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jueves, 23 de diciembre de 2010

A veces la Navidad en Chiclayo

A veces la navidad es un conjuro de adioses, una marcha sin tregua, un camino de espantos, una angustia sin fin, cuando creemos que ella existe sólo por las luces intermitentes, los villancicos, las compras compulsivas, la euforia comercial.
La navidad es algo más allá de ello, un amigo nuevo en la plazuela Elías Aguirre de Chiclayo, un flash back a tu época juvenil recordando todas las locuras de la universidad y tus ínfulas de hacer rotar el eje terráqueo con el lanzamiento de tu primer poema, una conversa intelectual con mucho sabor a libros, una discrepancia estilística y política de "El sueño del celta" o "La guerra del fin del mundo" con Guillermo Figueroa, Edmundo, Chapoñán, Javier Villegas o Percy Hinostroza. La navidad es esa banca solitaria esperando por ti, esa hoja que se cae de los cipreses barbados en medio del cemento atosigante de la ciudad,  es esa chica de rojo que espera angustiada a su primera cita junto a la Elías Aguirre y San José, es ese perro sarnoso que se rasca presuroso y frenético entre las bancas del parque esparciendo su dolor. La navidad es un silencio triste, una pausa indolora, una ficción de ver publicados todos tus libros y tener millones de lectores. A veces la navidad es un aleteo solitario en medio de la noche silente, donde a un giro tuyo aparecen de soslayo todos los fantasmas de los que antes estuvieron allí, junto a ti, sin que ahora quede sólo un leve rastro indeleble de todos sus muertos y de todos los que sucederán a tu asiento momentáneo.
Lambayeque, diciembre 23 de 2010
Nicolás Hidrogo Navarro



"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

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