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domingo, 23 de mayo de 2010

DISCURSO OFICIAL CON MOTIVO DE EL HOMENAJE AL PERIODISTA Y POETA ESTUARDO DEZA SALDAÑA- 19 de abril 2004.

DISCURSO OFICIAL CON MOTIVO DE EL HOMENAJE AL PERIODISTA Y POETA ESTUARDO DEZA SALDAÑA- 19 de abril 2004.
SEÑORES:
Yo soy el mágico heredero
de una pluma en llamarada
de una pluma enamorada
de las cosas de mi pueblo...

EL PERIODISTA PATRIOTA, ES ESCLAVO DE LAS MUSAS Y DEL PÚBLICO
Muchas veces he citado estas palabras. Son palabras homéricas; restos probablemente de algún himno. En todo caso, su belleza es siempre nueva. Tiene ese atributo de la juventud. Cada vez que las cito las hallo más exactas y, por eso, más hermosas. Porque, en las palabras, la exactitud es la esencia misma de su hermosura. Les dan lo que los ojos hermosos ponen en las caras bonitas. Esas palabras, son estas: “Sabía muchas cosas; pero todas las sabía mal. Los dioses no lo habían hecho mi jardinero ni labrador. No era útil para nada. No tenía ningún arte. Esclavo de las Musas y del Arquero Apolo”.
Puedo afirmar que el periodista nunca ha sido mejor descrito. Ya no es esclavo de las Musas y del Arquero Apolo, porque estas graciosas deidades duermen en el corazón de todos los hombres cultos, un dulce y profundo sueño. Ya las nueve hermanas, hijas de Memmosina, no inspiran a nadie. Y Apolo, el sumo cantor, tiene muy poco que hacer en este mundo sin música. Pero existe la Actualidad, la Décima Musa. Y existe el público, sustituto poderoso y grosero sucesor del dios rubio y rítmico que protegió a los poetas. Y este hombre que no tiene ningún arte, que no es ni jardinero ni labrador que sabe muchas cosas y todas las sabe mal... este hombre, señores, esclavo de la Actualidad y del Público... es el periodista, aeda del siglo de las máquinas, rapsoda de los tiempos del cine, cantor prosaico de la edad industrial.
Les contaré que mi primer amor del periodismo fue clarín del valle; editado en el valle Jequetepeque. Cada ejemplar era de 4 hojas vale decir 8 páginas. En 3 años viví tres siglos.
Creo reconocer el oficio periodístico. Pero aquí surge la duda: ¿existe un oficio periodístico? Creo que más que carrera y más que profesión el periodismo es oficio. Y cuando se depura y ennoblece, cuando llega a las alturas un poco irrespirables de la imaginación, se convierte en arte. No hay que olvidar de que el arte, para expresarse, necesita del oficio.
En nuestro mundo y dentro de nuestras costumbres, la carrera y la profesión –que son generalmente uno y lo mismo- necesitan sello académico. El periodismo es antiacadémico y antiuniversitario por su naturaleza misma. Los grandes periodistas siempre han escrito mal. Es decir si se les juzga académicamente. Están llenos de neologismo, de giros populares, de excesiva tendencia a la síntesis, de prisa en la composición y de bastante insuficiencia para usar el adjetivo. De ninguna manera son grandes escritores. Así como no grandes escritores de ninguna manera son grandes, son grandes periodistas sino a título de dejar de ser grandes escritores. Los grandes escritores, suelen acogerse al periodismo para vivir mejor y para brillar algo más. El periodismo es, para ellos, lo que la galantería para las mujeres más bellas.
Algo misteriosamente seductor tienen que haber en el periodismo, cuando casi todos los hombres que tienen alguna ocupación intelectual se empeñan en haber sido periodistas alguna vez. Este oficio tan rudo, este arte tan difícil tienen adeptos innumerables. La desgracia está en que cualquiera puede ser periodista bajo su palabra de honor. El trabajo del periodista es rudo, su vida es dura, su remuneración casi siempre es escasa, su fama es frágil y dura horas.... y sin embargo, no hay quien no desee llamarse periodista.
Se dice que en lo más íntimo de la conciencia de las mujeres honradas hay una ligera envidia hacia las que no los son. Acaso suceda lo mismo con los periodistas. El periodista nunca es lo que se llama un hombre serio. Hasta cuando llega a las mayores alturas del dinero y de la gloria sigue siendo un poco ligero. La indiscreción es la primera de sus virtudes. Por eso los banqueros, los políticos, los mercaderes le temen y le odian. Sin embargo, el periodismo ha emitido hombres como Clemenceau, Hitler, Mussolini y Churchill; son hombres de prensa. Roosevelt siempre estuvo muy vinculado con todos los círculos periodísticos de su país.
El periodismo como arte es igual a cualquier otro: al cine, por ejemplo. Depende completamente de lo que depende el arte en todas sus formas: de la intuición y de la imaginación.
El periodista tiene algo de guerrero y algo de sacerdote. Tal es el lado noble y bello de su actividad tan llena de malas tareas. Se juega la honradez, la vida y la hacienda en defensa de lo que cree justo. Cuando las tiranías se apoderan de los pueblos suele ser la primera víctima. Si sus campañas no le dan fortuna es un estúpido que sólo sabe morirse de hambre; si le dan fortuna, es venal que sólo sabe venderse. Se quiere que no tenga, como el abogado, el derecho de defender lo que le parezca defendible y de cobrar por la defensa. Si defiende una candidatura presidencial y esta candidatura no triunfa, ello puede costarle al periodista toda su carrera. Sin embargo, el médico se le pueden morir enfermos que caigan en sus manos y su carrera no se interrumpe.
El periodista debe reaccionar ante el acontecimiento como la epidermis reacciona ante el clima y como el ojo reacciona ante la luz: instantáneamente. Si su cuerpo no logra adicionarse bien dentro del clima que lo envuelve, puede parecer por enfriamiento o por sofocación. De aquí se desprende que el periodista no sólo tiene el derecho de cambiar sus juicios y de opiniones sin que tiene el deber de hacerlo. El minuto que pasa siempre es absolutamente distinto del mundo que pasó, y como el periodista no opina sino sobre el mundo que pasa, claro está que su opinión debe cambiar como cambian los minutos. Pero no hay que confundir opinión con líneas, ni manera con conducta. El periodista cambia de opiniones dentro de una línea y de maneras dentro de una conducta.
La máxima expresión del periodismo como periodismo, como arte y como oficio, está en la prensa chica o en otros términos, en la prensa que tiene como mínimo de interés y en la cual el periodista puede conseguir su total desenvolvimiento. No se trata ni de la prensa clandestina, ni de la prensa dicha o la eventual, ni del pasquín, ni del libelo. En el Perú, por ejemplo, “El Tiempo” y el “País”, los periódicos de Piérola, inspirados por él, representaban, en su época, a la prensa chica. A la prensa chica perteneció siempre la “Opinión Nacional” de don Andrés Avelino Aramburu. El, como José Carlos Mariategui y Luis Alberto Sánchez, Federico More, Felipe Sassone, Nicolás Yeroví, han puesto la cantidad indispensable de hombres de letras que el periodista necesita para embellecer su oficio y su arte dañarlos.
Deseo que mis palabras sirvan para aclarar dudas acerca del periodismo y para a hacer ver que el periodismo es menos accesible que las profesiones liberales y académicas, por lo mismo que, para ejercerlo, se requieren vocaciones irresistibles, fe profunda y entusiasmo siempre floreciente. Si es periodista como se es negro. Unos cuantos años de universidad bastan ya para ser médico, abogado o ingeniero. Una vida no basta para ser periodista. Acaso el periodista valga muy poco, quizá no valga nada; pero es inimitable. Esclavo de las musas y del Arquero Apolo, siervo del público y de la actualidad.

NACÍ POETA DULCE OFICIO
El mundo se construye con palabras, el que sin duda, el hombre cuando se puso de pie inauguró su infelicidad metafísica, empezó su búsqueda afanosa de la piedra filosofal y la encontró: en la palabra, que hasta hoy es su reino y que le sirve para el diálogo con los hombres del mundo, pese a la babel de lenguas.
Y empezó a leer primero en el evangelio azul que le iluminaron los viejos leños y después empezó a fabular en piedra, en arcilla, en cera y en los viejos pergaminos; por que buscaba la proyección a la posterioridad. Buscaba la inmortalidad en la palabra.
Nosotros los Poetas sabemos que las palabras al salir, duelen; pero la palabra obedece siempre, a una inconfundible necesidad de manifestarse. En lo que decimos o cantamos estás nuestros triunfos o nuestras derrotas.
Por eso el Poeta aumenta criaturas a la creación y carga con esas criaturas o en cambio las criaturas lo cargan a él.
Todos sabemos que el hombre se echó a caminar; su caminata fue marcha, trote, zapateo, haciendo flores y como entre las flores andan las palabras; pronto fueron: Frase, endecha, ritma, rítmico poema, canto, cántico, cantata, cantinela, cantar.
La voz y las palabras; canción, emoción, ritmo melodía, matemática de la voz. Y el habla entonces es la canción como el agua a la luz, como el corazón al amor.
Realidad que no habla, no es realidad.
Vamos y venimos entre la palabra que se extingue al pronunciarla. El poeta entonces juega con las deformaciones y recomposiciones de la palabra.
El paraíso pues está regido por una gramática ontológica: las cosas y los seres son su nombres y cada nombre es propio. El poeta descubre que las cosas no tienen nombres; con los que les llamamos no son suyos.
La crítica del lenguaje se llama poesía paradisíaca. El mundo se vuelve lenguaje. El lenguaje se convierte en mundo. La literatura emite sonidos y corre tras ellos. Escribir, hablar es trazar un camino: intentar, recordar, imaginar.
La poesía nos alimenta y nos aniquila, nos da la palabra y nos condena al silencio.
El lenguaje es la causa de nuestro destierro del universo, significa la distancia entre las cosas y nosotros, la realidad y su esplendor. La palabra es la desencarnación del mundo en busca de su sentido. La poesía es corporal, reverso de los nombres.
La poesía es un organismo rítmico, una forma perpetua de movimiento.
La poesía no quiere saber que hay un final del camino.
La visión de la poesía es la convergencia de todos los puentes.
Los poemas son cristalizaciones del juego universal de la analogía, objetos diáfanos que al producir el mecanismo rotatorio de la analogía son surtidores de nuevas analogías.
Los poemas son formas sensibles que podeos ver, oír, tocar. Sobre todo oír. La poesía es un arte oral y olvidarlo, es traicionada.
La escritura humana refleja a la del universo, es su traducción; pero así mismo sus metáforas dicen algo totalmente distinto y dicen lo mismo.
La creación poética es un misterio indescifrable, como el misterio del nacimiento del hombre. Se oyen voces no se sabe de donde, y es inútil preocuparse de dónde vienen. Como no me he preocupada de nacer, no me preocupo de morir. Escucho a la Naturaleza y al hombre con asombro, y copio lo que me enseñan sin pedantería y sin dar a las cosas n sentido que no sé si lo tiene. Ni el poeta ni nadie tienen la clave y el secreto del mundo. Quiero ser bueno. Sé que la poesía eleva y, siendo bueno, con el asno y con el filósofo creo firmemente que si hay un más allá, tendré la agradable sorpresa de encontrarme en él; porque la felicidad no se puede hallar más que en el cielo.
“En la poesía el hombre revela la secreta verdad del hombre, su mundo, su naturaleza necesidad urgente. Hasta el último hombre de la tierra a la hora de despedirme lo hará poéticamente.
El hombre es incapaz de explicar una forma rotunda lo que es la poesía. El misterio es imposible: traspasar su zona es iluminarla. Es una obsesión torturante que se agudiza con el tiempo.
A la poesía hay que desvincularla del idioma para hacerla más amplia el poeta tiene que traducir su sueño a la palabra. La poesía verdadera esta siempre en estado de traducción.
La poesía siempre es una traducción; el poeta sueña y tiene que traducir su sueño, traducir su sueño al poema; lo que se puede traducir es poesía las tonalidades los artículos no se pueden traducir; quedan vinculados al idioma; pueden tener gracia pero no fuerza; por que la poesía es cósmica; universal.
Sólo lo que se traduce indica una existencia posible en la poesía; el poema en prosa si no tiene tonalidades lingüísticas, no puede dar realidad a un sueño.
El poeta no hace poesía; hace poemas; que es muy distinto. Al sueño hay que traducirlo al poema.
El poema es un muro detrás del cual se encuentra la poesía solo los grandes soñadores logran traspasar este muro.
El poema tiene que ser intemporal (sin experiencia) de lo contrario no es poema sino sería obra de un artesano, no de un creador.
El poeta tiene experiencia previa del poema que va a escribir. El poeta nunca sabe si mañana va hacer otro poema.
El poeta huye de lo que opera gramáticamente; por que lo que produce tiene una vida superior al del idioma.
No esta fijado; quiere desarraigarse y ser volátil; quiere desarraigar la palabra de la gramática; liberar la palabra de su semántica.
La verdad está tanto en la fealdad como en la belleza, también su indolencia; su vagancia; su huída.
Si la naturaleza del poeta más que de oficio o de trabajo, es la misma de la savia que se va creciendo hasta dar la rosa o la fruta.
El lector de poesía es más importante que el poeta; es el que realmente captura aquello de poético que hay en el poema. Hay que cuidar y engreír a nuestros lectores de poemas.
La poesía es femenina; tienen una sexualidad y sensualidad absolutamente femenina y absorbente; necesita ser fecundada y el único que puede hacerle es el lector; cuando encuentra en la palabra aquello que no es palabra y entonces crea el poema.
La poesía es la huía de lo que llamamos vida; a un paraíso de libertad y felicidad; la poesía es anárquica y revolucionaria.
El poeta escribe alejado de todo para encontrar lo que quiere fuera de toda perceptiva y toda gramática.
“El acto creativo es el momento perfecto”. Instante de gracia le llama voley. El primer verso viene del cielo, los demás los hacemos los poetas.
Para mí no hay momento más alto que la creación poética, no hay exaltación semejante a este instante absoluto. Un mundo de imágenes, ritmos pensamiento intactos brotan del ser transformados en palabras. En la vida, sólo semejante al éxtasis amoroso.
He hablado de metáforas. Una metáfora es un salto metafísico; conjuga dos seres, muy diferentes el uno del otro y muy distantes entre sí que, en manos del poeta y gracias a algún elemento común, os muestran, como en el relámpago sobre el oscuro abismo, la unidad profunda a la que pertenecen. De este y otros mil modos, los seres, desde los más diáfanos hasta los más repulsivos, nos permiten atisbar cosas escondidas desde la creación del mundo. Incluso, por la visión del crimen nefasto, lo terrible levanta una punta del velo que cubre lo sublime y nos hace entrever no de sus aspectos.
Pero no podemos quedarnos sólo en la naturaleza, la poesía y el arte. Los sacramentos de la fe nos llevan mucho más allá; aunque a oscuras. Y finalmente, será necesario que en la muerte –“el paso de ésta a la otra estancia”- recibimos una nueva y potente capacidad de visión que nos permita afrontar el ser al descubierto, sin que se nos quemen las pupilas ni se nos seque el corazón.
El hombre se parece al universo en la medida que reconoce sus propios límites; su lenguaje, en este caso y tan sólo en este caso, estará lleno de poesía. Álgebra de la creación; la suma con el universo del hombre es cero ¿Es el cero la suma de todas las cosas? No, luego la suma del hombre con el universo es –1-0+1 es decir, un caso sui generis privada un alma. La unión del alma con el universo se llama poesía. Su separación, poema.
Las palabras pasan (ver movimientos poéticos, ismos, diferencias de estilo), la poesía permanece. En la poesía simbolista –las palabras como objetos- los sentidos invaden el poema, el pensamiento palidece.
La poesía es la verdad cantada, palabra de un poeta, música de un pueblo. Los pueblos entonan la verdad, la melopea de la verdad; tortura su alma pero creen en el mismo, adoran lo misterioso y se abandonan a lo invisible. El poeta muestra a su pueblo la coherencia terrena de su canto y convierte en liturgia sus esperanzas y sus terrores. Con ayuda de las palabras, la verdad cantada, palabra de un poeta, música de un pueblo. Los pueblos entonan la verdad, la melopea de la verdad; tortura su alma pero creen en el misterio, adoran lo misterios y se abandonan a lo invisible. El poeta muestra a su pueblo la coherencia terrena de su canto y convierte en liturgia sus esperanzas y sus terrores. Con ayuda de las palabras, la verdad y lo sagrado se hacen poemas.
Los poetas y todos los grandes artistas ven lo invisible, captan aspectos de las profundidades de la realidad que nos permiten gozar con más deleite de los misterios de la tierra. Los poetas son una raza superior ángeles venidos a la tierra.
Entretanto, tenemos las voces de todas las cosas; la de los olorosos frutos del limonero, la de las crestas sonrientes de las olas, la de la alegría de los niños, la del canto de la flauta, y las de tantos seres bellos... Cada uno nos trae es gota de amor que nos ofrece aquel que, escondido detrás de todo, nos muestra en cada cosa una brizna de su fantasía, su amor y su belleza. Incluso en los acontecimientos crueles y en nuestros más amargos fracasos; enigmáticos disfraces con que nos visita la ternura para atenuar nuestro orgullo, hemos de saber besar su mano santa.
Pero estamos también en la vida para entrenarnos a reflejar el amor que recibimos y verterlo en los demás. Si sobre eso sabemos vivir lo doloroso como una explicación que afirma y purifica, y tenemos para con nuestros semejantes un poquito de amor todos los días, perteneceremos a Dios y a todas las cosas.
Y nos sentiremos firmes y alegres ¡ Para cuando suenen las grandes trompetas!...

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