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domingo, 18 de julio de 2010

LOS EJES TEMÁTICOS DE LA NARRATIVA LAMBAYECANA

LOS EJES TEMÁTICOS DE LA NARRATIVA LAMBAYECANA

Por: Nicolás Hidrogo Navarro

La región Lambayeque en general –Chiclayo-Lambayeque-Ferreñafe- no sólo está circundante de huacas, osamentas prehispánicas, silbadores, huacos eróticos, conchas espóndilos, plumas de papagayo, conchitas, chaquiras y mil y un souvenir moches: está poblado escatológicamente de mitos, leyendas, miedos y temores y un venerable ritual por la muerte y sus gentiles como sinónimo de castigo, perturbación a los humanos y malignidad. Cada pueblo tiene sus huacas cual guardián y regulador de sus propias costumbres. Antrológicamente el hombre sabe que vive entre sus muertos y lejos de huir utiliza sus huacas como invocación, escenario de sus rituales chamánicos y explicación de sus propios acontecimientos de vida.
Dentro de la narrativa del siglo XXI lambayecana, hay una pérdida de esa fuerza de identidad temática hasta buscar lo insólito, lo exótico, aquellos que no se parezca a un lugar preciso, sino a una globalidad. Y esto porque se quiere y se pretende ser universal y lo lambayecanos puede resultar ser muy corto y chato para las ambiciones de imagen y prestigio a conquistar. Bajo ese pretexto los temas están logrando salir el éter lambayecano y de cualquier simbolización alegórica localista aunque sus creadores siguen pisando huesos, vasijas y escuchando oralmente algunas leyendas rurales que son transformadas en urbanas con retoques y adaptaciones propias de la fusión y licuación narrativa.
Sin embargo, aún prevalece una narración con poco trabajo y control de técnicas narrativas y manejo calculado de los tropos. Hay el contar por el contar, peor falta la planificación estructural que suscite y cauce desconcierto en el lector. Se vende la historia por efectismo impresionista temático, pero se carece de un manejo profesional de las estructuras. Muchos recursos son usados inconscientemente por ello carecen de un efecto calculado, en cuanto a la planificación de los inicios, los manejos de los finales abierto y muchas veces preanunciados. Es que gran parte de los narradores lambayecanos se han hecho en la lectura y en el contar empírico, pero no han entrado al taller de fusiones y análisis de la estructura, cosa que por estos lares todavía siguen siendo una falencia aún no llenada por alguna institución.
Lambayeque, vigorosamente se ha visto superpoblado de cuentistas equilibrando fuerzas con el tradicional ejercicio de la poesía de 9 a 1 en el pasado ha pasado a ser el 6 a 4. Un refulgir de narradores contando sus historias impersonales, ficcionales y entremezcladas con refundiciones de experiencias de leyendas urbanas, está haciendo fuerza a tal punto que ya se puede hablar de un resurgir de un grupo narración en Lambayeque que pronto agarrará la fuerza necesaria para equipararse a la poesía. En ese afán este género literario se convierte en un ente alternativo de corte cerebral, calculado, organizado, metódico, con uso consciente de técnicas narrativas y un plan estructural. He aquí a esta nueva falange de narradores que abriendo trocha se harán espacio en el competitivo mundo de la literatura en esta zona de Lambayeque.

Por paradójico que suene, que los cuentistas lambayecanos se alimentan de sus experiencias propias o de tercero; estos en realidad no buscan el efecto contar la historia tal cual, sino recrearla, ficiconarla, gestionarla en un afán y propósito innovador. Pocas experiencias personales – excepto la de Brander Gonzales, Fernando Odiaga, Joaquín Huamán Rinza- son experiencias vivenciales directas. El resto son retrucadas que suena a inverosimilitudes personales, pero verosímiles ficcional y estructuralmente.
Son típicos las leyenda de Naymlap, Aka Fala, Ninamasha y Pachacámac, Cerro de la Vieja , El Chiroque y la Chilala , La Huaca del oro, El río La Leche , El sol padre de los brujos; los mitos como del Dios Kom, El origen del Algarrobo, Los cerros Mulato y Chaparrí, El Inkari, etc. Todas estas manifestaciones orales y escritas expresan la cosmovisión del mundo moche prehispánico y que sustentaba la aspiración del castigo vengador contra los conquistadores durante la Colonia. Es obvio suponer que el imaginario social está potentemente influenciado por premoniciones, aparecidos, fantasmas, duendes, gentiles que no sólo explican y sustentan sus supersticiones, sus fetichismos, sino que pueblan sus noches de tradición oral. Este fenómeno sociolingüístico se da nítidamente en la zona rural, donde desde el hogar y la escuela se impregnan la conciencia colectiva de niños y jóvenes y que migrando a la ciudad en forma de leyenda urbana, metamorfoseada o aderezada con algunos giros y cambios sintácticos, conceptuales, tropológicos, actanciales y argumentales, pero conservando su esencialidad, genera una nueva especie enriquecida, con más trabajo en el lenguaje y con adaptaciones a un nuevo escenario: la urbe.
Los cuentistas emergentes en la región Lambayeque se nutren de una doble vertiente en la inspiración temática: las leyendas rurales, mitos, tradiciones, dichos, anécdotas rurales y la influencia lectora y de los medios de comunicación. Por ello hay una doble vertiente temática: la de identidad temática lambayecanizada como Arturo Bravo Flores, Brander González López, Dandy Berrú Cubas, Marcoantonio Paredes Brenis, Joaquín Huamán Rinza, nutridos de esta tradición mitológica y leyendezca muchik, han efectuado una metástasis y fusionado sus experiencias citadinas con la tradición oral y se vienen produciendo cuentos de factura urbana, pero con un precedente rural.
Por otro lado tenemos una narrativa urbana anecdótica como la de Dagoberto Ojeda Barturén, la de ciencia ficción de Rubén Mesías Cornejo; la de experiencia citadinas de Fernando Odiaga Gonzales; las de experiencias pedagógicas de Gilbert Delgado; la de ficción argumental de César Boyd Brenis; la de hibridación urbano marginal y andino de Andrés Díaz, Núñez, Maxe Suxe y Mario Gastelo Mundaca; la de carnavalización irónica de Antonio Castro Cruz; la de experiencias amatorias de Teresa Menor Alarcón; la de alegorización surrealista de Jorge Fernández Espino; la de temática y búsqueda de justicia social en Jorge Fernández Sánchez y Víctor Contreras Arroyo; la de anécdotas fantasmales en William Piscoya y Paul Muro Losada.

En la leyenda urbana lambayecana el matiz característico que adoptan “los aparecidos” son de a) Vengadores, porque intentan castigar al malo del cuento b) Asustadores, porque generan conflictos existenciales a los más débiles del cuento c) Tentadores, porque las aparecidas seducen con su lascivia y encantos a los hombres infieles y d) Anunciadores, porque sobreavisan acontecimientos pasados en las dos dimensiones (humana y ultraterrenal), generalmente “recogiendo sus pasos, visitando a los amigos, familiares o denunciando a sus presuntos asesinos”.
La cuentística lambayecana aún no ha maduro, pero está entrando en un proceso de emergencia y socialización. Falta profesionalizara, diversificarla y tecnificarla, - sin que ello implique en matematizarla en su análisis- sino en su concepción porque al fin y al cambo el escritor escribe sus historias para los lectores y no para los críticos y no en función de estructurar pensado en un cuadrado perfecto o en que al dibujarla o radiografiarla salga una ecuación de polinomios perfectos.

"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

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