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jueves, 22 de julio de 2010

La tercera vía: el neomalditismo literario-LA INFLUENCIA DE LOS ESCRITORES CONSAGRADOS EN EL SURGIMIENTO DE NUEVOS CREADORES

LA INFLUENCIA DE LOS ESCRITORES CONSAGRADOS EN EL SURGIMIENTO DE NUEVOS CREADORES



La tercera vía: el neomalditismo literario



Por Nicolás Hidrogo Navarro



Una de las particularidades más curiosas en el oficio literario en el Perú, es que no existe una academia ni una carrera universitaria específica para aprender a ser cuentista, dramaturgo, novelista o poeta. En su gran mayoría son extensiones pasionarias y apendiciarias de otras carreras profesionales: profesor, abogado, ingenieros o simplemente lectores consuetudinarios, autodidactas o diletantes presumidos que se alucinan ser consagrados con su primera entrega piloto de “poema o cuento”.

Lo que prueba una vez más que el oficio de escribir más que una carrera lucrativa o fría y aburrida profesión, es una ocupación pasional muchas veces empírica, de emulación y de aprendizaje por imitación, pues en provincias no se está al alcance muchas veces de los talleres de escritura y el aprender a escribir por internet todavía sigue siendo una experiencia poca validada y eficaz como aporte de las TICs. Y como las recetas, los decálogos y los manuales, son sólo elementos referenciales arquetípicos y moldes encajonados pocos adaptados al temperamento e ímpetu del aprendiz, es la lectura y la porfiada práctica de la escritura lo que hace al escritor.

Nuestra nueva hornada literaria lambayecana, que regionalmente tiene una reserva generacional de entre 10 ó 15 activantes y entre 3 ó 5 destacantes, forja su derrotero ya no en plaquetas de iniciados, sino en blogg. La tendencia es leer menos y escribir más, tomando como base inspirativa sus propias vivencias y noias. Cada vez se pierde la admiración por los demás, por tomar al narcicismo literario como una conducta fortalecida por el egocentrismo que le es inherente y propio a los poetas con mayor acento hiperbolizado y a los narradores en segunda línea con atenuantes más racionales y fríos.

La motivación, por la experiencia de focus group, -en mi conversa con más de una treintena de jóvenes sobre sus inicios como escritor-, surge en la educación secundaria, como una iniciativa solitaria, marginal e individual, con escasa motivación e inmotivación mayoritaria de los docentes y la propia incomprensión, estigmatización y oposición familiar.

Es en la lectura de los libros directamente el punto de partida de la iniciación, terca y porfiada, en el proceso de anecdotización referencial y reconocimiento de fama de los escritores consagrados, junto a sus “expresiones de antología”, donde se inicia esa imbricación de enamoramiento, admiración y emulación por el oficio de escribir. Ni el docente, ni los compañeros de oficio, ni los padres, son siquiera los grandes estimuladores de esta pasión, son los libros y las biografías sui géneris y expresiones mismas de shock con las que se identifica, los acicates de esta pasión duramente solitaria y poco recompensante económicamente.

Dentro del perfil admirativo de las biografías emuladas de los noveles, está el escritor descollante, el escandaloso, el que se sale de los cánones habituales, el transgresor, el que expresa su disconformidad y un malditismo epiléptico antisistema y anticonservador, el que rompe con toda suerte de convencionalismos ofuscantes – y para colmar la sed de comprensión e identificación de aquellos que muestran el perfil más enfermizo, patológico, como una rareza, pero al mismo tiempo como parte del disfrute y reconocimiento masivo-, están los que han entrado a un manicomio, los que han muerto románticamente gangrenosos o con un tiro en la sien o sifilíticos o lo que han terminado trágicamente. Hay una pasión por lo sangriento y autodestructivo.

Probablemente ese neomalditismo con base baudeleriana, rimbaudina, vangohtiana, puede parecer una línea de disconformidad y el acercamiento de los antihéroes pedagógicos y sociales, de seres atormentados que encuentran émulos en las nuevas generaciones, tenga un fiel reflejo de la decadencia de los valores de lo normal, de los equilibrados racionalmente, de los “benditos”, de la formalidad metódica, de la disciplina a la que se suele aludir en los escritores profesionales, para ser más partidarios del pasotismo, de lo light, de lo efectista y escandaloso, de lo mediático, de lo neurótico. Todo ello es el mismo espíritu decadente y degrado de la anomia social que ha invadido como una pandemia al mismo oficio del acto de escribir con temas y cultura underground y de los escribidores con sus actitudes díscolas y enfermizas.

Dado que los escritores de éxito económico, los que han logrado convertirse en los midas libreros, son escasísimo y estadísticamente tal vez representen el 1% del total de esta cofradía universal, la inclinación se da por los que, a pesar de no haber alcanzado el éxito económico, han logrado tener el reconocimiento y admiración tanto por sus obras como sus vidas extremas y sus escándalos originados por la misma rebeldía e inconformismo de su fracaso material y sentimental. Esta falange mayor de escritores con un reconocimiento mediático y una admiración entre pena presentista y gloria póstuma, terminan siendo los grandes “modelos y prototipos a seguir”, tanto en estilo, temática, actitudes y formas de actuar de los noveles escritores que apenas leen sus obras y más conocen y les interesan sus vidas y actos escandalosos y ripiados.

Pareciera que las nuevas generaciones de escritores no están interesados en emular a escritores oficiales y con éxito sostenido en el equilibro esforzado de sus vidas y obras, sino en marginales con éxito publicitario contrasistema, porque se sabe que el éxito de un best seller requiere más que talento: se necesita de una maquinaria industrial publicitaria y política a la que no todos creen alcanzar.

Como en las nuevas generaciones el tema del escritor comprometido y militante izquierdoso, ha quedado relegado y satanizado a rebeldes sin causa y anacrónicos varados en el mar de los Sargazos de su propia ideología totalitaria, fanática y rabiosa. Como en las nuevas generaciones el escritor oficial, exitoso y potentado, ha quedado como un mercachifle eficaz, un mercenario publicista a sueldo de imagen de ideologías y gobiernos, un mafioso y convenido del sistema capitalista, las nuevas hornadas literarias han optado por una tercera vía: el camino sórdido y oscuro del neomalditismo anarquista, anómico, perdulario, festivo, báquico, capaz de desafiar y evadirse de los dos sistemas en pugna eterna.









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