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jueves, 3 de junio de 2010

LA POÉTICA CONTRAPOSICIONAL de Cielo terrestre

LA POÉTICA CONTRAPOSICIONAL de Cielo terrestre



Por: William Piscoya Chicoma.
(williampiscoya@hotmail.com)

Cielo terrestre (2007), el primer poemario de Maide -o María Isabel De los Santos Exebio-, (Ferreñafe, 1970) es, desde su incitante título, una sutil y clarificada alegoría de la contraposición, donde ora el amor pasional y fraternal, ora la omnipresencia de Dios y la adhesión humana, son temas que su autora discurre como “…tejiendo tiempos/ y destejiendo recuerdos,…”, o quien “…dibuja su tristeza infinita…”. O sea, realizando un propio y llano ejercicio purificador, en legítima declaración de asentimiento y exaltación, de negación y detracción, con esas mismas formas de amor, con la vida y sus múltiples contingencias y, cómo no, con el mediador y catártico quehacer de la poesía.
En efecto, en los veinte breves poemas contenidos en su libro (dicho sea entre paréntesis, publicado al alimón con Ángel Larrea, y con el auspicio de la Universidad Señor de Sipán, de Chiclayo), la joven poeta ferreñafana, a veces partiendo de la evocación de un amor pasional -siempre sostenido, perdido, confinado y vuelto a redimir-, nos presenta una sucesión de acaecimientos catárticos que propagan su poesía: la rememoración constante, la intrusión del pasado convulsivo en el apacible presente, la falacia como traición al sentimiento amoroso, la afirmación del alejamiento y la nostalgia por el sujeto del amor ausente, la hostilidad de la vida y sus efímeras complacencias; sostenidos, todos, sobre un podio retórico revelador de imágenes y significaciones varias y recurrentes -“presencia ausente”, “ocasos y albas”, “lógicas sinrazones”, “muerte hacia la vida” o ”día de la noche”, y el mítico “Cielo terrestre”, etc.-. Una demostración de estas peculiaridades de la lírica de María Isabel, en Cielo terrestre, es Líneas dormidas, uno de los poemas que inaugura el poemario y, también, principian el permanente discurso antagonista del libro. Si embargo, es en Esperanza, Falsía, Ocaso, Embeleso, Soy, Inercia, Ídem, Dedicatoria, pero sobre todo en Vida, donde se evidencian notoriamente estas particulares. Veamos: “De ocasos y albas está hecha la vida,/ de montañas ajadas de tiempo,/ de visiones lejanas y añoranzas vanas, / de retazos de acción cosidos con emoción,/ de amores aciagos e inciertos,/ de inexplicables contrastes/ -aquellas lógicas sinrazones-/ de instantáneos arrebatos y de calmas,/ de recuerdos agridulces de conquistas,/ de mortíferos dolores en pretérito,/ de breves y fugaces juvenilias,/ de esperanzas, de quimeras,/ de renuncias…”.
El amor fraternal, entrañable, intimista -con la presentación de la especie familiar, fundamentalmente de los padres y, tal vez, de un ascendiente más anterior aún- es otro eje temático de Cielo terrestre, siempre rondado, de modo lindante y como algo “…que sigue latiendo en las alas del tiempo.”, por la constante antítesis que, muy acertadamente, cohesiona el texto general. Así, en Dos cuerpos, un poema que tematiza la senectud, en este caso de los progenitores de la poeta, Maide reflexiona: “Dos cuerpos que han sufrido los setiembre/ que han mojado esta su vida con ilusiones/ es mi padre, es mi madre/ dándome su miradita cansada,/ sus pasos de ayer por mí/ y los de mañana también por mí./ Ya han sacado con sus manos las espinas/ de las que ahora esparcen su fragancia por doquier/ y visten los días de la estación tardía/ haciendo ecos de recuerdos día a día.” Otra pieza lírica, de Cielo terrestre, que ejemplifica esta dinámica intimista y familiar, y de la misma manera su estrategia oposicional, es Presencia ausente: “Hoy está el sillón vacío/ que nos llena de tu ausencia,/ el callejón extraña ahora/ tu apacible compañía./ Pasabas tejiendo tiempos/ y destejiendo tus recuerdos,/ haciendo historias a mano/ con hilos de fantasía./ Aún resuenan mil historias/ -ya lejanas, ya pasadas-/ aquí donde mi pensamiento/ pasa hoy su mejor mediodía./ ¡Subsistes en mi memoria!/ ¡Pervives en mi recuerdo!/ Ahora y para siempre todavía.”
El tercer gran argumento que guarda el poemario de la profesora y poeta ferreñafana, ya lo advertimos, es la omnipresencia divina y la solidaridad humana. Dios y el amor universal son, quizá, las unidades que mejor emocionan la competitividad lírico-creadora de María Isabel De los Santos. El Ser y la adhesión al hombre por el sufrimiento del hombre esculpen, al verbo de nuestra poeta, de cierta persuasión que, por momentos, nos transfiere de la consternación a la jaculatoria y de ésta al bálsamo de esperanza de la fe judeo-cristiana. Son poemas correspondientes a este tópico: Aflicción, Plegaria y Busco. Veamos el primero de ellos, donde el sufrimiento y el dolor humano, así como la conmiseración y el perdón, llevan a Maide a la obtención de uno de los mejores logros de su conjunto: “Por la verdades hechas de mentiras,/ por la palabra en el camino olvidada,/ por el deleite sin descanso de los ricos,/ por la satisfacción rota de los otros./ Por la madre del soldado/ que viste de negro la esperanza,/ por aquel niño de la calle/ que hoy entierra su ilusión,/ por el anciano que con mirada lastimera/ pide por todos perdón”. Y, finalmente, Plegaria, donde la súplica que se inicia desde la impetración por la transformación personal, va a terminar en una exhortación muy bien soterrada -e inferible desde la perspectiva de la unidad temática del texto global-, de expectación por hallazgo del amor y la reivindicación de la unidad universalista: “Al Dios de los Cielos que está en las alturas./ Al Dios de los Cielos que está en la pobreza./ A ese Dios de los años mejores/ que liga mi vida a bendita atadura,/ que me da la riqueza de ver cada día/ las sierpes azules de nuevos caminos,/ que anida en mi alma la esperanza viva/ de luchas intensas y días mejores./ A Ti, Dios, esta plegaria,/ A Ti que me retas a ser diferente,/ a quemar cizañas y a encender lumbreras.”.
María Isabel de los Santos Exebio, con su Cielo terrestre -libro pleno de poesía como testimonio de vida, amor, pasión y esperanza renovadora de la naturaleza humana-, de estilo sereno, libre e íntimo, sustentado, tal como ya lo hemos planteado, en una poética antitesística o contraposicional, está destinada, qué duda cabe, a convertirse en presencia representativa y fundamental en el contexto de la lírica de su tierra y, qué duda cabe, en voz expectante del ámbito de la nueva poesía lambayecana. A las pruebas los consigno, aliados lectores y cofrades destinatarios.


Ferreñafe, 18 de noviembre de 2008.

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