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martes, 30 de agosto de 2011

ANTOLOGÍA DEL CUENTO LAMBAYECANO - Un aporte a la literatura regional y al re-conocimiento de nuestros fabuladores de ayer, hoy y siempre.

ANTOLOGÍA DEL CUENTO LAMBAYECANO

Un aporte a la literatura regional y al re-conocimiento de nuestros fabuladores de ayer, hoy y siempre.
Miniatura de elemento


Por Nicolás Hidrogo Navarro



En el proyectar una antología literaria debe haber una visión representativa y meritoria, que encarne y simbolice la visión holística de una generación, una época, una tendencia o corriente en un espacio geográfico delimitado. Atrás debe quedar el tufillo y la práctica amiguera, donde se incorpore por pura amistad un texto que no representa nada más que el imaginario individual del autor o del antólogo compadre. Antologar es utilizar un criterio inclusivo autoral pero a la vez selectivo del texto y cuyo propósito es simbolizar y encarnar una época, un espacio geográfico aun con sus vertientes temáticas e inclusiones intergeneracionales. La representatividad del autor en el escenario cultural, su vigencia y permanencia de publicaciones, el valor de su texto, su significancia estética y pedagógica, su persistencia del cultivo del género en años y su mejora permanente de su especie, le dan las credenciales suficientes para reclamar un sitio en una antología a cualquiera, aunque la tirria equivocada in-profesional del antólogo lo sojuzgue.



En la región Lambayeque, en los últimos cien años se han sucedió alrededor de seis antologías poéticas parciales y generacionales (con carácter de libro, no de folletos o plaquetas) como las de José Barragán Carvallo, Ricardo Rivas Martino, César Toro Montalvo, David Céspedes Huamán, Max Dextre Camacho, Luis Rivas Rivas. Todas ellas han sistematizado y presentado a autores, productores de versos, vigentes y desaparecidos desde principios de 1910 hasta 1980. La gran omisión, por falta de apego, estudio y valoración han sido las generaciones del 90 y 2000, quizá por celo de verlos como imberbes mozuelos rebeldes cuya poesía inmadura no merecía antología o quizás porque la temática y diversidad deslambayecanizada los convertía en herejes literarios en su propia tierra. Pero hasta el momento no se ha producido ninguna antología del cuento lambayecano parcial, menos total.



El estado de la implementación de una propuesta de la literatura regional y un plan lector con autores representativos, no sólo es insuficiente y endeble por falta de investigación y autores con su trabajo estético al canto, sino que ni siquiera existe una lista ampliada a seis autores que ya tienen una vigencia estanca de casi 30 años (En Poesía: Alfredo José Delgado Bravo, Nicanor de la Fuente Sifuentes (NIXA), Mario Florián Díaz; en narrativa: Mario Puga Imaña, Carlos Camino Calderón y Andrés Díaz Núñez). Lo que evidencia que dentro de la literatura oficial de colegios, institutos y universidades, el resto no existe o sólo son una larga caterva de impenitentes arlequines mediáticos literarios cuya existencia sólo es virtual dentro de su imaginario de “fama” en su círculo amiguero o familiar; y, no literaria en los cánones pedagógicos e investigativos.



Una antología del cuento no sólo constituiría un documento compilatorio que ponga en marcha el conocimiento sistematizado de los autores con su obra, biografía y análisis valorativo de sus piezas literarias, sino que enriquecería y pondría en evidencia que en la región Lambayeque existen tantos cuentistas anónimos como su obra misma. Una antología del cuento con carácter de es esquematización cronológica, permitía ver de por sí misma la evolución diacrónica de los temas estilos, tendencias y preocupaciones de fusión de los mitos, tradiciones, charadas, leyendas rurales como urbanas. Creo que el norteño más que cantarino es cuentero, parlanchín, ficcionador, pero gran parte de ello se ha mantenido en la oralidad y casi nada se ha publicado de todo es bagaje que permanece anónimo. El cuento norteño representa esa licuación de relato, charada, mito, leyenda, tradición, anécdotas, curiosidades, burlas y efemérides con una estructuración lógica, secuencial, enervado los elementos esenciales del cuento como son la brevedad, la expresión lacónica de sus diálogos y el afán por simplificar la historia con un violento final abierto, donde el autor desde la primeras líneas utiliza la elipsis para atrapar al lector con potentes saltos cualitativos, donde la verborrea y los detalles queden fraccionados a chisponazos rápidos de una historia breve pero capaz de abarcar todo, sugiriendo con la diáspora de la narratividad y descriptivismo de escenario, trama y consistencia temática.

Las propuestas de literatura regional deberán pasar obligatoriamente por una investigación y valoración de autores y sus textos tanto en poesía, cuento y novela, de manera sustentada en la exégesis de la obra, la contribución a la estética, el carácter pedagógico en su contribución a la enseñanza y al buen gusto estético, como a caracterizar a través de lo literario parte de la cultura de los autores afincados en Lambayeque, como de aquellos nacidos en estas tierras. Y aquí hay una doble implicancias: literatura en Lambayeque no será lo mismo que literatura lambayecana. A diferencia de la proporción de los que publican textos de poesía en la región Lambayeque, de 10 autores sólo 3 han nacido en Lambayeque; en el caso del cuento la proporción es de cada 10 autores que publican de manera artesanal o de círculo cerrado y que se conocen que se dedican a la producción de cuentos, 7 han nacido en Lambayeque. Lo que quiere decir que esa fusión temática en poesía, tiene más acentos e influencias telúricas externas que lambayecanizadas propiamente dichas. Muy por el contrario, en cuento se podría decir que su temática, la ubicación geográfica de los hechos representan más genuinamente la identidad o pertenencia local. Y así podríamos que en una antología del cuento podríamos encontrar más el sabor de la tematizaciòn de lo que muchos reclaman en un terreno que ha dejado de ser cada vez más idéntico para ser global: la literatura. La identidad será sólo un discurso lírico y chauvinoide cuando no se hurgue en lo valioso que tenemos, en el terreno lingüístico y la palabra estetizada. Y en el terreno literario sólo será esa la magia del cuento, el mito que nos haría ver en un espejo de pertenencia. Mito que debe ser una construcción y recreaciones ficional con insumos propios, desfiguradas o caricaturizadas en un escenario forzado que es de todos, pero que no es nuestro y que nos identifica ni nos pertenece.

Esta edición de “Antología del cuento lambayecano: tres siglos: XIX, XX y XXI”, representa el inmenso esfuerzo, compromiso maduro y profesional de Conglomerado Cultural y Maestro Constructores de Textos (MACOTEX), por ofrecer a la comunidad docente, estudiantes, historiadores, investigadores y comunidad en general, un trabajo investigativo e interpretativo sistematizado, al presentar por primera vez en la historia literaria lambayecana, un antología totalizadora cronológicamente desde los inicios hasta el presente, que simbolice el alma fabuladora de los lambayecanos y de aquellos que han adoptado a Lambayeque como su tierra donde labran sus sueños y pergeñan sus ficciones.

"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

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