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jueves, 10 de febrero de 2011

UNA NOCHE ENTRE RISAS Y LÁGRIMAS… CON TATTA TORRES TELLO - Por Nicolás Hidrogo Navarro

UNA NOCHE ENTRE RISAS Y LÁGRIMAS… CON TATTA TORRES TELLO


Por Nicolás Hidrogo Navarro



Con una multitudinaria asistencia de 222 personas que abarrotaron la Sala Ceterni del Hotel Costa del Sol-Chiclayo, se presentó la noche del miércoles 09 de febrero, el libro “Entre risas y lágrimas…” de Tatta Torres Tello.

La profesora Lucinda García de Verkerk, ofició pulcramente de maestra de ceremonia, en una actividad que no sólo marca un hito en récord de asistencia de 222 personas en un mismo recinto en la presentación de un texto unipersonal, sino que sienta otro precedente al haberse vendido 236 libros de un tirón en una sola noche de presentación, superándose así misma en ventas en sus libros anteriores como (Un mensaje para ti, 137 libros vendidos en su noche de presentación), (Desde el amor, 154 libros vendidos en su noche de presentación), (Creciendo en el dolor 163 libros vendidos en su noche de presentación). Esto no sólo es sui generesis en el quehacer literario, sino que es el resultado de sembrar amistades y hacer de la literatura una actividad seria, mesurada, orientada a elevar el espíritu humano y hacer de la propia existencia un dechado de virtudes, pese al sino de las dificultades personales y biológicas, es lo que llamaría congruencia y correspondencia entre lo que escribes y eres.

La noche contó con la presentación del texto por Nicolás Hidrogo Navarro, coordinador general de Conglomerado Cultural; y, el comentario de la poeta Matilde Mesones Montaño, presidenta de la Asociación de Poetas de Ferreñafe. Ambos destacaron el valor intrínseco de la obra como “un texto motivador y alentador de la vida, los valores, las cosas sencillas y la profunda espiritualidad”.

Hidrogo en su comentario resaltó que Tatta Torres en “Su escritura no es simple, sino sencilla. Su intención no es atormentar el entendimiento del lector, sino por el contrario facilitarse sus vías de acceso. Ella no busca impresionar literariamente con un lenguaje abstruso e ininteligible de superlativismo tropológico o gongorino, sino ser directa y apelar más a las emociones humanas, como un rayo de luna en una noche erizada de oquedades y silencios. Tatta quiere ingresar a sus lectores con el lenguaje emocional de la amistad, la sinceridad, apela a los valores al sentimiento superpoblado de Dios, de hacer de sus recuerdos y emociones redes colectivas que entusiasmen antes que depriman. Ha sabido imprimir a sus escritos ese sentimiento de metástasis, de convertir cualquier sentimiento negativo en positivo, cualquier tristeza en alegría, cualquier depresión en una sobredosis de entusiasmo”.

Matilde Mesones, por su parte aseveró que “La obra de Tatta Torres está llena de ella y su vida, de esperanza y fe, de un intencionalidad que contagia de entusiasmo y levanta al caído en su agobio moral y desesperanza espiritual”.



Notas y saludos venidos, vía email y facebook, desde distintas partes del orbe, complementaron la presentación haciendo que un auditorio de ausentes físicamente, se pueble de infinidad de felicitaciones. Amigas, amigos de Tatta Torres llenaron el recinto mostrándole su cariño y amistad incondicional.

Particular y sorpresiva participación tuvo la “Antigua Escuela de Periodistas Carlos Uceda Meza”-Trujillo, ex alma mater de Tatta, representado en la persona de la señorita periodista Victoria Meza Espínola quien encomió la labor de Tatta y la recordó con notable afecto en su paso por sus aulas como ex alumna y orgullo de la institución.

El final de la noche llegó cuando Tatta Torres tomó la palabra para agradecer tantas muestras de afecto, a Dios, a sus amigas y amigos presentes y ausentes. Y pese, a ser liberteña de origen, epifonemó, “le debo tanto a Chiclayo, que aquí empecé a escribir y hacer labor de promoción cultural, que ya me siento una más, gracias Chiclayo”.

Tatta, ahora y siempre, te tengo un mensaje para ti: desde ahora en adelante tus lágrimas serán risas y tu dolor ya no seguirá creciendo, todos te damos nuestro afecto desde el amor.

"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

martes, 8 de febrero de 2011

LA AGENDA CULTURAL OMITIDA EN LA PRÁXIS Y EL DISCURSO POLÍTICO

LA AGENDA CULTURAL OMITIDA EN LA PRÁXIS Y EL DISCURSO POLÍTICO


Por Nicolás Hidrogo Navarro

 
Hemos llegado a convertirnos en una sociedad pragmatizada, cosificadora, interesada hasta dejar atraparnos en la vorágine del juego político –pese a asquearnos en nuestra cotidianidad post-electoral- como un clientelaje convenido y consabido. Por eso el voto electoral en el Perú no es un ejercicio consciente sino coaptado o condicionado, con el maquillaje de “un derecho”. Votamos por quién tiene la capacidad demagoga de ofrecer el oro y el moro; votamos por quien puede llenar nuestra desesperanza, aunque no estemos preparados para ejercerlo ni merecerlo meritoriamente, sino por un canje: un voto por un puesto de trabajo o algún beneficio. Así la política, se ha trocado en el arte ya no del buen gobierno, griego; sino en el arte de cambalachear ilusiones y promesas a futuro por votos, ahora.

El accionar electoral de un candidato no es una cosa del azar, sino basado en ejes temáticos de “estudio de mercado electoral”. Todo su discurso mediático está pauteado por problemas coyunturales de asistencialismo, padrinaje populista, antes que por un discurso desarrollista de autogestión y potenciación de las capacidades productivas y organizativas. En la cultura del elector está inyectado que su candidato le va solucionar todos sus problemas: laborales, de subsistencia y tribales. La Inseguridad ciudadana, corrupción, desempleo, construcción infraestructural civil, agua, desagüe, etc., todo estos problemas sentido y expresados, configura la orientación discursiva, menos lo cultural. Lo cultural no es un discurso que venda en una sociedad como la nuestra y probablemente sea interés de una minoría que no es redituable o poco significativa en votos. Esto demuestra que no necesariamente lo sustantivo es prioritario ni que lo educativo y cultural interese mucho a los políticos, porque probablemente el caudal electoral está más centrado en bolsones de pobreza a los que hay que ofrecer “cambiarles la vida de pobreza”; o, en su contraparte, en bolsones de los grupos de poder, como una posibilidad de hacer buenos negocios en nombre del partido ganador de turno y “en nombre de los pobres”.

Si esto ocurre en un clima pre y electoral, en el post electoral el accionar parlamentario es más que conocido: una agenda parlamentaria descentralizada tiene más o menos esta configuración: 20% a atender reclamos sindicales, 30% gestión de obras de infraestructura física y atenciones de necesidades comunales; 30% de denuncias y 20% de audiencias para impulsar iniciativas de ley. Esto nos da una idea que es más fácil gestionar la construcción de un parque, una carretera, un local comunal, agua y alcantarillado, veredas o canchas deportivas, pero tan difícil un proyecto cultural con presupuesto incluidos, como la implementación y funcionamiento de una biblioteca, la creación de un círculo cultural de estudios folklóricos, un círculo de estudios lingüísticos y literarios, la implementación de una feria anual de libros, un festival anual de poesía, cuento, teatro y cine, la existencia de un fondo editorial para publicar todo el acervo cultural literario e intelectual de una región, un taller de danzas y música tradicionales, la implementación de juegos florales en todos los municipios para mantener viva la creatividad y la revaloración y vigencia de sus intelectuales.

A siete meses, después de la promulgación de la ley de creación del ministerio de Cultura, Ley Nº 29565, el 21 de julio de 2010, ha quedado sólo la sensación que ha sido una mera fusión administrativa de una docena de entidades presupuestalmente languidecientes como la Biblioteca Nacional del Perú, el Archivo General de la Nación, el Instituto de Radio y Televisión del Perú (IRTP) y la Academia Mayor de la Lengua Quechua y se fusionaron, bajo la modalidad de absorción, el Instituto Nacional de Desarrollo de los Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuano (INDEPA); el Proyecto Especial Complejo Arqueológico de Chan Chan; el Proyecto Especial Naylamp-Lambayeque; la Unidad Ejecutora Marcahuamachuco, el Consejo Nacional de Democratización del Libro y de fomento de la Lectura - PROMOLIBRO y el Consejo Nacional de Cinematografía (CONACINE). Después de un auspicioso entusiasmo de esperanza, todo ha vuelto a su estado real y la cultura ¡ay, siguió muriendo”.

Es indudable que existe cierta incompatibilidad hacer política vendiendo un discurso cultural –así como no es buena combinación hacer politiquería sindicalista bajo la fachada de literatura- porque un discurso cultural demanda de un conocimiento más profundo de las comunidades sus manifestaciones artísticas y las vivenciales, leyendas y tradiciones de los pueblos. En el discurso político con ribetes de demagogia, basta saber la necesidad coyuntural y clamorosa de la población y alimentar la esperanza –aunque mentirosa- de los demandantes, para poder convertirlo en un autómata votante programado.

Post –data: En el Perú ocurre un fenómeno social curioso digno de un diván de siquiatría, en los días pre-electorales. Cuando a la gente se le pregunta sobre los políticos y los estilos de actuar de los políticos, hacen unas muecas de asco y reprobación y en más de un 95% se oyen adjetivos condenatorios que deja la sana impresión que nadie querrá meterse a político por temor a ser condenado a la ignominia social de su apellido y sus descendientes. Sin embargo, cuando se prende la chispa electoral, esa apatía de ignominia política-social, arremete con más fuerza y más gente quiere ser candidatos a alcaldes, congresistas, presidentes regionales que ya parecemos el gran circo del mundo. Somos un país masoquista, nos gusta vernos engañada campaña electoral tras campaña. Somos una país donde democracia es ir como borreguitos a votar una vez cada cierto tiempo, como obligación y no exactamente como derecho.

"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

lunes, 7 de febrero de 2011

SOBRE ANTOLOGÍAS POÉTICAS PIURANAS- ITINERARIO RETROSPECTIVO: SISTEMATIZACIONES CRÍTICAS DE LA POÉTICA REGIONAL - Por Ricardo Musse Carrasco

SOBRE ANTOLOGÍAS POÉTICAS PIURANAS- ITINERARIO RETROSPECTIVO: SISTEMATIZACIONES CRÍTICAS DE LA POÉTICA REGIONAL (1).




Por Ricardo Musse Carrasco.
Toda antología es arbitraria, incompleta,
incierta y útil…



Antes de hablar sobre mi ensayo antológico, realizaré un itinerario sobre los libros que han antecedido a Poética piurana de las postrimerías: Sus pulsiones seculares y sus rasgos divergentes.

En el libro Los Otros (1 986) de Alberto Alarcón, se consideran trece poetas y tres poetisas. Se hace una correcta selección de los poemas, transcribiéndolos; sin ejercer ningún tipo de valoración interpretativa. Existe sí, al inicio del libro, un recorrido donde el autor habla sobre las tres antologías que preceden a su libro. Tanto los antologados como las antologadas, después de pasado el tiempo, han desplegado una calidad estética y una apasionada perseverancia escritural. Desde este punto de vista, Los Otros es un libro de irreprensible objetividad crítica.

El libro Antología comentada de la expresión literaria en la región Grau (1 991) de Sigifredo Burneo, considera algunos de los poetas de Los Otros (con textos diferentes) y antologa a otros distintos como Alberto Alarcón e Isaac Rupay (de la generación del setenta) y a Federico Chalupa (de la generación del 80). Contiene, además, una escueta apreciación crítica; por lo que más que un abordaje interpretativo de las obras, resulta ser, simplemente, una caracterización de los rasgos verbales de las realizaciones poéticas.

El gran poeta Eduardo Urdanivia y la poetisa paiteña Libertad Orozco aparecen, por primera vez, en un libro antológico denominado Breve antología de poetas piuranos (1 993) de Jorge Ita Gómez. En las palabras preliminares, el autor caracteriza a los poetas, -precisando sus parentescos estilísticos- dentro del complejo panorama de dioramas que constituye el proceso poético regional.

El trabajo de José Díaz Sánchez agrupa seis poetas de los años sesenta y setenta, y cinco poetas y una poetisa de los años ochenta y noventa. De ahí proviene su denominación La palabra sobre el revés de los sueños (12 poetas de la región Grau) (1 996). Es un estudio sociopoético, donde se busca contextualizar el texto literario dentro de ese fuego convulsivo epocal; procurando demostrar, taxativamente, esa recurrente relación contexto histórico-obra literaria. Empero, debido a la circunscripción ideológica, a ese sesgo selectivo de los textos, la mayoría de los poemas no son los mejores de los autores. Las virtudes de este trabajo son: Amalgamar la concepción orteguiana sobre generación con el discernimiento dialéctico, y el que sea el espacio antológico donde, por primera vez, aparecen José María Gahona, Mary Godos Curay, Camilo Ibarko y Carlos Bayona Mejía.

El libro de Manolo Abad Propuesta metodológica para la enseñanza-aprendizaje de la literatura regional en el segundo grado de educación secundaria (1 998) es de naturaleza pedagógica. Su propósito conlleva un didactismo, concretado en las guías de control (secuenciadas éstas en cinco niveles: Nivel de exploración, nivel de comprensión, nivel de globalización, nivel de exploración afectiva y nivel de creatividad) para que el alumno acometa el análisis de los poemas. Consideramos este trabajo en este itinerario (a pesar de no ser una teorización crítica) porque es donde aparecen, por primera vez, Manuel Mena Sertzen, Santín Marón y Héctor Efraín Rojas. El único estropicio del trabajo –inaceptable desde todo punto de vista- es el haber estimado, literariamente, a Miguel Godos Curay, que de talento poético no tiene absolutamente nada.

El libro Poetas y narradores contemporáneos de la región Grau (1 999) de Alberto Alarcón, sale a la luz pública para complementar el libro Los Otros; puesto que éste englobó a poetas de las décadas del cincuenta, sesenta, setenta, y sólo tres poetas de los ochenta. Si bien es cierto están considerados poetas de un encomiable nivel literario; este libro desdeña, deliberadamente, a las nuevas voces que emergieron durante esa concreta temporalidad generacional de los noventa; a pesar, que el autor sentencia -entre otras cosas- que el área antológica del libro es, ciertamente, exhaustiva. Sinrazones mezquinas menospreciaron a estos poetas dotados de una expectante retórica verbal; sin embargo, el paso inexorable del tiempo, ha propinado un furibundo revés a la mirada crítica de Alberto Alarcón. Finalmente, este estudio describe las versátiles tendencias, pero englobándolas dentro de una genérica afinidad estilística entre los autores.

Julio Aponte con Karminka antología de la poesía piurana (2 000), es el primero que sitúa dentro de un espacio antológico a aquellas voces de los ochenta y noventa excluidas, despreciadas y silenciadas por la crítica arrogante, prejuiciosa, interesada, y vengativa de Alberto Alarcón. Y ¿quiénes son estas voces?: Elena Herrera Nisshioka, Federico Chalupa, Víctor Jara Nolasco, Pedro Montalbán, Hernán Flores, Jorge Montero Chapilliquén, Teófilo Peña, Mary Godos Curay, Harrinson Talledo, Harold Alva, y –por último- José Díaz Sánchez y Jorge Castillo Fan (dos de los más representativos miembros de lo que fue esa estirpe generacional de los años noventa, llamada “Los Ángeles del Abismo); desmitificadores éstos, en su momento, del entorno monopolizador que lideraba, arbitrariamente, Alberto Alarcón. La antología de Julio Aponte –por otro lado- se prolonga, cronológicamente, hasta los noventa, y contiene en sus postreras páginas una subjetivista caracterización estilística de los poetas considerados.

En la concisa antología Un metro del pasado (2 001), publicada por alumnos de la promoción de Lengua y Literatura 1 995-II de la Universidad Nacional de Piura, en su sección de poetas, se estiman cuatro vates de la década del noventa: Eduardo Urdanivia, Luz del Carmen Arrese, José María Gahona y Santín Marón.

El libro Fiesta en noviembre (2 003), cuyo cuidado estuvo a cargo del escritor Mario Palomino, es un fiasco antológico; puesto que carece de un elemental criterio selectivo; es un imperdonable escándalo para el parnaso poético piurano que se hayan considerado a diletantes, negligentes, oportunistas y advenedizos como estos: Manuel Castro Girón, Juan Carlos Valdivieso Farfán, Juan Ladines Castello, Antonio Purizaca Zapata, Augusto Juárez Siancas, Walter Castillo Navarro, Rosa Pizarro, Ipolicarpio Flores Peña, Percy Nole Herrera, Mario Camino Negrón, Idelfonso Niño Albán, Manuel Purizaca Arámbulo, Gloria Ordinola, Ena Ognio de Silva, Orestes Villaseca Morán, Eduardo Flores Rojas, Alfredo Gamio Valdivieso, Erwin Rivera Crisanto y Andrés Vera Córdova.

Y por último, Literatura de Piura (2 006); cuyo prólogo, selección y notas es atribuida a Harold Alva. Aparte de priorizar poemas nunca o pocas veces publicados por los autores ya canónicos: Eduardo Urdanivia, Luz del Carmen Arrese, Róger Santiváñez, Lelis Rebolledo, José María Gahona, entre otros; el hallazgo más meritorio de este libro es el habernos puesto, frente a frente, con el universo discursivo de este poeta (desconocido por estos lares) llamado Enrique Robles Prieto:



“Mi viejo amaba el viento
y en su corazón de trigales
el sol era una pelota dando saltos
en la tarde.

Rey vestido de siervo,
remendaba sus sueños al cielo blanco.
Lo recuerdo como el mar en un sol naranja,
o doblando su cuerpo entre las sombras.
Los domingos como hoy
dejaba libre palomas de sus ojos
para sembrar helechos nuevos, amarillos,
pastosos con mi madre.

Un día llamaron del viejo hospital
y en su corazón de trigales
el sol había muerto.
Él y mi corazón también”.


El registro antológico de mi ensayo temporaliza a los poetas, a fin de ubicarlos dentro de una específica década, atendiendo la fecha de nacimiento y el año de publicación de sus poemarios.

Este es un ensayo antológico porque más allá de constituir un muestrario unilateral, con un metafórico tratamiento de la palabra; planteamos seculares sensaciones propias de esas postreras épocas, buscando una contundente objetividad con una subjetiva construcción del discurso; siendo nuestra teoría sobre el doble mitómano (donde nos apropiamos de certidumbres de la física cuántica) la disquisición más innovadora al respecto.

Para la selección de esta pléyade de poetas (20 poetas y 2 poetisas) nos regimos por una heterogeneidad de criterios múltiples y complicados:

a. La solvencia artística de los poemas, esto es, que atesoren indudables valores estéticos; por lo que una humilde plaqueta publicada –y no sólo la prestancia formal de un libro- fue suficiente para compilarlos; no obstante haber circulado su obra en espacios culturales muy reducidos.

b. La primogenitura e insularidad discursiva, esto es, que cronológicamente se haya abordado primero una determinada arista estilística y/o se discurra, solitariamente, por una personalísima senda retórica.

c. La perseverancia escritural, signo inequívoco de su terquedad por redimirse dentro de los inefables latidos de la poesía.

Otro aporte innovador del ensayo es el asedio interpretativo que ejerzo sobre la poética optada: Ese succionador desciframiento textual -detallista hasta el extremo desquiciamiento-, la obsesionante disposición por desentrañar su médula discursiva; singularizando a cada voz, desde una imparcialidad a prueba de balas, confirmándolas, sonorizándolas, reivindicándolas, confiriéndoles –por lo tanto-ciudadanía canónica; colocando los textos más representativos de su estilo y/o tendencia.

Para efectuar la disección hermenéutica de los textos hemos desenvuelto plurales categorías de análisis que provienen del estructuralismo, del formalismo, del dialectismo hegeliano, del discurrir metaliterario, del silogismo aristotélico, de la semiótica, del discernimiento biológico, de la teoría de la potencia y el acto, de la intuición analógica, entre otras.

De este trabajo existe una segunda parte donde -hasta el momento la conforman 31 poetas- los escritores Jorge Montero Chapilliquén y Juan Peña Curay cuentan ya con su respectivo escudriñamiento. El no tener un pleno acceso a las obras de los demás, no me ha permitido fraguarles el debido análisis; así como la irregularidad de sus logros estéticos; como también el no haberme alcanzado, a tiempo, un trabajo poético unitario –como son los casos de Elena Herrera Nisshioka y Oscar Aquino Lañas- cuando se los solicité; todo esto ha conspirado para incluirlos en el presente ensayo antológico.

Finalmente, este trabajo crítico sistematiza el proceso poético departamental con el propósito de evitar la dispersión y el olvido, enalteciendo estas voces, divulgándolas y buscando aportar en el proceso de dilucidación, valoración y comprensión, de nuestro rico universo poético.

 
Sullana, 11 de junio 2 009.

 
Muchas gracias.

 
(1) Alocución ofrecida el 19 de junio, en el auditorio de la pinacoteca municipal de Piura, durante la presentación del ensayo antológico Poética piurana de la postrimerías.

"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

domingo, 6 de febrero de 2011

Presentan nuevo libro de Tatta Torres- “Entre risas y lágrimas…” -09 de de febrero de 2011 a las 7.30 p.m. en la Sala Cium del Hotel Costa del Sol-Chiclayo

“Entre risas y lágrimas…”

Este 09 de de febrero de 2011 a las 7.30 p.m. en la Sala Cium del Hotel Costa del Sol, se presentará libro “Entre risas y lágrimas…” de reconocida promotora cultural, directora de la revista Ahora y siempre, Tatta Torres.
Participarán en la ceremonia los reconocidos intelectuales Blasco Bazán Vera, quien llega desde Trujillo para la ceremonia; Lucinda García de Verkerk, Nicolás Hidrogo Navarro y Matilde Mesones Montaño. La invitación es abierta a toda la comunidad intelectual, amigos y compañeros y compañeras de ruta de esta incansable dama de la cultura, chiclayanizada.

La autora ha publicado anteriormente “Un mensaje para ti” en dos ediciones, en 1996 y 2001; “Desde el amor” en 2005 y “Creciendo en el dolor” en el 2007.

Fundó la Revista Cultural “Ahora y Siempre” en diciembre de 1999, que hasta ahora dirige y edita.

El Libro “Entre risas y lágrimas…” de Carmen “Tatta” Torres Tello, es un confesionario intelectual y de vida que dividido en 32 cartas amicales da cuenta, a modo de diario y reflexión en voz alta, de sus peripecias y sus constantes avatares de la vida. Con un estilo llano, directo, sin martingalas ni embauques literarios, Tatta traza una línea directriz de su vida y se convierte en su cronista, en la voz multánime de quienes como ella han tenido un antes y después, un padecimiento de una procesión que soporta con admirable estoicismo. Si alguien quiere penetrar en la vida de Tatta, he aquí el mejor referente de sus reflexiones y su actitud ante la vida. Articulería cotidiana, convertido en un mapa de ruta hacia las profundidades emocionales de su autora.

 
Perfil biográfico de la autora
Carmen, Tatta, Torres Tello, hija de don Jorge Torres Ortega y de doña Mary Tello de Torres, nació en Trujillo, Perú y estudió en el Colegio Privado "La Asunción”. Siguió estudios superiores en el Instituto Superior de Periodismo y Relaciones Públicas " Carlos Uceda Meza". Fue funcionaria en el Área de Captaciones del Banco Popular5, Trujillo.
Tatta escribe desde siempre y colabora con artículos y cuentos en diarios, revistas y en diversas antologías. En el 2004 recibió importante Mención en el III Concurso Internacional de Literatura "General Belgrano", en Buenos Aires, Argentina.
Ha publicado los libros "Un mensaje para ti" (1996 y 2001); “Desde el amor” (2005) y “Creciendo en el dolor” (2007)
Promotora Cultural, fundó la Revista Ahora y Siempre (1999) que continúa dirigiendo y editando trimestralmente.
Fundó la Agrupación de Escritoras Norteñas del Perú -Aden Chiclayo, que presidió por 4 años. Fundó y presidió Soroptimist International Chiclayo. Como presidenta, fue elegida Coordinadora de la Región América del Sur, del Programa contra la violencia de la Mujer. Ha sido socia de la Alianza Francesa de Chiclayo y ocupó cargos directivos en Soroptimist International Trujillo y en Mesa Redonda Panamericana de Santa Victoria.

Su labor cultural ha sido reconocida por la Municipalidad Provincial de Chiclayo y por la Biblioteca Municipal "José Eufemio Lora y Lora" de Chiclayo. El Instituto Nacional de Cultura -Región Lambayeque, le otorgó el Diploma de la Cultura en el 2000 y en el 2002. En el 2000 recibió el “Expresión de Oro” y la Premiación del Milenio. Y en dos ocasiones ha recibido el Escudo de Oro de la Ciudad en Chiclayo.
En el 2007 la Clínica “Azul Celeste” le otorgó el Premio “Homenaje a la vida” y recibió Reconocimientos de la Cadena de Hoteles Costa del Sol y de la Escuela de Ballet de Chiclayo.

En el 2009 recibió un Homenaje de Conglomerado Cultural, como una de las promotoras culturales y editoras más reconocidas del Departamento de Lambayeque; el Premio a Los Mejores de la Región Lambayeque -Ciudad de Chiclayo; Reconocimiento de la Agrupación de Escritoras Norteñas, Aden- Chiclayo y Medalla de la Centenaria Sociedad Obreros de la Unión.
En el 2010, la Asociación de la Prensa Turística del Perú- Lambayeque, otorga Reconocimiento a Ahora y Siempre al cumplir 10 años de prestigiosa difusión artístico cultural y turística; el Consejo Local de Chiclayo de la Asociación Nacional de Guías Scouts del Perú, le otorga Diploma en mérito a su espíritu de servicio, generosidad y buena acción a favor de la comunidad; la Asociación de Damas de la Caridad de San Vicente de Paul, otorga Diploma a Ahora y Siempre por su espíritu de colaboración y en setiembre recibe la “Medalla a los Vencedores en la Vida” de la antigua Escuela de Periodismo “Carlos Uceda Meza”, en Trujillo, por los logros alcanzados como ex alumna.
Tatta dejó de caminar en diciembre del 2005; pero aún en silla de ruedas, continúa dirigiendo y editando su revista; escribiendo artículos diversos, promueve una tertulia literaria mensual en su casa y está preparando su próximo libro “Un pequeño lugar en el mundo”.


"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

HACIA UNA VALORACIÓN DEL TEXTO “PARA CREAR POEMAS. 103 TÉCNICAS” DE PEDRO MANAY SÁENZ

HACIA UNA VALORACIÓN DEL TEXTO “PARA CREAR POEMAS. 103 TÉCNICAS” DE PEDRO MANAY SÁENZ


INDISPENSABLE PARA EL DESARROLLO DE LAS CAPACIDADES COMUNICATIVAS.
PARA CREAR POEMAS (2011) DE PEDRO MANAY SÁENZ. 103 TÉCNICAS

Toda acción educativa tiene sentido siempre y cuando esté orientada en provecho del alumno.

Por Gilbert Delgado Fernández


· K.O. A LA LECTURA. EL CONTEXTO

Si te echan a la lona a pelear, por primera vez, contra un sujeto que lleva años de ejercitación física y que, además, domina técnicas de pelea que tú desconoces; es seguro que después de la paliza nunca más, ni en sueños, querrás ingresar a un cuadrilátero. Mas, si el contrincante con quien vas a iniciar en la lucha es un enano debilucho, un paquete— para utilizar el término de los comentaristas— es seguro que vas a vencer y eso contribuirá a tu confianza. Con el primero te sentirás frustrado; con el segundo, triunfador. Vas a querer continuar y, desde luego, esforzarte por escalar en las categorías o pesos.
Algo muy parecido, con respecto de esta imagen pugilística, ocurre con la lectura. Lo curioso es que este proceso tan recurrente en el campo físico le sea, sin embargo, indiferente a un maestro en sus posibilidades de aplicación a la educación formal. Específicamente, en lo que a lectura concierne.

Es necesario distinguir, de manera análoga y con respecto de la lectura, los pesos pesados (los gigantes de la literatura, los clásicos), los livianos (que bien podríamos relacionar con la literatura ligth o los célebres autoayuda o psicología del éxito) y los mosca (las tiras cómicas, El diario del Chavo, por ejemplo). Cuando de lectura se trata ya no podemos hablar de “paquetes”, puesto que no existe lectura que, en cualquier sentido, no te deje algo provechoso o sea, si seguimos con las imágenes del cuadrilátero, un buen jab de izquierda.

· DESBALANCE LECTURA-LECTOR. MENOS LECTORES, MENOS PRODUCTORES Y VISCEVERSA
A un alumno de primaria no se le puede encargar a leer un gigante con años de ejercitación lingüística y, además, conocedor de recursos de organización del material narrativo. El resultado será un K.O. (Knock Out) a favor del gigante. Cierto que Mario Vargas Llosa nos cuenta que a los cinco años logró “…viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramis… o arrastrar[s]e por las entrañas de París convertido en Jean Valjean…” (En Elogio de la lectura y de la ficción, 2010). Muy motivadora la anécdota de nuestro peruano universal, pero no es una fórmula para implantar en las aulas. La agilidad, el vivir de prisa en una era posmoderna donde la tecnología lo abrevia todo, ha ocasionado que muchos de los discursos de antaño resulten dilatados y soporíferos. Hay que aceptar la proliferación de distractores en estos últimos tiempos. María es una novela que agrada al alumno cuando se la contamos en un argumento de quince minutos, centrados mayormente en el idilio; pero que cuando el estudiante entra en contacto con el libro, abandona a las primeras páginas. La delectación morosa y el estatismo en las descripciones del valle del Cauca le resultan insufribles para sus hábitos imaginativos orientados al movimiento y a la acción.

El gusto hacia la lectura se alcanza de manera gradual, a cuentagotas. Lo primero es recuperar la confianza y afianzar la voluntad de querer leer, cada vez más, pero sin asustarlo con los requerimientos del saber histórico o condicionamientos socioeconómicos y hasta filosóficos imprescindibles para entender los grandes discursos. Aves sin nido y Matalaché son dos de esos gigantes que más han de atraer a un sociólogo o a un antropólogo antes que a un alumno de Educación Básica Regular. El docente de la especialidad es quien debe informar del argumento de la obra (existe una versión auditiva muy interesante, esto en Mi novela favorita de R.P.P., con respecto de Aves sin nido y muchas novelas más. Ojo que al alumno le atrae todo lo que rompa el rígido esquema del docente como transmisor y canal único de la información). La carga erótica que contiene Matalaché sumada al problema de la esclavitud — ya anacrónico al igual que la tríada dominadora de Aves sin nido— además de la crueldad y el lenguaje sofisticado, seamos sinceros, puede gustarnos a nosotros, pero es el alumno el sujeto de la educación y asumámoslo, nos guste o no, es con sus afinidades y con sus preferencias con las que debemos iniciar su formación lingüística y su percepción artística, su deleite y su saber. Eso de “Vas a leer lo mismo que yo leía a tu edad” tampoco funciona. Acepta el paso del tiempo e intenta vivir el presente.

Me consta que Matalaché se encarga a leer en sexto grado de primaria. Veamos las cosas con claridad: las obras de literatura son materia para un especialista. Por ese motivo se han ubicado los cursos Ad hoc, en la educación secundaria. Los procesos de comprensión de lectura bien se pueden desarrollar con el trabajo de textos menos complejos y más al gusto y estado de desarrollo de nuestro pequeño lector.

Similar ocurre con El principito, obra filosófica que, sólo por contener algunos dibujos, la encargamos a leer sin previo repaso de su contenido y con el agravante de ser una obra traducida y despojada de la intención artística original. Por algo decía Giussepi Ungaretti: “En cada traductor hay un traidor”. Cuando un docente recomienda estas obras literarias a un alumno de primaria — me consta, también, que se exige su lectura en tercer año de primaria —cabría la pregunta, ¿leyó él estas joyas de la literatura? Resulta inmoral exigir la lectura de una novela, u obra del género que fuere, que uno mismo no ha tenido la motivación de leer. Igual ocurre con muchos de los clásicos, esos gigantes en el ring, que el alumno terminará leyendo a duras penas— más por temor tus evaluaciones de comprobación de lectura, o sea por la nota, antes que por placer o por respeto a la calidad de la información— y que le dejan tan mal recuerdo que no querrán leer más; esto debido a la frustración de resultar noqueado en la contienda. El hecho de guiarnos en las lecturas según el volumen del tomo, como aceptando que a más cantidad más calidad, es inoperante. La cantidad, cuando de lectura se trata, no cuenta. Recordemos lo que contestó Virgilio a un bibliotecario “Tú puedes haber leído más, pero yo he leído mejor”. Es sabido que, sin importar la extensión del texto, el proceso lector se da siempre de la misma forma. Incluso, cuando se lee por placer, la lectura constituye un proceso de aprendizaje.

Sostenemos que el rechazo a la lectura parte de una crisis en la autoestima del alumno tipificada en un sentimiento de subestimación. El alumno no se considera apto para la comprensión de un texto. Esa frustración, sin embargo, puede ser superada paulatinamente mediante la terapia de la producción, composición o construcción de textos, pues reincidiremos hasta dejarlo inculcado: comprensión y producción son actividades que se repotencian mutuamente.

· PRODUCCIÓN Y COMPRENSIÓN. DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA. LA JUSTIFICACIÓN
Es recomendable alternar actividades de producción y comprensión de textos, pues la producción y la comprensión son procesos que se reclaman recíprocamente. Resultaría infructuoso promover uno prescindiendo del otro. Producir un texto prepara para comprender un texto y viceversa. Así como la lectura aporta para la escritura mediante la memoria visual; igual, la escritura creativa, aporta para la comprensión mediante el ejercicio del pensamiento.

Aquí, se vuelve imperativo otorgar un espacio necesario— al igual que a la habilidad lingüística de escuchar y de actos volitivos como la atención y la concentración— al desarrollo de la creatividad del alumno mediante la producción de textos escritos. Y si estos textos encargados exigen del alumno síntesis expresiva (decir mucho en la menor cantidad de palabras), discriminación en la escala conceptual (descartar ideas), conciencia lingüística (cuidado en el decir), elaboración sintagmática y paradigmática (en la búsqueda de originalidad), impacto visual (en la extensión de los versos), percepción auditiva (en la coincidencia rimática), toma de decisiones (con respecto del producto que él considere acabado)… podemos estar seguros de que estamos preparando no sólo ciudadanos con elevadas posibilidades de expresión, sino de comprensión de las más variadas materias significantes, más allá de la escritura. El trabajo con la creación de poemas es el más adecuado para agotar los indicadores antes señalados, pero ¿dónde hallar un texto que reúna las técnicas, la metodología respectiva los ejemplos y, sobre todo, expresado en un lenguaje que garantice su operatividad?

· PARA CREAR POEMAS (2011). HERRAMIENTA NECESARIA PARA EL TRABAJO DEL PENSAMEINTO CREATIVO. LA PROPUESTA DIDÁCTICA

El sistema educativo regional, y nacional, cuenta en este año con un trabajo que desde el ejercicio de la creación de poemas, más que el formar poetas, pretende contribuir con la superación de la deficiente y lapidaria, para nuestro prestigio internacional, competencia estudiantil en lo que a comprensión y producción de textos atañe. Digo más que el formar poetas puesto que, de la mano con el fin artístico, la técnica puede derivar en estrategia para la formación y el producto creado en materia para aplicar criterios de corrección, cohesión y adecuación (en la expresión) y sentido humano, conciencia ecológica, identidad regional y nacional, compromiso social, coherencia (en el contenido) adquiriendo, así, un fin pedagógico.

Pedro Manay Sáenz; poeta, narrador, comentarista y crítico de fina percepción estética, pero ante todo maestro de Lengua y Literatura egresado del I.S.P.P. “Sagrado Corazón de Jesús”—Chiclayo, conocedor de las dificultades contra las que se enfrenta diariamente el área de comunicación— esto debido a su experiencia directa con nuestra realidad educativa—, ha decidido aunarse y actuar en favor del resurgimiento de una era de alumnos productores de textos y su correlato reflejado en lectores capacitados para la comprensión de los mismos.

Para crear poemas, nace con una función específica: la de contribuir para el equilibrio de las actividades pro desarrollo de las capacidades comunicativas del alumno tanto de la escuela como del colegio, pues ha de ser por todos conocido que la bibliografía referida al área de comunicación abunda en textos para la comprensión (banco de ítems con su clave de respuestas al cierre). Ante esto, debemos destacar que el libro que nos ocupa no es producto de una trasnochada debida a pesadillas mercantilistas, sino que es el acopio de material educativo, saber validado con la experiencia real en las aulas (de ahí lo de técnica). Fue apareciendo por entregas (dos, exactamente), en forma de separatas que se granjearon fácilmente la admiración de los docentes tanto de la especialidad como afines a la comunicación. El resultado: las técnicas fueron aplicadas en sus aulas con resultados óptimos. Esto ha motivado que el profesor Pedro Manay Sáenz, a pedido de quienes no alcanzamos a gozar del beneficio de tan preciado material, y en atención a su vocación de servicio, haya decidido —aplaudimos esa decisión— recopilar sus 103 técnicas para la creación de poemas en educación primaria y secundaria, además de un añadido que atiende al trabajo de contenidos transversales como conciencia ecológica e identidad regional.

Reconocemos que tamaño esfuerzo constituye un punto de apoyo desde el cual nos moveremos, quienes andamos en la misma ruta, hacia el ideal de innovación en nuestros procesos de aprendizaje y enseñanza y con ello el mejoramiento del producto educativo. Este libro nos permite generar ese espacio en el cual el alumno, a partir de un tema sugerido y sugerente, desencadene su sentimiento, pensamiento y afectividad sin sujeción a reglas que amenazarían con menguar su expresión; más bien, en plena libertad lo que facilita discursos cargados de vida, de su propia vida. Lo importante es que el alumno llegue a reflexionar sobre las distintas perspectivas desde las cuales se puede abordar un texto y barajar las distintas posibilidades para expresar sus ideas. Así, su capacidad de lector se robustece con el ejercicio de la creación por la familiarización a que arriba con los procedimientos y la lógica de las acciones producidas, además de los indicios muchas veces imperceptibles para el lector no ejercitado en la producción y que determinan, generalmente, la configuración semántica del texto y su consecuente comprensión e interpretación.

Para crear poemas, concentra la intención de involucrar, y más que involucrar comprometer, a los distintos niveles de la E.B.R. a superar ese estigma que padece nuestra labor docente y que nos señala como responsables directos de las deficiencias comunicativas de nuestros jóvenes y el consiguiente estancamiento o fracaso de quienes se insertan a la sociedad ya sea en ámbitos laborales o en el rol de ciudadanos participativos y motores del cambio.



Gilbert Delgado Fernández.
Maestros Constructores de Textos.
(MACOTEX)

"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

Soneto- A LA TROPICAL TINGO MARIA - Segundo A. Vásquez Tirado.

A LA TROPICAL TINGO MARIA


Saludo a Tingo María
con décima voy cantando,
naturaleza alabando
con justicia su valía.


I III

Quiero expresar mi gratitud, Otro turistico lugar
A una acogedora ciudad “La Cueva de las Lechuzas”,
que, en más de una oportunidad, las negras rocas usas
con amor, en su suelo…, tú al andar, hoyos observar,
alojaste mi juventud; ¡cuidado…!, piedras al pisar,
nunca te olvidaría, no te vayas adentrando
recuerdo lo que sentía, búhos cantidad chillando
con sinceridad esbozo en ambiente casi oscuro
en el verso mi gran gozo, con desconocido auguro,
saludo a Tingo María. naturaleza alabando.



II IV

De exhuberante nobleza “Cueva de Las Pavas”, visitar,
verde, animada por mujer, hermoso sitio playero
“Bella Durmiente”, al parecer manantial para el viajero,
nativa, que embelesa aguas limpias para nadar
con real naturaleza disfrutarás al refrescar
en cumbre; observando agradeciendo al día
al simbolo , que asombrando por salud con lozanía;
yace, invita a reflexionar, de la mente brota expresión
da emoción para comentar, ante cueva de vegetación
con décimas voy cantando. con justicia su valía-



Segundo A. Vásquez Tirado.





"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

sábado, 5 de febrero de 2011

“El árbol”, o el visceral deseo de la originalidad narrativa- A propósito de la presentación de la novela en Chiclayo este 18 de febrero en la Alianza Francesa

“El árbol”, o el visceral deseo de la originalidad narrativa


A propósito de la presentación de la novela en Chiclayo este 18 de febrero en la Alianza Francesa
“El árbol” de Miuler Vásquez González

Por Pedro Manay Sáenz



Osado e inteligente resulta el planteamiento narrativo de la novela (¿o antinovela?) “El árbol”, del novelista (¿o antinovelista?) Miuler Vásquez González (San Martín, 1982). Si se dice que no debemos perder la capacidad de asombro de la niñez, también habría que decirse que debemos conservar, siempre, la capacidad de experimentación en la creación literaria. Esto último nos lo recuerda, con bizarra decisión, Miuler Vásquez. Hace poco, leí que el autor atento con su lector no le ahorra trabajo. La novela “El árbol” parece adherirse a esta exigente idea. Conversando con Gilbert Delgado (quien obrará de comentarista en mesa en la presentación de “El árbol” en Chiclayo, el 18 de febrero), brotaba la pregunta: ¿se trata de un libro hecho para el lector común o para el estudio especializado? La verdad, yo, hasta este momento, no tengo la respuesta. Talvez, se anime a aclararlo Miuler el 18 de febrero. Su breve nota biográfica indica que, desde hace algunos años, es ingeniero agrónomo; pero, sobre todo, y “desde siempre, ha vivido para la literatura”. Es cierto. Su libro revela largos años de brega en la “bendita manía de narrar”. “El árbol” constituye, a nuestro parecer, un audaz experimento narrativo que nos recuerda la infinidad de posibilidades de la creación literaria y la capacidad desautomatizadora de la Literatura, siempre abierta a nuevas posibilidades.

Alucinación y ambigüedad parecen ser dos rasgos importantes que debemos precisar desde el principio en esta novela. Parte de la audacia del autor consiste, por ejemplo, en demostrar que no hace falta especificar nombres de personajes ni de lugares para construir un relato (en la pág. 92, expresará el fundamento: “porque eso de poner nombres es de humanos poco creativos” -por supuesto, una aseveración personalísima del autor). Miuler asume como desafío literario -síntoma de su encomiable obsesión por lo radicalmente original-: “escribir un relato que nadie pueda resumirlo, extenso, con marcadas variaciones en cada párrafo y sin basarse en los métodos convencionales que el conjunto de los escritores que pueblan la tierra suelen usar” (pág. 56). En este punto, es necesario ordenar nuestro comentario tratando de establecer algunos apartados en función de los hallazgos realizados.

1) Propuesta de una novela distinta: Que se sustenta en el alejamiento de las características convencionales (de la mayoría de las novelas, al menos). Así, se observa: la ausencia de párrafos, el no uso de nombres de personajes ni de lugares; tampoco hay uso de guión mayor de diálogo; se tiene un epílogo que no aparece, precisamente, al final; y se observan las acotaciones en cursiva del narrador omnisciente. Miuler aboga por una creación libérrima, distinta. Leamos a su entusiasmado personaje cuando proclama la creación de un relato “muy meritorio, sin barreras de la índole que fuese, único en su género, capaz de captar la atención de los lectores desde la primera palabra. Eso es lo que percibo, y créeme, lo está logrando” (pág. 56). Es en esa perspectiva que se produce una especie de desdoblamiento del autor y establece una permanente vigilancia de la dicción y la actuación de sus personajes (que, a ratos, adquieren vida propia y se permiten enjuiciarlo también a él). Todo debe apuntar hacia la originalidad total, puesto que hay un rechazo al novelista en el sentido tradicional: “(…) un escritor del tipo… ¿novelista? ¡No lo quiera la humanidad! Tampoco le permitiré -dice el innominado personaje- semejante abominación, de ningún modo, primero me extermino junto a él y exploto, o más fácil: le pego un tiro y silencio sus dedos. Sí, eso haría, y no es una ostentación ni osadía. Lo digo en serio, ¡entiéndeme!, ¿si tú fueras yo, le dejarías que fuese un vulgar novelista? (pág. 56). Hay, en M. Vásquez, la obsesión por diferenciarse, por plantear algo verdaderamente nuevo. Quiere ser innovador radical. No quiere que lo encasillen; mucho menos que lo incluyan en las taxonomías literarias convencionales. “Ésta no es una novela, ni un monólogo, ni nada que se parezca a algún género literario” (pág. 57). Lo que reitera la necesidad urgente en M. Vásquez de romper esquemas, de renovar (característico rasgo de todo artista -incluso científico- joven, como bien lo explica Scott Thorpe, en su libro “Cómo pensar como Einstein”).

2) Seguimiento del relato: La presencia vasta e insólita del árbol marca grandes tramos del libro. Difícil sintetizar su naturaleza y los hechos acaecidos en función a él. Señálese, al menos, que el árbol era una inmensa casa donde todo objeto era de madera, a excepción de la chapa de la puerta. Pero, el árbol pasó por una metamorfosis que, a nivel de relato, adquiere una perspectiva mágico-realista: el árbol iba a ser cortado; pero, el hombre que lo regaba lloró tanto que, el árbol, conmovido por eso, y luego de cierta conversación misteriosa, amaneció convertido en un grande y hermoso castillo de madera. Pero, es necesario preguntarnos, ¿qué tipo de persona es el gran enunciador del relato, el personaje narrador? Tal es una de las ambigüedades del libro. Una hipótesis sería afirmar que el narrador de todas las cosas insólitas y hasta inverosímiles que se presentan es un hombre alucinado. De su mente febril y seguramente maníaca surge una frondosidad de sucesos, de imágenes, de planteamientos hasta filosóficos sobre una variedad de temas esenciales. Parece un Quijote en delirio, un largo túnel onírico, con tramos incluso estrambóticos; pero que no deja de tener un sentido estético sorprendente. El interlocutor es un amigo siempre receptivo, nunca emisor. Al final, luego que el personal médico sube a la camilla al absorbente narrador, se revela que el tal “amigo” sólo es “un muñeco mugroso y cochino” (pág.115). Y queda más claro que nunca que el protagonista es un paciente psiquiátrico y nos obliga a repensar todo lo leído, y a suponer cuánta mezcla de verdad y de ficción -dentro de la misma ficción narrativa- hay en todo lo anterior; nos obliga a preguntarnos: ¿y los reyes?, ¿qué simbolizan los reyes? ¿Serán distintos yoes o máscaras de alguien? ¿Y la reina infiel?: ¿no es, quizá, una alegoría de su propia esposa? Si el objetivo de M. Vásquez ha sido complicarle la vida al lector, creo que lo ha logrado. Y es que, conforme uno va leyendo, casi automáticamente, van surgiendo las preguntas. Terreno ambiguo. Y, cuando crees tener algunas certezas de lo ya leído, el final te vuelve a mover el piso y caes, otra vez, en la incertidumbre. ¿Volver a leer el texto? Si se quiere dilucidar bien las cosas, habría que hacerlo. En todo caso, tarea para el análisis profundo y deductivo de “El árbol”. Lo nuestro es apenas un comentario.

M. Vásquez muestra una visión personal y distinta de las cosas, casi desde la maravillosa óptica del pensamiento infantil. Por ejemplo, cuando leemos: “Bello era el paisaje (…), no el sol. A propósito, el sol parecía una fruta ácida y podrida sometida a mucho calor” (pág. 18). Puede decirse que, en este singular relato, hay incluso algo de la perspicaz ingenuidad (si se me permite la paradoja) del principito de A. de Saint-Exupéry: “¿Me preguntas siquiera por el cabello del Rey, si es oscuro o castaño, escaso o abundante?” (pág. 18). El desbordado relato del extravagante narrador introduce eficazmente al lector en el extraño y sutil universo arbóreo concebido por M. Vásquez. No es exagerado afirmar que, en “El árbol”, se siente, a ratos, un aire garcíamarquesiano, el que corre en “Cien años de soledad”. Tres pequeñas muestras. La primera, cuando habla del primer Rey; escena notable, talentosa, macondina:

“Lidiando con la realidad, conquistó muchas ilusiones, se adhirió a ellas y su cuerpo experimentó cambios que no pudo descifrarlos más que por un leve período; entonces, a pesar de encontrarse con su malsana identidad, reflexionó y no quiso perderse en ese mundo insano que le rodeaba, aunque supo de antemano que no podía cambiar el rumbo del destino, así le daban a entender los grilletes que aprisionaban sus extremidades, también las cadenas, la andrajosa ropa que traía puesta, el excremento nauseabundo y la comida maloliente que nadaba en charcos de vómito. Sabía que iba a morir ahí. Efectivamente, hasta ese momento nadie se había atrevido a separarlo de aquella propiedad con dueño desconocido .Fue en ese periodo precoz de sabia existencia, que el Rey perdió el control por completo, se tambaleó mil veces, oyó las palpitaciones más que nunca y, esquizofrénico, rabioso, mordió las cadenas, se golpeó contra el piso y arrancó cuanto cabello encontró en su cabeza, se desgarró la piel, se mordió los brazos y exclamó con furia que no era humano” (pág. 19-20).

Esta segunda muestra, nos hace evocar la peste del olvido (en la misma obra de García Márquez). También se refiere al primer Rey:

“¿Qué en qué momento había llegado a tal extremo? No lo sabía porque había perdido sus recuerdos” (pág. 20).

Y la tercera muestra nos recuerda a los varios personajes Buendía, que pueden confundir al lector (y que ha sido motivo de esforzadas genealogías). Cito:

“Bueno, se me ocurre, para evitar confusiones con los reyes postreros, llamar al Rey que quiso apropiarse del árbol y murió dentro de él, el Primer Rey; al siguiente, el Segundo Rey, y así seguiré. ¿Estás de acuerdo, amigo? Bien. La estirpe del Segundo Rey era numerosa” (pág. 26).

Una escena importante refiere acerca de la infidelidad de la reina (tema crucial y clave en toda la novela -la infidelidad conyugal-, ¿posible causa o detonante de la demencia del protagonista?). La poliandría de la reina acongoja al príncipe cuya psicología, en tal circunstancia, tiene algo de Hamlet y de Segismundo. A la muerte del primer Rey, el príncipe asume el mando con actitud insospechada.
Puede decirse, en este tramo, que parte del atractivo y magia de este atípico relato se sustenta en una doble perspectiva del narrador: la del adulto analítico y culto, y la del niño silvestre y fabulador.

En las páginas 21 y 22, el tema de las emociones y la sensibilidad (otro tema esencial en “El árbol”, que nos induce a afirmar que estamos ante una novela psicológica) comienza a adquirir gran importancia. Luego, vendrán muchas más alusiones al tema. Una de ellas se refiere a las escenas del niño en su relación conflictiva con el padrastro y con el medio hermano que, al principio, no acepta ni quiere. Después, la escena de la burla que hacen los policías del mismo personaje ya casi adolescente. Es decir que el plano emocional, en esta novela, tiene un valor fundamental, lo que permitiría un análisis psicológico del texto.

Luego de la muerte del primer Rey, la reina ya no fue la misma mujer de antes, talvez agobiada por la culpabilidad, y -por el contrario-, en el príncipe, aparecieron deseos de grandeza. En esta parte, M. Vásquez desliza el tema del poder: “Sin duda, el poder era más fuerte que todos los sentimientos dirigidos, ella lo sabía” (pág. 23).

Por otro lado, hay que decir que M. Vásquez logra la creación de ambientes oníricos fantasmales y despliega impactantes descripciones que parecieran extraídas de los filmes “Más allá de los sueños” y “Ghost”. A ratos, se condensan acciones y sucesos insólitos, que refuerzan nuestra idea de semejanza con el espacio novelesco macondino. Breves ejemplos: “(…) este paisaje que, a cada segundo, se volvía más macabro”. “Traía una joroba muy grande y reía a voces llenas” (pág. 35). “Su cuerpo contaba con cicatrices de centenares de amores, todos muy malos, amantes que la usaron y la dejaron olvidada” (pág. 36). A esto mismo, talvez abonen también las páginas 41 a 44, donde el autor extiende una original ficción creacionista.



En las págs. 47 y 48, ocurre uno de los hechos más intensos: el enfrentamiento del 4to. Rey (que aparece como un ser extraño e intimidante) contra un asustado grupo de gente. Leamos un fragmento:



“(…) un rayo fulminante de locuacidad le hizo resplandecer aún más y, excitado ante su claro proceder, se detuvo y quiso hablarles; pero su voz no se anunció conforme, por el contrario, sonó a graznidos incoherentes. Volvió a intentarlo, les hizo señas con las manos tratando de explicarles que buscaba un árbol, insistió en su cometido, cantó como sabía para agradarles y, en vano se esforzó. Los rostros le miraban con temor, anonadados, no fuera que se le ocurriese matarlos a todos, incluyendo a los niños. Podría ser, qué no veían que no era humano, qué no se daban cuenta de que quizá, esa cosa de enfrente representaba un castigo por lo mal que se portaban… “¡Tonterías!”, apagó una voz los comentarios, “¡matémoslo!”… ¿Qué si lo mataron? No habrían podido aun si todas las manos presentes le hubiesen asestado golpes al unísono, sólo que eso no llegó a suceder sino que, estando el Cuarto Rey acechado por hombres embravecidos y armados con palos, consciente de que trataba con seres inferiores, huyó a toda prisa, con rumbo ascendente, en dirección hacia la frondosidad más tupida y el monte más alto. Avanzó abriéndose paso con su propia luz, derribando en su andar la maleza y árboles menores, sin herirse con las espinas, sin cansarse. Su fuerza era mucha, (…)”.

El enfrentamiento entre el 4to. Rey y la muchedumbre nos lleva al tema de la oposición realidad extraña vs. realidad común, lo monstruoso vs. lo humano. Conmovedor resulta imaginar al ser diferente, poderoso, esforzándose por congraciarse con los humanos; empero, éstos no resisten la diferencia. Y lo rechazan. Y pretenden eliminarlo. ¿Alegoría, en el mundo del arte, a la obra distinta? ¿No es la masa la miopía de los críticos que no alcanzan a reconocer el valor de una obra entrañablemente nueva como sucedió con la poesía de Vallejo? Podría decirse, igualmente, que el 4to. Rey parece un símbolo del artista. En todo caso, análoga situación con la de otros seres extraños y despreciados en la ficción literaria como Quasimodo, Hans el Erizo, el Minotauro (que Cortázar se encarga de reivindicar) o, en el cine reciente, el ogro Shrek.



Resulta un poco extraño -en cuanto se manifiesta una reiterada visión pesimista acerca de la humanidad- encontrar en el mundo arbóreo de M. Vásquez una visión favorable de la esperanza, como si fuera una fuerza mágica. Dos citas al respecto: “De no ser por la esperanza que ardía en sus venas (que le había dotado de fuerzas desproporcionadas) habría muerto ahí mismo, de hambre o de sed” (pág. 49). “(…) este Rey, siguió con vida, porque resplandecía de esperanza, porque su sangre llevaba ese fuego vivificador” (pág. 53).



Asimismo, es significativo el hecho de que este 4to. Rey, de atacar a un ser humano (ganas no le faltaban, dice el narrador), “se contaminaría de por vida”. En cambio, consideraba a los animales como algo sagrado, aunque, cuando lo decidía, podía eliminarlos; eso sí, con el menor sufrimiento posible. Su rechazo a los humanos es tan fuerte que expresa: “Nunca más cerca de ellos”; y mantiene su decisión de vivir: “lejos de toda civilización, a expensas del ancho y majestuoso peligro” (pág. 50).

 
De cuando en cuando, el narrador omnisciente indica que se escuchan, amenazadoras, las sirenas policiales. Al final, sabremos que se trata, más bien, de la sirena de una ambulancia.

El protagonista, reiteradamente, indica su rechazo al sentimentalismo y su defensa de la sinceridad. “Sin pena, nosotros no somos como esa otra mitad con corazón que está del otro lado. No nos parecemos a ella que finge, que vierte comentarios benéficos para llevarse bien con los demás”. Y es que el protagonista aboga por la sinceridad a fondo, la de los niños y los locos (lo que se corresponde, obviamente, con la condición del personaje). Sinceridad que extiende al ámbito literario: “(…) te lo diré sin mediar las consecuencias, dice “me pareció tierna tu historia” encontrándola ridícula. Sí, amigo, así es como vive -esa otra mitad con corazón-, fingiendo. Y cuando le vuelve a ver, de nuevo: “he leído todos tus cuentos y cada uno me parece excepcional”. Así le dice” (pág. 51).

Se encuentra, poco después, una alusión a la Totalidad o a lo que se denomina Campo Unificado: “Todo, absolutamente todo, está relacionado entre sí” (pág. 51). Como también alude a la lucha interior entre razón y pasión (que pocos como el sabio-poeta libanés Gibrán han resuelto muy bien, poética y filosóficamente, al menos). Hay, incluso, una breve, pero no menos importante referencia a la meditación.

Poco más adelante, aparece una interesante reflexión metafísica acerca de la vida y la muerte (pág. 53). “Vivir, morir, soñar: ¿dónde estaba la diferencia?”. Y otra vez, la evocación a Hamlet. Y, asimismo, la contradicción entre artista y hombres comunes (u hombres no artistas, en todo caso).

El 4to. Rey aparece como un lobo estepario hessiano. Encontró su árbol anhelado (¿en sueños?); pero, no le bastó: “¡Seguir, encontrar otras cimas, perderse en las montañas! (pág. 55).

Conforme avanza el relato, van brotando mayores evidencias de la anormalidad del protagonista. Repentinamente -como psique bipolar-, se siente pleno de entusiasmo, de euforia y plenitud de facultades: “El talento me abruma. En este estado de excitación tan fascinante que me encuentro, podría volver a entregarme a la justicia y disfrutarlo. Sí que lo haría; pero no temas -le dice a su enmudecido amigo, que ya sabemos que es un simple muñeco-, no lo haré jamás: prefiero estar cerca de ti” (pág. 58). Se ha de inferir, con los datos posteriores, que la tal justicia no es otra cosa que el hospital psiquiátrico y que las sirenas corresponden a la ambulancia. Sorprendente -y hasta cierto punto, enigmático- resulta el nivel de profundidad que logra M. Vásquez para recrear la mente perturbada de su personaje. Pareciera que su profesión no fuera la Agronomía; sino, más bien, la Psiquiatría.
Se reitera que, a lo largo del relato, se muestra una relación casi conflictiva, insólita, entre autor y personaje. Éste parece resistirse, heroicamente, a ser un simple monigote manipulable, sin albedrío.

A veces, el relato adquiere la surrealista atmósfera de la película “Alicia en el país de las maravillas”, recordándonos la excéntrica psicología del Sombrerero, en la genial interpretación de Johnny Depp. ¿Es “El árbol” un elogio de la locura? En todo caso, sería también, una apología de lo diferente. En ese sentido, el narrador afirma categóricamente: “(…) sin imaginar que en esos “Locos” hay felicidad y encanto. En ellos, déjame decirte, no hay preocupaciones; en ellos, el dolor es un escape experimental, dulce, agradable…” (pág. 61).

Otro aspecto importante es la oposición mundo real/ mundo imaginado y humanidad/personajes literarios: “Me estoy refiriendo, evidentemente, a los que pueblan el otro lado de estas páginas. Nosotros, por el hecho de estar aquí adentro, estamos excluidos” (pág. 61).

Una pregunta que dejamos para los lectores, y para nosotros mismos, es ésta: ¿Qué representa el árbol, finalmente? ¿Es el cuerpo? : “No hay más que decir; nuestro árbol ha sido regado. Es uno grande, privado, infinito y absurdo, de esos que llevamos con nosotros a todas partes. Hay reyes dentro de él, espacios de maldad diseminada, corazones…” (pág. 63). ¿Y los 4 reyes? ¿Acaso son 4 yoes? ¿Nuestro alucinado actante es un hombre con personalidades múltiples? Téngase en cuenta, por ejemplo, que el 4to. Rey era el favorito del protagonista del relato, quien llega a decir: “Se parecía mucho a mí”. Era “bien parecido, luminoso, inteligente, prudente, soñador, grande en perspicacia, sensible a la naturaleza, fuerte… Era como yo, no hay duda de eso” (pág. 47).

Pero, en “El árbol”, hay también una preocupación por la búsqueda de la ecuanimidad -ideal budista- y de la objetiva percepción del mundo exterior, cuando habla, reiteradamente de no-emociones o como cuando expresa, por ejemplo: “Él percibió los sonidos sin enojo, neutralizado en sus pensamientos, e igual pareció no desconcertarse ante un posible acercamiento de algún congénere suyo” (pág. 68).



En la pág. 70, encontramos el recuerdo de una intensa y triste vivencia familiar, que nos hace recordar las profundas penalidades de Zezé, en “Mi planta de naranja-lima”, de Mauro de Vasconcelos. Aquí, Miuler, obsesionado por ser un narrador diferente, y en su afán ya no sólo de ser un eficaz narrador omnisciente y desdoblado, sino además de querer controlarlo todo, se toma la licencia de increpar al propio lector (al que siente como una especie de intruso en la revelación de aquellos sentimientos encontrados): “Dentro de sí, algo nuevo acababa de descubrir, un hallazgo que le hacía sentir muy raro… ¡No interrumpas, lector!, no me refiero al amor” (pág. 70). El narrador omnisciente agrega: “Su semblante siguió siendo el mismo -el del personaje-, salvo que, en el otro lado -en el autor- creyó percibir lágrimas” (pág. 70).

Posteriormente, M. Vásquez muestra algunas realidades del conflictivo amor humano y el deseo. Así, en la pág. 71, hay una escena de juventud: el personaje, la novia y el deseo de aquél por la empleada de casa. Más adelante -en la continuación de diversos flash backs-, el personaje evoca a su padre y recuerda la casita de tablas mal cepilladas que le hizo, antes que el padre decida alejarse. Otra de las incógnitas del relato que el lector debe resolver es la referencia a ciertas “Proezas”.

En otra parte del libro, hay una curiosa referencia a la mujer: “(…) la hembra (dijiste hembra, no mujer) tenía cierta validez como portadora de estímulo sexual y médium reproductivo, pero que en definitiva no servía para nada más que no fuera incomodar la paciencia” (pág. 74). Por supuesto que, en el personaje alucinado, a la luz del psicoanálisis, podría hallarse una animadversión de orden psicosexual; en todo caso, asociable a su conflicto de pareja en torno a la infidelidad.

Más adelante, aparece una escena en la que, según parece, el personaje es encontrado por personas que lo andaban buscaban. Pero, logra escapar, llevándose consigo a su “amigo”. Debido a ello, en un instante de consciencia supranarrativa, el personaje explica que los quisieron sacar de la historia para llevarlos a un hospicio, torturarlos con preguntas y encerrarlos. ¿Por qué?: “Fue porque del otro lado, una mano los puso al tanto. No le gustó que hablara de su tesoro delante de ti” (pág. 76).

A estas alturas, el relato comienza a adquirir una forma distinta a todo lo anterior. Las cosas se van definiendo y la ambigüedad narrativa del comienzo va quedando lejos para dar paso a un final esclarecedor. Entre otras cosas, el personaje anuncia un epílogo que no será propiamente un epílogo (puesto que la consigna es lograr un texto realmente original): “(…) lo que viene es el epílogo. Un epílogo que no tiene título, naturalmente. Esa semana (estoy empezando ya), fue la peor de su vida” (pág. 77). Viene, luego, el irritante incidente con los policías (nos viene aquí la pregunta de índole psicológica: ¿no es la sombra fantasmal, de origen traumático, de esos policías los que siente el personaje como posteriores perseguidores, en su distorsionada percepción de la realidad, cuando confunde la sirena de la ambulancia con la sirena “de las patrullas policiales?). Siguen, después, otras evocaciones familiares, como un fin de semana fatal y la drástica solución al problema del estreñimiento, que motiva uno de los pocos instantes de humor en el libro como cuando se acuña la hilarante frase (que alude al personaje): “ha venido a visitarnos el cagoncito” (pág. 82). Después, viene el fin del inusual epílogo: “Fíjate que el epílogo concluye con una parte que no es en sí el término de la historia -confirmación de su atipicidad-, sino un fragmento de ella que quizás es intermedio” (pág. 83). En líneas siguientes, encontramos una alusión a la paz interior (pág. 84), que es un tema fácilmente asociable a la no-emoción y a la no-sensibilidad que ocupan varios momentos del libro. Por otro lado, aparece, en varios momentos, la gravitación (otro enigma por resolver) de la flor destruida (¿el tema de la belleza y la muerte?). Así también, viene una larga escena en la que se habla del matrimonio del personaje, del placer, de la ausencia de hijos, y del surgimiento del “mayor monstruo, los celos”.



Ya en la nueva tónica del relato, como hemos advertido, el libro atrapa en un ágil relato de escenas de celos y broncas entre personaje y esposa, como la cita de ésta con un tipo rubio. Subrayemos el cambio evidente en la atmósfera narrativa y en la temática. Toda la rica y sugerente ambigüedad de temas y situaciones anteriores adscritas al realismo mágico ceden el paso a una casi corriente -pero de igual valor narrativo- historia de casados clase medieros con sus conflictos y angustias de infidelidad y celos y con la típica intromisión de la “mocita impúdica, de buenas piernas, pezones nacientes y desmedida sensualidad”. Sin embargo, esta parte de la historia es de gran importancia por cuanto esclarece varias cosas (dejando algunas otras en el terreno de las hipótesis). Una probable certeza es que el personaje enloqueció por celos. Y que, en su locura, llevó a su mujer al ya mítico árbol, donde la ponderada flor (enigma por resolver), cual bálsamo o panacea, derrotaría las maldades del mundo y donde podrían alcanzar armonía y paz. Lo intrigante del relato sigue siendo la voz del personaje narrador que asume ser una mitad y que se considera externo al esposo enloquecido. Más misterioso aún, que esa voz afirma ser el personaje que regaba y cuidaba el árbol. Nosotros asumimos que son dos yoes del mismo personaje, especie de escisión de la personalidad (clínicamente hablando: esquizofrenia). El final del libro es emocionante, puesto que todo desemboca en una posible solución feliz. Se aclara que el amigo es un pobre muñeco y que el esposo entra a un sanatorio y es bien cuidado por parientes y familiares. Y que, a la manera de actividad catártica y terapéutica, se pone a escribir, febrilmente, tecleando una vieja máquina de escribir. El otro yo, o la otra mitad -supuesta- del personaje se integra en uno solo: “Finalmente, el delirio, que le llenó de suspicacias en el último tramo de su caída, le hizo suponer que volvería a unirse con su otra mitad ya cuando éste reposase sobre una camilla con destino a una clínica y que, aquel encuentro, serviría para desprenderse de sus emociones y dejarlas en ese cuerpo que luego despertaría sano, victorioso, con su obstinada esposa viva y seres queridos al lado, bienaventurados de verle resuelto y cuerdo… (pág. 115). Melancólico desenlace que invoca la cordura y el cese no sólo de la lluvia, sino también de los laberintos de la mente y de toda laya de sombras fantasmales que pueblan una psique dolorosamente alucinada. Nos recuerda la culminación de “Don Quijote” y esa extraordinaria película titulada “Una mente brillante”, basada en la historia real del Nóbel de Matemática, Prof. John Nash.

El final nos permite afirmar que el deseo de negar las emociones no era sino un mecanismo de defensa que consistía en evitarlas puesto que el sufrimiento había sido mucho. Asimismo, el árbol parece constituir -haciendo falta aquí el psicoanálisis- un símbolo de refugio del personaje, un espacio de evasión de los problemas y las penas del mundo. Otra incógnita que nos queda es si la esposa no sufrió daño alguno de parte del esposo, habida cuenta de la condición mental del mismo. El final del relato nos remite al comienzo, circularmente. Las últimas páginas, al dar nuevas luces, nos plantea la necesidad de repensar la lectura tomando en consideración los factores causales que estaban relativamente ocultos. Todo ello nos conduce a pensar que la concepción de este relato ha sido bastante inteligente. Talvez, habría que visualizar el libro en términos de un filme. Sería apropiado para facilitar su comprensión. Los datos escondidos y las elipsis del cine son más inteligibles que las de un libro. Congratulaciones a Miuler Vásquez. Aplaudamos este brillante esfuerzo y vaticinemos nuevas y aún más sorprendentes novelas (¿o antinovelas?).


3) Recursos narrativos:

a) Desdoblamiento: Empleo este concepto para referirme al hábil -y no fácil- recurso de M. Vásquez de establecer y administrar narrativamente varias voces: la del narrador denominado omnisciente, la del personaje alucinado que cuenta casi todo, la otra mitad de éste, el amigo que nunca habla, el que “está al otro lado”. Lo interesante de esto es que el protagonista, como ya dijimos anteriormente, es consciente de que hay alguien que dirige la historia, hecho que se constata en varios momentos de la novela, siendo uno de los más sensibles el momento (en el tramo final) en que tal personaje, junto con su entrañable “amigo”, siente que iban a ser sacados de la historia. Como es de suponerse, el recurso de tener personajes que asumen su dependencia del autor, no en un cuento, sino en una novela, exige una lucidez y una vigilancia permanente durante el proceso de creación. Nos recuerda, por ejemplo, a “El Mundo de Sofía”, de Gaarder. Creo que éste es un aspecto resaltante en el trabajo de Miuler. Muestro algunas citas al respecto:

“¿Que qué podemos hacer entonces? Tú nada; yo sí. Lo que haré, tenlo en cuenta, es por iniciativa propia, ¡nadie me está obligando!” (pág. 52).

“En suma, lo que intento explicarte, y aquí es en donde él -el autor- interviene con su lógica para no perderme, es que no creo que los protagonistas de novelas sean felices, cómo podrían, si tan sólo son monigotes manipulables, carentes de albedrío…” (págs. 56-57).

“Me parece que la ilación de ciertos episodios no está del todo conforme y creo que redundo en algunos hechos. Qué con eso” (pág. 57).

“¿Ahora qué? “Usted, monigote, tiene pendiente una reseña”, pareció escuchar. La voz, en todo caso, pudo haber venido de un lugar fuera de su alcance. Al final la dejó de lado, y habló: Te seguiré contando del Cuarto Rey” (pág. 60).

“Su semblante siguió siendo el mismo, salvo que, en el otro lado, creyó percibir lágrimas” (pág. 70).

He aquí un claro reproche al autor:

“(…) sin embargo, todo es posible para tus dedos rápidos, que teclean sin parar letra por letra, hasta activarnos los humos como se dice, y extendernos al precipicio tal cual desenlace que no se detiene ni marca distancias” (pág. 75).

En la siguiente cita, se siente el reclamo del personaje y, al parecer, un conato de confrontación con el personaje autor.



“Trataron de sacarnos de esta historia y llevarnos a un hospicio, torturarnos con preguntas y finalmente matarnos con el encierro. No les iba a permitir, de ningún modo, al menos no, porque primero debes saber lo que está sucediendo allá afuera, en el mundo que los humanos llaman real. ¿Qué por qué intentaron capturarnos, que cómo supieron dónde estábamos? Fue porque del otro lado, una mano los puso al tanto. No le gustó que hablara de su tesoro delante de ti. Y dirigiéndose a ningún lado, mirando en todas direcciones: ¡Está bien, no hablaré más del asunto! ¿Callaré para siempre! Dichas estas palabras, le volvió la cara a su amigo, guiñándole un ojo con la intención de hacerle entender que lo último que había dicho era mentira” (pág. 76).

Hay un instante en el que el personaje parece fundirse con el autor, además de esclarecerse quién es (o sería, al menos) el misterioso ser “que está del otro lado”:

“(…) por el bien del personaje que de hecho no gustaría de leerse dado a que es la misma persona que escribe y que está del otro lado” (pág. 86).

b) Preguntas y comentarios empáticos con el lector: M. Vásquez hace, preventivamente, las preguntas y comentarios que se puede estar haciendo el lector, gracias a una perspicaz empatía. Uno dice entonces: carambas, este autor está atento no sólo a su relato, sino también a mí, el lector. Ello reaviva la historia y genera más interés. Ejms.: “¿Por qué te ríes? Miró a su alrededor (…) Cómo es posible que te parezca graciosa mi historia, para nada lo es. No lograrás mentirme, sé por qué te ríes. Lo haces porque crees que trato de impresionar a alguien”. “(…) y no creo, esto es lo más importante, que sea un cuento infantil mi relato” (pág.20). “Él imagina a sus probables lectores leyendo una historia desviada del tema central, y no quiere llevarse mál con ellos…” (pág. 52).

c) Las acotaciones en cursiva: Valioso elemento en el discurso narrativo de “El árbol”. Es, casi, el único medio que tiene el lector para captar algo de información del espacio novelístico planteado y de los personajes. Obviamente, M. Vásquez recurre a la opción cursiva para descomplejizar en parte la lectura. No haberlo hecho hubiera complicado más el texto, habida cuenta que no hay guiones de diálogo ni sangrías ni párrafos; sólo un kilométrico discurso que, como un caudaloso río, arrastra todo lo que llega a su cauce. Las acotaciones en cursiva son la voz del narrador omnisciente.

d) Uso de las funciones apelativa y fática del lenguaje: En tanto, el protagonista está siempre intentando tener una comunicación óptima con su “amigo” y, por si fuera poco, hace alusiones al lector (no siempre gratas, por cierto). Ello permite mantener la fuerza y la vivacidad de la enunciación estimulando eficazmente la continuación de la lectura.

e) Alusiones irreverentes al lector: “Entiendo que los lectores, si siguieran al pie de la letra mis últimas palabras, creerían eso que acabas de decirme, con algo de razón, pero tú, que no eres de la calaña de ellos , ¿te atreves a insinuarme semejante aseveración?” (pág. 45).

f) El interlocutor mudo: Éste es un recurso bastante hábil dentro de “El árbol”. Sin él, hubiéramos tenido un monólogo seguramente tedioso. El “amigo” (que, al final, se descubre que no es más que “un muñeco mugroso y cochino”) tiene una importancia vital en la obra. Gracias a él, el protagonista alucinado puede exteriorizar todo su discurso. Por supuesto, en la mente de éste, el muñeco aparece como un hombre de carne y hueso. Es el personaje-ayudante que posibilita la realización del diálogo monologante. Parecido al recurso de los diarios personales, donde hay un supuesto oyente (aunque en el diario, la decisión es consciente). De manera que la percepción anómala del protagonista es un factor primordial para la gestación del relato. Cuestión que no deja de tener una dimensión bastante humana y que nos remite a otros textos -literarios y cinematográficos- en los que la alucinación de un personaje es el origen de sucesos y discursos extraordinarios e impactantes (además del Quijote, recuérdese, por ejemplo, “El Licenciado Vidriera” o, en el cine, a “Una mente brillante” o el viejo capítulo aquel de Malú Mujer, donde un cordialísimo loco genera ideas novedosas y libertarias, hasta que lo vuelven a internar. Y hasta nos hace recordar las historias de varios artistas, como Van Gogh, verbigracia (en las dos versiones que hemos visto acerca de él, una de ellas, con la notable actuación de Kirk Douglas). Todo lo cual nos conduce a pensar que, de pronto, “El árbol” puede constituirse en una original y valiosa obra que hace reflexionar acerca del abrumador tema de la locura, que no es otra cosa que reflexionar sobre la humanidad entera y el sentido que ésta le otorga a la Vida.

g) Constante y explícita evaluación del relato:

“(…) no le gustó esta palabra para reiniciar el enlace de lo que venía contando, porque antes ya la había utilizado varias veces; sin embargo, ya nada podía hacer” (pág. 86).

“(…) y que se llamaba “Whisquería Ir…” (La segunda palabra era una relativa al nombre de un país europeo. Como te habrás fijado, no hay nombres ni de personas ni de ciudades en ninguna parte de estas palabras que he vertido a lo largo de estas horas que estoy contigo; es por ello que no pongo el nombre de esa ciudad (…)” (pág. 92).

4) Temas abordados: Aunque en variada proporción, y como valiosos ingredientes del inquietante discurso narrativo de esta novela, el autor despliega visiones personales acerca de temas esenciales como: la naturaleza humana, el poder, las emociones y la sensibilidad, la infidelidad, la locura, la mujer poliándrica, erotismo, la muerte, la creación y el universo, la ecología, el miedo, naturaleza/civilización, lo insólito/lo normal, exploración interior, innovación radical de la narrativa, lo excéntrico, relación niño-madre-padrastro, el conflictivo amor de pareja, el deseo, los celos, las huellas psíquicas de las experiencias de la niñez.

5) Visión desencantada de lo humano: A lo largo del libro, M. Vásquez -personaje de por medio- expresa libremente un conjunto de apreciaciones acerca de la humanidad. En general, el enfoque es desalentado, casi amargo. Por supuesto que es el pensamiento del protagonista del relato. Pero, ya que el autor interactúa con sus personajes, asumamos, también, nosotros que aprovecha a su elocuente “monigote” para decir sus propias verdades. El libro, a veces, resulta bastante duro con la humanidad. Algunas muestras:

“¡Que por qué los humanos no quieren ser humanos?... A ver, déjame pensar, debe de ser por miedo, o por alegría, o por sentirse disconformes, sí, eso es, el no estar conformes nos abre una alternativa para inmiscuirnos en los defectos de los demás (…)” (pág. 17).

“Creyó que una razón fundamental para dejar de querer ser humanos implicaba olvidarse de todas las emociones” (pág. 19). El personaje ha pasado, y sigue pasando, por una realidad afectiva dolorosa. Es la causa del rechazo a sus emociones. Parecido a las mujeres que no quieren saber nada del amor porque han vivido una experiencia sentimental traumática. Tiene lógica.

“Soy humano, los humanos sí lloramos, somos sensibles” (pág. 19).
“Tú no tienes la culpa, esto nos pasa por tratar de explicar la compleja existencia de los seres humanos, además, para qué hacerlo si nadie lo entendería” (pág. 18).

“(…) y te encuentras a expensas de un campo abierto lleno de humanos (…) (pág. 45).

Puede establecerse una semejanza de valoración de lo humano con el polígrafo Marco Aurelio Denegri, quien, en cada ocasión que puede, no disimula su visión pesimista de la humanidad. O, hasta nos trae el recuerdo de la mordaz idea de Mark Twain: “A mi edad, cuando me presentan a alguien, ya no me importa si es bueno, malo, rico, pobre, negro, blanco, judío, musulmán o cristiano. Me basta y me sobra con que sea un ser humano... Peor cosa no podría ser".

“No es de extrañar que los humanos no pudieran mejorar sus vidas, nunca lo podrán. Ellos son así, despreocupados del porvenir; de no ser como son, se hubiesen preocupado por aprender, pero no, ellos prefieren dedicarse a buscar técnicas difíciles para vivir. Para comer, dormir, hacer algo placentero, por ejemplo, hoy requieren de grandes esfuerzos. Sufren, cómo sufren. Y las guerras, del mismo modo, son alicientes de grandeza, ¡pobres humanos, tontos!” (pág.36). Éste es uno de los cuestionamientos más interesantes que hace “El árbol” acerca del hombre. Critica la artificialidad de la vida, la falta de previsión para el futuro y el perverso objetivo de las guerras. Cierto que son las palabras de un personaje alucinado. Pero, en Literatura, las ideas de los locos son, con frecuencia, las más lúcidas.

También se cuestiona el cuasi genético mal hábito de juzgar (que Deepak Chopra recomienda tanto combatir a fin de tener una percepción realmente objetiva de la realidad):

“Creen tener el derecho de juzgar a los demás” (pág. 45).

Talvez, la que sigue sea una de las críticas más directas de “El árbol” al género humano (aunque debiera ahondar el análisis y descubrir las raíces más hondas del problema, que no es de orden ético solamente; sino, también, económico y político):



“El único que arruina esta civilización perfecta es el hombre: él es quien verdaderamente destruye, por placer; él quien persigue y mata sin sentido; (…) es quien altera la conformidad de la existencia” (pág. 46).

“(…) mejor se enfrentaba al cansancio, a la desesperanza, al infortunio; estos eran sus verdaderos enemigos, no los humanos insignificantes, que poco valían para que les diera importancia” (pág. 48).

“Para los humanos comunes, claro, vivir significaba respirar, alimentarse, vestirse, fornicar, pelearse…” (pág. 53), diagnóstico bastante similar al de la filosofía Hare Krishna; pero, no coincide en oponer el ideal espiritual de estos. Más exactamente, el narrador indica que: “(…) para él, de sangre real, inconforme, superior a ellos, vivir no era más que un estado de transición” (pág. 53) (interesante concepto, aunque no indica hacia dónde o hacia qué estado superior). Lo que sí deja entrever es la posibilidad de la perfección humana: “(…) a no ser que, como seguro ocurrirá, me encontrase con el humano más perfecto de esta tierra. Entonces sí que echaría por el suelo sus palabras escritas, y le haría pedazos, yo sé cómo. Lo destrozaría, sin que importe mucho (dado que su corazón es en parte mío), el que yo muera en el trayecto” (pág. 54). Por supuesto, el hombre no es perfecto; sí, perfectible.

“¿(…) no le expresaste con aires de superioridad tus conceptos sobre la razón de ser de los humanos, que a tu entender te ponía por encima de ellos (…)?” (pág. 74).

“(…) la sinrazón que conforma esta sociedad” (p.80).



M. Vásquez siente el apremio de enjuiciar críticamente a la humanidad, a la sociedad, por toda la crisis mundial que se vive (en todos los planos: ético, político, educativo, ambiental, ideológico, etc.). Pareciera una paradoja esta visión pesimista -digamos, mejor, realista- en un autor que no alcanza aún los 30 años (la “funesta edad de amargos desengaños”, como decía L. A. Sánchez); pero, es, en todo caso, una crítica sincera. Talvez, con el paso de los años, Miuler -junto con sus personajes- se reconcilie, parcialmente, siquiera, con la humanidad (al menos, con el sector honorable de ella). En todo caso, vale recordarle la frase del mexicano José Vasconcelos, que solía citar Mariátegui: “Pesimismo de la realidad; optimismo del ideal”.

A manera de conclusión:
Hemos querido exponer algunos breves hallazgos y expresar ciertas ideas que, quisiéramos, motiven la lectura del interesante trabajo de M. Vásquez, quien parece estar en camino a convertirse en algo así como “El iconoclasta de la narrativa peruana actual”. Reafirmamos nuestra hipótesis en el sentido de que “El árbol” testimonia una obstinada y valiente decisión de originalidad narrativa. Exploraciones textuales más profundas y más autorizadas quedan ya para ulteriores momentos y para lectores -como diría Scorza- más zahoríes.

Concluyamos diciendo que “El árbol” muestra una respetable y valiosa capacidad de fabulación, y un lenguaje con identidad propia, que revela tiempo y trajín en el oficio. Congratulaciones a Miuler Vásquez González. Aplaudamos este brillante esfuerzo y vaticinemos nuevas y aún más sorprendentes novelas (¿o antinovelas…?). Como fuere, que al árbol miuleriano, se sumen muchos más. Para que surja, como dijo Heraud, “un bosque de latidos y esperanzas”.


Desde Chiclayo, a 4 de febrero del 2011,
en el Año del Centenario del nacimiento de José María Arguedas.
Pedro Manay Sáenz





"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant