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sábado, 15 de mayo de 2010

LECTORES ¿CUÁL LECTORES?

LECTORES ¿CUÁL LECTORES?
Por Nicolás Hidrogo Navarro

Cuando hablamos de una crisis mundial, generalmente aludimos a una crisis económica, política, social, axiológica, educativa, pero pocas veces aludimos a una crisis también cultural. Esa crisis cultural se refleja en el poco interés que no sólo las autoridades, la juventud, la familia, sino también en los propios docentes y cultores de la palabra tienen por la lectura en sí.
El Centro de Investigaciones Educativas “El hacedor”, desde hace unos catorce años ha venido monitoreando en la región Lambayeque los niveles de lectura que hay en la población “analfabeta funcional” y los llamados agentes de promoción de la lectura “los docentes de Comunicación” y ha encontrado sorpresas cambiando la metodología de las preguntas de ¿Le gusta a Ud. la lectura? O ¿Señale sus autores favoritos o el nombre de las obras”, por ¿Qué libro está leyendo en este momento y cuál es la naturaleza argumental de la obra” o ¿Qué apreciación crítica y pragmática tiene lo que está leyendo en el contexto actual? Baja esta premisa positivista de las preguntas cerradas y el famoso Test de Likert un 90% de las tesis de pre-grado y muchas de maestría y doctorado, andan más erradas bajo la premisa “eso es lo que arrojó objetiva y científicamente la encuesta y la tabulación estadística”. Normalmente el encuestado peruano no es honesto en sus respuestas, las falsea y acomoda, calcula y suelta prenda según su conveniencia. Por ello, antes que preguntar por títulos, autores y cantidades leídas, en una encuesta de lectoría, es mejor contrastar si su respuesta es “sí leo” con indicadores y verificadores que en realidad “no lee y cuánto de lo leído lo comprende”. Conclusión las cifras oficiales sobre Encuesta "Perfil del Lector Peruano" aplicada en forma simultánea en todas la Regiones del País, entre el 7 al 16 de Diciembre de 2004, por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Ingeniería, que seleccionó una muestra de 9 mil 884 hogares, en la que entrevistó a 19,968 personas, tiene una serie de falsedades no por parte de los investigadores, sino por los encuestados.
Entre los axiomas de lectoría debemos apuntar que a) No necesariamente comprar un libro es sinónimo de leerlo (puede ser una moda imperante o una necesidad académica exigente y apremiante coyuntural). B) No se puede equiparar cuantificación de ventas per cápita de textos con cualificación de aprovechamiento comprensivo lector. C) Contar con una surtida biblioteca no es sinónimo de tener ávidos lectores, los libros fácilmente se convierten en elementos extracorporales suntuarios. D) Acreditativamente una biblioteca en un hogar, ciudad o en una institución formativa no garantiza lectores consuetudinarios ni mucho menos viendo una sala llena de “lectores en trance lectoril” indica lectores totales de los textos, pues muchas veces son lectores saltimbanquis “troceros, capituleros o segmenteros” o finteros que pasan su rato en un silencio necesario haciendo tiempo. E) Escolarmente ni el Plan lector de “12 libros al año” garantiza la lectura plena de los textos preseleccionados y recomendados en las programaciones curriculares pues muchas fichas de lecturas son bajaditas fácilmente de internet con ligeras acomodaciones o en su defecto los famosos “Resúmenes de obras famosas” han castrado todo intento de hacer el esfuerzo intelectual de hacer un argumento, calibrar las ideas principales o secundarias, caracterizar los personajes, extracción de figuras literarias, amén del comentario o crítica literaria, todo eso ya viene digerido y hasta heredado de hermanos a hermanos y de padres a hijos. F) Los diarios han sabido sintonizar los apetitos de las columnas de sus “lectores” que garantizan su “fidelidad” y así cada vez más son las hojas dedicadas a noticias de “farándula”, “calatería”, “futbol”, “camal de sangre”, “horóscopos”, “puñaladas politiqueras”, “ofrecidos y pedidos” –no existirían diarios y sería insostenible sin estas columnas”- y un toquecito de cultura por si las moscas al filo del plato principal. Por ello un 99% de los diarios del Perú no nos hacen más cultos, nos informan sí, selectivamente de lo que el lector quiere y prefiere G) Cualquier justificación que los libros son caros por ello no se lee, es falsa. La venta de los libros usados es un negocio muy próspero, hasta el 400% de ganancia, hay un trasvase hormiga de las bibliotecas del hogar y de los libros del Estado a las librerías suelos tan descomunal que así lo dicta la necesidad extrema del vendedor por un sol o dos lo que normalmente le costó al padre o al Estado entre veinte o cincuenta soles, muy usureramente se le descuenta un simple “0” y venta hecha y así un cliente ocasional nuevo puede encontrar obras literarias de hasta un sol en la cachina. H) La implementación de la hora de lectura en algunas instituciones educativas puede parecer alentador y motivador, pero un libro de 100, 200, 300 o 500 páginas no se lee en un día ni en todas las horas asignadas curricularmente a Comunicación de todo un año. Comprensiva y metacognitivamente el ritmo promedio de lectura de un lector promedio es de entre 5-10 páginas, a este ritmo de la hora de lectura escolar tardaríamos –de las 108 horas asignadas anualmente a Comunicación- casi 160 horas para terminar de leer las dos pares de “El Quijote”, en su versión original no resumida, es decir jamás podríamos terminar de leer la obra inmortal de Cervantes en la Escuela en un año académico ni dedicándole todas las horas de Comunicación exclusivamente a ello. I) Una buena lectura comprensiva y provechosa es como un delicioso platillo o postre: se le disfruta lentamente, regodeándose, no es como una competencia de glotones donde pasas trozos a mordiscasos y atragantándote, por ello los superlectores de los cursillos de lectura veloz no sólo me parecen un asunto de teosofía, sino una buena manera de hacerte creer que puedes disfrutar de un paisaje lo mismo que en un avión a chorro a match 5 que caminando entre el paisaje, oliendo las hojas y deteniéndose a voluntad en cada frase, oración o párrafo, para hacer una bella apreciación del paisaje. J) Todas estas constataciones y cuestionamientos podría creer que serían sólo para alumnos y para lectores ocasionales y referenciales de catálogos, etiquetas, libros o revistas, también le atañen a los docentes que por decirlo muy sarcásticamente “nos les alcanza el sueldo para comprar textos, pero sí para celebrar jaranas”. Según las última medición 2007 de comprensión lectora docente, el promedio nacional: Nivel 3 (Realiza inferencias complejas; contrasta e integra ideas del texto.) fue tan sólo de 24.3%, lo que no es muy ejemplificador para los alumnos.
La crisis de lectura no radica ni en la cantidad de libros existentes ni en los que vendrán –porque con los que existen hasta ahora, utópicamente leyéndolos todos- seríamos maravillosamente inmensos. La crisis lectora radica en que nos hemos generado el hábito, ni los métodos ni técnicas, ni las elecciones y selecciones textuales, ni en la escuela, ni en el barrio, ni en el hogar. “Eres lo que lees”, reza una sentencia marketera española muy popular en tiempos de globalización. Por ello, deberíamos estar más preocupados en promover hábitos lectores que atiborrarlos de libros que probablemente nunca leerán.

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