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lunes, 4 de julio de 2011

ENTRE LA TIRANÍA Y LA FELICIDAD- Discurso de presentación del libro De Papel o de Madera - Por: William Smith

Discurso de presentación del libro De Papel o de Madera
ENTRE LA TIRANÍA Y LA FELICIDAD

Por: William Smith

Escribimos por que hay en nuestros dominios internos una necesidad de urgencia que se parece más a la angustia, que a un placer humano de este u otros mundos. Por que como los fantasmas, los poemas, los cuentos, los relatos, los artículos, los ensayos, aparecen a cualquier hora y en cualquier lugar, y nos reclaman hacerlos tangibles en una realidad que es propia e íntima y que más pronto que tarde ha de pasar a ser colectiva y pública. Porque como los súbditos de un rey antiguo, hemos de levantar enormes e innumerables castillo de palabras que se han de convertir muy rápido en historias que nos dejarán descansar sólo después de haberlas entregado a nuestros posibles lectores. Y es que la literatura tiene, precisamente, esa naturaleza autoritaria, despótica, absolutamente imperiosa, haciendo de los escritores los seres más subyugados de la tierra, los entes más sometidos de entre todos los entes que pueblan la humanidad. Por eso tenemos, debemos, despóticamente también, que publicar. Por que sólo así nos vemos, nos sentimos, libertados, excusados, redimidos, de ese absolutismo voluntario que es la literatura. Por eso, a aquella angustia, a aquellos fantasmas, a todos aquellos castillos de cientos y miles de palabras, los convertimos, los cristianizamos, en libros. Por eso, amigos y amigas, los escritores tenemos que publicar: para despojarnos de la servil condición a que nos somete la poesía, la literatura. Sólo de esta manera, es decir, entregando a las gentes nuestras obras, nos hacemos libres y capaces de seguir en la vida sin culpas, sin rencores, sin conflictos para poder entender la posibilidad de la existencia de la felicidad. Por que la literatura, también, posee ese grande encantamiento que únicamente puede ser comprendido a través del acto o el hecho creador, que nos ofrece el estado mayor de toda condición humana y sobrehumana: el sentir el estupendo prodigio de la realización y la placidez intelectual.



Es por eso, y no por cualquier otra razón que hoy, en esta noche, les presento mi De papel o de madera, una obra que reúne -creo yo- todo lo posiblemente rescatable de esta tiranía y felicidad en las que durante poco más de 25 años he lidiado en contra y a favor de la literatura. Sólo para honrar a ésta y para reivindicar mi propia condición de escritor. Por su parte, esta obra contiene 7 poemarios: Esotra Guerra, Libro del mismo amor, Poemográficos y Otros poemas, que hacia el año 1997 reuní y publique con el título general de Libre invención; De una nueva estación y otros poemas de amor, Reencuentro y otros motivos de amor, que son inéditos hasta antes de esta publicación; El parque está lleno de fantasmas y otros poemas, que ya fue publicado en el 2004; asimismo tres cuentos cortos y un relato más o menos largo con los cuales participé en algunos concursos y que benévolamente fueron acogidos y premiados; 35 artículos periodísticos y 5 ensayos que son las consideraciones críticas de obras de poetas, escritores, compositores y otros artistas coleccionadas bajo el título de De papel o de madera; y finalmente una pequeña obra de teatro titulada Para qué la navidad, por la cual guardo un cariño especial por tener ésta una temática que va muy de acuerdo con mi expresa fe cristiana.



Finalmente, ¿Por qué De papel o de madera? Simbólicamente el papel representa a la poesía, y la madera a los otros géneros retóricos que se abordan en esta obra general. Significa la relación misma que he venido sosteniendo, a través de los años, con las desiguales formas de crear, de escribir, y que muestra de muchos modos aquel estar conviviendo con diferentes entidades, las mismas que, paradójicamente, se juntan en una única pasión: la literatura. Allí está, constituyó por muchos años el voluntario encierro, el servil apego intencional al despotismo de la literatura, y ahora en las manos de vosotros la singular liberación de la independencia que, sin ninguna duda, pronto volverá a su eterno círculo vicioso del volver a volver. Muchas gracias.



Ferreñafe 25 de junio de 2011





AHI ESTÁ LA LUNA PERO NO LA MIRES

(Antipoética de la luna)



Ahí esta la luna

pero no la mires.



El último romántico

fue un marinero inglés viejo y barbado

inflado de pasión y navegando insomne

entre los vestigios de un naufragio

gradual.



Ahí está la luna

pero no seas reverente.



Es difícil ante un torso desnudo

y equilátero como es

pero no por eso puedes alargarle.

Voltearías a mirar y si lo haces

ya no tendrás más tiempo para aprender:

el meneo infinito de las aguas

el lumbre del sol en días de verano

y para siempre serías sumiso y sensible

como una mariposa ebria.



Ahí está la luna

pero no seas reincidente.



Has de saber ante todo

que más vale un astronauta músico

que cien poetas oscuros

y que la poesía solo conduce





a desconfiar de los caminos, de las playas

de los autos estacionados en los parques

y nada es más peligro que mojarse

bajo la lluvia o detenerse

frente a una mujer nos mira desde

la esquina, ya lo sabes.



Ahí pues está la luna

pero no la mires.



Te volverías un danzante

como los ciegos ilusionistas

a la entrada de un convento, y tú

ya no eres más un ciego.

Hoy miras al norte y al sur

al este y al oeste de esta ciudad

consumidas en las llamas de un fuego fatuo

que nunca conocimos.



Ahí pues está la luna

pero no la mires.



Posa sobre ti como una mujer

pero se incrédulo.

Puede pasar que después de esta noche

ya no seas el mismo y después de beber

te tires a los burdeles

como un inmigrante

a decir tonadas que ya nadie

gusta recordar y cada vez

son menos necesarias

y olvidables

como un indumento

inútil.



Ahí pues está la luna

pero no la mires, ni reverencies

ni reincidas y se incrédulo

ya lo sabes.



Y recuerda por siempre

que más vale un astronauta músico

que cien poetas oscuros

y que la poesía en un follaje:

con sus ramas prendamos una hoguera.



De: Libre invención (1990)





INÚTIL VECINO DE LA CIUDAD



Solitarios son los actos del poeta

como aquellos del amor y de la muerte.

Luis Hernández, Vox Horrísona.





Todos alguna vez abrimos una puerta

que puede ser una campana.

como ciegos tanteamos en la oscuridad

de las imágenes.



A veces

sólo a veces

escribimos un poema memorable

larga canción como una danza guerrera.



Un buen día llegamos al mar

o a una isla.

Allí descubrimos que la poesía es un velero azul

Y que el tiempo lo vuelve de papel

o de madera.



Papel y madera sobre las aguas infinitas.

Inútil es la sustancia humana parta todo eso.



Es allí donde no llegan los aeróstatos

donde pastan peces y se entrecruzan

vírgenes y malhechores

donde se escucha la voz de una flor

(metalenguaje de la vida y la muerte)



Es allí donde miro

(con solvencia)

Una estrella apagada en el firmamento

constelado.



Inútil, no lo entendería.

El vecino de la ciudad no lo llega a entender.



De: Esotra Guerra (1993)





EL MISMO AMOR



El mismo grito

que irrumpe la noche

tercia nuestros cuerpos dormidos

pero no sólo es el grito

también la vida.



La misma vida

que fusiona la noche

entrama nuestros cuerpos prorrogables

pero no sólo es la vida

también el frío.



El mismo frío

que lapida la noche

define nuestros cuerpos petrificándolos







pero no sólo es el frío

también el viento.



El mismo viento

que asalta a la noche

tira nuestros cuerpos indecibles





pero no sólo es el viento

también el tiempo.



El mismo tiempo

que gasta a la noche

olvida nuestros cuerpos indomables

pero no sólo es el tiempo

también el amor.



El mismo amor

que obstruye a la noche

falsea nuestros cuerpos displicentes

pero no sólo es el amor

también el vacío.



El mismo vacío

en que cae la noche

destina nuestros cuerpos impidiéndonos

pero no sólo es el vacío

también la muerte.



La misma muerte

que detiene a la noche.



De: Libro del mismo amor (1996)





QUÉDATE



Quédate con tus 23 y no vayas a dejar de caminar por la calle

con tu gorra de aviador y tus zapatillas de muchacho.

Entra en la cafetería y espera que alguien te hable de la noche, del mar o de cualquier otra cosa,

es mejor que permanecer en casa controlándote el periodo, el acné, el clima de la mañana

que ha de humedecer muy temprano tu acera, tu jardín, tu loco corazón insurrecto.

No dejes nunca de pensar en ti como en una ciudad o como en un velero de aguas recónditas,

y en mí como a un inmigrante sin hotel o como un marinero sin puerto a punto de varar.

Haz de cuenta que no es el tiempo lo que avanza o se detiene, sino el río, el amor,

el soplo de un beso sobre tus ojos entrecerrados.

Y no te alejes demasiado del estanque de aguas dormidas que es mi deseo.

Ni de mi silencio de pájaro. Ni de tu forma de descubrirte feliz como una marmota en febrero.

No te asustes por que llamo siempre a tu puerta como un ciego,

no siempre el pan y el vino que recibo es vasto para mi avidez de escribiente.

Quédate con tus manías de puritana mayor que no consiente faltar a misa y al confesonario,

pero sigue inclinando tu balanza a la aventura de tu amor en timo.

Duérmete en mi pecho y despierta entre mis manos que han viajado toda la noche

las montañas de tu cuerpo sin límites.







Quédate con tu pelo de viajera a la ventanilla y con tus labios de pájaro frutero:

llama mi nombre por la carretera en verano, pica la manzana de mi corazón dormido.

Y no te conformes con pasar por mis libros, entra en sus poemas

y nómbralos como los reyes lo hacían con sus árboles y sus cisnes, con sus esclavos y comarcas.

Ofrécete a la tarde y a las alas de la tarde

y ensaya volar otras azoteas fuera del territorio de tu deseo heterosexual,

pero no sueltes mi mano para salvarme de la rutina de la noche sin alas.

Quédate para siempre con tu edad de célibe y no dejes de imitar a Elena de Káprica

con sus minifaldas de popelina pedaleando a todo aire su bicicleta rosa.

Haz de cuenta que no es el azar el que entra o sale, sino la playa, el amor,

el vuelo de un palabra muy cerca a tu oído en sosiego.

No devuelvas a la felicidad tu alegría de petirrojo ni al sol tu lumbre de estrella titilante.

Quédate con tu concepto nihilista del matrimonio

y con tu noción entusiasta de la salvación de las almas.

Anda siempre como Urco silbando por plazas y parques una balada de figuras.

Y no pierdas nunca tu voz de gaita. Ni tu lengua de durazno.

Ni tus ojos de voyeur. Ni tus caderas de potra.

Y sobre todo no renuncies jamás a tu amor en ejercicio de su propia libertad.

Y no abdiques a tu risa y ternura.

Y no dimitas a tu peso y medida.

Haz de cuenta que no es la muerte la que asecha y desiste, sino la luna, el amor,

el roce de unos dedos sobre tus pezones crispados.

No te vuelvas actriz de otras vidas.

No te hagas intérprete de otras canciones.

No te mires reflejada en otros espejos.

No te cuides de no tener prole y pecados como se tiene bragas o recuerdos.

No te finjas adulta, puntual, inequívoca, temporal.

Quédate con tus 23. Quédate como ahora.

Pequeña como una cereza.

Dócil como un pañuelo.

Limpia como la lluvia.

Secreta como una plegaria.

Sin miedo como la noche.

Desnuda como el vacío.

Así como ahora. Así, ahora que yo, viejo,

me principio -me regreso-

a enamorar.



De: El tiempo sobre la palabra (2010)

"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

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