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domingo, 25 de julio de 2010

LA POESÍA DE ROGER TORRES VELÁSQUEZ- EL POETA DEL SILENCIO DE HORMIGA

LA POESÍA DE ROGER TORRES VELÁSQUEZ


Luis Hinojosa Valdera

“Hay días que vivo como un camello...El frío cemento, la cándida hormiga, las paredes coquetean con su paradisíaco resplandor. La perspectiva poética de Roger Torres Velásquez vuelve a escena luego de un forzado paréntesis, esta vez con una temática que renueva su compromiso con el arte y la literatura, pero que también deja sentir su inocencia, clama fervorosamente a través de sus versos el retorno de su libertad. El poeta deja una profunda huella en el alma de sus lectores, quienes saben de su calidad lírica y de la magistral interpretación poética. Por ello este nuevo trabajo literario va a romper el vivo silencio que ha mantenido desde de su celda Roger Torres y que ahora comunica sus deseos, sus anhelos y sus esperanzas por alcanzar su justa y ansiada libertad. Mientras tanto el poeta sigue labrando la palabra, la fuerza de su alma y el laurel de su fe. Como diría en su versos: “Mostrarme. Vivir de pie. Dejar el maloliente traje, sudar el retorno”.







Nicolás Hidrogo Navarro

En Roger Torres –u “Hormiga” literaria- la poesía es confesional, vivencial, casi es un espejo refractante que expresa su mundo interior, su estado anímico, sus deseos de redención, su diario entrelíneas. Es imposible apresar el alma de un poeta, es imposible retener el gran concierto de voces agitadas y mientras su cuerpo reposa contrito en algún rincón angulado, su poesía cual huracán sacude y eclosiona en los ideales de justicia social. En esta entrega poética, suelta y libre y alofónica, tenemos un sinceramiento hombre-artista ante la gran corte de lectores que él ha cultivado a través de los años, y, pese a que este “testimonio de parte” no sería tomado en cuenta como medios probatorios ante los tribunales de una corte -de toga y birrete-, convence y persuade que su gran delito fue amatorio y es la gran culpa que redime. Su esencialidad está plétora de imágenes casi surrealistas, de pinceladas en paredes abstractas, en rejas invisibles: su masa corporal está cautiva como el perfume líquido de una rosa, pero su fragancia poética está dispersa, volátil, libre, pretendiendo inundar la pradera de la conciencia social al que él apela como un gran aeda de compromisos, consigo mismo y con la sociedad marginal.



EL POETA





El poeta está preso. Sencillamente preso.

Porque no tenía casa donde abrigar sus delirios.

Porque se enamoró con voluminoso afán.

Como un impetuoso volcán? No sé. Era un volcán.

Porque quiso tener un vástago que contara

con sus deditos las estrellas lejanas.

El poeta está preso. La soledad brota de su interior.

Vive en una ratonera charlando con sus libros.

En su memoria danzan los recuerdos de la explosiva

mujer que amó entre adobes y calaminas.

Ahora está desolado como sombra anónima.

Vocea sus versos por las noches.

Carece de tribunas y aplausos.

El poeta sigue preso. Porque en su cerebro

Hallaron poemas de Vallejo. Porque sembró

un jardín de amor entre las manos del tiempo.

El poeta seguirá preso. Hasta cuándo? No sabemos.

Aspiró a ser un ciudadano con identidad,

es cantor y canta a su amada en la prisión,

lee, escribe con desgarrador encanto

y bebe el llanto de las mariposas azules.

El poeta morirá preso y como no tiene asunto que valga

apenas el fatigado corazón, apenas un arrugado trapo

que le cubre la intimidad. Ahora para condenarlo,

lo acusan de violentar su propia existencia.

03-10-04

3 p.m.







REFLEXIONES



Hay días que vivo como un camello.

Bebo una montaña de agua cada mañana,

castigo a la harina para que sea pan

entre los dientes, sacrifico el cuerpo

poco a poco y sobrevive la vida.

Hay noches que escribo algo interesante.

(trágico oficio) Construyo versos celestes

parado en el centro del corazón. Abro la pública

raíz de los siglos y regalo inocencia al niño

para que sea más niño entre los niños, doy a la

muerte un poco de nostalgia y sea digna muerte

entre los muertos. Doy posada al sol, y derrama

con esmero claridad sobre las analfabetas penas

de mi habitación.

El frío cemento, la cándida hormiga, las paredes

coquetean con su paradisíaco resplandor.

En las líbidas madrugadas hago el amor con la luna

y de ella brotan rojos luceritos. Luego los cobijo

como dulces corderitos.

Arranco un brazo al mundo y los árboles crecen

como bienamados hombres de hoy en el futuro.

Abro el labio superior de la tierra fecunda

y descansa en paz la blanca paz.

A veces tengo que dormir con los ojos prestados

del niño abandonado. Me doblo como gusano en la cama.

Muerdo los huesos. Huesos como sábanas,

huesos como ovnis que pasan por mi cabeza

y no logro alcanzarlos.

Tengo que amar. Trizaré el tamaño de las horas.

Cubriré el pedazo de aire furioso que respiro

con el trozo de piel que me queda.

09-10-04

10.45 a.m.



MÁS ALLÁ DE MÍ



¿Qué habrá más allá de mí?

¿o más acá de todos, qué habrá, de ellos?

Nada. Sólo el vacío y el testarudo viento

la torpeza que huele a excremento de asno,

la necedad que masculla y orina tempestades

son actos que me estorban a cada paso.

Qué haré con estas neuronas que me sobran,

con este mar, con este río que enfrían mi canto,

canto o vasija de barro congelado.

Qué haré, qué diré y si no hablo otro empujará

su palabra, su cuchara, su vómito

y su escuálido pensar.

Qué sucederá si no tengo camisa

o botón que brille de amargura.

Sería horrendo andar desnudo

con la boca repleta de filosofía.

A dónde iré. No sé. No tengo lugar

en este pillo camposanto. La única fortuna

que dispongo es ella, fidelidad movediza,

inexorable fulgor de estrella en cautiverio,

flor que nació para expulsar el alma fría

del belicoso musgo que azota los caminos

con el viajero polvo del cadáver que me acompaña.

10-10-04

10.50 p.m.



SUEÑOS DE PAPEL



Osario de tardes muertas. Tísico silencio.

Dejaré la camisa. Cuando el ruido de mi cuerpo

se evapore en las calles. Dejaré el rancio calzón.

Una lágrima seca se ahoga. Me quedaré contigo,

¿en tu boca de nube habitará acaso una espada vulgar?.

Dejaré la camisa.

Llegaré al jardín de los sauces. Llegaré.

Como gotita de agua a contemplar mi muerte.

Sufrir y morir doblemente. Destruir palabras con un beso.

Sufrir.

Parado. Sauces mordidos por el viento.

Minutos emboscados. Tú vives, mustia tenebrosa!

y yo me palpo el ombligo vagabundo.

Sepulcro, lodo, cena del cadáver.

Fantasmas angurrientos saltan en mi cama,

escupen el rostro de la noche. Subo al tejado.

Me detengo. En este mundo te rompen el alma

si careces de sombra.

Sauces

Mi mayor deseo es partir. Avanzar. Partir

en dos la tierra, para estrechar el dolor de los hombres.

Debo sufrir más para conocer el mar y sin embargo

esta realidad me cansa.

El pan me azota con su distinto amanecer.

Certeza baldía.

Desde las hojas grises de los sauces muertos,

Retrocedo.

Doy marcha atrás. A una pulgada de ti

Y a dos millas de mí.

Quisiera anochecer en tu regazo

pero estás distante y es temprano.

Muy temprano para ser feliz.

El sueño es de papel.

12-11-04

11.30 p.m.

EXODO DE VOCES



Mostrarme. Vivir de pie.

Dejar el maloliente traje, sudar el retorno.

Sobrio, fecundo, los ojos. Gritos de plástico.

Vuelvo a sudar.

Desciende el cielo con nubes de acero, y el existir

un trozo de hielo. Mañana viviré.

Modo de vivir, el mío, posee firmeza de hormiga.

A veces me sueño como un pez estrangulado

en el mustio vergel. Categoría plana.

Procrear. Obstruir puertas añejas. Escalar presentes.

Arrojar fuego instantáneo por la boca inmemorial.

Mañana viviré.

Quiero tocar las células del viento, llegar hacia mí

como un forastero y enseguida florecer.

Detenerme.

Detener a la muerte que pasa robándose las horas,

las cicatrices y el desvelado nido delas aves.

Me busco. Derramo espuma baladí sobre la tierra.

El zapato golpea húmedos rastros del hallazgo.

Ay, del génesis y epitafio! Gotera, riachuelo.

¿Quién vio crecer luceros dentro de este lácteo corazón?

Mañana viviré.

Exodo de voces. Trepan el cosmos, el don de se.

Parto. Husmeo. Vivo la danza del átomo,

Huésped de luz peregrina.

Venir de todos. Partir de todos. Ah, mis inmortales épocas.

Llegar de nadie y acabar de un soplo.

El día, la noche, el cráneo, nacen y expiran

y yo como el agua errante salgo a recorrer

el universo de la fantasía. Hoy viviré.



13-11-04.

11.p.m.





TU



En tus ojos existe un huerto.

¿Sabías? ¡Eres un huerto!

con sus flores, su impecable sol

y en el pozo de agua invencible

está tu rostro alado y musical.



Es tu boca un festín de rosas

rosas que florecen con el beso

beso sabio, beso mágico

que pinta con exacta grandeza

ql alma blanca de los pájaros.



Coloridos abanicos son tus manos

que tácitas emocionan a las cosas

manos en mil universos distantes

que brotan desde la raíz del corazón.



En tu vientre batalla la mañana

con su manto de luna viajera.

En tu carne estalla la sonrisa

de la primavera que viene ardiendo

con el fulgor del crepúsculo perpetuo.



10-10-04

10p.m.



VERSO IMPROPIO



Verso DE rocío. Nube de cielo. Carcajada.

Época de luces. Sueños adormecidos.

Inconformidad de la piedra descalza.

De pronto la desazón de una imagen rota

se envenena con los objetos transparentes

y una gota de náusea chorrea por las cuencas

del olvido inconstante.

Verso impropio fantasma subyugante

no exaltes el mudo latir de los corazones

que aquí naufraga el color vivo del sufrimiento

se introduce en los hechizados cerebros

y estalla como un tueno en el fondo obsceno

de los muros intestinales.

Mano que piensa. Dedo que respira. Uña que bosteza.

Codo que disfruta del coloquio existencial

y tornan a la espuma gris de la volcánica sonrisa.

Verso de brisa de pico de gorrión enamorado

de sepulcro impúdico de futuro amordazado

de mar sediento de blanca ola que produce

sismos en las venas secas de la tierra deleznable.

Desciende el viento con su hueso inmerecido

me susurra recuerdos de oro polvoriento

me lleva hacia el destino del verbo acuartelado

que taladra el pecho y devora mis libérrimos ojos

y en la melodía de un horizonte callado

danza mi sangre a mil grados de heroísmo.



02-07-04.

12 p.m,









RECUERDOS



Me acuerdo tantas veces de las noches

que toqué tu cuerpo de mariposa.

Noches blancas. Noches furiosas.

Cogí tu sombra loca, aguijón

Y pedazo de honor crepuscular

Metido como espada sombría en el corazón.

Me acuerdo una y otra vez de aquel rostro simple

que brillaba como un sol en cada madrugada.

Me acuerdo de tus pies derrotados por el beso

aquellos pasos musicales en la habitación

que partían las dolientes horas de otoño.

Me acuerdo cuando te desnudabas toda

Dios estaba contigo, sabias manos tocaban

el ardoroso violín que moría de pasión

y un árbol brumoso gemía en tu pecho.

Sonaban los clarines de la medianoche

en la calle se oía la soberbia del frío

y nosotros encogidos como gusanos de seda

echábamos más leña al fogón del sueño enamorado.

Sueño veloz. Sueño brutal, de pájaro silvestre.

Me acuerdo de las campanas de fuego que tañían

encima del impúdico paisaje inmóvil

de nuestro iracundo lecho y sus fantasmas.



13-10-04.

11.50 a.m.



MÁGICO SER



Truenos vertiginosos descienden al sepulcro.

Hombres escarban el aliento de los días.

Los astros inquietos laboran incansables.

Para mí crear es un don de la naturaleza

que hizo de los árboles plumas caminantes

con las que construyo poemas como casas

versos como hijos en el crepúsculo del ser

y forjo ansioso la prosperidad de mis libros.

Soy un poeta que sacia su hambre y sed

con un poco de silencio

y me desconsuela no tener un rasgado papel

donde abrigar mis penurias.

No dispongo de una cama donde repose la metáfora

una vieja amiga que me exige cortejarla.

Y, luego, de pronto, veo el rostro de la madrugada

que me tiende una sonrisa blanca como la nieve

y camino apacible iluminado de ingentes ideas.

Nace en mi carne un mágico arco iris y beben

en mi pecho los ruiseñores exentos de barbarie

el licor divino de la honrosa poesía.

Bajo la desbordante luz de mis nuevos ojos

Danza el impoluto viento de la imaginación.



28-06-04.

6.30 p.m.





SOMBRAS



El otoño taciturno me ignora.

El verano como nunca se aleja de mi piel.

El invierno con su hocico tenebroso

muerde la estética pura de los blancos pasos

de la primavera que sufre tedio y angustia

en su propio aposento.

Vengo del silencio gris. Cautivo pentagrama.

Voy hacia el infinito vómito. Oxidado néctar.

Conozco el desliz de los zapatos,

la errante cicatriz de los caminos.

¿Por qué el ciclón mezquino arruinó mi desayuno?,

¿Por qué tascó la fragilidad de las espigas

y exacerbó el hondo tormento de las sementeras?

¿Por qué apagó el solemne vuelo de las rosas

y negó al hombre su condición de pobre?

Persisto en volar como impertérrido canario

hacia la sonrisa púrpura de los eucaliptos

y besar la sombra del amor en sus dos caras,

vestir de fantasía la inocencia de los niños,

huir de uno mismo para servir al prójimo

silenciar el áspero grito de la piedra

para que haya dulzura en cada rumor de almas

y renazcan triunfales las auroras fatigadas.

Hoy me declaro feliz viviendo entre las sombras.



29-06-04

10 p.m.



CAMINOS



Camino sin huella. Camino sin destino ni ultramar.

Retrocede el tiempo cuando los pasos mueren

avanza el pie con su intimidad de siglo endurecido

por el zapato distinto de mañana.

Y recorro exhausto, las viejas partidas y arribo

a la fuente otoñal de los noveles retornos.

El sol acaricia mis huesos y vivo estrictamente.

La luna rasga la piel de la noche y se hunde

entre las grotescas sombras que anclan en mis venas

como relámpagos salvajes.

Y navego como un tímido pez. Desorientado.

Bajo las tibias aguas del inmenso mar

mi cadáver yace como una ruta nebulosa.

Palpo el polvo de los sueños. Dudo. Revés del rostro

y tropiezo con los nudos álgidos de mis propias manos.

Cruzo el camino remendado. Callada estructura.

Su tristeza hierática me golpea los ojos.

El tierno remanso y su paz definitiva

se filtra por mis venas imperceptibles.

El viento manipula mis órganos ateridos,

la furia de las horas triza mis anhelos

y regreso al derrotero de las calles arrugadas

donde desgrano el maíz de la melancolía.



26-06-04

10.30 p.m.







LLORA EL CIELO





Llora el cielo y se alborota mi cuerpo

cuando trato de pedir perdón a la existencia.

Sobre mi piel ladra el viento. Me clava

con sus filudos colmillos.

Busco romper la opaca quietud que hermética avanza

tornando a cada poro en palpitante lodazal

pero soy el mismo y sufro exageradamente

el distinto que se ama aún muerto y sufro,

el que resplandece con su oscuridad,

el vertical que lucha de costado,

el que envenena su espíritu con poesía

y le tiembla la eternidad en cada intestino.

Es trágico sonreír delante de los vivos más aún

cuando enturbian el polvo de los muertos

y mi irrefrenable cuerpo es un ocaso

que se derrite de soberbia en cada aliento vulnerado.

Llora el cielo y se agiganta mi lamento

y se encumbra como un ave en grácil vuelo

sonriendo a la tiniebla que oscurece mi paz

indigna fuente que desnuda mis nobles raíces.

La nave del amor viaja como solitario pájaro.

Hormiga perseguida por la lluvia

que busca sacudir su permanencia en este mundo

donde morir es un placer grato y benigno.

Llora el cielo, llora la tierra abriéndose las venas

y yo vuelvo los ojos con la certeza de que aún estoy vivo.



26-06-04.

11.30 p.m.

VOLVER



Vuelvo al círculo oscuro de la melancolía

para sentarme en la orilla etérea de la muerte

y expulso las inútiles voces de los atardeceres

que taladran mis oídos, pulsan mis demonios

suspenden mis suspiros, queman mi voz

y me ahogo en una lágrima de fuego y angustia.

Canto entre el vaivén incesante del dolor

alzo la mano para recoger la caída del silencio

doy al corazón su color, su poema y su medida

y en una palabra que no respira ni medita

empaco los sueños y las cosas inalcanzables.

Vuelvo a corres tras el sol y me enredo

Entre los caminos sin energía, sin hado.

Bebo la intensidad de una hosca pena

que abre la raíz de un olvidado beso

y ya no veo ni la sombra tangible

donde se ocultaba mi alma vagabunda

mi deseo personal y el dulce trajinar

de una estrella dormida.

Vuelvo a saber que no soy dueño de mí mismo

que me embarga una cruel y mortal felicidad

ahora que mi muerte viajera no miente

tengo el apetito de comerme vivo y doliente.

Enrumbo la barca hacia el oeste de mi sangre

lleno el cielo de extasiados pensamientos

acaricio la espada bendita de la soledad

que me transporta a los frutos inventados por la lluvia.



26-06-04

8.15 p.m.











PALABRA INTERIOR



En negro. En espacio mordido.

Dormido en el abismo y su nube asesina

en la rama de odio del paisaje herido

forcejeo el hado de mi desplumado ser

buscando en el tierno aliento del aire

el reflexivo calor del tiempo ido.

En rojo. En tumba muerta.

Postrado en la veloz sinfonía de los siglos

en la sangre cotidiana de las cosas

agito el alcíbar que florece en mi frente

cierro la página horrenda del pasado

y entibio el derrotero de este duro oficio de vivir.

Por desgracia, soy un artista en ayunas

que tose espinas, procrea vientos y modela imágenes

adheridas al barro melancólico del existir

pero esta neurosis ociosa me arrastra

hacia los confines de la materia congelada

donde cobijo el efluvio del sol y la alegría.

En amarillo. En tísicos recuerdos.

Siento la claridad innata de la aurora

que emerge como brisa o melodía silente

desde las vírgenes entrañas del firmamento

y yo me deslizo, digno, armado de voluntad

sobre el lomo soñador del fiel crepúsculo

que me trae la belleza y la magia de los campos.

En mis venas vibra la tibieza del alba,

alba ardorosa, lágrima de sangre que recorre

y me enseña a cosechar luceros en medio

de la tempestad.



30-06-04

7.40 p.m.



POESÍA



Llévame contigo, hermana poesía.

Llévame a tu prístina fuente para beber

el agua delirante de tus infinitos sueños.

Quiebra el hielo de la nostalgia mezquina

y cobíjame en la robusta calle de tu nombre.

Llévame contigo, hermana poesía.

Agita el candoroso fuego dormido en mi boca.

Lava mi rostro. Bésame los ojos mustios.

Deja en cada poro de esta piel herida

tu inmaculado elíxir.

Más lejos del girasol. Más cerca de la piedra

regálame el calor de los paisajes ocultos

y la emoción urgente de un día sosegado.

Entre pétalos de barro ardiente

vísteme de sol, de canario

y la sombra danzará en las ventanas.

Llévame contigo, hermana poesía.

Cúbreme con el vivo oleaje de tu vientre,

aviva la escuálida hoja del árbol trasnochado

que yo navegaré contigo en los veleros de viento

con el testimonio libre, nacarado

de los pájaros y los violines.

















VOZ I



Ascendió un canario hacia el celeste muro de la alegría

y se quedó dormido entre la multitud.

Así sobrevivo YO.

Me caigo sobre los frutos amargos _y qué importa

al mezquino viento y al silencioso vegetal?

Me levanto envuelto con las voces de cristal

de las flores olvidadas que reposan en mi pecho

y soy una hoja descalza que camina entre los ríos.

Los días vuelan como papeles ordinarios

las noches encienden sus candiles tempestuosos

mientras yo me retuerzo de ira, me congelo

de intranquilidad y hago florecer sombras funestas

sobre mi tronco solitario.

Así sobrevivo YO.

Como un árbol seco sin primaveras ni agua

colgado de las trenzas de un mañana incierto.

Aquel día soy un títere callado

mis hilos estériles se rompieron

me pisotearon como una cáscara de plátano

y no hallé la estación tibia de mi corazón.



19-09-04

5.15 p.m.

VOZ II



Desnuda, amada mía, mi cuerpo de arco iris

y al calor de tu manantial iré como un labriego.

Envuelve con la luz de tus ojos el sendero

de la espiga. Eleva tu dorado aliento.

Condúceme al alba de tu pecho y desbórdate de amor

en mis entrañas. Préñate de mundo!

Agita, amada mía, la plegaria de tu vientre

con tu palabra hecha multitud y musical oficio

y deja que estallen las voces de cristal

en el azul amanecer de nuestros corazones.

Enciende, oh amada de mis sueños!

el color de la carne y de los huesos.

Deja que navegue en el fecundo mar de la alegría.

Desnuda, amada mía, mi cuerpo de luciérnaga

con el crepúsculo rosado de tu voz,

con el anochecer pletórico de tu pelo,

con el fruto pincelado de tus manos

y endulza con el fuego matutino de tu boca

el agua de la fuente, el vuelo de los pájaros

la conquista del horizonte que fulgura llamaradas

en el luminoso cerebro del sagrado sentimiento.



19-09-04.

7.45 p.m.







VOZ III



Amor del amor del que estoy y del que eres:

son gordas las horas, los minutos, las piedras, los sueños:

son anchos los muros del huerto donde habitan tus ojos.

Se acerca el perfume del rocío que aprieta tu alma

y navegan las estrellas en mi barca de nieve.

Amor del amor del que vengo y del que tienes:

son tibios los versos, los truenos, las uvas, los ríos:

es dulce la tierra donde se regocijan tus pies

y donde vayan tus labios brotará un himno

que yo cantaré caminando en tu pecho de trigo.

Amor del amor del que parto y del que llegas

con tu violín de ámbar besado por la lluvia

con tu raíz de mayo ardiendo entre mis dedos

o ese ojo que llora gastado por el invierno.

Deja que cante con tu boca o que tú cantes con la mía

deja que vea con tus ojos el nacer del alba

y siembre en la orilla de tu pelo pétalos de luz.

Amor del amor del pienso y del que vales

es oriundo el amanecer cuando despiertas

llorando de placer bajo mi ardiente sombra.





19-09-04

11 p.m.

ALLÁ



Allá, a lo mejor aquí,

están mis desocupados pies en polvareda.

La pluma parpadea como duende fatigado

entre los míseros surcos de mi cuaderno.

El sol rasguña el sutil perfume de las horas

y se interna en la huella novel del silencio.

Dentro de mí, el nervioso frío acuchilla

mis ansias de vivir o morir colgado del zapato

y no me queda ni un instante para saborear

los frutos de mi juventud.

Allá, la hoja de sauce polígamo,

acá la nube de lluvia ramera;

más acá la sombra timorata que revuelve

la virtud de mis caminos.

Aquí mismo, a lo mejor allá lejos,

¿A quién le importa si demoro en encontrarme,

o si no me hastía multiplicar mis apócrifos bienes?

Me gusta la felicidad con sus pasos de tortuga

que guía el desliz de un espectro dormido

y quisiera pensar en mí siquiera un segundo,

mirar desde adentro el extraviado valle de la ilusión,

pensar en el punto total que me exprime

con su vanidad hilarante y sus fechas necias.

Allá, a lo mejor aquí, encogido de esperanza

la luna deja de sangrar cuando la miro,

el cerebro de la noche se abre cuando canto

y allí donde los días pululan como palomas

ahora hay un árbol libre por un limo prisionero.



C.G.III-VII-OIV

IV.XXX p.m.



"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

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