Buscar este blog

miércoles, 20 de octubre de 2010

CUANDO LA PESTE NOS VISITÓ (EN CHICLAYO)- Por Miguel Angel Diaz Torres


CUANDO LA PESTE NOS VISITÓ (EN CHICLAYO)

(Relato de ficción basado en hechos históricos)

Por Miguel Ángel Díaz Torres

Chiclayo – Perú

2010


Una de las cosas admirables en los hombres curiosos es que dejan su huella escrita en y sobre el pueblo en que viven y rompen sus sueños. La frágil memoria de los habitantes de los pueblos no es nada frente a uno de obsesión para escribir. En los pueblos grandes y pequeños existen personajes que cual escribas, cronistas o notarios de efemérides o cuadernos de bitácora de los barcos en ultramar, registran y recrean sus historias convirtiéndolas en leyendas hasta alcanzar el grado de fabulaciones que se superponen a la realidad hasta soldar todo en uno y ese zurcido invisible es un leyenda urbana que empieza cobrar cuerpo como parte de la identidad de un pueblo. En este caso Miguel Ángel Díaz Torres, ha tomado como punto de partida histórico de su recreación y fabulación un hecho real del cual con esa sagacidad de escamoteador novelesco nos vende una historia tan real y ficcional como ocurrió en la ciudad de la amistad en siglos anteriores.

Nicolás Hidrogo Navarro.

NOTA PRELIMINAR

Miguel Ángel Díaz Torres ha dedicado buena parte de los últimos treinta años a recopilar libros, revistas, periódicos, separatas, fotografías, planos , videos, etc. sobre Lambayeque pero a esa tarea de recopilación, valiosa en sí misma, ha añadido su interés por el estudio de algunos temas poco conocidos de la historia lambayecana.

Uno de esos temas es el de la peste de l904.A primera vista, pareciera que es poco lo que podría recogerse de un suceso relativamente antiguo y de una época sobre la cual las fuentes son relativamente exiguas; sin embargo, como podemos verificar en la nota final que sigue al relato, el recopilador ha ayudado al historiador proveyéndole de viejos informes que muchos hubieran descartado como impresos ya sin valor.

La peste es ante todo un tema de salud pública pero sus resonancias son múltiples. Confronta a la estructura política, por el natural reclamo de la gente, revela el grado de desarrollo de la sociedad en la que el mal se disemina, pone en juego el avance del conocimiento frente al cuerpo de creencias de vieja data, extrae lo mejor y lo peor de la gente: el sentimiento de solidaridad, el afán de lucro en medio del dolor ajeno, la esperanza y la desesperanza, el miedo ante la presencia perenne y exacerbada de la muerte.

Esa pluralidad de dimensiones exigiría un grueso tratado que trate de abarcar cada aspecto relevante de lo que siendo un problema médico se convierte por su densidad y proyecciones en un problema humano, en el sentido más amplio de la palabra. Ante ello, Miguel Angel Díaz decidió dejar de lado el informe histórico e incursionar en el relato de ficción sobre bases históricas.

Al elegir dicha opción, como es obvio, se gana y se pierde tal cual sucede cada vez que se llega a una zona en que los límites se borran o pierden nitidez. Un relato de ficción permite libertades de las que el historiador no puede disponer. Y aunque en el presente caso, el autor se ha impuesto no sobrepasar el marco definido por los documentos consultados, usa ciertas licencias como la de inventar diálogos que resulten admisibles dentro del marco señalado, de manera que el relato constituya un todo más o menos completo y verosímil.

En la misma perspectiva, el relato puede abarcar las múltiples dimensiones del hecho en forma sintética porque no tiene la atadura analítica del informe rigurosamente histórico y, al mismo tiempo, permite al autor dejar de lado aquellos detalles que no contribuyan a la economía del relato.

Pero, por otra parte, el relato de ficción no puede exigir para sí la condición de trabajo histórico porque trasciende los límites que se imponen a un trabajo histórico: Ceñirse rigurosamente a lo que las fuentes señalan, dejar constancia de lo que es especulativo e hipotético diferenciándolo de lo que está documentalmente sustentado, elaborar un ordenamiento expositivo que tienda a desarrollar exhaustivamente cada aspecto relevante, mantener un marco temporal y geográfico precisos, etc.

En este punto, conviene dar cuenta de que uno de los propósitos expresados por Miguel Ángel Díaz Torres al optar por escribir un relato de ficción basado en hechos históricos en lugar de una monografía histórica, es tratar de llegar a un público más amplio que aquél que pueda interesarse en un trabajo estrictamente histórico.

En ese empeño, el autor tiene presente que en nuestro medio es poco lo que conocemos de lo que nos antecedió aunque ,como es sabido, el conocimiento histórico no se agota en el registro de los hechos pasados sino que encuentra justificación y sentido en la medida en que ayuda a entender los procesos que conforman el presente que nos ha tocado vivir de modo que al volver la vista atrás podremos ir entendiendo mejor la magnitud de los problemas que nos aquejan y la persistencia de elementos con cuya existencia deberemos contar a fin de no incurrir en los mismos errores.



Chiclayo, agosto de 2010

L.R.C.



CUANDO LA PESTE NOS VISITÓ

Capítulo 1

Los Inicios



Observando por la ventana del tren que va de Eten a Chiclayo, Joaquín divisa un verde paisaje de chacras de panllevar, pero esas imágenes empiezan a diluirse conforme le vienen los recuerdos no tan lejanos del momento en que la vida tomó otro rumbo a consecuencia de la epidemia de peste bubónica que atacó a la Villa de Eten y a Lambayeque y, en menor medida ,a Chiclayo.



Una mañana de finales de agosto de 1904 se encontraba Joaquín sentado en una banca del parque principal de Chiclayo cuando vio que se aproximaba el Dr. Juan Félix Arias

- Hola doctor, ¿Adónde bueno?

- Mi estimado Joaquín, voy a tomar el tren a Eten; hay una emergencia.

- ¿Le puedo acompañar doctor? Se lo solicita cortésmente Joaquín.

- Bueno, te lo agradezco, toda compañía es buena en estas circunstancias- le contestó sonriendo el doctor y, palmeándole el hombro, añadió- :

- Vamos, que por el camino te iré contando.

Tomaron el tranvía que en ese momento pasaba por la calle Real con dirección a la Estación de Eten:

- Buenos días joven -saludó el Dr. Arias al conductor del tranvía-.¿Cómo está el Sr. Jimenez?

- Bien, doctor

- Dale mis saludos.

Y, bajando la voz, le dijo al oído a Joaquín:

- Jiménez es el administrador del tranvía.

- Le haré presente –contestó el conductor.

Mientras el tranvía avanzaba por la calle Real, el Dr. Arias dijo a Joaquín que se había desatado una epidemia de peste bubónica en la Villa de Eten.

La noticia dejó tan impresionado a Joaquín que no supo qué decir. Entretanto, llegaron a la Estación y subieron al tren que los llevaría al Puerto Eten

Ya por el camino Joaquín se animó a interrogar al Dr. Arias sobre el asunto:

-Doctor Arias ¿Cómo ha llegado la peste bubónica a nuestro país?

-Mira hijo, lo más probable es que haya venido en 1902 en un embarque de arroz para el molino Milne. Se le llama bubónica porque a los enfermos les aparecen bubones o tumores en algunas partes del cuerpo, pero cuando la enfermedad se complica aparece la peste neumónica que es menos frecuente.

El Dr. Arias, tal vez olvidado de quién era su interlocutor, añadió un sinnúmero de detalles médicos hasta que al darse cuenta del desconcierto del joven, le dijo:

-No te preocupes Joaquín que con el pasar de los días vas a ir comprendiendo el problema.

En el puerto estaban a la espera el prefecto del departamento Carlos Zapata y los doctores Escalante y Ugaz. El Dr. Arias, sonriendo, les presentó a Joaquín como su ayudante.

Caminaron en dirección a las oficinas de la Superintendencia del Ferrocarril en donde encontraron, sentado junto a una mesa, al Dr. Salvador Olivares.

Después del saludo protocolar, el prefecto dijo:

- Dr. Olivares, como Ud. es médico de Eten quisiera con nos relate los hechos:

- Con todo gusto ,señor prefecto: En julio aparecieron aquí en el puerto ratas atontadas y muertas en los depósitos de la empresa de ferrocarril ,de lo cual notifiqué al superintendente de la empresa para que ordenase una desinfección .Se colocaron trampas y se taparon los huecos. Las ratas desaparecieron casi por completo. Depués, recibí denuncias de casos sospechosos en la Villa de Eten pero eran casos de amigdalitis o de parotiditis o defunciones por paludismo o tifoidea. Posteriormente, me avisaron que existían algunos enfermos con fiebre e hinchazones. Me constituí al lugar y encontré cuatro casos sospechosos. Lo singular es que todos son de un mismo barrio, el barrio de Mansiche, del lado sur de la población, es decir del lado del Puerto, y casi todos los afectados son mujeres .Esto a mi parecer se explica ya que ellas están todo el día en la habitación y con sus largos trajes arrastran cualquier inmundicia. Es por eso, señor prefecto, que me apresuré en comunicarle para que viniera con una comisión médica.

-Bueno, - contestó el prefecto - ya estamos aquí así que vamos a la Villa a ver los casos que refieres.

Tomaron el tren a la Villa, llegaron al barrio de Mansiche y se dirigieron a la casa de Agustina Chafloque.

Joaquín también ingresó con la comisión y al entrar en la casa, que no tenía piso, vio un cuarto oscuro y a la enferma echada en una estera. Joaquín salió fuera y dejó a los médicos auscultándola.

Así hicieron con los demás pacientes y, más tarde, reunidos todos, llegaron a la conclusión de que la peste bubónica había llegado al departamento.

Durante el regreso a Chiclayo la comisión dialogó sobre las medidas a tomar. Muy atento, Joaquín escuchó que el Dr. Ugaz decía:

-Todo esto se debe a los hábitos antihigiénicos de la gente. Andan descalzos y duermen en el suelo en compañía de animales en una sola habitación estrecha y mal aseada, sin ventanas.

Llegados a Chiclayo, cada uno tomó su rumbo. Joaquín retomó sus tareas habituales de comercio y así fueron transcurriendo los días.



Capítulo 2

El tumulto



Habían pasado las diligencias de verificación de la epidemia y cuando todo parecía estar tranquilo, un grupo de gente de la Villa de Eten se reunió en la casa de un viejo y beligerante poblador quien habló a sus visitantes:

-Vecinos, no podemos quedarnos tranquilos ante lo que está sucediendo en el pueblo. Las autoridades se burlan de nosotros, hacen acto de presencia solamente y luego se retiran dejándonos abandonados.

Como si lo hubieran ensayado, se elevó de los presentes un vocerío de aprobación.

Todavía resonaban los ecos de las voces, cuando alguien lanzó un grito que los enardeció:

-Debemos defender nuestros derechos. ¡Vamos a la casa del Gobernador!

-¡Vámonos ¡ -gritaron los demás.

Recorrieron las calles dando arengas mientras un grupo se dirigió a la iglesia y desde el campanario lanzó un enérgico redoble que llevó a otros pobladores a la plaza .Eran cerca de un centenar los que llegaron a la casa del gobernador y desarmaron fácilmente al solitario soldado que la custodiaba.

El Gobernador abrió su puerta y trató de apaciguar a la muchedumbre:

-¡Calma por favor amigos¡

La respuesta fue inmediata:

-Estamos hartos de tanto abuso, no somos escuchados.

Los gritos se hicieron más violentos y, por último, el gobernador fue empujado y golpeado.

El río humano tomó rumbo a la estación. Una vez en ella volvió a oírse la misma voz que había respondido al gobernador:



-Vecinos de Eten, no podemos seguir tolerando a esta mala autoridad que nos ha tocado y debemos exigir su cambio. De igual manera la empresa de ferrocarril siempre nos ha dado la espalda y ahora que tenemos muchos enfermos el médico que debería velar por nuestra salud no se encuentra. Además, por la epidemia el tren ya no va a llegar hasta acá y vamos a morir de hambre.

-¡No puede ser¡ -gritaba el gentío ,con impaciencia.

Entretanto, el telegrafista de la Villa envió un mensaje al puerto dando cuenta de lo que estaba sucediendo. Sin demora, el telegrama llegó a las manos del superintendente del ferrocarril y una vez que dicho funcionario lo hubo leído ordenó llamar de urgencia al Dr. Olivares.

-Dr. Olivares hay una revuelta en la Villa que ha comenzado a las 4 de la mañana, ¿qué cree que podamos hacer?

-Déjeme pensar amigo.....me parece que para tratar de calmarlos vayamos llevándoles víveres y medicinas

-Excelente idea -contestó el superintendente -voy a mandar preparar una máquina para ir lo más pronto a la Villa

A las seis de la mañana, la máquina fue ingresando al pueblo .El superintendente dijo al Dr. Olivares:

–Déjeme a mí tratar con esta gente.

Levantando las manos, el superintendente pidió calma a los cabecillas. La respuesta no se hizo esperar:

-¡Tenemos varios puntos de reclamos¡

Con dificultad, debido al vocerío de los que se le habían acercado, el superintendente logró decir:

-No se preocupen amigos. Conversando atenderemos todos sus pedidos.

Ingresaron a un ambiente a dialogar y tiempo después regresaron a los exteriores. El superintendente dijo al Dr. Olivares:

- Doctor, hágame el favor de quedarse aquí en el pueblo para que vea a los enfermos, suminístreles las medicinas necesarias que yo me encargo de repartir los víveres entre los más necesitados.

Los ánimos se calmaron por el momento pero al mediodía cuando el prefecto llegó con un pelotón de soldados, la muchedumbre volvía a hacer reclamos al superintendente:

-Hemos acordamos que si no se levanta el cordón sanitario del pueblo tomaremos medidas extremas-dijo a voz en cuello uno de los líderes de la movilización-.

-¡Si¡ -coreó la muchedumbre.

-¡Vamos a levantar las rieles del tren y a quemar los puentes¡ -gritaron otros.

La situación empezaba a írsele de las manos al superintendente .De pronto, y sin ningún aviso, empezó a escucharse el bronco y ominoso sonido de los disparos al aire lanzados por el pelotón de soldados llegados con el Prefecto. El efecto fue paralizante. En el súbito silencio que se produjo el prefecto levantó la voz:

-Señores, tenemos leyes que respetar y autoridades que nos dan protección y hacen cumplir las leyes. Como autoridad del Departamento voy a tomar las medidas necesarias para mantener la tranquilidad pública. Les pido ir a sus casas a realizar sus tareas cotidianas.

De esa forma volvió la calma al pueblo.



Capítulo 3

Rastros de muerte



El Dr. Olivares se quedó en la Villa de Eten asistiendo a los enfermos, mientras el Dr. Zúñiga se instaló en el Puerto para atender lo referente a la epidemia.

Días después, el superintendente llegó a visitar al Dr. Olivares. Estaba molesto y preocupado:

-Fíjese doctor, cómo es posible que recién me entere de que el barco “Limarí” al llegar a Mollendo no dio aviso de un enfermo en su tripulación. De esto hace un par de meses. No es posible que no exista seriedad con algo tan delicado como es la salud pública.

-Cosas que suceden amigo, yo por mi parte he auscultado a los pacientes sospechosos pero no he podido colocarles el suero Yersin ya que si lo hacía corría el riesgo de que la gente desconfíe aún más de mí .Ellos creen que no sé que no bien salgo de sus casas no demoran en traer a los curanderos y sus brebajes, Si muriera alguien después de colocarle el suero, le echarían la culpa a éste con el consiguiente peligro de un levantamiento del pueblo.

El lazareto, digámosle así, que se ha adecuado en una casucha, no está dando el resultado necesario porque no contamos con la fuerza pública para garantizar su aislamiento. Hay una total resistencia de los enfermos a que se les aísle y muchos están huyendo al monte donde algunos ya han muerto.

-Estamos en igual situación, mi estimado doctor -le replicó el superintendente-.En el Puerto no contamos con los medios para desinfectar los barcos ya que sólo en el Callao y en Paita tienen el gas “Clayton”. Estamos con mayor trabajo ya que los equipajes de los viajeros deben ser desinfectados con formol y además el médico sanitario debe extender certificados gratuitos sin los cuales nadie será recibido a bordo. Y por su parte doctor, ¿Cuántos casos tiene registrados?.

-Bueno, a la fecha tengo 22 casos. De éstos han ocurrido sólo 6 defunciones. Quedan pues 16 enfermos, de los que 4 están convalecientes y hay un caso que no está confirmado pero es sospechoso. Quedan pues actualmente 11 enfermos de los cuales 6 están graves.

Además, se han adoptado medidas de aseo en todas las calles y casas , incineración de muladares ,desinfección de las casas de los epidemiados y caza de roedores que hasta ahora la hace la población ,ya sea voluntariamente o por la fuerza .

Déjeme decirle mi amigo que el caso que más me ha impresionado es el de un niño de 2 años de edad, Jacinto Nisisupe. Todo comenzó con una fuerte indigestión y convulsiones repetidas, teniendo luego fiebre. Cuando lo examiné tenía 38 grados de fiebre, infarto doloroso preauricular derecho y cervical del mismo lado, hinchazón inguinal, pulso débil .Le brindé un tónico y sales de quinina .Con el paso de los días ha mejorado aunque mantiene líneas de fiebre pero parece que está fuera de peligro. A ese niño lo encontré tan desmejorado que no pensé que la pobre criatura se iba a salvar.

-Bueno doctor, tengo que regresar al Puerto y me despido deseándole suerte en su loable tarea ,buenos días .

El superintendente se dirigió a la puerta pero ,antes de llegar a ella ,se detuvo y volviendo la cabeza dijo:

- Ah doctor,me olvidaba,¿Se ha enterado de que en Monsefú se han encontrado ratas muertas en la vía pública?

-Si mi querido amigo, pobre gente. Monsefú es una población de 8000 indígenas que viven en pésimas condiciones higiénicas ,carecen de médico y botica ;ya se imaginará las consecuencias de tal situación.

-Si doctor,¿Qué podemos hacer?,hay momentos en que me siento tan impotente .

El doctor vio cómo el superintendente se alejaba y sintió que su temor también se agitaba en él.



Capítulo 4

El tiempo y la esperanza



Han pasado ya mas de dos meses de la aparición de la peste bubónica en Eten y la situación se ha vuelto dramática ya que el numero de muertos ha aumentado por la propagación del mal y también hay defunciones en Lambayeque y comienza a haberlas en Chiclayo pero en las afueras.

Con esas preocupaciones por afrontar, las autoridades se reunieron en el pequeño salón del municipio bajo la presidencia del alcalde Virgilio Dall’Orso y del presidente de la Beneficencia Pública, el doctor Ugaz. Frente a ellos ,el pueblo se agolpaba con ansiedad a la espera de las palabras de sus autoridades.

Con tono grave, el Sr. Alcalde dijo:

-Conciudadanos ,los momentos difíciles que nos está tocando vivir con la llegada de este flagelo de la humanidad que es la peste bubónica, ha motivado esta reunión que creo que no sólo quedará registrada como un acontecimiento más en mi informe o memoria anual sino que también perdurará en la memoria de Uds. .Recordarán las angustias de los enfermos, la dolorosa despedida de los que fallecieron pero también la esperanza de encontrar una salida.Frente a los padecimientos la autoridad municipal batalló por adoptar las medidas que evitasen que el mal se convirtiese en epidemia, con las consecuencias que Uds. podrían imaginar.

Ante el estado ruinoso de ciertos ranchos, de calles estrechas y tortuosas y la persistencia de costumbres antihigiénicas,como miccionar y defecar en la vía pública o arrojar cualquier desperdicio a ella confiando en que los gallinazos o el apetito de perros y burros serán suficientes para superar el problema, hemos decidido que la basura sea trasladada en carretas a los llamados muladares; de otra parte, si la vivienda cuenta con un silo poco profundo ,que es criadero de ratas ,se deberán acumular los desechos orgánicos en toneles .

Este honorable concejo también ha tomado la decisión de implementar el servicio de los abrómicos (*) , para los cuales pido todas las facilidades requeridas por su función.

Además ,les informo que en coordinación con el señor prefecto ,se ha dictado un bando que dispone el pago de 5 centavos por cada rata muerta y 2 por pericote.

Estoy instando al inspector de higiene a fin de que incinere la basura, implemente la desinfección de las calles, presione a los agricultores para que limpien las acequias y publique bandos alertando de la enfermedad.

(Inesperadamente,se oyó el grito de uno de los pobladores: “¡Qué ayuda hay para los pobres¡” pero como sólo produjo una breve agitación pronto el alcalde retomó la palabra: )

Como Uds. saben conciudadanos, la municipalidad que está a mi cargo es la encargada de la higiene urbana y de la baja policía en calles, mercados, mataderos y edificios en tanto que la Sociedad de Beneficencia se encarga del control del hospital y los hospicios, pero hemos sido rebasados por esta situacion crítica. Dejo en el uso de la palabra al Dr. Ugaz para que les explique como profesional que es de la salud los aspectos principales de la epidemia .Gracias.

-Muchas gracias Sr. Alcalde ,quisiera hablar de mi tarea como presidente de la Beneficencia Pública de Chiclayo. En nuestra última reunión, acordamos dar carroza gratis y entierro a los apestados, al fondo del cementerio.

Por favor ,si alguna persona enfermara gravemente de un mal desconocido ,si se le secase la lengua, tuviese fiebre y le apareciesen bubones del tamaño del huevo de una paloma en el cuello ,la ingle o las axilas ,deberá acudir inmediatamente al hospital o informar a los encargados sanitarios.



(*) Integrantes de un cuerpo de baja policía sanitaria ,encargada de visitar las casas para erradicar los desperdicios orgánicos u otros que pudieran contribuir a conservar y diseminar el mal. Los desperdicios eran depositados en toneles.





De igual importancia resulta que los fallecidos sean llevados de inmediato al cementerio, evitando los velorios para reducir la posibilidad de contagio.



Nosotros estamos a las ordenes de la Dirección de Salubridad Pública ,la cual nace como respuesta a esta peste.

Se pide a la población colaborar cuando la junta de sanidad visite sus domicilios para cazar roedores, tapar las bocas de las madrigueras de las ratas,echar alquitrán a los zócalos o destruir los tabiques y cielos rasos por donde podrían entrar los roedores.

Por último ,pedimos su apoyo para el traslado de los enfermos al lazareto ,el cual ya está por ser terminado a un costo de 4,000 soles en una de las colinas laterales del cerro cantera llamado Sonlocape ,en los terrenos de La Pampa contiguos al denominado Patazca.

Si la epidemia avanza, lo lamentaré, pero tendré que solicitar a la Dirección de Salubridad Pública el envío de un carro de zinc o en su defecto trataremos aquí de acondicionar una carreta para el traslado de los enfermos al lazareto.

Les repito, esta enfermedad es de necesidad mortal ;si el paciente llega a la convalecencia ,los bubones supuran y se secan gracias a la aplicación del suero antipestoso Haffkine y la vacuna Yersin .No deben llamar “seca” o “hinchazones” a la enfermedad.Esta enfermedad se denomina peste bubónica.

Gracias por haberme escuchado .

La reunión había concluido. El Dr. Ugaz siguió de pie observando atentamente a los pobladores que dejaban el recinto municipal en silencio y sintió la vibración del temor de los pobladores pero también de su esperanza.











Capitulo 5

El temido Lazareto



La chola Isidra estaba preocupada por la salud de su esposo Santiago,que ya tenía tres días postrado en cama con fiebre ,en su humilde vivienda al finalizar la calle Ganaderos .

Escuchó que alguien tocaba enérgicamente la puerta:

-¡Abran la puerta¡ ¡Abran¡.

-¿Quién es? -preguntó temerosa-.

-¡El médico sanitario¡ .

No bien Isidra abrió la puerta unos soldados ingresaron violentamente a buscar al enfermo .Lo ubicaron de inmediato y sin dilación alguna empezaron a sacarlo a rastras, mientras Isidra y sus pequeños hijos lloraban desconsoladamente.

.Por favor, - suplicó-, no se lleven a mi Santiago. Doctorcito, se lo ruego.

-Señora lo siento ,son órdenes que tengo que cumplir .Lo llevamos al lazareto. Allí recibirá atención médica.

Isidra, cambiando de actitud ,reclamó airadamente:

-El médico debe curar y no ser policía sanitario .Mi Santiago no es un delincuente.

La gente del barrio agolpada frente a la casa gritaba también apoyando a sus vecinos.

Los soldados debieron proteger la carreta, en que llevaban a Santiago ,de la lluvia de piedras que le lanzaron al cochero sólo por manejar la carreta adaptada como carro de zinc.

Una cuadrilla de trabajadores, protegida por la soldadesca, se quedó en la casa fumigándola con azufre. Después, la familia del enfermo quedó aislada.

El carro de zinc que era una carreta adaptada con planchas de ese metal como una caja cerrada salvo por una abertura en la parte trasera, hizo su llegada al lazareto. Allí, Santiago fue recibido por un personal con gorros y botas de jebe. En una camilla lo ingresaron al pabellón de hombres y ocupó una litera junto a otro enfermo, que no demoró en dirigirle la palabra:

-Señor, no se preocupe .Aquí hacen lo posible por ayudarnos .No pasa como en el lazareto de Lima donde me han contado que las monjas encargadas tienen a los pacientes a punta de leche y hierbas medicinales por lo que terminan debilitados y si mejoran de la peste pues los agarra otra enfermedad.

Santiago le contestó:

-Yo quería curarme en mi casa y había encargado a un familiar de Niepos que me envíe cuncuno para hacer mis emplastos y tomas porque me dicen que por allá ya no hay esta enfermedad. Voy a ver cómo me escapo de aquí en la noche y me voy a esconder a la chacra de un compadre, camino a Pimentel.

-No lo haga, amigo,- le replicó su ocasional acompañante -aquí va a estar bien.

El médico encargado se les acercó con un ayudante, al cual le ordenó:

-Hazme el favor de colocarle al paciente nuevo el suero antipestoso.

-¿Cuánto Doctor? -contestó el ayudante-.

-Colócale 15 ml. por vía endovenosa.

El ayudante se quedó preparando la aplicación y trató de calmar a Santiago:

-No se preocupe ,señor .Va a sentir cierto malestar por un par de días pero después va a mejorar. Encomiéndese a San Roque y va a ver que todo saldrá bien ;él es el patrono de los enfermos de peste.

Las afueras del lazareto proyectaban un aspecto tétrico por lo sobrio de su estructura y se percibía en el ambiente un tufillo a ácido fénico. La edificación estaba rodeada por algunas vallas de alambre y era custodiada por soldados armados con fusiles pero que temían al enemigo invisible contra el que las balas no tenían poder.

En esas tétricas afueras, se vio a Isidra tendiendo un petate bajo la protección de un arbusto, porque sentía que su lugar estaba allí donde sólo unos metros la separaban de su querido Santiago.



Capítulo 6

Recorriendo la Ciudad



Joaquín está preocupado por todo lo que acontece y camina pensativo y sin rumbo por la ciudad. Pasa por la tienda de A.R. Montenegro , en la calle Real ;camina en dirección al parque principal y se encuentra con el Dr. Ugaz al que le pide alguna noticia sobre la grave situación que se vive. Este le dice:

-Mire joven amigo , recuerdo que Ud. estuvo en Eten acompañando al Dr. Arias ,en los comienzos de la epidemia .No sé si sabe que el parásito de la enfermedad es la Yersinia Pestis pero el mal se manifiesta con la mortandad de las ratas infectadas, Las ratas diseminan el mal a través de las pulgas; en promedio tienen unas 10 pulgas pero en época de epidemia el promedio puede superar las 30 pulgas. Felizmente, con la labor que estamos desempeñando en conjunto con el municipio estamos controlando dicha expansión.

El problema no es sólo un asunto sanitario. La mayoría de casos proviene de barrios humildes ;más aún, con la denominación que se ha dado a los enfermos de “pestosos” o “apestados” ,se ha creado un problema adicional pero de tipo social.

Le cuento amigo, ya que estamos tocando este tema, aunque no voy a mencionar nombres por ética profesional, que he tenido que ponerme fuerte porque una persona acaudalada de la ciudad ha contraído la enfermedad sin que ni él ni su familia admitan que tiene la peste . Sólo cuando vieron mi férrea decisión de cumplir mi deber como médico aceptaron que intervenga pero he debido hacer un tratamiento a domicilio con recomendaciones precisas de salubridad y aislamiento. Fíjese amigo, así están las cosas; los ricos prefieren morir de riqueza.

Joaquín ve alejarse al doctor vestido de oscuro y tocado con un sombrero de pelo.

Cerca a la puerta del mercado en la calle San Pedro observa un grupo de gente que rodea a un vendedor en la vereda y se acerca a escuchar:

-Sí amigos,- dice el vendedor - no se contagien de la peste bubónica, está en sus manos evitarlo. Tengo acá el “jabón fénico” para su aseo personal con lo cual estarán protegidos, De otro lado si quieren tener buena salud tomen este licor ,“Fernet Branca” ;lo consumían los franceses durante la última epidemia que tuvieron y salieron airosos.

Sí señores y señoras, si desean que su casa este libre de la terrible peste límpienla con la “Lejía antibubónica”, la única que les garantiza limpieza total y todo a un precio razonable.

Joaquín reanuda su camino pensando que en cualquier situación existe gente que quiere aprovecharse de las circunstancias.

Más allá, tres damas recogen óbolos para obras de caridad. Joaquín las conoce de vista: Son las señoras Josefina de Dall’Orso y Laura I. Laca y la señorita Sara Bullón a las cuales saluda al tiempo que deposita su colaboración.

-Gracias,señor. – le dicen y la señorita Bullón agrega - :

- Lo esperamos del 24 al 26 de diciembre en la “Fiesta de la Caridad Pública” en el Hospital de Las Mercedes. Lo que se obtenga servirá para implementar el lazareto.

En la esquina de San Pedro con San Sebastián dos hombres patean a un mendigo y al dejarlo dicen en voz alta:” Estos mendigos son portadores de enfermedades asquerosas , por esta gente estamos sufriendo ahora con la peste bubónica,hay que eliminarlos”.

Desconcertado , Joaquín continúa su camino por la calle San Sebastián y recuerda a su amigo Juan José Quiñones Lastre ,inspector del Hospital de las Mercedes .Se dirige al nosocomio y lo encuentra trabajando en su escritorio.

-¿Cómo está amigo Juan José? .

- Más o menos, a pesar de mis dolencias personales y de esta peste no nos da tregua. Creo que el próximo año voy a pedir mi remplazo. Espero que me suceda mi amigo Francisco Cúneo Salazar que bien merecido lo tiene.

-No sea tan pesimista amigo, va a ver que las cosas mejorarán -le replica Joaquín.

-Dios lo escuche mi estimado Joaquín, pero aquí continuaré hasta donde sea posible, haciendo cumplir la tarea de este Hospital que es diagnosticar y comprobar los casos sospechosos de peste. Ya sé que no todo es malo. Mire Ud. ,me ha dado mucho gusto que la Beneficencia haya acordado como reconocimiento a la inolvidable señora Carmen Salazar ceder a perpetuidad su nicho temporal y colocarle una lápida de mármol en gratitud por las dos casas que donó al hospital y otra más para una escuela taller de niñas pobres.

-Qué bien ,ese tipo de gestos no debe ser olvidado. Bueno amigo Quiñones paso a retirarme ,continúo mi camino.

-Hasta luego amigo Joaquín ,gracias por la visita.

Joaquín ingresa a la calle Real ,pasa por la plazuela y llega a la estación del ferrocarril ,la cual a su parecer ya no es la misma de hace unos meses; hay cosas que han cambiado .En algunos carteles de la sala de espera lee una recomendación sanitaria:“Se prohíbe escupir fuera de las escupideras”. Ahora hay escupideras sobre trípodes en todos los ambientes. Un hombrecito de 60 años aproximadamente se encuentra trabajando en la estación y al ver pasar a Joaquín le dice:

-Habráse visto amigo, ya no se puede usar la escoba y el plumero, sólo trapo húmedo con desinfectante ,todo por culpa de esta maldita peste.

-Una consulta amigo – pregunta Joaquín por curiosidad -¿qué sustancia tienen las escupideras?

-¡Ah, mi amigo¡, -replica el hombrecito - eso es bicloruro de mercurio al 2 X 1000,y le cuento ,pero guarde la reserva del caso ,han preparado un letrero para colocarlo en el vagón en que por emergencia traerían a los pestosos, Sí señor ,lo he visto con estos ojos que ya están cansados ....¡pero ven bien¡ y todavía tengo buena memoria, claramente recuerdo lo escrito :“Coche para contagiados de enfermedades pestilenciales exóticas”;ya ve, no me falla la memoria .Estoy molesto porque ya no puede uno tomar sus tragos . Estamos advertidos, caso contrario nos botan; imagínese quedar sin trabajo a estas alturas de la vida.

-Si, pues .-le contesta Joaquín -Es complicada una situación así. No le quito más su tiempo, continúe con su trabajo. Adiós amigo.

Joaquín sigue su camino por la calle Real y ve a lo lejos un cortejo fúnebre que va al cementerio, por lo que acelera el paso para dirigirse hacia allá.

El cementerio de Patazca tiene pocos años de construido .Su fachada exhibe una sólida reja encajada en pilares de ladrillo ,rematados con jarrones alegóricos.

Cerca del camposanto, encuentra a su amigo Waltero Valderrama , dedicado a sus habituales trabajos agrícolas .

Al verlo Waltero le dice:

-¿Cómo está mi querido amigo Joaquín? ,¿Viniendo a visitar a los olvidados?

-No , -contesta escuetamente Joaquín - lo que pasa es que al ver el cortejo fúnebre me vine hacia acá.

-Le recomiendo, amigo Joaquín, que no vaya hasta el fondo del cementerio; allí están enterrados los pestosos, envueltos en sabanas empapadas de “sublimado”, dentro de sus cajones, a dos metros de profundidad y encima les han puesto cal viva. Usted va a reconocer el lugar al ver un letrero que dice “Peste 1904 a 1917” para que durante ese período no se remuevan los sepulcros y así evitar la propagación de los bacilos pestíferos los cuales son muy contagiosos.

-Gracias por la advertencia, pero me regreso de aquí nomás. -le asegura Joaquín-.

De regreso a la ciudad va pensando y llega a la conclusión de que ya nada será igual en Chiclayo. Espera que los médicos tengan una mayor participación pública que la que tenían ,que las autoridades se preocupen más por la salud pública , que los servicios básicos vayan mejorando paulatinamente ,que se fomente un mayor espíritu solidario …

-Ya nada volverá a ser igual -va repitiendo en su mente Joaquín -,ahora hasta el correo ha prohibido el envío de ropa usada por esto de la peste, ya nada será igual repite, ya nada será igual.........

-Señor ,señor,- le dice un niño a Joaquín ,cogiéndolo del hombro-ya hemos llegado a Chiclayo ,creo que se quedó dormido.

-Gracias hijo por tu aviso ,no estaba dormido sólo recordaba ,sólo estaba recordando…



NOTA :

Este relato de ficción se ha basado en documentación que por espacio de más de 30 años vengo acopiando ,en relación con el departamento de Lambayeque:

-Memoria de la Sociedad de Beneficencia de Chiclayo para el año 1900

-Memoria de la Sociedad de Beneficencia de Chiclayo para el año 1904

-Memoria de la Sociedad de Beneficencia de Chiclayo para el año 1905

-Informe relativo a la aparición de la peste bubónica en Eten 1904

-Informe del médico titular de Lambayeque, sobre el estado sanitario de Agosto 1904

-Estado Sanitario de Ferreñafe en 1905

-Informe del médico titular de Eten, correspondiente a Setiembre 1904

-Informe del médico titular de Lambayeque sobre el estado de esa provincia Setiembre 1904

-Informe que presenta el médico sanitario de la Villa de Eten en diciembre 1904

-Reglamento sanitario para los Ferrocarriles

-Circular a los Alcaldes de la República sobre las medidas preventivas contra la peste noviembre 1904

-Oficio a la Dirección general de Correos, pidiendo que en las oficinas de Lambayeque y Pacasmayo no se admitan encomiendas que contengan ropa usada

-“El Regreso de las Epidemias” de Marcos Cueto, 2000

-“2003, año de tres Centenarios” de DR. José Neyra Ramírez en Acta Médica Peruana vol. XX Nº 1

-Informe final presentado a la Dirección de Salubridad Pública del Perú por el Dr. J. D. Long –Comisionado viajero .Oficina Sanitaria Panamericana, 1935.




"Entré a la literatura como un rayo; saldré de ella como un trueno"- Maupassant

No hay comentarios:

Publicar un comentario