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domingo, 13 de junio de 2010

CONFERENCIA MAGISTRAL DEL ESCRITOR MARIO VARGAS LLOSA EN SU INCOPORACIÓN COMO DOCTOR HONORIS CAUSA A LA UNPRG-LAMBAYEQUE.

CONFERENCIA MAGISTRAL DEL ESCRITOR MARIO VARGAS LLOSA
EN SU INCOPORACIÓN COMO DOCTOR HONORIS CAUSA A LA UNPRG-LAMBAYEQUE.

TEXTO ÍNTEGRO

Lambayeque, Ciudad Universitaria, diciembre 18 de 2002



EL VARGAS LLOSA QUE QUERÍA CONOCER

Por Nicolás Hidrogo Navarro

Le debo a Mario Vargas Llosa, más que a ningún escritor, mi intromisión e incursión a la literatura. Lo descubrí siendo un mozalbete estudiante de provincias en el “Alonso de Alvarado” en Bagua Grande que un día de 1985 se topó en la librería de este cajamarquino bonachón y solitario don Mavilo, con este enrevesado libro prodigioso, madre de todos los arquetipos y martingalas narrativas y estructurales, La casa Verde. A la sazón frisaba el 4to año de secundaria y sin que estuviera en la programación oficial de lecturas escolares, compré este libro porque me gustaban los retos desde entonces a raíz de unos artículos en el diario Expreso sobre Historia secreta de una novela. Para cualquiera hubiera sido, la lectura de esta obra, una frustración por su elevado grado de complejidad de disrrrupción ilógica desde el principio, pero vaya que lo leía con fervor místico y sólo ese libro decidió rotundamente que saldría de mi pequeño Bagua Grande para ir derecho a la universidad a estudiar Literatura y ser escritor. Siempre soñé conocer a este prodigioso autor y la primera vez que lo vi, colorado, sudoroso, con un rostro rozagante y jubiloso discurseando con un acento españolete, por el inclemente sol de Uctubamba, fue en 1989 haciendo campaña como político, en plena plaza de armas de Bagua Grande. No podía creer que llegara hasta Bagua Grande pero allí estaba por algunas horas de paso. Mi curiosidad por él era literaria, pero estaba rodeado de unos 4,000 piquichones fredemistas que me impidieron siquiera acercarme a no menos de doscientos metros.
Diecisiete años después, ese sueño oculto de ver en persona a mi autor favorito y acercarme a saludarlo y preguntarle algo de su obra, se dio cuando ya había terminado de estudiar Lengua y Literatura en la FACHSE-UNPRG. Pese a la circunstancia restringida del acceso, hasta para los escritores locales, pude ingeniarme a ingresar al auditorio y no sólo saludarlo con un apretón de manos de admiración sino a decirle que la mejor obra que había escrito, para mí, era La casa verde, sonrió con un cascabeleo y dijo “puede ser, jejeje, aunque para muchos sea la más controvertida eh…”. No sólo logré colmarme, como un fan enamorado, sino que tuve la fortuna que por tan solo referirle eso, Mario Vargas Llosa me autografió dos veces la mismísima obra de colegial que la traía maltratada y amarillenta los bordes de tantas re-lecturas nocturnas y solitarias desde mi época colegial hasta universitaria. Fue un sentimiento casi místico y esa obra es lo mejor que hay en mi biblioteca, por lo que significa.




LO QUE SUCEDIÓ CUANDO MARIO VARGAS LLOSA LLEGÓ EL DICIEMBRE 18 DE 2002 A LA UNPRG

Fue una ceremonia que empezó a las 7.25 p.. y culminó a las 9. 20. p.m.
La conferencia del laureado escritor duró apenas 35 minutos, suficiente para reafirmar su pasión y defensa por la escritura y la lectura de los libros, aunque sus presentadores hicieron un culebrón biográfico ditirámbico de casi dos insufribles y suplicientes horas.
QUE SE ESPERABA
Estar cerca de Mario Vargas Llosa, verlo, escucharlo, recibir su conjuro y su bendición literaria. Eso era el sueño, largamente acariciado, cuando se difundió en los medios de comunicación su presencia. Todos creyeron una ceremonia apoteósica de canonización literaria, pero lo que se cocinó fue un cónclave a puerta cerrada.
Se esperó un contacto directo con el público, al que se debe el escritor, y no con cuatro improvisados discurseros salpicados de ignorancia literaria y forzada lírica fofa.
Muchos amantes y seguidores, desde jóvenes, de las aventuras del Esclavo, Los Inconquistables, Fushía, Zavalita, Pedro Camacho, Pantaleón, Lituma, hoy convertidos en lectores o escritores asolapados y nuevos difusores culturales, docentes de aula, jóvenes estudiantes de Lengua y Literatura de la UNPRG y de otras instituciones educativas, creyeron encontrar la magnífica oportunidad de estar en contacto con el autor de su predilección. Pero fue en vano. Algunas autoridades, neófitas en estos lances literarios, creyeron que los Honoris Causa es una fiesta masónica, privada. Agrónomos, sociólogos, matemáticos, estadísticos, veterinarios, abogados, jardineros, verduleros, amas de casa, arquitectos y sus asistentes hicieron mayoría absoluta con sus recomendados y sus comparsas de curiosos que nunca jamás en su vida habían leído siquiera un párrafo, tuvieron el privilegio -vetado para los verdaderos amantes y lectores del autor de La casa verde, Conversación en la Catedral, La ciudad y los perros-, de estar oteando como bicho raro al escribidor. Es indudable que entre los jóvenes, quienes amamos y escribimos, hubo un malestar general por verse fuera de toda posibilidad de escuchar y ver al escribidor.
La presencia de Mario Vargas Llosa, nos sonaba a un deseo de exorcizarnos, de sentir el tocado mágico de su presencia, sus palabras, quizá un apretón de manos, un autógrafo en algún libro suyo ya releído, una foto con el más grande para sentir fetichezcamente que hemos estado al lado del mago mayor de la palabra y poder seguir sus sendas.

QUE SE HIZO
Secuestraron al insigne escritor en 300 metros cuadrados para verlo como una curiosidad, más que para rendirle un tributo a un creador. Cómo puede alguien valorar lo que nunca ha empezado, menos terminado, de leer siquiera una hoja de un libro de alguien. Sólo fue una fiesta VIP para alguien que quería conocer a alguien que siempre escuchó de oídas como una pieza de museo.
Los de adentro en nombre de los de afuera condecoraron y les dijeron “Señor Mario en nombre de los que le leen, nosotros los que nunca le hemos leído siquiera una obra, le otorgamos el Doctor Honoris Causa para que siga escribiendo y los demás lo sigan leyendo”. Fue absurdo, fingido y hasta circense ver como los doctores de las matemáticas y las ciencias exactas e inexactas se quedaban dormidos mientras los lectores estaban con los crespos hechos y las ganas reprimidas, quizá en parte aquí compensadas con lo que expreso.
Los verdaderos lectores, alumnos, profesores, escritores, difusores culturales, quedaron atrancados en las afueras impedidos por un cordón de gorilas casi presidencial, limitándose a ver una imagen borrosa por circuito cerrado fuera de local que por protesta nadie quiso ver.
Como egresado de la UNPRG, especialista de Lengua y Literatura, compenetrado en el oficio de escribir y enseñar, me da vergüenza ajena por la metodología cortesana y exclusoria y el trato que se ha dado con la discriminatoria entrega de pases sin más criterios que de amigos o conocidos. Estoy seguro que de saberlo el escritor, no habría aceptado tal forma de presentación. Su discurso tiene esos barruntos.
Señores, esos pases debieron ser para quienes seguiremos leyendo y difundiendo la obra de este ilustre peruano y no para aquellos que solo buscaron el figuretismo y decir ufanamente “estuve al lado de Vargas Llosa y me tomé una foto con él”.
Al final se armó un zafarrancho entre periodistas, escuderos y desesperados fotofílicos, casi a lo Ayatola Jomeini en su funeral, arrancarle algún pedazo de su piel o tocarlo como se toca a un santo para recibir su gracia numénica y demiúrgica del escribidor.
EL DISCURSO

DEFENSA DE LA AGONÍA DE LA LITERATURA POR EL ÚLTIMO CABALLERO ANDANTE DE LAS LETRAS PERUANAS

Es indudable que los discursos sin papel tienen mucho más e infinito mérito y emoción en el oyente que aquellos preparados y leídos –y a veces hasta mal leídos- tal vez en más de una ocasión o confeccionado por otro.
Lo que dijo Vargas Llosa, tuvo ese carácter y aún fue más allá “su reflexión en voz alta” : fue un discurso reafimardor de su convicción irrenuente por la literatura y defensor de los libros, pero al mismo tiempo de preocupación por el futuro de la lectura frente a la competencia de los medios de comunicación.
Fueron nueve ejes temáticos en los que giró los 35 minutos, de su bien estructurada sintaxis castellana:
1. Resaltó el valor del lenguaje como instrumento de comunicación y forma de alcanzar la modernidad.
2. Semiotizò el papel de la lengua como herramienta integradora y de humanización.
3. Categorizó la literatura como algo más que un entretenimiento aburrido y pasajero
4. Demarcó el papel y la utilidad de la literatura en la cultura y el desarrollo humano.
5. Criticó el papel ridículo de ciertos profesionales que no se saben expresar y utilizar la lengua y sus amplias posibilidades semánticas y sintácticas.
6. Defendió el orgullo del idioma castellano como instrumento vasto y rico en posibilidades combinatorias.
7. Mostró su preocupación por el futuro de la crisis de la buena lectura frente a la competencia poderosísima de los medios de comunicación
8. Destacó el papel y el rol de los docentes y padres de familia como los motivadores y continuadores de la tradición literaria
9. Relievó el papel de la categoría libertad como derecho indoblegable de la democracia y la modernidad.
Su argumentación y su alegato fue de un compromiso explícito y defensa cerrada de la literatura como un género que tiene una vigencia capital en la humanización, herramienta de integración y ariete de las libertades y trinchera contestataria, desde donde podemos hacer de nuestra libertad un bastión de nuestra autonomía y derecho a la modernidad. Aquí se vio al Vargas Llosa recuperado a sus rediles, al que siempre lo quisimos a pesar de sus intentos políticos fallidos, dejando de lado su opinión de ciudadano político y crítico de los sistemas económicos y sociales. Aquí encontramos al Mario “como pez en el agua”, despachándose con un silencioso y subterráneo temor por la agonía de la literatura, respuesta inconfesable en una sociedad mediatizada que ya no compra sino vende sus libros para subsistir; y aquellos que compran lo hacen sólo para exhibirlos como trofeos de aculturamiento y adorno más que como herramientas de aprendizaje y de catarsis lectora.

Nadie le pidió un comentario político y lo vimos más cómodo haciendo lo que más le gusta hacer: hablar, comentar, mostrar sus fobias y filis literario, defender sus libros y la lectura, justificar su actividad como un compromiso irrestricto de sus propias convicciones estéticas.
La literatura nunca morirá, pues esta vive en su esencia, y exista o no papel, exista o no pluma, exista o no escribidor, ésta seguirá existiendo. Sin embargo – un temor asaltado en Vargas Llosa, por sus palabras – es necesario entender que un éxito editorial no necesariamente es un éxito de lectores, pues la gente no lee aunque compre los libros, éstos se han convertido, para algunos, en objetos suntuarios para impresionar al visitante más arrebatado.
Paradojas de la vida:
• Si Vargas Llosa hubiera ganado la presidencia de la república del Perú en 1990, hubiéramos perdido al más grande escritor peruano del siglo XX, al candidato peruano al Premio Nóbel más prometedor. No se hubiera escrito La Fiesta del Chivo. No hubiese sido incorporado como miembro de la Real Academia Española de la Lengua, y al terminar su mandato segurísimo hubiera salido tan manchado como suelen salir casi todos los políticos, que llegan al poder.
• Si el padre de Vargas Llosa no lo hubiese mandado a estudiar al Colegio Militar Leoncio Prado, jamás se hubiera escrito “La Ciudad y los perros”.
• De no haber ganado su cuento •”El desafío”, tal vez no hubiese conocido Francia, ni cimentado su vocación de escritor y fuera quizás, aquí en nuestro país, un escritor de dominicales o cada vez que hay tiempo, muriéndose de hambre con un sueldo de profesor y empeñando hasta su vida para publicar algún libro de escaso tiraje.
Vargas Llosa, sólo por lo que a escrito, ya debiera tener entre sus manos el Nóbel. Cuidado con lo que le pasó a Borges. No hay Nóbeles póstumos, pero sí escritores que sin ellos igual siguen teniendo la admiración como la que sentimos por el creador de La casa verde.
Lic. Nicolás Hidrogo Navarro
Escritor lambayecano de la generación del 90


CONFERENCIA MAGISTRAL DEL ESCRITOR MARIO VARGAS LLOSA EN SU INCORPORACIÓN COMO DOCTOR HONORIS CAUSA A LA UNPRG
Ciudad Universitaria, Auditorio “Francisco Aguinaga Castro”
Miércoles 18 de diciembre de 2002

TRANSCRIPCION MAGNETOFÓNICA ÍNTEGRA
Puntuación, parrafeo y trascripción: Nicolás Hidrogo Navarro

(8.32 p.m.)

Señor Rector de la Universidad “Pedro Ruiz Gallo”,
Señor Vicerrector,
Distinguidas autoridades,
Señores Decanos,
Estudiantes,
Señores y señoras,
Queridos amigos:

Recibo con mucha emoción y gratitud esta distinción que me incorpora simbólicamente al claustro académico de esta universidad. Estoy conmovido con tantas demostraciones, designaciones de generosidad y cariño que ustedes acaban de escuchar. Principalmente las palabras de Néstor Tenorio Requejo, que es un viejo amigo que desde hace muchos años dedica su inteligencia y su tiempo a estudiar mis libros y a escribir sobre mi obra.

Ustedes saben que esto es típica generosidad norteña, chiclayana, lambayecana que deben rebajar todo eso al natural, es decir rebajarlo considerablemente para acercarse a mi verdadera realidad.

Estoy muy contento de estar aquí con ustedes esta noche. La verdad es que era una vieja cita que teníamos programada y que las circunstancias de la vida han ido postergando una y otra vez hasta que felizmente llegó la ocasión. Créanme que es un encuentro que me alegra, me exalta, me emociona, y que recibo con la modestia debida y como un mandato de rigor, de autenticidad y voy a tener muy presente en mi trabajo para no decepcionar a quienes tienen un concepto tan excesivamente alto e inmerecido de mi trabajo.

Mi trabajo tiene que ver fundamentalmente con la literatura, aunque he hecho muchas otras cosas en la vida. Lo fundamental, cuando miro atrás, cuando hago las sumas y las restas, ha sido la literatura. Por algo quiero ser recordado, ojalá que fuera por contribución a esta actividad, que a mí me ha enriquecido extraordinariamente en la vida, desde que aprendí a leer a los 5 años.

Aprender a leer, lo he dicho muchas veces, es sin duda lo mejor que me ha pasado en la vida. Y recuerdo muy bien, vivía en Cochabamba, estaba en el primer año del colegio y de pronto mi vida, que en aquel entonces era una vida pequeñita, limitada, se abró y creció y se multiplicó gracias a esas vidas ficticias, de las historias de aventuras, de las que yo podía apropiarme, gracias a la lectura. Mi impresión de esas primeras lecturas, tan vívidas, es tan fuerte y tan vívida 60 años después. Sin exagerar, puedo decir que los personajes de aquellos libros están en mi memoria mucho más frescos, vivos y lozanos que las personas de carne y hueso, con las que ayer compartí la aventura de primaria, de los primeros años de la vida. Seguramente, fue gracias a ese encandilamiento que me producía la lectura, la publicidad, la exaltación que me daban los libros que leía, llegué a convertirme años más tarde en escritor.

La literatura es una vocación, es una ficción, es también una disciplina y un trabajo. Pero antes que nada, primeramente, la literatura es un placer, es un extraordinario placer, algo que ojalá los profesores de los colegios, los padres de familia inculcaran a los niños y a los jóvenes, convencieran a los muchachos y a las muchachas que comienzan la vida, que leer buena literatura, leer los buenos libros, los poemas, las novelas, los ensayos, de los grandes que han escrito, produce un contento, una felicidad, que es difícil de describir, por lo profunda e intensa que es. Creo que esa es la mejor manera de crear lectores, convenciendo a los niños que leer literatura es una forma extraordinaria de diversión. Es también otras cosas, desde luego, pero lo primero que es la literatura es una manera extraordinaria de pasar el tiempo, de enriquecer la vida de la imaginación, el espíritu, una manera de satisfacer muchos deseos, que llevamos en nosotros, que la vida misma, la vida real, que la vida inventada de los libros no está en condiciones de aplacar. Pero no solo porque la literatura es placer, la literatura debe ser enseñada, vivida, conmovida, también por muchas otras cosas.

Yo quisiera que este fuera el tema de esta conversación con ustedes, con una reflexión en voz alta.

Existen en muchas personas la idea equivocada de que siendo la literatura un entretenimiento es por lo tanto una actividad prescindible, como ocurre con los entretenimientos. No es así, la literatura es un entretenimiento extraordinario, desde luego, pero es, además, muchas otras cosas. Yo creo muchas de ellas, fundamentales para un individuo, para un ciudadano, para una sociedad que quiere ser moderna, democrática y libre. La primera de las grandes contribuciones de la literatura a un individuo, a los ciudadanos de una sociedad tiene que ver con el lenguaje. No existe una manera mejor de conocer su propia lengua que adueñarse de ella, dominarla de tal manera que podamos utilizarla en todas sus posibilidades y riquezas como buena literatura. Nadie mejor que los buenos libros que se han escrito, nos enseña a conocer las riquezas de nuestro propio idioma. Nosotros, tenemos la fortuna de formar parte de una comunidad lingüística muy vasta, una de las más grandes y activas en el mundo que es la comunidad de la lengua española. Esta es una lengua frondosa, antigua, riquísima, y que está constantemente evolucionando, transformándose, enriqueciéndose gracias a ese aporte constante que hace la veintena, por lo menos, de países que hablan español.

Ahora bien, el hecho de pertenecer a esta comunidad lingüística, hace de nosotros, potencialmente, hombres y mujeres de nuestro tiempo, dueños de la modernidad y dueños de un instrumento extraordinario para conquistar la modernidad y aprovecharnos de ella. Ahora, no existe una manera mejor, más profunda más cierta de conocer el español, de dominarlo y utilizarlo en la gama de matices, de sutilezas, que tiene esta lengua enriquecida por tanto creadores admirables. Leer la buena literatura, impregnarse de la buena prosa de nuestros escritores. Dominar un idioma, saberse expresar con corrección, utilizando toda esa utilería extraordinaria, y riquísima de una lengua como el español, es algo que solo se puede obtener a través de una buena lectura literaria.

Hablar bien, no solo significa expresarse con fluidez, significa pensar bien, pensar con claridad, saber matizar tus pensamientos y saber traducir con exactitud los conceptos, las emociones, las ideas, que nos avisan y eso es algo que se consigue a través de la literatura y sólo a través de la literatura. Un espectáculo muy frecuente en estos tiempos que vivimos, es de pronto escuchar a gente cuyos oficios o profesión son médicos, ingenieros, economistas y a la hora de ponerse a hablar y explicarnos un determinado problema muestran una incapacidad tan grande para poder expresar esos libros o conocimientos que hay en ellos, que nos desconciertan, nos confunden y deprimen. Lo que ocurre es que esas eminencias, determinadas en el alto rango del saber no han leído o han leído poco y mal, por eso no dominan su idioma. Y esa incapacidad para expresarse con corrección limita sus conocimientos a la hora de comunicarnos a nosotros. Para poder dominar un idioma, para poder a través del dominio del idioma ser mejor, más profundo que la propia rama del saber de la vocación, hay que leer literatura y hay que leer buena literatura.

Hay otras formas de constitución de la literatura a la vida de la ciudad. Nosotros vivimos en una época en que el extraordinario avance de los conocimientos se ha ido especializando cada vez más el saber, es decir fragmentándolo, en provincias, distritos en los que los especialistas conocen profundamente un tema y conocen cada vez menos de nosotros, incluso los más próximos o vecinos. Esto está creando un archipiélago en el mundo de cultura en el que hay cada vez más especialistas y cada vez menos conocedores de la cultura del mundo, lo que antiguamente se llamaba humanista. Nadie puede venir a juzgar de los hechos, las ciencias sociales en el renacimiento con Juan Pico de la Mirándola, un símbolo, del hombre que lo sabía todo. Eso crea incomunicación entre los seres humanos, mina la solidaridad y la fraternidad, disgrega esa comunidad en la cual el progreso, desde luego, no es posible.

En la literatura y las artes, desde luego, son unos pocos los denominadores comunes. Hoy día, en el campo de la cultura, la literatura, la arquitectura, la música, no puede ser, de ninguna manera, dominio de especialistas, puede haber escribidores, críticos que convierten en un saber especializado, la literatura, la música. Pero ningún género creativo busca apiñarse un mundo de especialistas. Los que escriben poemas, los que pintan cuadros, quienes componen sinfonías u operas, tratan de llegar a todos. Entre todas estas fuentes de la creatividad humana, ninguna cimenta tanto la solidaridad, la idea de pertenecer a una comunidad humana como es la literatura.

Porque nosotros al leer las aventuras de “El Quijote de La Mancha”, sentimos una cercanía, una proximidad, un parentesco, una filiación con gentes que, en ámbitos muy distintos al nuestro, sienten también la misma emoción, la misma ternura la misma exaltación, la misma cólera. Las desventuras de ese manchego enloquecido por los libros de caballería y su escudero. Esa comunidad de la que nos hace formar parte de una obra literaria, no tiene que ver solamente con nuestros contemporáneos, sino también con quienes antes de nosotros participaron de unas emociones parecidas. Y eso nos une seguridad, eso nos integra a una nación y, sin decirnos de una manera explícita, nos recuerda que constituimos una familia, una sola familia de seres humanos que defiende desatrapías, defiende también la genealogías.

En el pasado todo el saber contribuía a infundirnos esa idea de comunidad, de integrar lo humano. En la actualidad solo la literatura es capaz de llegar absolutamente a todos los lectores con ese sentimiento de humildad, de comunión por el mero hecho de existir. Y ese es un sentimiento fundamental. La falta de solidaridad, la falta de fraternidad, de espíritu, de comunidad, genera incomprensión, prejuicios, desconfianza y reemplaza muchas veces las ideas por estereotipos. Y los prototipos ha sido la fuente siempre del racismo, de la xenofobia, de esos sentimientos ciegos y solitarios que están detrás de las grandes catástrofes que ha vivido la humanidad. La literatura nos defiende contra esa visión estereotipada, del otro, de los otros.

Cuando leemos a un Tolstoi o cuando leemos a Dante, cuando leemos a Shakespeare o cuando leemos a un Borges, aparte de pasar unos momentos espléndidos, descubrimos que lo fundamental, incluso en un peruano y un inglés y un argentino, tienen mucho más de común que de diferente y que por lo tanto esa humanidad, crea entre nosotros, a pesar de las distancias, a pesar de las lenguas distintas, a pesar de las posiciones y creencias diferentes, una humanidad compartida. Esa es una de las grandes contribuciones de la literatura, la modernidad universal y uno de los antídotos que tenemos contra el odio, el prejuicio, el dogmatismo, el sectarismo, que tantas veces en la historia han enfrentado a países, a comunidades, a religiones de una manera sangrienta y atroz.

Hay también otro aspecto en el que la contribución de la literatura, la vida de la ciudad es fundamental. Muchas veces han escuchado esta noche ustedes la palabra libertad, a pesar de lo manoseada que está, del mal uso que han hecho de ella, tantos demagogos, sigue siendo una hermosa palabra, una palabra cuya importancia es fundamental para hacer la vida vivible. La descubrimos paradójicamente no cuando nos juntamos, sino más bien cuando nos la han arrebatado, cuando la hemos perdido, cuando la hemos sentido mermada, es cuando vivimos una dictadura por ejemplo, descubrimos lo importante que es la libertad, el poder tener una autonomía, el poder decidir nuestras cosas, el poder tener el derecho de ejercer la libertad de palabra, la libertad de opinión , la libertad de crítica, la libertad de elección, la libertad de movimiento, la libertad de ser como queremos ser no como un poder determinado quiere que seamos.

La libertad, lo dice Cervantes en este libro maravilloso que es “El Quijote”, lo más importante que tiene el ser humano y como es lo más importante se debe defender como se defiende la vida, porque sin libertad es como quedarse sin aire, es como morir aunque uno siga viviendo, convertido en un autómata. Bueno, pues, yo creo que la literatura es uno de los grandes instrumentos que nosotros tenemos para ejercitar nuestra libertad y la mejor manera de probarlo es simplemente echando una mirada hacia la historia y hacia el propio presente y descubrir qué ocurre con la literatura, cada vez que se instala un régimen autoritario o totalitario. Una dictadura militar de derecha o una dictadura social de izquierda o una dictadura religiosa como esas satrapías islámicas que hoy día dan tanto que hablar y están en el centro de la actualidad. ¿Qué es lo primero que inmediatamente resulta víctima de un sistema de esta índole? La libertad de expresión, la libertad de pensamiento, la libertad de creación. No existe en la historia un sólo régimen autoritario que no haya tratado inmediatamente de controlar esta actividad, aparentemente tan poco peligrosa, como es la creación de mundos ficticios de irrealidades, de realidades verbales.

¿Por qué los regímenes establecen inmediatamente, una vez que se apoderan del poder, de sistemas de censura, de control?, ¿por qué establecen determinadas normas a las que la literatura debe someterse para ser admitidas? Porque ven en la literatura un peligro, porque ven en la literatura una manifestación de rebeldía frente al poder. Y desde luego no se equivocan, es verdad que la literatura profundamente es insumisa, indócil al poder, a todos los poderes. Esto lo descubrieron mucho antes que los críticos literarios, los inquisidores. Como saben los estudiantes de literatura, la inquisición española prohibió en las colonias americanas las novelas, no de determinados novelistas, sino las novelas como género literario, ¿por qué establecen la prohibición de esas historias descabelladas, esas historias disparatadas, sin pies ni cabeza?, eran un peligro para salvación de las almas de los nativos americanos. Era una manera de decir que a través de la literatura, se manifestaba una cierta discordia, frente al poder, frente a los poderes y que por lo tanto esa actividad no podría dejarse al libre albedrío, entre escritores y lectores, deberían entrar los censores a determinar que era lícito y que cosa no era licito en el mundo de la creación literaria.

Esa actitud de la inquisición, sigue siendo la misma de todos los regímenes totalitarios del mundo y estos regímenes tienen razón no en la prohibición, desde luego, en su intuición, en su inteligencia de esa facultad sediciosa que acompaña inevitablemente a la buena literatura, con prescindencia de la intencionalidad de lo que escriben los autores. ¿Porqué la literatura es sediciosa?, ¿Porqué la literatura es una fuente de descontento y malestar en toda sociedad?. Lo es porque cuando la literatura está lograda, cuando produce obras que nos emocionan, que nos exaltan, que nos hace vivir maravillosamente aquello que nos cuentan. Contribuye de una manera decisiva a demostrarnos sus limitaciones y deficiencias del mundo en que vivimos. Cuando nosotros salimos de una gran obra literaria en la que hemos estado sumergidos, encandilados de la magia de quien escribió aquella novela y regresamos a nuestra menuda y tibia realidad, ¿qué descubrimos?, descubrimos que en esta vida que nos ha tocado vivir somos mucho más pobres y mediocres cuando vivimos aquella vida que inventamos y soñamos, sobre todo aquella vida fue densa, con la que nos hacen soñar los grandes creadores. En este mundo no hay la coherencia ni la belleza ni la lucidez ni la claridad que existen en aquellas realidades que nos emocionan y sobrecogen. Aquellas realidades nos hacen vivir en un estado de perfección que en el mundo real, en el mundo de la historia, en el mundo de los actos subjetivos que no existen ni existirán jamás. Eso crea en nosotros un malestar y un descontento, sin necesidad de pasar por nuestra inteligencia y la razón. Pero una persona que lee buena literatura de una persona que está contaminada con ese mundo de absoluta belleza, de acción , es el mundo de la gran literatura. Mira este mundo con unos inevitablemente ojos críticos, con una actitud que no puede ser en ningún caso la de la complacencia.

No es exagerado decir, aunque parezca un exabrupto, una sociedad que lee buena literatura, está profundamente contaminada de esa irrealidad, que la literatura nos hace vivir, es una sociedad infinitamente más difícil de manipular, de engañar por los demagogos o de esclavizar por un poder autoritario o totalitario, que una sociedad ágrafa o una sociedad con muy pocos lectores o lo que es todavía más triste una sociedad con muchos lectores pero en álamo en literatura. Es por eso que la literatura es un ingrediente fundamental de la libertad, tenemos que defender nuestro derecho a soñar, porque soñar no solo es soñar, soñar no solo es salir de nosotros mismos y vivir transformados en otros por la magia de la palabra de poder, la gran literatura es una manera de ser mucho más lúcidos y conscientes sobre aquello que no funciona o funciona mal, sobre aquello que falta en este mundo para satisfacer nuestra condición de nuestros deseos. Es por eso que la literatura contribuye a crear verdaderos ciudadanos y una sociedad, es decir hombres y mujeres que piensan por cuenta propia, que no se dejan imponer clisés, estereotipos como si fuesen ideas y se resisten a aceptar los valores que quieren presentarnos como valores. Esa es una manera de presentar nuestra propia libertad.

Vivimos en un momento extraordinario de progreso audiovisual, hay nuevas tecnologías que se ponen al alcance de todo el mundo y enriquecen extraordinariamente la comunicación de los seres humanos, gracias a la televisión, gracias al Internet, hoy día somos realmente contemporáneos todos los seres humanos, y ese es un gran progreso y esa es una gran herramienta para seguir progresando. Pero ¿Va a sobrevivir la literatura compitiendo con las pantallas, con esos extraordinarios medios audiovisuales, por ejemplo en el campo del entretenimiento, aparecen cada día más atractivos? Es algo que provoca hoy día en el mundo debates muy intensos y actitudes antagónicas; hay quienes creen que la literatura ha entrado en un proceso de declinación y al final, las pantallas, los ordenadores y las computadoras van a sustituir enteramente a los libros, los que están condenados a desaparecer. Sobreviven, dicen ellos, vivirán relegados al margen de la vida social, llevando una existencia de catacumbas.

Quienes vaticinan un futuro tan negro son a veces grandes literatos, grandes pensadores, grandes críticos, no enemigos de los libros ni mucho menos. Jhon Steiner, por ejemplo, uno de los grandes críticos contemporáneos, nos dice, y lo ha escrito, que la literatura a entrado en un proceso de declinación del que probablemente no volverá a salir. Yo espero que no sea así. Yo creo que la historia no está escrita. Creo que la historia es algo que escribimos diariamente, de acuerdo a nuestra propia voluntad, por lo tanto la historia puede tomar direcciones muy diferentes, direcciones muy opuestas. Eso no responde a unas leyes fatídicas, somos meros instrumentos, sino algunas suposiciones adoptados a veces conscientemente y a veces inconscientemente. Por eso, creo que la literatura contribuye tanto a la vida a la libertad, a la felicidad humana. Creo que nuestra elección debería ser a favor de los libros, a la literatura, dejar la idea que hay una guerra mortal y abierta entre los medios audiovisuales y los libros.

Si los libros desaparecen, si la literatura desaparece, yo creo que la vida será infinitamente más aburrida, triste y más mediocre de lo que ha sido hasta ahora. Y que además esos vínculos que mantienen a la especie unida consciente de formar una sola comunidad, se adelgazarán, se empobrecerán todavía más de lo que están, debido y la irresistible e inevitable especialización, es decir la fragmentación del saber como parcelas independientes. Pero acaso lo más terrible que puede ocurrir, los artefactos acaban de reemplazar a los enemigos en la vida de los seres humanos. Y creo que la libertad podría estar amenazada y entrar en un período de declinación. Sin los buenos libros ni la buena literatura seriamos mucho más indefensos frente a los poderes que los audiovisuales tienen, unos instrumentos extraordinarios de persuasión que en el pasado jamás tuvieron esos instrumentos de manipulación. Hay que entenderlos también como instrumentos de esclavización, es por eso que debemos defender la literatura y la mejor manera de defender la literatura es enseñando a las generaciones que nos siguen la importancia de los libros como fuente de saber y de entretenimiento, como los grande maestros de nuestra propia lengua, también como una fuente extraordinaria de actitudes críticas frente a la realidad como una manera de ejercerla, esa libertad que no es algo que nos haya sido concedido, es algo que nosotros hemos ido conquistando a lo largo de la historia. Y así como llegamos a tener y acostumbrar de ella, también la podemos perder. Como lo sabemos todos los peruanos, hemos perdido tanto a lo largo de la historia.

Me he alargado más de lo que debía, pero creo que la literatura es una actividad que merece nuestra preocupación, nuestro entusiasmo y nuestra defensa. Tenemos que defender los libros. Defendiendo los libros defendemos lo más importante que hay en nosotros, esa libertad que es siempre la esperanza de la superación y el cambio. Esa esperanza nunca muere, cuando ella muere los pueblos mueren también y desaparecen. En los peores, momentos la esperanza se debilita y parece que va a restituirse, pero nada la mantiene activa, nada le permite florecer y crecer como entrar en contacto con un mundo que diferencia de ese mundo que vemos pobre, atropellado, mediocre, muy lejos de nuestros ideales de un mundo perfecto rico, justo, libre, feliz que es el mundo de la literatura. Mientras estemos en contacto con ese mundo como lectores o como escritores, siempre habrá un mínimo de libertad, habrá un mínimo de esperanza para todas las sociedades.

No quiero alargarme más, regreso a donde empecé con mis palabras, es decir a repetirles, lo emocionado, lo agradecido que estoy con esta distinción que esta noche recibo que me incorpora a este centro académico y también lo feliz que estoy de estar por fin en contacto con ustedes en este encuentro tan cálido, tan cálido en los dos sentidos de la palabra, cálido en el sentido del cariño y la generosidad que me rodea y también de la noche lambayecana. A todos y a cada uno de ustedes les agradezco su presencia y termino haciendo votos porque esta Universidad que me abre las puertas, para que tenga muchos éxitos en la conducción de sus profesionales, técnicos, científicos y desde mi punto de vista, sobre todo, los literatos de Lambayeque.

Muchas gracias.
(9.09 p.m.)

Lambayeque, Ciudad Universitaria, diciembre 18 de 2002



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