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martes, 25 de mayo de 2010

EL GESTO DE LA MONALISA DE GILBERT DELGADO

EL GESTO DE LA MONALISA DE GILBER DELGADO
Todo buen escritor guarda bajo su manga infinitas posibilidades de atrapar a sus lectores con datos escondidos, con lecciones de honor, con historias trucadas, con pre-textos ficcionales, con retórica pedagógica, con sibilinas anécdotas, con moralejas o con nostálgicas descripciones cronográficas, topográficas, como recurso de su vasto repertorio y su perentoria intención estética. Lo importante es atrapar y mantener en vilo hasta el final a los lectores. Sin embargo, toda esa batería de recursos necesita un hábil manejo y un dosificado experimentalismo de arte fabulador, pasión doctrinal de cada historia, de cada hecho literario, de cada historia pergeñada.

En Gilbert Delgado y su “El gesto de la Monalisa” se conjunciona fundamentalmente esa doble vertiente: la del ficcionador nato que parte de hechos aleccionadores de historias trucadas y la del pedagogo que pretende inmiscuir al lector en cada argumento hasta re-direccionar su formación o su pensamiento, su actitud o la subversión misma de los gestos en su vida post-lectura.

Con un lenguaje llano, con más predominio de sagacidad denotativa en su esquema propositivo argumental y una connotatividad en su manejo de técnicas narrativas y en sus finales cerrados de sucesos, Gilbert Delgado construye un andamiaje de historias de las que se aguarda una lección formadora y una concepción revalorizadora del argumento en su vertiente pedagógica.

Este, es pues, un texto con diferentes discursos poliédricos y estructuras disímiles, desde la historia directa doctrinaria, la construcción fabularia hasta los microrrelatos elípticos que buscan la complicidad de lector y la tácita comprensión del relleno ficcional imaginario, complementario.

Dentro del contexto de la narrativa lambayecana, la tradición ha mandado y ha gestado historias sincréticas de las leyendas rurales con las urbanas, hasta lograr insertar una historia de conversión de la oralidad en texto escrito. Casi se ha mantenido esta propuesta tradicional como una base de correlato de los mitos, las leyendas y las tradiciones, y, que de pronto es roto por “El gesto de la Monalisa”, con un menú literario experimentalista y que entra de lleno en la concepción de la historia post-moderna, como “relatos de convicción” que trabajan el subconsciente emocional y axiológico del personaje hasta convertirlo en un sustrato aleccionador y una propuesta cómplice de creador-lector por complementar vacíos, como lo hiciera el propio Cortázar con “Rayuela”.

Concebido como “educar desde la historia y anécdota literaria”, tomando como eje contextual la casuística argumental; y, adoptando el manejo estructura ágil, directo, sin profusión de laberintos minoicos ni artilugios de doble sentido y complejidad barroca, la prosa de Delgado es limpia, descriptivista, perfeccionista, elíptica, con rasgos propios de una fábula moderna y con una penetrante intención filosófica, axiológica y con una dosificación de equilibro perfecto entre un fondo pedagógico acompañado de un ropaje estéticamente literario.

“El gesto de la Monalisa”, se convertirá no sólo en un referente de prosa pedagógica y de maquinación literaria de profunda convicción forjadora, sino es una clara muestra que los docentes de Lengua y Literatura están comprometidos a predicar con el ejemplo de “enseñar sus virtuales y cualidades creadoras” a partir de la formación y prédica misma de su especialidad. Donde no sólo se sea un mero trasmisor y torturador gramaticaslista o expositor biogra-bibliografista de corrientes literarias, autores y sus característica pasadistas librescas, sino un referente inmediato que no puede haber alumnos creadores, sino son los docentes los primeros en levantar y decir aquí está mi texto, aquí está mi literatura y aquí me quedo. Parafraseando al inmenso Machado, diríamos, “docente no hay literatura ni creatividad; creatividad y literatura se hacen al ficcionar y publicar”.


Lambayeque, setiembre 14 de 2009


Nicolás Hidrogo Navarro


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