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miércoles, 3 de noviembre de 2010

La Lectura: la imaginación es el límite- Por: Jesús Pizarro

La Lectura: la imaginación es el límite



La lectura, en tanto acto cultural y aprendido, no va separado de la imaginación; las películas no muestran todo lo que somos capaces de leer

Por: Jesús Pizarro

En una de las lecturas del semestre anterior recogíamos una frase de Withman sobre el leer. Rezaba así: “…los estudiantes aprenden lo que entienden, entienden aquello sobre lo que ponen atención y sólo ponen atención a lo que les interesa”. En esa medida, la preocupación por formar en esta competencia genérica – legítima por cierto, pero pocas veces bien encarada – nos permite descubrir las complejas pero nada complicadas formas de entender los procesos mentales de las personas. Los formadores (a menudo acusadoramente, casi como sentencia y/o imprecación) solemos decirles a nuestros estudiantes que leer es importante y que “hay” que hacerlo. ¡Ustedes no leen! es la frase pronunciada con vigor una y otra vez. Claro, eso no provoca leer, no anima a la lectura y más que seguro, etiqueta por siempre a la raza juvenil con el síndrome de la no-lectoría, sin derecho a vacuna o antídoto.

Entonces, se sospecha – no sin razón, a las pruebas me remitiré luego – que los formadores no sabemos provocar el interés por la lectura, mucho menos por “esas” lecturas que nos interesa que ellos revisen con fines académicos. Plantearé aquí dos asuntos sencillos: (1) Nuestra vida es una narrativa, a la cual se suman otras narrativas, para hacer una narrativa mayor que requiere de ir ampliándose permanentemente (¿Nos recuerda algo del aprendizaje significativo?, ¿Verdad?) y (2) La Lectura es un medio – entendámoslo bien – y no es un fin. Hay activadores de nuestro propio interés: informarse, aprender o entretenerse. En los dos puntos de análisis juega la imaginación. Claro. Y bien claro que está.

No sé si habrán visto algún episodio de la serie colombiana “Sin tetas no hay paraíso”. Bueno pues, el libro de Gustavo Bolívar apareció un tiempo atrás con mediano perfil. El asunto es que la bendita serie no deja sitio a la imaginación: el tema se acaba con la imagen. En cambio, el texto burbujea un poco. La intriga entre las chicas en su escalada hacia la fama con los “traquetos” colombianos, deja posibilidades que recorremos y descubrimos o no, en las páginas siguientes. Lo único malo es que a veces, no llegamos a encontrarlas (por eso, algunos lectores – sin intención de perjudicar a los autores de esta u otras novelas – corremos a hojear las últimas páginas, para procurar un respiro a la curiosidad). Evidentemente, en este ejemplo (que alude un poco a otras referencias similares como la película “El Padrino” y el libro de Mario Puzo o los mismísimos textos de Mario Vargas Llosa llevados a la pantalla del sétimo arte) hay un signo común con otros textos hermosos que merecieron y tuvieron mejores películas.

La lectura, en tanto acto cultural y aprendido, no va separado de la imaginación; las películas no muestran todo lo que somos capaces de leer. En los resultados de una encuesta efectuada por el Cineasta Mario Acha, publicada en un artículo del Suplemento “El Dominical” de “El Comercio”, se comenta refiriéndose al famoso libro y película “Harry Potter” – saga fantástica, multidimensionala y reduccionista a la vez – que “… ante la pregunta de qué le había gustado más la película o el libro, la respuesta fue “el libro” y cuando preguntó por qué, le dijeron que leyendo imaginaban cosas que no sucedían en el cine”(2). El investigador y hombre de cine menciona que “lo que está detrás del acto del lenguaje, es la imaginación”. Remitiéndonos a los dos aspectos inicialmente planteados, coincidiremos seguramente en afirmar que todos imaginamos (a nivel e intesidad diferentes –y no con el mismo molde- por supuesto ), de acuerdo a nuestras experiencias particulares. Entonces, no se trata de dar libros a la gente, ni ordenar a los jóvenes que lean, ni de solamente instalar bibliotecas. Leer es importante como medio, como herramienta; pero lo importante es la recuperación de la imaginación: eso es lo que provocará la proyección mental – que involucra sus previos e intereses – y que finalmente formará el hábito de lectura.


¿Se podría motivar esta capacidad para imaginar en la Formación Escolar y Profesional? Tal vez sí. Ejercitemos esta posibilidad (a tono –no de luchar- pero si de abstraer nuestro mundo de hoy tan signado por lo visual), cada vez que se pueda. Hermanos, hay muchísimo que hacer. Recuerdo que antes se leía en casa, en familia. Sesiones nocturnas con la voz de la abuela - escasa luz eléctrica y nada de televisión - hacían que nuestra imaginación volara, ¿Será por eso que en tercero de secundaria me botaron de la clase de Inglés por tener dentro del aburrido libro escolar, un ejemplar fantástico de Sexton Blake?

Más información en:
http://personal.globered.com/jesuspizarro-creaciones/categoria.asp?idcat=35


"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

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