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domingo, 23 de mayo de 2010

EL LAUREL DE LA INFAMIA: EL PLAGIO

EL LAUREL DE LA INFAMIA: EL PLAGIO

Por Nicolás Hidrogo Navarro
¿Cuanto de lo que escuchamos, opinamos, discutimos, pensamos, leemos o enseñamos, criticamos o loamos, es auténticamente original? Poco. Casi todos tienen interferencia y contagio del virus de la copia, de lo bamba, como se dice peruanísimamente. Digo original como acepción de novedoso, aporte y elucubración propia, pensado y sustentado en la experiencia empírica y fáctica, no como forma hiperbatoneada o de pose y estilo ocasional con que se suelen presentarnos obras -artísticas o científicas-, disertaciones, investigaciones, canciones, postulados filosóficos, artículos, reportajes o programas periodísticos, etc. Aun nuestro dialectizado castellano, nuestras taras y muletillas están híbridamente contaminados de empréstitos culturales (lingüísticos, políticos, filosóficos, religiosos,...) resultado de ese fenómeno de aculturación impuesta y asimilada como opción de una equivocada concepción de “alta cultura” sufrimos ahora ya no una invasión armada, cruenta, sanguinaria y explotadora, sino una invasión ideológica del contexto globalizador y cada cosa que pensamos y decimos está influenciada, querramos o no, consciente (cuando admiramos a un personaje-autor de nuestras aficiones y queremos ser como él) o inconscientemente (cuando escuchamos hasta lo que no queremos escuchar, vemos lo que no queremos). Este proceso de invasión cultural es lo que nos hace en el mundo hoy, mediocres y misérrimo en ideas y convicciones propias, nacidas y surgidas de nuestra propia comprensión del mundo y sus fenómenos sociales, es decir, repetir con las mismas u otras palabras lo fundamental y tal vez ocultar hasta las fuentes para parecernos creadores heroicos con una sólida formación y maduración en una cultura de bastardilla, trillada y ensayada en mentes ajenas, quizá embrionariamente desde épocas presocráticas. Nadie puede negar hoy, menos atreverse a frenar, la velocidad del conocimiento ni la vertiginosidad de los cambios tecnológicos, so pena de quedarse relegado en el museo fosilizado de la historia anacrónica de las antiguallas y la desactualización. Pero, ¿existe un avance paralelo entre las ideas filosóficas y la tecnología en nuestro tiempo? Dedicamos poco tiempo a pensar y a que estas ideas cuajen porque es más fácil repetir lo que está pensado, vil oficio y práctica hasta en respetables ideólogos, intelectuales que pasan por zahoríes, cuando en el fondo han desarrollado la habilidad y destreza del declamador dicharachero.
Este vaciado de ideas me viene después de haber tenido en muy alta admiración y respeto por la contundencia de sus argumentos estudiados y memorizados al pie de un libro de crítica literaria, cuando creía que por esas nervudas venas neuronales que resaltaban de su grasienta frente, afloraba una crítica basado en el análisis e interpretación profunda de mi profesor de Literatura Hispanoamericana en la universidad. Este granuja tenía una buena memoria -mérito de los profesores de las currículas antiguas- y una paranoica obsesión de tenencia única de libros sin prestarlos nunca a nadie jamás para que “nadie lo iguale ni sepa más que él” . Después de una memorable “cátedra (recitación, digo yo) sobre los autores del boom latinoamericano y la novela” y después de 8 años de admirador secreto y de haberme topado en una librería suelo con la “Historia personal de boom...” del chileno José Donoso, me decepcioné del torrente crítico de mi profesor, no por su memorable clase memoriosa e invectiva, sino porque nos había hecho tragar el cuento que todo lo vertido era un aporte personal. Daba la impresión, que este profesor había formado parte de esta época gloriosa de la novela hispanoamericana como uno de sus artífices, por conocer tantos detalles, que al fin conozco son del autor “El obsceno pájaro de la noche”. Ejemplos de dudosa autoría no faltan ni en la Biblia, en pintura, música, historia, ni en filosofía tenemos del todo una certeza de quiénes hicieron aquello que admiramos. La polémica del celebérrimo William Shakespeare y la dudosa paternidad de gran parte de sus obras, todavía continúa en pie. El gran Goethe, Homero, no se salvan de ser autores de obras cuestionadas. A este vicio maniático de hacer pasar cosas dichas, escritas, inventadas, ensayadas por otros como cosas nuestras, se llama plagio. Aún subsisten estilos de sastrería, refundición y adaptación muy tendidos a los plagios, que en el peor de los casos resultan burdos remedos, y en otros, por recreación logra justificarse como un medio de extender y readecuar el conocimiento a una necesidad pedagógica, dialógica y existencial. Existen periodistas e historiadores cronólogos, críticos de arte, que no pueden escribir un párrafo sin contar con sus fichas y sin citar autores beatificadores y datos para pontificiar y “darle rigor científico” con un pie de página de media carilla, estilo sociológico felizmente de décadas pasadas, que no hacían otra cosa que servir de fastidiosos e impertinentes distractores antes que complementos necesarios y enriquecedores como se pretendía justificar. Más concreto y explícito debo ser: En nuestras Universidades e Institutos Tecnológicos y Pedagógicos tenemos ejemplos notables de prácticas generalizadas de plagios. De acuerdo a un estudio referencial y de vivencia propia determiné comparativamente que los alumnos hoy se gradúan fácilmente con tesis de contenidos similares y con carátulas, años y autores distintos; y, a veces, lo que parecía original porque no se encontraba otro trabajo igual en la misma hemeroteca, resultaba que era una copia de universidades capitalinas como La Católica, San Marcos, La Molina, La Cantuta, dependiendo de la especialidad y la facilidad para obtener una copia a la que debería dársele un nuevo digitado y listo para ser expuesto y sorprender con una “novedad” de irreductible compacto veraz y rigor metódico en su elaboración. ¿Cómo saber cuando es propio y original un trabajo, caso Centros de Formación? Difícil. Habría que estar interconectado con otras casas rectoras del conocimiento y dedicado a tiempo completo a leer y conocer todo aquello que fue presentado y aprobado, para que antes de ser timado y archivado tener la seguridad que ese futuro profesional fue y es capaz de... Y a quien le importa o debe importarle que un trabajo de investigación tenga la seriedad y la utilidad de plantear soluciones alternativas a nuestra realidad y replantear estrategias experimentales para impulsar desarrollo y cambio y que no sean trabajos apócrifos que estén empolvándose y cada vez más lejano de aplicarlo a un contexto tan otro y tan lejos del día de la gran estafa académica. A Todos.

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