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domingo, 23 de mayo de 2010

LOS NUEVOS VALORES LITERARIOS EN LAMBAYEQUE

LOS NUEVOS VALORES LITERARIOS EN LAMBAYEQUE

Por: Nicolás Hidrogo Navarro

Lambayeque es un espacio no sólo de oportunidades turísticas y tránsito viajero, sino un lugar terrígenamente rico en leyendas, mitos y tradiciones en la zona rural que migra hacia la zona urbana.
La nueva poesía de los 2000 brota como sangre caliente: presurosa y salpicante de intimismo y juegos verbales; testimonial y epigonal. En los varones brota, metafórica; en las mujeres discurre amartelada, llena de vivencias perdidas y ganadas, de sueños y premoniciones. Es una poesía para mesa, café, cigarro y un poco de silencio y soledad.
En Marcoantonio Paredes hay una conjura y relación dicotómica entre el puto mundo y la madre humanidad; el perverso humano y la humanidad esperanzadora, doliente capaz de despostillar los huesos del trashumante o aprendiz de lector; cree en el sustantivo abstracto y no en el concreto, cree en el amor y no en el corazón, cree en los besos y no en los labios, ironiza, sensualiza osadamente el lenguaje signal, pero desalienta al morboso que cree ver el culo de la humanidad detrás de la puerta de las mañanas y sólo nos presenta el rostro diáfano de su utopía poética: la vida misma, la humanidad con su manita samaritana en alto y esperanzadora la esperanza intrínsecamente en sí y por los demás. En César Limo hay un ribete casi de fino erotismo escondido, casi testimonial y mórbido, lleno de emociones desbordadas que huele a hueso de vivo. En Marles Eneque hay un universalismo cosmogónico que busca el amor platónico, natural, antipódico y fraguando, una irreverencia de antítesis. En Rocío Ríos, la chica chúcara y libérrima, se prende la sutileza del amor imposible de atrapar, una nostalgia de un “no será contigo será con otro” de un hola y adiós. En Juan Chilón hay casi un primitivismo auroral de la poesía silvestre, tan desperdigada y sin posticismos, sino inocencias parvuladas. En Rolando Barrios hay el clásico enamorado, pero sobrepasado, impetuoso, libido, capaz de ir amontonando las emociones para darnos un resuello estentóreo y epifonémico al final. En Stone, un embrionario experimentalista, hay el universo sideral del sicodelismo, la conjura perfecta para el descochambramiento y hacer chillar a las putas palabras como un poseso que escruta la vida mordisqueándose con la luenga muerte. En David Huanilo el primitivismo ligero, casi bucólico de la naturaleza se entremezcla con la inocencia y sencillez de quien quiere que el agua se parezca tal cual: prístina, pura con rumbo delineado, pero azarosa. En Enma Alarcón hay el tono confesional, el amor salvaje, pero avasallado por una pasión.
Creo que estos signos de interpretación caracterizan patéticamente a una generación que no ha renunciado al amor, pero sí ha hecho leña del odio, la apatía, el conformismo, adoptando un espíritu irreverente, pero no contra el sistema convencional y ele statu quo, sino contra la indiferencia humana en sí, contra el doble discurso de decir sí, sintiendo un “no”, de decir “amar”, odiando en hechos, para adentrarse cual aurigas en vericuetos filosóficos, con todos sus caballos desbocados adentro mismo de la vida.
Quizá unas de las propuestas más llamativa es su experimentalismo estructural por invertir el orden lógico, convencional y anodino de la poesía: traslativamente consignan el título del poema (que en sentido clásico es la marca identificatoria y premonitoria del corpus poético) como la propuesta que iría el inicio y considerar el título al final y como el cuerpo. Es decir una inversión estructural, que no sólo riñe contra todo canon, sino que expresa su propia concepción de inversión de los roles del sistema imperante. Extrapolan no sólo el orden de; cuerpo y después título al final, sino que el propio título termina siendo el mismo cuerpo y el título la propuesta o el corpus poético, algo ingenioso y que pretende desestructurar la lógica misma del análisis poético o estilístico. Creo que esta novedad, experimentalista, propia de los surrealistas, cobra vida con ellos, con un acento auténtico que dice mucho de su percepción del mundo: invertido el cielo y bajado a la Tierra, se puede pensar desde el cielo los males de la Tierra, estando vivo; invertido el infierno en el paraíso, no se experienciar morir, pues estamos muertos y sólo estamos re-evolucionando, estamos muertos regresando de una efímera vida: recuerda humano no solamente eres mortal, puedes ser sólo una mera y efímera ilusión que camina sobre los cráneos de tu propia humanidad.

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