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domingo, 23 de mayo de 2010

SAPITO SAPON: La empatía entre dos reinos de la naturaleza

SAPITO SAPON:  La empatía entre dos reinos de la naturaleza
Por Nicolás Hidrogo Navarro

La literatura infantil constituye un proceso pedagógico integrador, que abre un camino hacia la comprensión de mundos ficticios con una intencionalidad didáctica, orientadora y formadora de una conciencia social, reconstruyendo un mundo articulador entre el aprendizaje, fantasía, imaginación y formación de valores estéticos y socio-culturales.
Para Vygosky como para Piaget, el niño asocia sus aprendizajes a sus contextos culturales del mundo adulto de manera gradual. Y su primera visión “real” del mundo lo constituye y representa la literatura. Para ello en el sistema educativo, el docente utiliza como instrumentos de penetración las fábulas, las leyendas, los mitos, las canciones, las adivinanzas, las jitajánforas, el mismo teatro, como una representación misma de la realidad. El niño asume un rol activo, una asociación mental, cognitiva y emocional con el argumento, con la polifonía de las voces y con esa historia como veraz: es el primer mundo que el niño explora, imagina y elucubra y del cual se mantiene recibo hasta su senectud.

El animismo que brota de las fábulas, genera en el imaginario lector o escucha del niño un mundo posible cargado de mensajes subliminales, de seres inanimados que cobran vida, tiene aptitudes y acciones humanas, sin que ello confunda los planos de la realidad y la fantasía. El niño se da perfecta cuenta de esta superposición de planos hasta que entra, según Julián de Zubirìa, entra a la etapa del conceptual concreta, donde se delimita las acciones racionalidades de las irracionalidades y le da una categoría conceptual.
Por ello, analizar un texto de literatura infantil implica, en primer término ubicar la edad mental del lector; en segundo momento la intencionalidad misma del mensaje dirigido, las estrategias post lectura metacognitiva, y en tercer lugar los procedimientos estructurales constitutivos del texto mismos (colores, dibujos, textura, dimensión de las letras, extensión corta, lenguaje adecuado a la edad del lector y la predisposición motivacional y orientación pedagógica de la lectura).
Estos pre-requisitos estructurales y pedagógicos se cumplen en Sapito Sapón de Javier Villegas:

A.- Aspecto de forma
La estructura de nueves segmentos parrafales con dos apartados narracionales meridianamente definidos (Narración 1: el descubrimiento y convivencia interactiva del niño con Sapito Sapón. Narración 2: la ausencia sentida de Sapito Sapón en la vida del niño).
Como el texto está orientado a niños de los grupos etáreos 06-09 años para trabajo pedagógico en aula, contiene 459 palabras (2104 caracteres), lo suficiente como para una lectura pausada que no sobrepasa los cinco minutos y como para mantener la atención y concentración de los niños que en este caso, no sobrepasa los diez minutos.
Siete viñetas interiores ilustran y ejercen el papel, de orientadores y motivadores visuales de la lectura, que con su colorido energizante le imprimen a la historia un realismo complementario a la imaginación semiótica del lector.
Otro aspecto de la forma es la calidad de la tersura misma del couché, que alisado a la delicadeza misma del lector, genera en su tacto una sensación de suavidad misma de la historia.

B.- Aspecto de fondo
La historia de Sapito Sapón es una historia llana, directa y fabulada.
El retrato literario de Sapito, es pintado con una delicada etopeya de personificación noble, confidente que genera confianza inmediata al niño; y con una prosopografía curiosa “tremenda barriga y .. atlética manera de saltar de un lado a otro”, que genera en el lector la imagen de un ser simpático y bonachón.
El manejo de los tiempos se da con una apertura de una convivencia pasiva, que luego se troca en confidencial y con un final inesperado: la desaparición física de Sapito Sapón por los mismos artilugios de los fenómenos de la naturaleza que inclemente fustigan al vecino bonachón.
Esa ruptura mental del amigo perdido, llena en duelo al niño con la promesa de llevarlo “en el corazón”.
La intencionalidad de Sapito Sapón es sensibilizar al lector a partir de una historia ecológica y amical que se genera entre un ser, teóricamente, racional (el niño) y un irracional (Sapito), que fundidos en la magia de la literatura ambos terminan siendo “seres humanizados” que personifican un papel de responsabilidad ante el mundo. La soledad del niño, muestra el abandono moral que los adultos tributan a los más indefensos que terminan por crearse amigos imaginarios.
Sapito Sapòn escuchar la voz interior del escritorcillo que se cuece en el niño, actante principal de la historia y nos transporta hacia la sensibilización y empatía perfecta entre el mundo de los seres humanos y los animales humanizados.
La literatura infantil en el Perú y en Lambayeque en particular tiene en Javier Villegas Fernández a unos de sus exponentes más representativos. Educador, poeta y fabulador infantil, terco promotor cultural, se ha sumado al Conglomerado Cultural para promover la literatura del Perú y el mundo entero sin distingos ni argollas circuleras. Ya es todo un clásico con sus textos en el plan lector y es un gran animador cultural en la I.E. Sara A. Bullón de Lambayeque. Sapito Sapón, es una contribución más a la pedagogía infantil y un claro mensaje ecológico al mundo desde el imaginario mundo del niño y todas sus nostalgias de paz, amistad y valoración de esta etapa maravillosa de la vida. Sapito Sapón, es el equivalente al Platero del magnífico Juan Ramón Jiménez: seres subliminales que inspiran ternura y nos dejan una sensación de vacío y soledad cuando por la magia de la literatura desaparecen. En Sapito Sapón nos extrapolamos e identificamos con el mundo de esos pequeños hacedorcillos solitarios que buscan refugio en el animismo y complicidad amiguera con seres tiernos e indefensos.


Lambayeque, marzo 13 de 2009
Sapito Sapón
En el jardín de mi casa, habita Sapito Sapón. Es un sapo muy curioso, parece tocado por la magia y el encantamiento. No lo vi llegar, hasta que una noche su voz pasmosa y ronca lo delató, y allí estaba con sus inmensos ojos vigilantes, su tremenda barriga y su atlética manera de saltar de un lado a otro.

A veces, me parece que se hubiera marchado. Me invade la aflicción, y pienso que no volveré a tener otro amiguito en mi jardín con quien entretenerme. En ese momento lo busco afanosamente, hasta que lo ubico, lo miro muy solícito, y me doy cuenta que su color verduzco le sirve para camuflarse acertadamente entre las hojas de las matas de hortensia o los geranios.

Rara vez, sale a pasear de día, es muy tímido y asustadizo, sólo cuando escucha mis pasos y el timbre de mi voz salta hasta mí, alegremente. Me acerco y le hablo, como a mi mejor amigo, le cuento que ya le escribí una poesía, un cuento, y que es el centro de mis conversaciones en la escuela.
Parece alegrarse y salta entusiasmado, me pongo en cuclillas y platicamos de lo hermosa que es la vida en el campo, de la forma que debemos cuidar la naturaleza, para que la contaminación no siga amenazándola.

Sapito Sapón me contó que se alimentaba de pequeños mosquitos y libélulas y que, para ello, solamente tenía que sacar su húmeda y pegajosa lengua y el bocado estaba asegurado. Me decía también que cuando el calor arrecia, se esconde en los lugares donde hay mayor humedad, para que el sol no reseque su piel y lo agobie hasta la desesperación.
Cuando intuye que el aguacero se acerca, se pone feliz hasta el delirio, y apenas caen las primeras gotas lanza su croído hasta contagiar a todos sus amigos, que ejercitan su afónica garganta y lanzan al aire su batracia sinfonía.
El agua nos permite reproducirnos- me decía- por ello con nuestro croar rendimos pleitesía a esta magia de la naturaleza. Cuando hay luna llena, conversamos con ella, le hablamos en coro y le decimos que es bella y bondadosa, porque a pesar que se roba la luz, ella la comparte con nosotros desde la ignota lejanía.

Pasaron los meses, hasta que cierto día, el invierno empezó a desatarse con una intensidad descomunal: llovizna, ventarrones, rayos, truenos y un frío tan intenso que cuando hubo pasado dicha temporada, busqué a Sapito Sapón y no estaba por ningún lado.
Me invadió la tristeza, lloré buscándolo por todos lados, y sin señas de él, recordé los momentos más felices que habíamos pasado juntos, lancé un profundo suspiro y me hice la promesa de llevarlo en mi corazón para toda la vida.

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