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jueves, 29 de julio de 2010

LITERATURA FERREÑAFANA-ALVARO MESONES PIEDRA: DEL COSTUMBRISMO A LA VAGUARDIA

ALVARO MESONES PIEDRA: DEL COSTUMBRISMO A LA VAGUARDIA

En el centésimo Sexto Aniversario de su nacimiento


Por: William Piscoya Chicoma

Álvaro Mesones Piedra -hijo del sabio y explorador Manuel A. Mesones Muro y Victoria de la Piedra- nació en Ferreñafe el 1 de agosto de 1904. Estudio su formación primera y secundaria en su ciudad natal y en el Colegio Nacional de San José, de Chiclayo, respectivamente. En Lima hizo estudios superiores en la Escuela Militar de Chorrillos, a los cuales dimitió, llamado por su intensa vocación literaria y periodística.



Dedicado a la prensa, hacia 1925, colabora en los periódicos lambayecanos El País, El Tiempo, La Razón y La Industria, es redactor de la revista Firruñap y Director y propietario de la revista Al Fin, así mismo, escribe para El Norte, de Trujillo y El Perú, de Cajamarca -por esta misma época, junto a Nixa y otros destacados intelectuales de nuestro medio, integra la vanguardia chiclayana, vinculada a la revista Amauta, de José Carlos Mariátegui-. Hacia finales de los veintes, instado por Alberto Hidalgo y el propio Mariátegui, se establece en Lima, empezando, en esta ciudad, una serie de publicaciones de sus más notables cuentos y poemas, los mismos que fueron acogidos con entusiasmo y plácemes por la crítica capitalina de entonces, al mismo tiempo que colabora en revistas y diarios extranjeros de Argentina, Chile y Uruguay.



Álvaro Mesones Piedra, obtuvo el Primer Premio -Medalla de Oro y Diploma de Honor- del Concurso Literario en los Juegos Florales de Chiclayo, con motivo del Primer Centenario del Colegio Nacional de San José, por su cuento regionalista La traición de la Zaina, y, de la misma manera, se le reconoció con Medalla de Oro y Diploma de Honor del Concejo Provincial de Chiclayo, por su importante labor cultural en el Departamento de Lambayeque, y en virtud de su apreciable producción narrativa y lírica -toda ella aún no acopiada en libro-, de gran aporte al desarrollo de la literatura lambayecana, en general, y a la ferreñafana, en particular, se le ha de reconocer -junto a los consabidos líricos y narradores lambayecanos de este periodo (Juan José Lora Olivares, Nicanor de la Fuente Sifuentes (Nixa), Mario Puga Imaña, Armando Bazán, Medrano Revilla, Jorge Jiménez Monsalve (Jorge Dramar)- como el poeta de vanguardia que, no obstante su injusta desatención, con su poética, casi plenamente desconocida, concede los elementos renovadores que, en su momento, evolucionaron nuestra literatura regional.



Como lo hemos enunciado ya, la producción literaria de Álvaro Mesones aún no ha sido, íntegramente, recogida en libro, y consta en cuentos de: La traición de la Zaina, Juan Fiambrera, Ojos de uva y La Chabela; en poesía lírica de: Cantos de mar y tierra, Canción del mar, Vieja pena y Telúrico anhelo; de las cumananas de El algarrobo, donde aparecen: El Leñador, Viejo Pedro, Quién la manduvo enviudar, Marinera Lambayecana, etc.



Este valioso poeta ferreñafano fue, igualmente, miembro de la Sociedad Geográfica de Lima, el Instituto Sanmartiniano del Perú, el Instituto Libertador Ramón Castilla, la Asociación Nacional de Periodista del Perú, la actual Federación de Periodista del Perú y la Asociación de Escritores y Artistas del Perú. Se desempeñó como primer Sub-Prefecto de la Provincia de Ferreñafe, y como lúcido y refinado conferencista en la divulgación de la obra expedicionaria y científica de su padre. Álvaro Mesones Piedra falleció en Chiclayo el 16 de febrero de

1969, y nos ha legado en cuento, pero sobre todo en poesía, una de las obras más espontáneas e interesantes de la lírica lambayecana, testimonio de regionalismo, romanticismo, vanguardia literarios en transición a ultranza.



En efecto, la poesía de Mesones Piedra aborda tres propensiones en evidente evolución: la del costumbrismo realista y pícaro dieciochesco, hacia el idealismo libertario romántico, y, de éste, al vanguardismo insurgente que irrumpiría el moderno siglo veinte. Porque, si bien es cierto, Mesones Piedra, principia su carrera literaria (1925) publicando cuentos y poemas con estilo nativista, de legítimo aroma vernáculo, trazados con un léxico y locuciones del pueblo -El Leñador, Viejo Pedro, Quién la manduvo enviudar y Marinera Lambayecana-, también es muy cierto que aquel estilo, principalmente festivo, vasto en picardía popular y campera, conseguidamente derivará hacía otro de carácter eminentemente romántico y pasional. Así, en Quién la manduvo a enviudar -de El algarrobo-, un texto con claras reminiscencias costumbristas, que transmite el color y calor local, puro en sus tipos, costumbres y formas de hablar, donde el popularismo pone acento en el objeto de lo pintoresco y típico, que incluye, además, ciertas ironías y diatribas sociales con un lenguaje ramplón, rudo y hasta chocarrero, nuestro poeta ironiza: “Con tres hijos se quedó,/ la desagraciada ña Juana,/ ¡Joven to’avia! ¡Lozana!/ igual que cuando se casó./ Quinceañera enmaridó/ ¡Sólo por purito amor!/ ¡Ay, cuando muere el pastor,/ se devoran la manada!/ ¿Enton? ¡Sí hay carne preciada/ pal’ lobo más cazador…!/ De los guachos, Maluquita/ estaba ya quinceañera,/ ¡Una flor de Primavera,/ como fue la madrecita;/ Y así, la muerte maldita/ quitó la vida al marido,/ hombre joven y fornido,/ pa’ dejar guiso a los canes,/ al amor de sus afanes,/ ¡Y un capullito florido!”. Para después (1930), en Sus ojos -de Canción del mar- , un poema de claros rasgos románticos, donde la libertad de creación, la importancia de los sentimientos, la excelencia de la imaginación y la fantasía y el instinto frente a la razón, lo licencian para idealizar: “¡Qué ojitos que inspiran,/ por Dios, a quererla!/ Que raros ojitos tan claros,/ tan dulces, tan tiernos./ Son dos ventanitas abiertas,/ confiadas, por donde adentrarse/ adentro… en su hondura…/ ¡Ahí, está el secreto! ¡La pena/ que guardan y lloran!/ Ahí, están plasmados sus sueños/ de tónica lírica, ansias deliciosas/ porque todavía no ha sido la hora…/ Por eso, parece que lloran,/ sus ojitos claros, sus ojitos tiernos,/ sus ojitos dulces, que cuando nos miran/ inspiran por Dios a quererla.”.



El otro tránsito que nuestro poeta percibirá, en la consecutiva etapa de su creación poética (1935), es de la forma romántica sentimental y apasionada, a la vanguardista turbulenta e innovadora. Un nítido ejemplo de esta aserción, son sus Cantos de mar y tierra y Telúrico anhelo. En su poema Pródigo -de Cantos de mar y tierra-, se prueban ya las fehacientes particularidades de vanguardia de este progreso: la búsqueda de lo ilógico, la ingeniosidad e imaginación frente a la realidad, el abandono de los modelos eutróficos -rima, medida, ritmo-, la trastocación sintáctica y la metáfora renovada, como elementos compositivos deponentes de la predicha transmutación estilística. Veamos: “¡Tanto, tanto he dado de mí,/ que hasta absurdo he sido/ prodigando a veces/ mi parte de Dios!/ He vaciado mis trojes/ matinales,/ en vientres vertebrados./ ¡Asaz de piedra!/ Apurando la miel de mis panales/ y el sabroso licor/ de mis lagares,/ en ríspidas bocas/ de oquedades tercas./(…)Y ahora, que tengo/ mis manos heridas,/ por tanto estirarse,/ y mis pies andados,/ ahora, ¡Quien, ha de volverme/ tanto y cuanto he dado!/ ¿Quién va a resarcirme,/ la dádiva absurda de la parte mía, de Dios, que yo he dado?/ ¡Quién ahora,/ que estoy solo,/ ahora que estoy triste,/ herido y cansado!”.



En la recordación de un aniversario más -el centésimo sexto- de su nacimiento, que este inicial acercamiento al estudio, entendimiento y estimación de su obra sea, para el cuentista y poeta Álvaro Mesones Piedra, el justo y necesario homenaje a un autor de significativa contribución al adelanto de la literatura ferreñafana y regional lambayecana.



Ferreñafe, 28 de julio de 2010.



"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

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