé era de clase muy sencilla. Levanté la mano parando un taxi –joven, es que no tengo dinero- interrumpió.
_ No se preocupe señora, no le costará nada, tenga esto, le ayudará en algo le dije sacando mis diez soles. Por favor al Almanzor, son tres soles, tenga usted.
_ ¡Ay joven, muchas gracias, que Díos lo bendiga!- dijo con un gesto muy humilde.
_ De nada señora y cuide a su hijo- ratifiqué.
Seguí caminando lo que aun quedaba por recorrer, anonadado y a la vez pensando como en tan sólo un instante unos ríen, otros gozan, otros sufren y cuantas cosas más pueden pasar en tan sólo un momento. Digo esto, porque acababa de pasar por un bar-restaurante en el cual unos degustaban de su cena en una esquina y otros, al parecer ebrios, ingerían y derramaban cerveza en la otra, ¡cuán disparejo es el mundo!- me decía.
Faltaban 30’para las 10pm y me hallaba parado frente a la puerta que estaba entreabierta, me acomodé el cabello y también el cuello de la chaqueta, toqué la puerta al pasar para evitar sobresaltarla, ella me miró, ella estaba allí con su sonrisa cándida e inocente, con su mirada fija bajo el rizo de sus pestañas, con su mirada de ojos angelicales; estaba allí, con su semblante un poco cansado pero siempre luciendo hermosa, siempre encantadora. Entonces me le acerqué y le dije:
_ ¡hola conejito como estas ¡
Hasta hace un momento, cansada, ahora de maravilla- me dijo – ven dame un beso, espérame un minuto y nos vamos ¿te parece?
_Ok amor- le dije-tu sabes que esperaría lo que sea.
_ Eso me gusta –interrumpió – te haré esperar mucho más de hoy en adelante.
_ no lo creo, tú no me harías eso verdad guapa –interrogué.
_ ¿Y cómo lo sabes, acaso es tu intuición masculina? –contestó.
_ Porque te conozco mi conejito ¡te conozco ¡-afirmé –mientras la estrechaba entre mis brazos.
_ Me hacia tanta falta un abrazo como este, gracias Inocencio por ser siempre así, tan tierno y tan sencillo .dijo con ternura.
_ ¡Tonta no me lo agradezcas –dije sin titubeos – que para mi no es ningún esfuerzo, tú igual me haces feliz chiquita, y estoy tan feliz, que incluso he pensado exponerles a tus padres mis pretensiones contigo, tal como lo hemos planeado, aunque pienso no lo aceptarán .
_ ¿Estás hablando en serio Inocencio? –preguntó sonriente.
_ Nunca he hablado tan enserio como hoy pequeña -afirmé -es más, si tú lo quieres, no pasará de esta semana.
_ No sabes cuan feliz me haces –dijo abrazándose sobre mis hombros. Además no son tan malos como tú crees; es a mi papá al que aún no le caes, mi madre ya cambió de parecer; me ha dicho que eres simpático e interesante, sino que por temor a él lo calla.
_ ¡Lo sabía, lo sabía ¡ - enuncié con júbilo llenándola de besos .
_ Ya ves amor, las cosas no están tan mal como parecen.... mejor dicho como te parecen.
¡Qué emoción, ya terminé!- manifestó con alegría.
_ Faltan diez para los diez – contesté- ¿Qué te parece si vamos a dar una vuelta? –vaciló efímeramente pensativa, como si imaginara a su padre recriminándola por haber llegado tarde y un “no te preocupes preciosa, si es por el tiempo, regresaremos antes que tu papá comience a refunfuñar” le cambió el panorama.
_ Entonces no hay problema cariño, espérame un segundo y nos vamos – asintió con dulzura. Me apoyé en el mostrador, y mientras ella se retocaba el maquillaje, le contaba lo sucedido con la señora hace unos minutos. Ella con ternura dijo que cada día me quería más y después de fundirnos en un abrazo nos besamos. Mas cuando nos disponíamos a salir esta historia comenzó a dar su giro de 180 grados; con el rostro cubierto y una Bronning de nueve milímetros en mano que al instante pude reconocer ya que me hizo recordar al arma de mi padre, esa que siempre estaba en la gaveta del carro o en el primer cajón al que mis hermanos y yo teníamos prohibido el acceso , aunque esta que hoy apuntaba hacia nosotros no brillaba como aquella que siempre tenía la cacerina con sus quinces tiros bien puestos, ¿Cómo lo sabía? Porque cuando estaba solo en casa hacía caso omiso a las sugerencias de papá y auscultaba el arma como si nunca más la volvería a tener entre mis manos.
_ ¡Alto, no se muevan carajo si no quieren que sus sesos vuelen! fueron sus primeras palabras, yo me quede paralizado y con el corazón al límite, mientras Sindy sollozaba, estática, sin atinar que hacer. Con las manos levantadas y contra la pared escuchábamos la retahíla de groserías que el susodicho profería con el fin de imponernos miedo y respeto. Inmediatamente pidió las llaves de la caja fuerte, sacó todo el dinero y lo introdujo en una bolsa sustraída del paquete que se hallaba a su alcance. No me había percatado de lo que Sindy estaba tratando de hacer pero el sí , y es por eso que no lo pensó dos veces... gritando como si vieras que la vida te la arrebataban de las manos, como si sintieras que te arrancan las entrañas; me abalancé sobre él lleno de todo, justo cuando se decidía a hacer lo mismo conmigo, lo apresé de las manos e impedí que los disparos dieran en el blanco. Unas cajas y más cosas se desprendieron sobre nosotros, y cuando me incorporaba, ya él se acercaba a la salida, eso sí, con la bolsa en una mano y la otra vacía, mire a mí alrededor y allí estaba, no hice más que cogerla y salir tras él, le disparé los dos tiros que aún quedaban pero como ya estaba lejos y mi mala puntería no me ayudó, el infeliz huyó. Regresé como un loco, ella, tirada de bruces, empapada en sangre, sintiendo que su existencia se disipaba poco a poco, sollozaba; tiré el arma y arrodillándome de prisa, la puse en una postura más cómoda diciéndole casi entre gemidos:
_ No te preocupes chiquita, déjame ayudarte, te prometo que estarás bien.
_ ya no soy una niña a la que fácilmente se puede engañar y prometer imposibles amor, esto me duele mucho, pero más me duele dejarte, todo estaba tan bien nunca te he fallado Inocencio y tú lo sabes.
Al terminar la última frase su voz se quebró y sus ojos también lloraron sangre cristalina
_No digas nada de eso conejito, nada va a sucederte, te pondrás bien y todo será como antes - esto le decía mientras pedía una ambulancia de emergencia. No sé si avisaron o por casualidad pero la policía ya estaba afuera; les dije que me ayudaran y así lo hicieron. Luego de unos minutos llegó la ambulancia.
En el transcurso al hospital ella hacía esfuerzos para vocalizar lo que decía, y yo, para contener las lágrimas. Dijo que me amaría siempre, que no llorara cuando no esté, ya que pronto estaríamos juntos como siempre y que sólo debía seguir obrando bien aquí para estar bien allá. Para que se calme le dije que pensara en todas nuestras vivencias juntos. -Te acuerdas cómo nos conocimos –interrumpió con una sonrisa.
_ Como olvidarlo pequeña, fue miércoles por la mañana en aquel carro camino a la universidad, subiste de repente y te paraste frente a mí. Tratando de conservar el aplomo, sólo atiné a ofrecerte mi asiento luego, te seguí hasta tu salón de clase y así me enteré que estabas a dos ciclos de culminar tu carrera. Así empezó esta historia de maneras original, tal como ha sido hasta hoy conejito. ¡No me dejes sola mi niña, te necesito aquí conmigo, tú eres fuerte, lucha por favor!
_ Daría lo que fuera por qué.... quedarme, fue lo último que alcancé a escuchar, ya que ella dijo algo más que no logré entender.
_Pensé que había ingresado en un estado de inconsciencia ya que sus párpados se cerraron y sus manos se desprendían de entre las mías como hoy se desprenden estas lagrimas al recordarla. Lo sentimos amigo, ya nada podemos hacer por ella, dijo el médico muy seguro de sí, avise a sus familiares para que se hagan los trámites pertinentes.
Sin lograr contener el llanto logré marcar el 802508, alguien me contestó y al oír donde me encontraba y que Sindy estaba muerta se oyó un grito y luego un silencio, habían colgado. Un zumbido surcó mis oídos y todo a mí alrededor comenzó a moverse lo que después ocurrió no lo recuerdo.
Bueno, al medio día del próximo viernes volvía en mí; como si despertarse de una horrible pesadilla, estaba sobresaltado. Mi madre lloraba y toda mi familia horrorizada, confirmaron que todo era cierto. Preguntaron lo acontecido, cómo había sucedido; quise salir corriendo mas no me dejaron.
Ya un poco más calmado, entre preguntas, respuestas y sollozos todo quedó aclarado, pero lo que no me quedó claro es:
_Hijo, hay cargos en tu contra. Sus padres apelaron a los tribunales (la verdad ya nada me importaba) solo esperaban que te recuperes, pronto habrá una audiencia…
...
_ Al ciudadano Inocencio Paz Guerra, se le acusa de robo agravado ante este tribunal – dijo el juez.
_ Las pruebas que le causan son las siguientes: huellas digitales en el arma con la cual se dio muerte a la señorita Sindy Caballero Córdova y la pérdida de S/8.000 de la tienda de abastos “El Porvenir” pruebas fehacientes que lo acusan como el autor del crimen, por lo cual pido que se haga justicia – afirmó el demandante.
Todo me acusaba y como no presenté testigos ni recursos válidos en mi defensa, el veredicto fue:
“Queda comprobado el crimen y de acuerdo a ley al acusado, Inocencio Paz Guerra, se lo sentencia a ocho años privativos de su libertad”.
Todo lo demás ya es historia que tú conoces, porque llegaste dos meses después, te dieron seis y te quedan casi dos.
_En verdad lo siento amigo. No te preocupes, los años pasan rápido, sé que eres inocente, pero el destino es a veces injusto.
_Tan injusto que me arrancó a mi amada y además tengo que pagar por el dolor de haberla visto partir, dolor que otro causó. Pensar que ni siquiera he podido llevarle flores a su tumba.
_ En verdad te comprendo, y, es verdad que muchas desgracias de unos son causa de los actos de otros. ¡Sí que es irónica la vida amigo!
_ Mi familia apelará la próxima semana; exigen la presencia de por lo menos un testigo del acto. Dicen que hay una chica que vio huir a ese mal nacido ¡Ojalá y se presente a comparecer, sólo pido justicia!
Como me parezco a ese tal Rubin Huracán Carter, y como espero que ese Lesrra venga a rescatarme. De no ser así, también tendré que aprender a vivir sin lo que hay tras estas paredes, aprenderé a no desear lo que aquí no se puede obtener, aprenderé a vivir en mi mente y bastará con cerrar mis ojos y abrir la mente para verme, libre, caminando por las calles, aunque este cuerpo esté aquí, prisionero se decía en voz alta Inocencio; mientras Jaime se decía para sus adentros: “¿Qué me harías Inocencio si te dijera que fui yo quien mató a tu amada Sindy?”


MICROCUENTOS
Por William Célis Guerrero
FRIDA
Frida había sido siempre una muchacha simple y alejada de cualquier sombra existencial. Sus aspiraciones no tenían la corona de la sabiduría pues bastaba con que su belleza ahogara esas pretensiones con que las muchachitas feas y simples de la gran ciudad quemaran sólo de esa forma sus rabias y tristezas en las hogueras de la cotidianidad .Acaso ello nunca había pasado por su vida ya sea por las prohibiciones de mamá o por las plásticas miradas de los anuncios televisivos .Se decía que era feliz y que sus 55 kilos apretados en sus blue-jeans bastaban para mandar por el tubo del desagüe a cualquier filósofo depresivo o al más laureado poeta de la ciudad.
Pero en la mañana de un domingo- siempre los domingos el sueño se prolonga- Frida no bajó a desayunar y desde entonces , la esperan , con el sonido de las cucharitas y las tazas , masticando tostadas y llenando la mesa familiar de los mejores comentarios semanales.


PARAÍSO
Cuando el pueblo pudo por fin levantar la mirada, la bandera revolucionaria se encontraba en el centro de la plaza. Alguien que pasaba, entre la multitud frenética y regocijada por el albor de una nueva sociedad, repartía moneditas con la efigie del gran comandante, qué es esto preguntó una voz tras una vieja vestida con la ropa del partido rebelde. Es el primer recuerdo de aquel día, ya que los otros, o acaso los que apenas queden, vivirán en esos sótanos prohibidos de aquel paraíso con olor a pólvora y silencio.

CUSCO EN SU OMBLIGO
Escuchó un grito entre la noche y el día o acaso entre el mediodía y las tinieblas, o quizá sin tiempo y sin espacio, abolidos los nombres, exaltados los verbos, entre el cuerpo y el alma, golpeándose en las paredes, confesándole al mundo su locura. Los turistas que pasaban sonreían y le tomaban fotografías. Luego llegaron los bomberos, instalaron una escalera, le pedían que no diera un paso más sobre la azotea .Un sacerdote que salía de misa de nueve, preguntó a un grupo de Alemanes :¿Mañana vamos a Machupicchu? , hay buen tiempo en estos días.

INSTANTÁNEA
Acabada la orden de lanzar el primer misil, el mandatario libertador, continuó tomando su taza de café.

EL LÍDER
Mateo Dávila había sido siempre un dirigente férreo y radical, tenía en la voz una tormenta y en la mirada la salvaje sombra de las cordilleras .A su paso las muchedumbres daban la apariencia de un pueblo en el fragor de la redención , furiosos y altivos , caminaban junto al mítico líder , el único capaz de amargarle la vida y las labores de rapiña a aquel Estado corroído por las mentiras , el entreguismo a las grandes potencias , la desidia burguesa y la infaltable corrupción que , casi como un cabeza de medusa vivía con su descaro y su destino .La apoteosis de Mateo Dávila llegó treinta años después , un país entero lo proclamó el nuevo mandatario y una esperanza ciega , irracional y necia había sembrado en todos los corazones el inicio de la libertad y el progreso. Algunos días después – en realidad demasiado pocos que en esto la política retira lo más rápido posible los libretos y los flashes con que se acostumbra a inventar una nueva patria- Mateo Dávila despertó un poco más tarde de lo acostumbrado, bebió su habitual jugo de frutas, hizo algunas llamadas, dijo algunos cumplidos a su fiel personal y mientras las imágenes televisivas lo mostraban convertido en un muñeco en llamas, y cientos de policías arremetían con la otrora muchedumbre Davilista , el impecable mandatario comentaba a sus imprescindibles edecanes ,ya es hora de dar medidas drásticas , hay que proteger al estado. Y mientras sorbía las mayores delicias, los néctares más frescos y milagrosos del valle, en la televisión, varias patadas militares continuaban cayendo sobre los manifestantes.

SECRETOS DE ESTADO

El tercer avistamiento de ovnis había sido el de mayor impacto, el que desplegó un ejército de reporteros y hasta la llegada de algunos científicos sin fama. La gente de la ciudad comenzó a aprovisionarse de lo necesario y entre otras advertencias propaladas por los medios informativos, se encerraron a los pequeños antes de las siete de la noche y en algunas iglesias se oraba con un fervor entre la paranoia y la histeria. Caída ya la noche, se divisaban en el horizonte las primeras y coloridas luces de los aros plateados que, haciendo giros sobre los edificios, daban la impresión de la cercanía de un ataque. Entonces, los canales transmitían en vivo durante unos minutos el concierto luminoso de los platillos voladores. El miedo se llevaba a la tumba a los más ancianos y los grupos de soldados apretaban temblorosos las ametralladoras ante la posible invasión, de aquellos posibles, feos y cabezudos alienígenas que se suponía se chupaban todos los fluidos vitales de los humanos. Simultáneo a este hecho sobrenatural, los helicópteros y los aviones de combate hacían su parte en defensa de la raza humana y sobre todo de un país latinoamericano. Fue el último avistamiento, cosa extraña, pues ese mismo día, desde una montaña de Colorado consagrada a vigilar a la humanidad, el presidente de los Estados Unidos felicitaba a los dignos compatriotas de su país , a esos pilotos más humanos que la propia mentira que desde los cielos de aquel país sudamericano les habían regalado un espectáculo secreto , una mentira vital en medio del hambre , la deuda , la ignorancia y otras miserias que algunos alienígenas humanos volvían a cubrir como siempre.



¿UN DÍA NORMAL?

Por Carlos Muro Yovera


El día está nublado. Ya hace frío, pues en realidad mucho frío, camino despacio por las calles y no sé porque me paro en una esquina, por intuición, por gusto o por cojudo. Veo que se acercan dos niñas que vienen del colegio son muy bonitas, pero son niñas. Un viejo casi sin cabello viene mirándoles el culo. Viejo de mierda pienso, hijo de puta ya las estará imaginando en una cama y moviéndose como él quiera, que cagada es esta vida, pero no hay de otra. Después de tan pedófilo espectáculo avanzo lentamente, ¿Qué mierda llevo en la mano? Me la sacudo y suelto un palo pequeño, no recuerdo donde lo encontré ni porque lo llevaba, pero bueno ya está, ya lo boté. Mientras camino me pongo a pensar; ¿Qué será de Cuba cuando muera Fidel? En ¿Por qué si Chita, la mona de Tarzán era macho lo convirtieron en hembra? Que pendejos. No sé por qué se me pasan esas cosas por la cabeza y lo peor es que solo las pienso y no sé porque no las puedo decir. Qué carajo, todo esto es una completa huevada y a nadie le importa lo que piense yo, ni a mí me importa lo que piensen los demás así que mis ideas seguirán dando vueltas en la cosa esa a la que no sé quien mierda le puso cabeza.
Ya está casi oscuro y unas risas estúpidas llaman mi atención, y como no se van a reír si a una cuadra ya huele la hierba, quemados de mierda pienso, mientras sus padres de seguro se sacan el ancho trabajando, estos huevones se tiran la plata en paces que al final serán su pase a la destrucción. ¡Wow! Me asombro, ya comienzo a pensar como un escritor, pues en realidad eso es lo que quiero ser, un escritor, y ya sé, ya sé, vuelven a mi cabeza las palabras que todos me decían; que voy a ser un cabrón muerto de hambre, que no tendré ni para un pan, que en un país como este la vida solo es vida si tienes dinero y si no pues con tu trabajo deberás hacer más ricos a los ricos y tú con un sueldo mísero, tendrás que mantener a una familia de por lo menos seis personas. ¿Y así quieres ser escritor? ¡Qué huevón que eres! Me decían mis “amigos” mientras sus risas aun retumban en mi cabeza.
Crash!!!!puggg!!!!!! Suena fuerte, me asusto, levanto la mirada y veo dos autos casi destrozados, digo casi porque al menos la parte de atrás se salvó, un pitido ensordecedor invade el ambiente tensionado, es un tombo de transito, uno de esos huevones vestidos de verde que dicen que son la autoridad, ¡ja! corruptos de mierda. En la otra esquina unos niños que jugaban cerca de la pista miran asustados y tratan de acercarse lentamente mirando a todos lados, yo me acerco casi como uno de ellos, cuando escucho; Javier, Pedro, vengan acá, carajo cuantas veces les he dicho que no jueguen en la pista, ¿ya ven lo que les puede pasar? Y los pobres niños entran en la casa llorando después del jalón de patillas y los palmazos de la madre, ¡vieja de mierda!, ¡abusiva! Pero que cabro soy, solo lo pienso, ¿por qué no se lo dije? Va! que chucha no es mi bronca.
Hay! Hay! Hay! “Ayúdenme” grita una señora muy bien vestida pero toda ensangrentada, miro un rato la sangre y me gusta, tengo ganas de ir a probarla, a tocarla, a embarrarme con ella. Pero hay mucha gente. Observo que el señor del otro carro que no resultó nada herido, está superficialmente bien, miro un momento y me voy renegando porque no hay muertos.
Luego de un rato escucho unos gritos, era una chica que parecía un poco ebria, y un huevón que le estaba sacando la mierda a golpes, me entraron ganas de todo; de meterme, de agarrarlo del cuello y ahorcarlo, mejor no, de atravesarle un cuchillo y tomarme su sangre en su delante, tal vez de arrancarle alguno de sus órganos vitales y verlo morir lentamente. ¿Qué mierda estoy pensando? Solo fantaseo y no hago nada. Me acerco un poco a él y antes que le dé el siguiente puñete y sacarle otro diente a la pobre mujer, le grito:
- ¡maricón hijo de puta! ¡Suéltala! La vas a matar. -
-Que mierda te metes huevón, - me dijo mientras me apuntaba con un arma.
-Lárgate de aquí loco de mierda, si tienes tiempo de joder, mejor anda córtate el pelo y aféitate y siquiera cose esos pantalones rotos que se te ven los huevos.-
Luego de esas palabras baje mi mirada y me vi, estaba sucio me toque la cara y en verdad estaba con barba y con el pelo enredado. Seguí caminando, total que chucha no es mi bronca.
¿A dónde me iba? No sé, ¿fue un momento de lucidez?, no sé quien mierda soy, ni sé que hago, pero si quiero ser escritor, pero ¿se escribir? Que mierda, sigo caminando y me pierdo entre la oscuridad de la noche, y a lo lejos más o menos por donde deje a esa pareja, retumba un sonido de bala, me paro y pienso un momento, pero……..Que chucha no es mi bronca.

CUENTO SIN NOMBRE (¿ACASO PUEDES AYUDARME?)

Por Marles Eneque solano

-…continua escribiendo si es tu vocación…,….esa…esa frase rondaba mi cabeza…, me la había dicho Rubén Mesías en un mail, ¿no sabía?, ¿Qué es lo que no sabía?, claro pues… ¿continuar? o desertar…

1-2.-Alguien ha contado que el papel cromado de tu piel,
ha soportado el sufrimiento de la risa,
y las ideas han creado… la lírica en la banca.
… en mi cielo raso, se escribe bien grande: “Carpe Diem” en un gran papel blanco de mi cuaderno de poemas,… ¿carpe diem?... ¿y qué es eso? – Me preguntaba-, ¡APROVECHA TU DIA! , ¡HAZ QUE TU VIDA SEA EXTRAORDINARIA! -aquel susurro de Robin Williams merodeaba mis recuerdos en esos momentos-, tengo que hacer que mi día sea extraordinario, ¡hoy me he propuesto que mi día sea extraordinario!.

1.- La llamo,…¿o no la llamo?
…he querido convertir tus labios en miradas, contarle gritos a las trampas de ese veintiséis que me engaño, y esperar que el silencio del veneno recorriera mis venas del velo…tenía el papel a mi costado, ¡en mis manos!, es que… es que no pude recitárselo, ¿tenía miedo acaso?, … ¿no sabía?, solo le pude contar que escribía ,¡qué me gustaba escribir!, que tenía una gran afición hacia la lectura , que era parte de esa sociedad de locos que se hace llamar “Sociedad de la guadaña”,( o… ¿acaso estamos locos?, ¡…quizás somos los más cuerdos de este mundo!, ¿o no Sr. Nicolás?, usted también está loco (¿alguien se lo dijo?), sí … ¡sí!…claro usted es el primer loco de acá, usted es quien comanda toda la locura del INC –no… ¡no!... no quiero que piense que lo hago en una forma de burla, sino que reconozco todo este trabajo “loco” que hace al crear un espacio para todos nosotros “Noches de cuento”, pero aun así loco por creer en todos nosotros (desde muy dentro de mí hay alguna parte perdida de mi pensamiento que dice ¡Gracias!)-, bueno yo por lo menos puedo afirmar que estoy loco y creo en mis sueños, mis esperanzas, ¡es que quiero mejorar las cosas!, si…ya sé lo que me vas a decir: “chibolo ilusionado” (con toda la gama de adjetivos que quieras incluirle o de diferentes formas como quieras expresarlo, al final es lo mismo), (o ¿no?), bueno pues si es que lo piensas así ya serias el numero quince. ¡Asu…! cuanta gente que piensa que estoy loco, bueno entonces: ¡mil veces loco e ilusionado porque mis ilusiones y sueños cambiaran este mundo!, eso es lo que quiero hacer, ¿tú no?. Mira a tú alrededor, ¿que ves?, seguramente muchas cosas hermosas, una mujer, una silla, el viento que en estos momentos roza tu piel, tú mismo, yo, los animales,… todo esto fue un sueño… ¡sí!, del que está arriba y quien lo niegue ¡que me lo demuestre!, ¡todo esto es su sueño! y nosotros que somos parte de él y tenemos el deber de soñar , de poner aquel gran grano de arena de millones de kilos como la tierra, para que todo esto cambie, y no me digas que la vida no me ha golpeado o que todavía me falta madurar, porque ya te digo: ¡esas son estupideces! , y sino pregúntale a Marcoantonio que vive de sus sueños y sueña todos los días con cambiar la humanidad, y a todos y cada uno de los de la sociedad de la guadaña que sueña con un mundo mejor, ¿o no? Juan Felipe (plegarias desde el infierno, hermoso poema Juan, entiendo lo que sientes, no creas), César limo (sus musas ,y esa forma de ser tan atenta), Isabelo (con ese empuje que lo caracteriza en su trabajo), Fiorella (siempre tan sonriente, locuaz, y esa extraña forma de decir las cosas), Luis ángel delgado(el gran Luis ángel comedor de libros, gran pensador), Marie Lina(capaz de expresar sus sentimientos y sueños de ser una gran escritora), Roxana(alegre con su sonrisa alegra a todo, siempre sincera), rocío ríos arroyo(que ya se nos va a lima, reconozco esas ganas locas que tienes de vivir) Carlos muro(¿donde está la poesía Carlos?, poesía somos todos nosotros), David Villena(¡hermano no te desaparezcas!, suerte en los exámenes ), Hans (y sus grandes rimas a las mujeres, siempre seguro de si mismo), Rolando(¿Dónde estás hermano?, ¡sociedad de la guadaña te necesita!), Mabel Díaz(tan sensual como una mirada, hermosa y capaz de hacer pelear a muchos), Naneska (¿Qué es de tu vida?), Casberman (la música es todo, ¡la banda se realizara!), Antonio Castro Cruz(¿por que ya no llega al INC?, mucho trabajo, es comprensible), Emma Alarcón(con su desenvolvimiento total con todos nosotros nos da la esperanza que solo ella puede entregar, esperamos tu regreso Emma), Jonathan Larrea(sé muy bien que es postular, pero no te olvides de este pedazo de mundo llamado “sociedad de la guadaña” ), César boyd(que cada vez nos sorprende con sus locuras y propuestas), David Huanilo(¡sigue comandando esa revolución hermano!), Rybin Pavel (sociedad de la guadaña te espera)…, no …no creas que me he olvidado de ti Marcoantonio, tu estas tan loco como yo (quizás hasta mas), a ellos y a todos Uds. que se van a volver locos de ahora en adelante porque también les llega las injusticias y los estúpidos parámetros que nos impone la sociedad.(es hora de sacar a ese mediocre que está llevando a cuestas nuestro país, a todos esos llamados “padres de la patria”, que solo hacen que el pobre sea más pobre y al rico más rico, a todos esos que caminan por las calles y no les interesa ver a un niño que con sus lagrimas va barriendo sus pisadas por una mísera moneda, ellos deben de morir),bueno a Uds. van estas frases: …¿es necesario de que te vayas mamá?, ¿no deberían más bien cerrar el nosocomio?,…¡ y que todos los locos corramos libres por las calles! … ¡Quiero ver al mago de agua!, ¡Quiero conversar con alguien que no sea el vigilante!, ¡Quiero volver a tener sueños!, Dejar de volar entre barrotes y dejar un día las miradas entre los páramos secos de los vidrios…(Fragmento de hospicios-leuzemia-Daniel f), entonces amigo lector tu que estas sentado, ya te he presentado a los locos de este mundo y nosotros pondremos el gran granito del tamaño de la tierra que cambiara este mundo, ¿quieres unírtenos?.), Sinceramente al final no sé si la aburrí con mi conversación, pues no lo parecía, espero que no haya sido así, le preguntaba que podía escribir, no tenía idea alguna de que escribir, los cuentos que estaba trabajando ….¡No!, esos cuentos aun me falta, todavía no pueden salir a la luz, luego de un momento de conversación se me ocurrió comenzar a relatar cómo es más o menos un día mío, le perdí la conversación, y bueno me despedí, ¡el no poder escribir un cuento!, ¡Sí!... eso puede ser un cuento, en busca de un cuento. Luego de haber escrito unas líneas la volví a llamar para invitarla, iba a leer, y se lo iba a dedicar, justamente en estos momentos que leemos estas líneas, no sé si ella se encuentra, pero ella es artífice de este cuento…

O
(Si el cuento te parece largo puedes continuarlo en el dos, sino continua en el uno que esta más abajo).

2.-La brisa del papel ha regresado,
y con ella las cenizas de mis letras…
Sigo sentado esperando a que el chispazo de la creación venga, a veces no me explico como Marcoantonio puede escribir en cualquier momento, yo tengo que tener un tipo de motivación, me dijo una vez que con la práctica,, pero su sensibilidad es mayor -hay que aceptarlo- “Moment please, moment please”, seguramente te preguntaras si esto es un cuento, yo también me lo pregunto, a ver prosigamos entonces…, y el chispazo no venia, ¿ahora qué hago?, mejor me voy a dormir, si eso creo que es lo más factible ya es media noche así que me levanto de la silla blanca, miro a mi alrededor y veo todas las maquinas que me rodean, las hermanas cucarachas que están merodeando por los escritorios, y… “¡abre la puerta te he dicho!”, ah…, era el señor de al frente que otra vez había llegado mareado, de seguro iba a molestar hasta las tres en que su esposa se apiade y le abra la puerta, saco los cojines de mi seudo cama, los tiendo, luego las sabanas, me cambio de ropa, y por fin de nuevo mi cielo raso y... (Esto es por si te gusten los cuentos pequeños).

1.-…había despertado… y las enseñanzas de los locos,
se han escrito en el azul de mis paredes,
el código de nuestra locura,
el código de los sueños,
el código de amar y ser amado…
…eran las cinco de la mañana, mi reloj despertador activo la radio, “¡cumbia para todos!….en radio mega… ¡tu mejor opción!”, había dejado el reloj en una radio que bueno no era de mis favoritas, me levante, baje del tabladillo y prendí las luces, como arte de magia espere a que las hermanas cucarachas se retiraran de los escritorios, mientras me limpiaba los dientes con el dentífrico que ya se me acaba, me cambie, luego comienzo a revisar si es que no había algún trabajo para hoy que se me haya pasado ,uy…, mi agenda… que no sabrá mi agenda, ¿no agenda?, cada poema que le escribí a ella, cada vez que tenía una reunión, mis trabajos , mis fotos ,mis ideas, sueños, todo está aquí. Luego, que me he lavado bien la cara reviso todo, los candados, las cerraduras, apago las luces todo quedo oscuro, aun no amanece son las 5.20 aun, cierro todo, puerta a puerta (y pensar que un día estos entraron y se llevaron todo, pero no volverá a pasar ahora yo estoy aquí), ¡pásala maldita sea…! -¡hey cuidado en la esquina!-un grupo de borrachines estaba en la esquina no salí y primero observe por los pequeños orificios de la puerta, solo eran borrachines así que me aventure a salir, terminaba de poner el ultimo candado cuando veo un cuerpo escultural –hay que reconocerlo-, pero la verdad no sé si era una mujer no lo la vi bien, bueno solo me queda afirmar que si era mujer , era muy bella aunque por las horas en que se encontraba en la calle daba mucho que pensar, y si era hombre , entonces era puro dulopío no más. Comencé a caminar de frente en cierta forma sin rumbo pero con un destino fijo (iba pensando en cómo iba a relatar todo lo que veía), “La Catedral”, y… que me iba a hacer yo haya, yo que antes decía que era un ateo y todo lo demás, eso ya fue , bueno pues déjame contarte que no soy ningún hipócrita ni nada por el estilo, se que cada vez que necesito a dios es cuando intento acercarme, pero la verdad es que decidí hace bastante tiempo ya que cuando me sienta preparado es cuando verdaderamente estaré ahí junto a él, cuando acaben las dudas que tengo , quizás me puedes decir que el hombre nunca termina de a responder sus dudas, que muere y nunca las termina, pero no sabes cómo espero ese día , sé que llegara, ahora solo me acercaba a pedirle de favor que le diera tranquilidad a mi padre, cuando mi padre está preocupado es cuando tengo un extraño sentimiento hacia el de miedo a que le pueda pasar algo, y bueno ahí estaba caminando hacia él, mi madre dice que dios tiene su forma de hacernos llegara el, no sé si esto sea un indicio, pero no se a quien más recurrir, mi madre…aquella persona que cada mañana me abre la puerta y con un beso roba esa sonrisa que ha perdido mi cara
( a ti madre, me rindo a tus pies,
entre tus suplicas no entiendo el daño que te he hecho,
solo el perdón tuyo podrá salvarme, o…
arrancare el corazón de mi pecho,…
bailemos, bailemos madre,
entre aquellos jardines de hermosas azucenas,
nadie , nadie, se atreverá a mirarte,
a menospreciarte, a hacerte daño,…
cantaremos, cantaremos madre entre aquellos jardines de azucenas y bellos palacios de
ensueño…) ., bueno que puedo decir es una madre, es mi madre. Ya llegaba a la intersección de Leoncio prado con teatro, y una cosa blanca se movió, al comienzo pensé que era algún tipo de bulto extraño arrumado por ahí, pero luego una vez ya más cerca me doy cuenta que era una persona , así que doy vuelta a la esquina y a caminar rápido se ha dicho, bueno pues no había nadie cerca ,y además es preferible prevenir antes que lamentar cualquier hecho, sigo caminado por teatro y llego a la exposición de cromolíricos, me detengo un rato pero como todavía no está claro no se pueden apreciar bien los cuadros, sigo de frente, llego a la esquina de la botica FASA (sí de los chilenos),un cuadro extremadamente raro me llama la atención, eran unos niños arrumados a un pequeño hueco que esta por el lado del mercado central, eran tres, y hacia un frió mortífero, que podía hacer (¡se puede hacer mucho!) , baje mi mirada y seguí adelante, caminado viendo todas las tiendas cerradas y llegar al reloj eran ya las 5.36, los Sres. barrenderos estaban alrededor de la plaza mayor , los edificios seguían ahí nada les había pasado, me dirijo hacia las rejas de esa estructura del gran reloj y de columnas de mil personas, lo bordeo y encuentro una reja abierta paso, sigo de frente, caminando voy pensando en aquellos niños y como el ser humano es que crea su propia destrucción (ellos más adelante quizás se conviertan en ladrones o que se yo, y no quiero predestinarlos , pero tú sabes muy bien como es, y todo esto, es…porque no tuvieron la culpa, todos hemos sido creados por esto que se llama sociedad, y como somos es porque ella nos ha manipulado), las lunas de la iglesia resplandecían por sus colores, yo seguía caminando, al final de cuentas le di la vuelta a la iglesia y no encontré la puerta , ¿y ahora? (parece que dios no me quiere hoy), bueno luego sabré que eso es mentira, voy regresando a salir, y cuando veo un pequeño logo que brillo, decía: “EMPUJE”, no se pero algo me llamo al empuje, bueno empuje , cerré bien mis ojos, y empuje…., se abrió la puerta , ingrese , me arrodille…
…entre aquellas excusas que rondan los platinos de tu cuerpo
negocie mi salvación con andros de esperanza
y aquel transdeath que desaparece en el canto de sonata,
hoy intenta llevarse mis crestas de memorias,
que se pierden en el transito exclusivo de los trazos unívocos que he creado….
calcule que fueran las seis, ¡tenía que hacer el cuento!, material quizás ya lo tenía, yo mismo, ya estaba todo más claro, camino por todo Elías Aguirre y entro a woyke, caminando veo ese símbolo tonto que hice alguna vez , hay cosas de las que uno se arrepiente ,pero siempre debe mirar hacia delante, y lo pasado… pasado es, así que había que seguir el camino, entro ahora a San José y sigo de frente en dirección a la plazuela, …siento la inspiración corriendo por mis venas…,
ayer no te pude hablar,
otro día de movimientos de besos de brevedad,
¡el día llegara!,
¡podría ser hoy!
en el que toque tus carnosos labios, con los cuales derrochas tanta gracia y , soberbia…., ella paso otra vez por mi mente con su especial sinceridad de decir las cosas y aquella sonrisa que dibuja su inocencia. La Plazuela, aquel mudo testigo de nuestros cadáveres existentes y de locos despabilados que quieren esperar al gran granito de que nos da el producto de la media aritmética de ha amanecido con sueño, sus paredes lloran nuestras idas y su creación ha pensado que es hora de que las plantas expongan la serpiente de nubes que se esconde debajo de las ilusiones de ocho ochenios de sangre que borbotea debajo de las orejas de miles de poetas muertos por nuestra indiferencia, y aun resplandeciente ella contara a los hijos que deben de destruir a la estrella roja por tanta sangre que ha sacrificado, esta que se alberga a su alrededor y nada hace,…¡choche tengo cincuenta céntimos!, nada mas voy hasta chirinos-esas fueron mis palabras-el señor me da una mirada como diciendo “misio, ya sube”, y subí al carro, mientras el carro continuaba su camino iba mirando las calles desiertas de gente me senté junto a una chica , que no mire porque cuando subí me dio la impresión de que no estaba muy bien de ánimo, al final de cuentas llegue a mi casa toque la puerta y me abrió mi madre y me robo esa sonrisa que se adhiere a mi cada vez que la veo ….
He muerto y he vivido en tu pensamiento,
A veces me he desesperado al no saber sonde estas,
Me he entristecido cuando te deje,
He llorado cuando destruiste mis creaciones,
Y he sufrido a cada instante de tu ida contigo,
¡Cuánto te amo poesía!

... ¡Toc, toc, toc! ... ¡Toc, toc, toc!, ¡abre la puerta Marles!, ya es hora de abrir el local,
-era mi padre- me levante del sueño increíble de inexistencias en el que se repara las palabras fuertes del lenguaje y al cual regreso a buscar los redobles que los zumbidos olvidan para convertir la luz de las luciérnagas en simples sueños.

Este cuento está dedicado a todos los soñadores de este mundo, a ellos , a los que fueron y a los que vendrán, y a todas las personas que permiten que yo exista a mi sociedad de la guadaña, mi familia, a los amigos de la universidad, Freddy (gárgola), Ozzy, Monkey (nosotros los del trípode), Sayayay, Tesón, Papi, Mercado, Sánchez Gordito, Bob, Quintana, Malogrado, Chapulín, Butti, Ta que ae.., Tortuga, Macetón, Peña, Benavides, Pérez,..............,............,..............,............ , Desganao, y a mi promo .....
Y en especial a la que permitió que esté sentado frente a ustedes, ella la musa que está perdida de repente entre el público, la que me dio la idea:
ANA.


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