Buscar este blog

lunes, 25 de octubre de 2010

ASÍ ESCRIBÍA POESÍA LA GENERACIÓN DEL 90 EN LAMBAYEQUE

ASÍ ESCRIBÍA POESÍA LA GENERACIÓN DEL 90 EN LAMBAYEQUE



Por Nicolás Hidrogo Navarro

La generación del 90 en Lambayeque pareciera haber estado destinado a sufrir el designio de: clandestina en su propia época en que escribió, fragmentaria y discontinua en sus ediciones plaqueteras, escasa de competitividad, prematura para los mass media, sin ideal troncal, heroico en soledad y triste en orfandad. Es a partir del 2004 en que todo ese caudal poético empieza a ebullecer y ser conocido, de a pocos. Mientras tanto vivió en su propio aislamiento y getto generacional. El ideal rimbaudiano y baudeleriano sirvió como un consuelo y un derrotero de seguidores, no tanto por su poesía, sino por sus actos, “ser maldito” era un síntoma y manera de expresar un rechazo a lo político a la anomia social. Constituida por ideales incendiarios universitarios o de institutos pedagógicos donde los ideales maoístas, guevaristas, parecían marcar la ruta, arrinconados por leyes que castigaban draconianamente cualquier sedición cultural identificada con nombres y apellidos por seguridad del Estado. Nadie quería atreverse a vacacionar una cadena perpetua en alguna mazmorra infrahumana de la isla-penal El Frontón, a lo Papilón.






Pronto prospera la contraculturalidad por el arrinconamiento de un Estado garroteador y la misma sociedad que no le daba bola. Allí, junto a la corrupción, nace el espíritu del malditismo transgresor que se resistía a ser pisoteado en sus fueron estéticos. La poesía panfletaria, asociada a la protesta sindical disminuyó en la calidad de las formas, para dar énfasis al contenido casi de postulados socialistas. Sin embargo, la predominancia general temática fue el libre cosmopolitismo temático ahuyentado de todo signo y simbolismo de identidad. Esto caracteriza y se asocia con el individualismo maniqueo y el aislacionismo total






Con todos sus contrastes y sus variopintas formas de poetizar, se dio y existió pero tuvo un paréntesis evolutivo (1997-2005) porque todo el mundo se dedicaba a escribir poesía –escasamente cuento e inexistentes ensayos de análisis y reflexión estética-, pero no hacer intelectualización, análisis y valoración de ella. Probablemente pocos conocieron la literatura lambayecana como tal en su momento, porque no hubo libros editados, pero las plaquetas jugaron un rol dinamizador y vehículo de ensayo introductorio, pero al mismo tiempo efímero de duración porque al poco tiempo pasaban a ser el papel higiénico de los baños familiares.






Los vasos comunicantes en los 90 entre los poetas y narradores fueron más extrauniversitarios y extraacadémicos, por la naturaleza misma que nuestras universidades siempre se comportaron como islas conventuales, haciendo que en la organización poética el sentido social archipiélago sea una constante y donde cada grupito se alucinaba cambiar de posición el eje terráqueo con sus poemas leídos entre sí. Nadie o poco gente –excepto entre los mismos creadores- se ha conocido lo que se hizo en los 90, porque a los recitales sólo iba la propia gente o amigos de los que les correspondía leer, que no pasaba de las veinte personas en promedio.






El impacto socio-cultural fue muy débil –quizá como lo sigue siendo ahora en el 2010, con la salvedad que el rebote de internet cualifica y diseminada lo que antes era sólo una voz aullada en medio del desierto.






A esta literatura lambayecana se le reclamó compromiso social y se escudó en su esteticidad cosmopolita. Se le exigió identidad terrígena y eludió ese camino por el exotismo. Se le exigió acción pedagogizante y se escudó en su liberrimidad intimista, caótica y holística. Se le pidió una literatura realista y se acurrucó en el minimalismo y estetismo evasivo. Se le pidió una conducta social coherente poesía sublime = actitud concordante y se refugió en el alcohol como un derecho inalienable e inherente al quehacer poético. Se le reclamó ética y equilibrio mesurado y cayeron en el tremendismo verbal y actitudinal de hacer de la caterva literaria una fila rebeldes sin postulados conocidos ni propuestas alternativas. Se le pidió libros y entregaron plaquetas. Se les pidió compromiso social y reclamaron su necesidad absoluta de libertad para ser y hacer lo que se les venga en gana.






Gran parte de los libros editados –unos diez, en poesía y unos 4 en narrativa- pasados los 2000 tienen el olor de los 90, la nostalgia y la iracundia, la osadía y el lenguaje idiotista que ejerció la impotencia social, política y cultural y por la emulación misma por un lado de la imitación del malditismo poético francés con la que se identificó y por otro lado los nuevos aires refractantes del boom latinoamericano en narrativa, elementos válidos que quisieron transfigurase en una poesía o narrativa de protesta y denuncia, pero que no fue conocida ni leída en su momento sino cuando todo se hubo trocado en otra realidad. Triste fin de poemas y cuentos, siguiendo el sentido del refrán “agua pasada no mueve molino”, pero que queda como parte del ideario y anales de época.






Sin embargo, nadie podrá hablar ni mal ni bien de ella sino no la conoce. La labor de cualquier crítico o comentarista es partir del sustrato lingüístico para poder encontrar un derrotero y eje transversal temático. Y en los 90 las variadas líneas solitarias: amorosas, filosóficas, románticas, lúdicas, rebeldes, malditas, exóticas, fueron un referente y una marca de época y resultado de contexto de todo lo que se produjo y vivió.


Si bien escribir poesía es un acto solitario y temáticamente responde a estados emocionales coyunturales, aspiraciones o decepciones encubiertas, sensibilidad estética latente, influencia lectora y percepción de la realidad y las actitudes, ésta no puede ser un acto de ostracismo y evasión total so pena de convertirse en un buen versificador Pero ¿para qué y para quién?


















POEMA PARA TOMAR UNA CREMOLADA DE TAMARINDO
Por Carmen Julia Palmer

Esta oscuridad en el corazón es la felicidad completa.
Como la misma medianoche neblinosa
En que el epiléptico ángel desciende
Para redimir pescadores / galletofagos / cigarreros / malabaristas /
Esqueleto de Fenpelleq varado en el adriático /
Escanciadores / revueltas chicas de la calle /
Entonces los muchachos derraman el polvo
(de las conchas marinas
sobre su rostro cereal colado con sus lentes
(sobre el cuerpo de ceibo
para elevar la temperatura de sus ojos
donde nuestros corazones serán lavados
en la misma laguna donde
la luna quedo enamorada de si misma
con su atavió de siete colores/ ¿ y ahora que
esta lumniscencia en el corazón es la
felicidad completa /
desde lo más espeso del bosque hasta el templo
de chot
donde se desplaza una caravana
(porque las iglesias medievales
han sido invadidas por mercaderes e industriales
(ahorcados
que dejan una extraña sensación de guayabas
(muertas
como un suicidio solamente premeditado y consumado
(sobre esta lluvia
de caramelos y hormigas / pero la presencia
(sodica del niño Dios
es una batalla ganada en un concierto de música pop
porque nada podemos hacer
porque este nuestro amor es un pingüino
(sanguinolento
bañándose en una tina con sal
exclusividad de los obispos
porque aun así nos amamos
hasta lo más azul del amor como dos gatos furiosos
En las alas de océano muerto
(a nuestros pies.
Que sublime puede ser cualquiera bajo una lluvia de aerolitos
Pues apareciste muerta en el segundo cuarto menguante de junio
Y tu cadáver permaneció impoluto hasta la era de los seres
sulfureos
Hasta siempre / Hasta la floresta que es ahora tu cuerpo rodeado
de campesinos / porque has caído muy estrepitosamente / para ser
la
única santa que entrego su vida a todos los dioses.

 
INSTRUCCIONES PARA VIVIR EN UNA CIUDAD
Ernesto Zumarán Alvites

Coja usted sus piernas y échese a andar
A pulular orondamente por las calles
Alce la voz de vez en cuando para hacer sentir
su grávida presencia
mastúrbese mentalmente y monte sin apremios
pero sin pausas
su caballo de agua
Beba usted su vino o su vaso de leche (según el caso)
Confronte entusiasmado al deseo y su espejo
Mate con cuidado tres piojos de su testa y haga dieta
para evitar el hambre y el sueño
Experimente usted al cabo de los años
La perfecta ovulación de su soledad en el sordo orgasmo
de los días
Su cigarrillo prematuramente encendido
Su cigarrillo tardíamente apagado
Y sobre todo admire usted su gorro fragio y su toldo
envueltos en el yantar solitario

 
En medio del desierto alguien erige su voz
cuajada de visiones,
los ríos y los mares son ondulaciones que nacen de los ojos
como celebres ruinas
que tejen una delgada somnolencia.

En medio del desierto el cuerpo respira extasiado.
Pulcro y liso como una aventura anónima,
como un cuchillo de luna que desliza sus fragores
a las sórdidas campanas que son su silencio.

El sueño existe aquí entre los blancos remolinos
y hay puertas a cada paso de la arena
que el viento no logra borrar su contorno de olvido.

Nada como el sueño para enredarse en el desierto,
ese follaje inestable donde esplenden muertes sucedáneas
y donde es posible el levantamiento de la sangre
aun sin fulgor de buena nueva.

Yo amo el desierto porque es mi casa,
y me peino y danzo con las dunas,
y converso con las piedras,
y me rozan la penumbra las razones estatuarias,
y son míos el movimiento la sonrisa la ignorancia,
porque en medio del desierto está la dicha
de sentir lo que ha sido y lo que está por venir.


COMPARSA FINAL
Laly Pereyra

Camino por el pasillo hablando del mundo,
latido en mano, congelada de ilusión, sabor a soledad.
Pero continuamente espero, intranquila
en el silencio cuarto de tus ojos, crucificada.
Acampado por palomas tu cuerpo yacía picoteado
en las afueras de la ciudad, sin tiempo.
¡Ay, la bellísima oleada en el lienzo era pena de la noche!
¡Ay, todo se anida sobre mar ligero, plomo adentro!
¡Ay, obreros que en sus latas recogen el rojo del sol!
¡Ay, será la fuga, la danza ciega de las seis!
¿O en fin la comparsa, el hormigueo de una y mil vidas mías?

Entra a mi casa como un metal estrellándose, chocándose
ronca, sin vuelo, pegando barcos olvidados en las paredes,
batidos, donde las manos ya no lloran sangre,
Entro a mi casa como a un poema hecho astillas,
lleno de lagrimas como la tierra.
Solo diviso aquel claro excéntrico de tus praderas, vida
el misterio del verano varado, donde mis manos ya no lloran,
secas de risas marchitas y ya no de sangre.

ECLIPSE
Juan Congona

Por siete minutos pasajeros
Por siete minutos eternos,
La tierra
miserable esfera del infinito,
será oscura noche
por el don inefable de un sabio.

Y por divina gracia, en un eclipse
de mi chaqueta, se cubre
el desnudo suelo de mi piel cobriza,
toco el botón rojo y pulcro de culpa.

Y más profundo,
Con licenciosos ademanes cubro
En una música de mundo,
El palpitar en su bombeo de fantasía.
Cuánto pesa ser así
Por setecientos setenta y siete puntuales,

Cuando se oculta vertiginosamente,
 sol
Y el ocaso se dibujan en las pestañas,
Solitario, silenciosos en los sueños
De estos sueños en un oscuro bulto
Que c
          a
              e

en el bolsillo
roto
del
      d
            i
                a



V
Pedro Manay Sáenz

El misterio de la noche
Silencio.
La noche es una niña
de brazos morenos.
Silencio.

Nos hemos perdido
en este reino
o es que ya vemos la luz
Ayer
cantábamos
y feliz danza
hacíamos.

Silencio.
La noche es muda.
O es el sonido perfecto.
Silencio
Se ha descubierto
La infinitud
Los caminos
Son
largos
y a veces duros
Por los llanos,
va mucha gente:
pero es éste
un camino
sin nombre
Silencio
que la noche canta.
Silencio
Que haya quietud
Después de esto, un mirlo trinará
Hoy podría soñar
con las estepas de Ucranía
o danzar sobre un río
junto a los pájaros.
Silencio
mi voz no se escucha
O tal vez quiero oír
que silbe el viento
Recto
y curvo
es el sendero
que se pierde
entre las dunas
y a veces muere
bajo el sol.
¿Hasta cuando va a
durar
este incoloro
desierto?
El día es seco
y la noche,
un claro misterio
Hemos venido
de Samarcanda
o de Bombay,
de Motupe o de
Puerto Etén
Aquí, un día
se equivocó el mar.
Y se juntaron
las olas
y de los ojos
tanta y tanta
agua.
Aprendimos
en Samarkanda,
que la tierra es dulce
y que los hombres son buenos
para vivir.
Y, en Bombay
- fue otoño –
descubrimos que
es más bella
la luna en el camino.
Bombay, que es
como Cuzco de
onírico
o semejante a Lima
en sus comienzos,
nos enseño a creer
en las muchachas
y a bailar
cerrando el paso
al dolor
y abriendo al cielo
(y al futuro)
el alma
En Motupe
los indigos
viajeros
besaban la cruz
y florecían en sus
ojos la piedad
como nacen las retamas
en los felices bordes
del río Urubamba.
Cierto es que
en Motupe el sol
también arde
y se encuentra
uno
con la soledad
y saborease el polvo
y siéntese la roca;
pero hay en la gruta
una dulzura de azahares
y alumbra tanto al seso
una plegaria,
un ruego que es
una flor en la tristeza
o para el recreo una campana.
Y, ¿dónde más
cantaron los viajeros?
¿Dónde, con gozo
aplaudieron
a los barcos?
¿Dónde fue que
abrieron
las alas de su sueño?
En Puerto Etén
lugar donde el silencio
es un regalo
para las ninfas
del alma.
En ese puerto
dulce y salado,
los gitanos prendían
bellas fogatas azules y
cantaban con sus guitarras.
Un hombre alto
y otro bajo
escribieron
En marcha
en la arena.
Ellos soñaron,
Esa noche,
el futuro.


ALLI DONDE AHORA ESTAS
William Piscoya Chicoma

(Monologo – en Janque – frente a la luna)
Allí donde ahora estás
detenido y austero como un tren
vacío – no es la estación
a la que regresas y, volviendo
no recuerdas.
Ni ese agosto tuyo
ni esa lluvia que presencias
tu advenimiento formal y tardío
de 1962
No es aquel parque
la primera mano fría
bajando por tu vientre tenso.
Tampoco esa puerta retraída
donde te miras
como en un espejo
con nostalgia.
Allí donde ahora te ves
- sobrevolando otra vez el verano
y tu palabra anónima -
no es el retrato donde te encuentras
proyectado
con tus cuatro abuelos
y todos tus hermanos.
No es esa calle
Donde te encuentras con la casa
más grande y alta como una torre.
Allí donde te quedas
no es el mar
el sol
o el hastío.
Ni aquella mujer que besas
el barco que te espera
entre la mar en calma y un puerto
que ya conoces. No.

Tampoco esa lámpara titilante
la puerta para tu escape
soluble y total.
Allí donde estás y te miras
allí donde te ves y te reprimes
allí donde te quedas
y no huyes
no es siquiera el amor. No.
es la Luna solamente.



VISIÓN DE UNOS OJOS ARRUINÁNDOSE BAJO LA LLUVIA
Antonio Noblecilla Rivas

Bienaventuranzas apócrifas
Bienaventurado seas el primero que descubrió
el cielo tendido sobre las grises azoteas
Y dijo que es el manto limpio donde suele secarse el rostro
Dios
Porque yo siento nadie le creeré
Bienaventurados sean los que saben
que es difícil calzar los pies de los mendigos con las manos
Si las manos se encuentran orando en los altares
Porque al final de la escena tendrán como aureola
la pobreza
sujetada a la cabeza como un racimo fresco de sangre empozada
en medio de los ojos
Pero bienaventurados sean también los desventurados
los que han perdido el tranvía / los justos con chalecos antibalas/
los honrados con maleta/ los que inician el canto
con pesadas pompas luminosas cuando el gallo ha enterrado el
pico
antes del alba

Y los que escriben poema como quien se pone el alma
-sobre todo-
porque al soltar las palabras al vacío airado de las hojas
antes de que llegue al blanco/ el poema se vuelve contra nosotros
Bienaventurados sean ellos pues han comprendido
que la poesía no es un desembocado caballo de agua
interrumpiendo un gran incendio sino el incendio mismo
presto para montar un caballo desembocado
Y bienaventurados sean por qué no / los que entorpecieron
la ingenua labor de aquellos arcángeles que terminaron
sobre el pavimento como moscas caídas sobre un plato
Y aman los sombreros bajo la lluvia / y besan a los pájaros
por el culo / y hacen el amor / y estallan y levitan
sin piedad ni remordimientos sobre terribles cáscaras de nueces
porque habrán descubierto la certeza de los sueños
estrellados contra los hierros retorcidos de los muros

Como mariposas en celo destrozadas por el ventilador
Porque sabrán lo difícil que es amedrentar el suicidio
tras las ventanas y escribir de todas maneras el poema /
el poema / el poema de cada noche / como el pan de cada día.


OJOS CONTRA LA ARENA
Carlos Becerra Popuche

Cuarto en llamas número 13
Pasas y ves que el cielo parece una inútil sombra
Aquella que el alma lame gritando bajo los árboles
Donde un hombre revisa su último record de bestia
Y esconde en su pecho el puñal con el que destaja su niñez
En un acto que el infierno celebraron el llanto de mami
Que a esta hora choca su cabeza contra la pared
Gritando mi nombre entre páginas en blanco
Que sobreviven como lúgubres bostezos que el corazón deja
olvidados en las manos del día
Como sirenas que se alejan del mar para morir
al pie de los tubos de escape
Como un río que mis palabras no detienen
Horizonte donde tu mirada descansa como un pajarillo
Jugando en mi nido de árbol próximo al suicidio
El ocaso fue escupido por papi cuando la mañana todavía
Era la paranoia que me hace correr como escandaloso sudor
Por tu cuerpo de tormenta dormida
Palabras que entrelazan tendiendo en el aire sus olores
De orgasmos secándose bajo el sol del insomnio
Palabras que se quedan mirando la ruina de la hoja en blanco
Quietud de cabellos dejados sobre la hierba que a duras
penas crece por que su vida
No significa nada para nadie tu alma sólo te sufre
Tu corazón te abandona como arrugado papel en la nada
Papi y mami un día se amaron como dos animales salvaje
Bajo el silencio que las estrellas suelen derramar
A los amante que hacen el amor
rendidos en el cuello desangrado de Dios
Pasas y ves que el cielo es una inútil sombra
Pasas y ves que el mundo es tan bello como la duda
que te asalta todas las noches
Pasas y ves que el infierno es tu duda
Pasas y ves que tu duda es el propio mar donde papi le dio
el primer beso a mami
Entonces el infierno es el primer beso de papi y mami
Entonces las hojas en blanco se suceden una tras otras
Como las lagrimas de risa que caían de tus ojos
El día que escribiste tu primer poema
Porque sabías que estabas destinado a la burla
Ah con que eres poeta pobrecito vete a otro lado
Entonces las hojas en blanco se suceden una tras otras
Palabras que papi nunca le dijo a mami porque ya era tarde
Siempre es tarde para que yo pueda decir algo a mami
El sol vuelve a salir cuando doy vuelta al rodillo
de la máquina de escribir
Y sacola hoja en blanco que me ha derrotado toda la noche
Y saco el puñal del pecho reviso mi último record de bestia
Y hundo el puñal en el mar y coloco mis ojos contra la arena.


BALADA MATINAL
Luis Yomona Yomona

Soy un niño ligeramente extraño
Escampo los árboles para amanecer desnudo
Nunca conocí a Papa Noel
porque salí por la puerta de la vida
para encontrarme con la muerte
He gastado la llama de los sueños
De mis manos se abren los crepúsculos
Siempre busqué otra vida más allá de los regalos.


DETALLES A CIEN
A mis noches convexas.
de plumaje ambiguo,
otra vez piérdeles
con mágicos horizontes
o gótica suavidad
Con brizna
mi instinto
humedece

Allí, en tranquilo calendario,
en el incógnito trópico ;
escondes el arzobispal odio
del turquí domingo
del castaño desierto

Ven, y
bríndame
blanca luz

Cómo vibran mis pletóricas palabras :
ahora que tu sombra acaricia mi seso ;
quédate quieta
en el dipsómano instante de mi cielo.
Eres eterna
huella en
mi silencio

Más allá del verbo.
Más allá de la cavidad de mi llanto ;
intranquila suspira el clamor
de tu férvida aflicción.

Claridad,
espíritu
milagro sois.



VIRGINIDAD
Nicolás Hidrogo Navarro

Hola poesía predicada de sándalo
en las llamaradas liquinosas del Niágara a emigrar.
Oficio solitario, conflicto ecuménico en concierto :
los versos están llenos de alma y de fuego fermentado
y nacerán aunque los poetas no quieran copiarlos.
Y aunque blasfemes el delato del descubrimiento clitorical,
el cohorte sacerdote de ouija olvidará la insustancialidad dril
y el siglo XXI reirá a tus escándalos higiénicos.

Lémur soy, albatros fui, seré el querubín que peine tus sueños
en el viento de colores y en la náutica paisajística del adiós.
Vandada de hipérboles, juerga vertedera
ciclones que a ti han de morir : llora doxa y muere por fiel.
Ella ha callado y no habla, déjame Baudelaire: soy
un ubicuo del mal : es la retro moda francesa y ella es así
se ve angelical.

Te recuerdo
en la Biblia
y te estudio
en
la lista
de Satán.
Triada dulcecolor andaveyvete: escribiremos versos
pero jamás seremos poetas; ganaremos concursos
para roturar el himen de una vieja canción
y sentados
esperaremos ver morir a la tarde con su acostumbrado traje de color.
Olivia de carrizos, voz afectada cristipecadora
perfeccionista del Estigia : la literatura sirve para decir
lo que nos hacen callar.

EN CUALQUIER TARDE : MORIR
Era la misma tarde
con su cara sucia
la reconozco, confieso, desplumada, feroz, persiguiéndome
angustiosa, empecinada y chúcara tarde
reventando y muriendo conmigo
hasta el sudor.
¿Acaso las tarde
sólo sirven para sentarse en ellas
a desayunarse sus vacuedades
y fumarse sus tristezas ?
Sirven para escupir tu ira
embravar tu silencio
y destroncar a la nostalgia
con el hierro de la muerte.
Era la única tarde
y la última
con quien se podía pensar a solas
de todas las cosas como tuyas.
Era la misma en la que se puede morir
jubiloso, rezogante, orondo,
sin que nadie diga nada
sin que nadie
te cobre las cuentas de la vida
ni las deudas de la esquina.
Y acaso alegré
en la buena ocasión
de irme escurridizo
y donde nadie se atreva a tocar a la puerta
irme jodiendo a todos
como un perfecto pendejo
sin siquiera oírles
que alguien tenía que burlarlos
entre las esquinas de la vida
con el truco más abyecto del mundo
muriéndose callado de todos.


MIS MANOS
Dandy Berrú Cubas

Desde que la gitana vio
por vez primera
la cuadratura de mis manos
siempre supuse
que tenían
un mensaje claro
para cada uno de mis actos.
Manos ocupadas las de mi cabeza
que sueñan viajando
distancias enormes.

Afligidas manos las de mi corazón
que late en la desventura
a mil por una.
Manos temerosas la de mis ojos
que no divisan los horizontes
por las arañas que la atraviesan.

Ruidosas manos las de mis oídos
quienes no oyen mi grito
en la tempestad de los silencios
Manos insípidas las de mi lengua
que a pesar de su larguedad
degusta asustada
el sabor amargo de la injusticia
Estentóreas manos las de mi voz
que grita y grita
hasta hacer callar
a la quisquillosa indiferencia
Fraganciosas manos las de mi nariz
que percibe prontamente
el seductor aroma de la carroña
Manos presurosas las de mis pies
que caminan al filo
de mis pensamientos
Erectas manos las de mi sexo
que en cuerpos ajenos
encuentra el hoyo
un día perdido

Manos preocupadas las de mi sombra
que siempre me busca
sin poderme encontrar
Vitales manos las de mi muerte
que victoriosa levanta
el cadáver de mi vida
para luego ofrecerla
a extraños dioses
he aquí mis manos
¡Conózcanlas!

ÁGAPE
La penumbra se levanta
y me tiende su mano
tan delicadamente
para devorarme despacito.



Y SI DIOS OYE TODA VOZ NUESTRA
Stanley Vega Requejo

-como dijiste-
el oído de Dios debe tener
un tamaño descomunal
ya que viviríamos allí, dentro
y el mundo sería pues en este caso
una triste y miserable bolita de cerumen.

En las ruinas
de este corazón
habita
una eterna inquilina.

Oh, soledad, soledad
vano es resollar
y gritar
en esta rara niebla
que de olvido
lo inunda todo.



"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

No hay comentarios:

Publicar un comentario