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domingo, 23 de mayo de 2010

CRONIQUEANDO UNA NOCHE DE POESÍA EN CHICLAYO-PERÚ

CRONIQUEANDO UNA NOCHE DE POESÍA EN CHICLAYO-PERÚ

Por: Nicolás Hidrogo Navarro

“Yo, se te escapó Mabelita; él no, no ahora la veo…; ellos, es su hembrita ¿de verdad Megatrónico?, -él, con su sonrisita de Porky… sí; con un gesto de temor, tenía 17 años y ya quería ser maridito de Mabelita La Dulce; ellos, total ¿quién es La Dulce: Mabelita o Enma?, : yo, vaya La Sociedad de la Guadaña, emparejaditos o no funcionan para cruzar con los 90; ellos César Limo es termo y distraído; yo, así… mmm veinte años después más tarde escribiré la historia de la Guadaña, habrá un filtro natural: quedarán dos o tres, el Megatrónico mira con sus ojitos de marrano y sus lentes de Perogrullo, encarrilla sus cachetes y su cuerpo de tortuga y piensa en voz alta “temo que ser ingeniero mecánico me atrofie mi sensibilidad poética…”, el emolientero sigue rasqueteando la penca sábila, espolvorea la maca a los vasos, un borrachín, pide un calientito, dulce pido, el Megatrónico quiere alfalfa, son las 12.47 de la noche y en la plazuela el gordo Chefo, con guitarra en mano y suspendido en el aire, quiere levantarse un par de maricones, nueve muchachos del SENATI están a punto de acabarse un jarabe de licor de fantasía, allá una parejita subida de tono, le mete la manito por debajo de la falda, besos con lengua, eyyy; y él me gusta Guisella Limo… y el otro a mí Naneska; no Roxanita está como Eros manda y el otro a mí La Nueva que llegó hoy…”


Faltaba sólo un día y sólo disponíamos de sólo una muestra mínima de tres poemas de un ferreñafano Freddy Uchofen Maco. Su poesía no convencía ni a Rubén Mesías – gran catador intuitivo, de prodigiosa memoria y de estilos anglosajones y versado en libros, un tipo raro y sui generesis en la movida literaria en Chiclayo-. Vino a Lambayeque a mi cubil literario y se fue con las cajas destempladas: no habría poemas para mañana. Ana Miranda falló, César Limo envió los poemas de su hermana Guisella Limo con cuatro horas de anticipación y Elmer Llanos que me apuraba por el msn “Oye Nicolás a qué hora me llegan los poemas, ya estamos jueves…, ya pues gordito muévete…”
En la noche del jueves encontré en la puesta en escena de la comedia “Un pichón fuera del nido”, a Fernando Odiaga Gonzáles – ese grandulón que vemos con un imponente cuerpo de cachascanista y aspecto de decapitador hachero del s. XVII que cualquiera lo confundiría con un guardaespaldas de choque, de codo, cabezazos y rodillas, pero de una pasión maniática por la lectura y de fácil y machetera crítica-: “No envía nadie Fernando y Fernando leemos, bajamos al llano, claro, somos la reserva”. Fernando tuvo que ir a una cabina de Internet a digitar sus poemas y enviárselo a Elmer Llanos, para la crítica literaria.
Por la mañana del viernes un correo esperado toda la semana estaba alojado en mi bandeja del yahoo: Era un envío de César Limo –el guadañero nervioso, pertinaz y muy circunspecto. Ya no hubo mucho tiempo y la Noche de poesía Nº 19 se iba a llevar con el ferreñafano –que por cierto no llegó- Guisella Limo, Fernando Odiaga y yo. Ahora la noche se iba a invertir los macheteros de siempre iban a ser macheteados.
Faltaban dos horas y Marcoantonio Paredes – el coordinador del evento, el fundador y líder de los guadañeros, el gran utópico y humanizador de los gestos de los artistas, el tumaneño rebelde que vino a Chiclayo a hacer su sueño realidad: generar una hoguera literaria y despertar a los aletargados y envanidecidos poetas de papel- estaba ya cuadrando en la computadora los textos que se repartirían esa noche, dentro de unas horas, pero ya eran las siete de la noche con catorce minutos y debíamos ir a Chiclayo.
La cita de Noches de Poesía y cuento están programada para las 7.30 p.m. en el auditorio “Max Dextre” del INC-Lambayeque-Luis Gonzáles 345, en pleno centro del comercial Chiclayo, pero la idiosincrasia a la peruana siempre hacía que empezáramos a las 8.00-8.30 p.m. Llegamos a Chiclayo en un combi de los pueblos de Jayanca y Mochumí, apretujados, cobran S/ 0.50 pero tienes que sopletearte sudores y olores nada poéticos. Nos dieron las 8.16 p..m. en las fotocopiadoras, de “La Gordita”, pero también le dimos trabajo a “La Tetoncita”, entre las calles San José y Luis Gonzáles, para hacerlo más rápido: ¡Treinta juegos de los cuatro!.
Llegamos casi sudando al INC y en la puerta, bajo una luz mortecina y los tamborileos y contoneantes bailes agroperuanos, ingresamos: una inusual mancha arremolinada se encontraba en la puerta, a la distancia se avizoraba y se distinguía por encima de los demás el enorme cuerpo de Fernando Odiaga con una casaca roja, todos los guadañeros se daban cita –hombres y mujeres: Naneska, la del silencio poético, Guisella Limo la de imponente mirada azul, César Limo el formalito y pertinaz embatero; Jonatan Larrea el guadañero hipersensible –el retoño más joven, después de Marles Eneque-; Juan Felipe Chilón el de mirada y hablar sigiloso, David Guanilo el de mirada de mono y narrador de juergas; Arturo Bravo Torres el alto y ávido concursero estudiante de Lengua y Literatura en la UNPRG; Mabelita Díaz la musa en disputa, Enma Alarcón La Dulce, la manzanita de la guadaña; Marles Eneque el gordito megatrónico y arrepentido otrora metalero; Roxana Seclén la fotofóbica, la japonesita de ojos saltarines; María Helena Flores la Pequeña Lulú dulce, la narradora de la guadaña; Magaly López la de perfil de Pepe Grillo, sensualista y tierna, entre otros; por los 90 estaban Rubén Mesías con su sonrisa coqueta y pegajosa buscando amigas y pidiendo correos electrónicos; el correcto Dandy Berrú; el misterioso y calladito Joaquín Huamán; un invitado recién llegado de EE.UU. Rubén Dávila con una gorra woykera colorinche y polo multicolor y con una rosa amarilla en la cabeza a lo Oscar Wilde y más tarde el siempre tardante y barbado Juan Carlos Flores, mezcla oshiana y leninoide, varias caras nuevas de sugestivas miradas y atraídos por el olor de la poesía.
Son las 8.36 y empieza Noche de Poesía, Elmer Llanos en el centro de la mesa de honor junto a Fernando Odiaga, Guisella Limo y yo en los extremos izquierdo y derecho respectivamente. Marcoantonio hace un introito, exige silencio ante una conversación ininterrumpida del fondo del auditorio “Buenas noches, amigos del arte y la literatura… en esta noche leerán tres compañeros…, comenta el catedrático de la UNPRG Elmer Llanos…, esta noche los hacheros pasan a ser hachados… (risas en todo el auditorio)”.
Lee primero Fernando con su pegajosa voz, se demora casi cinco minutos y luego Elmer Llanos, hace preceptiva literatura: “El yo poético, es diferente al yo personal, hay dos instancias y el producto textual no puede confundirse con el aspecto personal… La poesía de Odiaga tiene una acento existencial, hay una carga de la libido reprimido y una soledad que busca un encuentro consigo mismo…”.
Intervienen gente del público: Rubén Dávila, Dandy Berrú ¿Qué concepción tienes del mundo y del sexo y qué tiene que ver con tu propuesta poética?
Fernando Odiaga hace varias confesiones sobre su naturaleza sexual y efectúa una acre crítica al egoísmo e hipocresía humana y suelta su ambigüedad y androgenidad y sus propios miedos, revela su estado de insatisfacción por no haber hallado una pareja ideal. Toda la participación (lectura, comentario y preguntas-respuestas público-poeta) toma unos 23 minutos.
Eran ya las 10.39 p.m. y cuando Guisella Limo había terminado de leer y estábamos en los comentarios de pronto un rasgueteo de guitarra a la distancia y luego evolucionaba hacia el auditorio, distraía, llama la atención a todos, una entrada accidentada, a tropezones, alguien se mete como una tromba por la puerta principal: era el Chefo Bocanegra con mundopropio@hotmail.com, un blanquiñoso con lentes de culo de botella de Champamg, Lalo Castro y otros: Eran los “Víctimas del vacío”, grupo de rock local, cañoneados y stoneados, tenían la lengua pegada a los dientes y una rara mirada de idos, al inicio mortificaron a todos, pero salieron a cantar y zasssssssss se ganaron todos. Vaya eso es lo que llamo tolerancia justificada y ganada por el talento creador, se le puede perdonar todo. Mundopropio@hotmail exige “Qué importancia tiene la crítica literaria, es pura chimosería, cómo van a meterse a calificar el mundo del poeta, cómo van a saber lo que uno escribe”. El Chefo, más stoneado y todo el tiempo rasgando la guitarra como un demonio creador poseído, escupe “Una pregunta a la mesa: ¿quién es el mejor narrador o poeta desde 1996 al 2005 en el Norte del Perú? Nadie responde a la segunda pregunta y se contesta la primera:
La literatura es una pasión y un estilo de vida y el acto creador es único, irrepetible, nos hay dos poetas, poemas, motivaciones y circunstancias iguales para crear, no hay poeta más ni poeta menos, hay intensidades, gustos y files, sólo hay quienes viven para la literatura y se entregan a ella para poseerla y ser poseídos, hay quienes crean echados en su cama, parados, en el baño, en su sala, o en su cuarto de noche, anocheciendo, amaneciendo, atardeciendo, con llanto, con nostalgia y tristezas, con alegría y emoción, hay quienes escriben forzados, en otros brota como lava libido de volcán. Hay quienes escriben para perpetuarse y liberarse de sus propios fantasmas existenciales. Hay quienes creen que la literatura debe ser un instrumento de cambio y comprometida. Hay quienes escriben para hacer cataris y mostrar el arte puro del mundo. La literatura puede ser un amor ocasional o puede ser una pasión sempiterna. No hay separación entre el poeta y su obra: no nos vestimos como poetas para crear ni nos cambiamos de ropa para actuar como humanos y salir a despulmonarse por el mundo. Somos una perfecta ecuación y fusión trigonométrica: poeta-humano, un binomio destilado en un solo acto de la vida y todo lo que decimos y escribimos – con o sin retoque, silvestre o alcanforado- puede ser el resultado de nuestras experiencias librescas y existencial. Todo lo que decimos como poesía debe ser el resultado de nuestras frustraciones, utopías, fantasías reprimidas, casi quisiera creer que cuando el estómago está vacío hay una intensidad de crear pero cuando estamos cargados de felicidad y de dinero en bolsillo hasta Octavio Paz y Pablo Neruda nos parece cursi y nos caen bomba, casi quisiéramos decir que el acto de crear es consustancial al acto de vivir y morir atravesado por la espada lingüística y semiótica de las emociones humanas.

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