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lunes, 24 de mayo de 2010

JOSEFO, CON-CIENCIA DE BARRO

JOSEFO, CON-CIENCIA DE BARRO

Por: Luis Heredia Gonzáles.

Un día de esos, de tantos, de cualesquiera, esa forma de aseverar y dar por verdades absolutas lo que puede rumiar como fundamentos irrebatibles e impajaritables, quién más si no él para tenerlo “cableado todo”. Metafísico, porque considera que él está para verdades superiores y es que sus inmensas narices están incluso tras las huellas del sionismo universal, una de sus más preclaras obsesiones.

Se trata del único y el mejor a decir de él, Sí, se trata de José Rodrigo Avendaño conocido en la prosapia farandulera de la plástica como Josefo. Gordo rechoncho, colorado, natural de Cúsupe, dipsómano, de pelo cano, megalómano por convicción, de estentórea y aguardentosa voz, manipulador y ampuloso.

Luchador tenaz y obsesivo de toda mafia artístico-cultural. Quijotesco; una de sus máximas aspiraciones, mismo Mad Max, es realizar una cruzada personal y casi policíaca para acabar con la mafia lambayecana, a decir de él, la más poderosa del mundo. Y como enemigo nadie puede subestimarlo, invencible como boicoteador, esto lo puede constatar otro artista como “Arracacha” Carlos Ramírez Soto, aquellas sonoras ratablancas, que estremecieron el auditorio del INC atestado de notables y artistas. Esa conspiración botella en mano que los literatos jóvenes sufrieron cuando reclutaba para libar e impedir el acceso a esos entusiastas recitales literarios organizados por ellos, lo que no deduzco son las razones que le impelieron a tomar esas letales decisiones.

Tiene enemigos jurados, enemigos para siempre, con este artículo sus señalados ya saben de lo que se trata. Sus enemigos no sólo son conocidos, son también deducibles y sobre todo “mafiosos”. Josefo es todo un clásico de la provincia, ideal para la crónica, archivable, retratable –aunque también registra- tiene un mérito: contar con un archivo de audios y otro escritos, tiene registrado todo; fotos, audios, manuscritos. Dentro su material clasificado con la categoría de supra confidencial posee declaraciones de Stanley Vega en estado de ebriedad, ese archivo consta de tres volúmenes, los escritos de la guerra de correos electrónicos librada con tenacidad y virulencia hace poco por los jóvenes vates, registrados también los cadáveres exquisitos de toda la bohemia chiclayana. Si fuera escritor tendría el material suficiente para escribir una comedia.

también en su mira están los “Cromolírico Trazos”, Carlos Bancayan, Chocho Tello, que conforman la más consistente mafia cultural, un tinglado de alcances universales y que él dice ser su más encarnizado enemigo o la futura yacuza literaria esos literatos sin editorial como son Nicolás Hidrogo, Fernando Odiaga, Ernesto Zumarán y César Boyd. Quien les escribe, este modesto articulista lo ha escuchado siempre, le ha prestado atención y puede dar fe de lo expuesto.

Sus convicciones políticas son otra cosa compleja, sueña con “empalar” comunistas, con acabar con los “tronchistas”, respetuoso de las elites, justificador del despotismo, señala que Hitler perdió la guerra por exceso de nobleza, fascista convicto y confeso. Desde su imaginario y su tristísima invasión cerril, paupérrimo y eriazo cerro Pompurre, posee la oficina de una gestapo. Considera que Alan García es intocable no sólo por su investidura también por su peruanísimo estilo de hacer política, le desea - en su criollada- los mayores éxitos en sus planes de instrumentación. Sus teorías sobre el sionismo del que habla hasta el cansancio y al que considera todopoderoso creador y cómplice de todo suceso político, económico, intelectual, cultural.

Tiempo atrás fue rico, escultor prospero del sistema, el más recomendado dentro del clientelaje político, bebedor de Whisky (Old Parr, Chivas Regal, Ballentines) Vodka (Absolut, Stolishnaya) Ron (de Medellín, de Caldas, Pampero, Jamaican Run) Pisco (Quebranta, Acholado y selectísimo Sol de Ica) pero hoy en desgracia, fabricante y vendedor de chucherías, viajero de combi como polizón, bebedor de licor adulterado, caña con urea, ron de quemar, chicha con barro, y un largo etcétera que le hacen añorar su edad de oro de parrilladas, marucha, milanesas, lasañas y vino Concha y Toro (Cabernet Sauvignon, Chardonay, Carmeniere.)

Su movimiento cultural denominado a capricho de Josefo “Cultura Chicha” desde el que planea remover las estructuras conceptuales de la plástica, yace aún en su imaginario, dicen las malas lenguas que con su idea, lo mejor que puede hacer es establecer y marketear un negocio de venta de chicha en su lote del cerro. Enemigo declarado de lo panfletario, socialistón, caviarón, quiere hacer de los dogmas xenófobos la nueva concepción de arte moche. Personalmente le auguro poco éxito a tan “magno” proyecto.

Pero Josefo tiene sus méritos, me permite con sus aseveraciones dar consistencia a mis artículos. Considera a Rubén Mesías; un ser divino, fuera de este mundo. A los “Víctimas del vacío” y sus camaradas como seres sublimados; con la mente y existencia en las estratósfera, al poeta Rodríguez Serquén con una vida a despecho de su suerte, a Luishino y sus tropelías como parte de una pedagogía de subsistencia muy de sí. A Anita Miranda con los espejos y la vanidad más elefantiásica que se puede conocer, de igual forma la poeta Moraima León otra adicta a los espejos. A Moño Viejo o Jorge Fernández Espino como un amante obsesivo por los discursos y el autobombo. Josefo es un psicoanalista intuitivo, un Karl Young pero con calle. Tiene una “escuelaza”.

Josefo ya es inmortal al menos eso es lo que él dice, un Dios, un Baco, un Dionisos, un divino hacedor con la botella en mano. Capaz de digitar destinos ajenos, un Midas como experimentado escultor, ya lo dijo Moño Viejo cuando el mencionado, le dedico una escultura; esa obra es propia de un Miguel Ángel porque “Yo soy hijo de los dioses” (sic. Josefo). Es un iconoclasta, contracorriente, como fundador de Conglomerado Cultural, dice deshacerlo con un tronar de dedos. Y ante él, el inobjetable vasallaje del resto de artistas plásticos de la ciudad de Chiclayo, al fin y al cabo él es propietario de esta ciudad, por ello regresó de Trujillo; porque su pueblo lo necesita.

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