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lunes, 7 de junio de 2010

MICROCUENTOS DE William Celis Guerrero - Narrativa lambayecana

FRIDA
Frida había sido siempre una muchacha simple y alejada de cualquier sombra existencial. Sus aspiraciones no tenían la corona de la sabiduría pues bastaba con que su belleza ahogara esas pretensiones con que las muchachitas feas y simples de la gran ciudad quemaran sólo de esa forma sus rabias y tristezas en las hogueras de la cotidianidad .Acaso ello nunca había pasado por su vida ya sea por las prohibiciones de mamá o por las plásticas miradas de los anuncios televisivos .Se decía que era feliz y que sus 55 kilos apretados en sus blue-jeans bastaban para mandar por el tubo del desagüe a cualquier filósofo depresivo o al más laureado poeta de la ciudad.
Pero en la mañana de un domingo- siempre los domingos el sueño se prolonga- Frida no bajó a desayunar y desde entonces , la esperan , con el sonido de las cucharitas y las tazas , masticando tostadas y llenando la mesa familiar de los mejores comentarios semanales.


Paraíso
Cuando el pueblo pudo por fin levantar la mirada, la bandera revolucionaria se encontraba en el centro de la plaza. Alguien que pasaba, entre la multitud frenética y regocijada por el albor de una nueva sociedad, repartía moneditas con la efigie del gran comandante, qué es esto preguntó una voz tras una vieja vestida con la ropa del partido rebelde. Es el primer recuerdo de aquel día, ya que los otros, o acaso los que apenas queden, vivirán en esos sótanos prohibidos de aquel paraíso con olor a pólvora y silencio.

Cusco en su ombligo
Escuchó un grito entre la noche y el día o acaso entre el mediodía y las tinieblas, o quizá sin tiempo y sin espacio, abolidos los nombres, exaltados los verbos, entre el cuerpo y el alma, golpeándose en las paredes, confesándole al mundo su locura. Los turistas que pasaban sonreían y le tomaban fotografías. Luego llegaron los bomberos, instalaron una escalera, le pedían que no diera un paso más sobre la azotea .Un sacerdote que salía de misa de nueve, preguntó a un grupo de Alemanes :¿Mañana vamos a Machupicchu? , hay buen tiempo en estos días.

Instantánea
Acabada la orden de lanzar el primer misil, el mandatario libertador, continuó tomando su taza de café.

El líder
Mateo Dávila había sido siempre un dirigente férreo y radical, tenía en la voz una tormenta y en la mirada la salvaje sombra de las cordilleras .A su paso las muchedumbres daban la apariencia de un pueblo en el fragor de la redención , furiosos y altivos , caminaban junto al mítico líder , el único capaz de amargarle la vida y las labores de rapiña a aquel Estado corroído por las mentiras , el entreguismo a las grandes potencias , la desidia burguesa y la infaltable corrupción que , casi como un cabeza de medusa vivía con su descaro y su destino .La apoteosis de Mateo Dávila llegó treinta años después , un país entero lo proclamó el nuevo mandatario y una esperanza ciega , irracional y necia había sembrado en todos los corazones el inicio de la libertad y el progreso. Algunos días después – en realidad demasiado pocos que en esto la política retira lo más rápido posible los libretos y los flashes con que se acostumbra a inventar una nueva patria- Mateo Dávila despertó un poco más tarde de lo acostumbrado, bebió su habitual jugo de frutas, hizo algunas llamadas, dijo algunos cumplidos a su fiel personal y mientras las imágenes televisivas lo mostraban convertido en un muñeco en llamas, y cientos de policías arremetían con la otrora muchedumbre Davilista , el impecable mandatario comentaba a sus imprescindibles edecanes ,ya es hora de dar medidas drásticas , hay que proteger al estado. Y mientras sorbía las mayores delicias, los néctares más frescos y milagrosos del valle, en la televisión, varias patadas militares continuaban cayendo sobre los manifestantes.

Secretos de estado

El tercer avistamiento de ovnis había sido el de mayor impacto, el que desplegó un ejército de reporteros y hasta la llegada de algunos científicos sin fama. La gente de la ciudad comenzó a aprovisionarse de lo necesario y entre otras advertencias propaladas por los medios informativos, se encerraron a los pequeños antes de las siete de la noche y en algunas iglesias se oraba con un fervor entre la paranoia y la histeria. Caída ya la noche, se divisaban en el horizonte las primeras y coloridas luces de los aros plateados que, haciendo giros sobre los edificios, daban la impresión de la cercanía de un ataque. Entonces, los canales transmitían en vivo durante unos minutos el concierto luminoso de los platillos voladores. El miedo se llevaba a la tumba a los más ancianos y los grupos de soldados apretaban temblorosos las ametralladoras ante la posible invasión, de aquellos posibles, feos y cabezudos alienígenas que se suponía se chupaban todos los fluidos vitales de los humanos. Simultáneo a este hecho sobrenatural, los helicópteros y los aviones de combate hacían su parte en defensa de la raza humana y sobre todo de un país latinoamericano. Fue el último avistamiento, cosa extraña, pues ese mismo día, desde una montaña de Colorado consagrada a vigilar a la humanidad, el
presidente de los Estados Unidos felicitaba a los dignos compatriotas de su país , a esos pilotos más humanos que la propia mentira que desde los cielos de aquel país sudamericano les habían regalado un espectáculo secreto , una mentira vital en medio del hambre , la deuda , la ignorancia y otras miserias que algunos alienígenas humanos volvían a cubrir como siempre.

Datos biográficos de William Celis Guerrero (mundversus@hotmail.com)

William Celis , 33 años . Desde los quince escribe cuento y poesía .Poco dado a la participación de eventos. Ejerce la docencia en Monsefú. Esta muestra de cuentos breves es prueba de sus inquietudes y sus sombras existenciales y políticas.

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