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martes, 8 de junio de 2010

NÉSTOR TENORIO REQUEJO HABLA SOBRE EL LIBRO “GENERACIÓN DE LOS 90 O GENERACIÓN PLAQUETA EN LAMBAYEQUE”

NÉSTOR TENORIO REQUEJO HABLA SOBRE EL LIBRO “GENERACIÓN DE
LOS 90 O GENERACIÓN PLAQUETA EN LAMBAYEQUE”-24.01.2002.

Siempre es refrescante y estimulante dialogar, confrontar con los jóvenes. Y en esta noche, inmensa fiesta de la palabra, desde el inicio mismo de esta sencilla como cordial ceremonia, se siente el espíritu juvenil, eternamente bullente, inquieto, creativo, prospectivo. Y no es para menos, “Generación de los 90 o generación plaqueta en Lambayeque” rezuma eso. Es la voz coral, plural, multánime de los jóvenes siempre dispuestos a tomar por asalto ya sea el infierno, el cielo, el amor, la muerte y desde allí, irreverentes, contestatarios, iconoclastas lanzar sus sueños como dardos en su irreversible e inagotable proceso de reconstruir la vida.
NICOLÁS, ha levantado este genuino “testimonio de parte” para dar cauce a la presencia siempre importante de los jóvenes, tratando de que su voz y sus trazos simbólicos dejen de habitar los páramos; Nicolás nos ofrece lo que él llama su “rompecabeza para armar” para que sus compañeros de ruta, sus sosías de afanes y obsesiones no se sientan ninguneados por una sociedad irreductible con quienes osan escupir sobre el inhumano y canallesco status quo. Yo creo que la primera gran virtud del libro del joven HIDROGO está justamente en el hecho de presentar un torrente caudaloso de voces, una especie de permanente río subyacente, cuya corriente implícita tiene la fuerza incontenible de arrastrar todo en su paso cristalino, un poco a la manera del río de Javier Heraud, a veces tierno y bondadoso, pero más de las veces, bravo y fuerte, inundando los corazones y los cuerpos, hasta que finalmente, de tanto viajar, desemboca en los océanos, mezclando sus aguas límpidas con las turbias, que se condensan en aguas apagadas. Pienso que Nicolás es consciente de que su libro tiene ese rumor del río de Heraud: presenta las aguas desde adentro que es como desnudar el deslizamiento, el curso de las corrientes, él mismo es parte de ese líquido. Por eso este libro es también incitante en tanto nos jala a los lectores al remolino, nos induce, nos instiga a penetrar en las aguas. El ímpetu fluvial de Nicolás imanta a sus otros congéneres de la creación verbal y los compromete a navegar, a bogar en las aguas absorventes. Libros provocadores como el de Hidrogo son urgentes para alentar miradas cruzadas, fuego graneado que abra debate, encienda polémicas, siembre ideas en torno a la manifestación literaria en Lambayeque. En ese sentido este libro de Nicolás está en buen camino: azuzar la modorra, sacudir el marasmo, remover la llaga del letargo espiritual. Peor es el silencio, la nada.
No creo equivocarme en señalar que el objetivo nuclear de Hidrogo en este trabajo es fraguar una gran muestra de voces y decir aquí están, estos son los hechiceros de la palabra que desde este cálido rincón norteño se afanan por mantener siempre encendida la lámpara votiva de la creación literaria en Lambayeque, aún en las condiciones más adversas y precarias, como muy bien lo sabemos, en un medio en donde no se alienta este tipo de actividades, más bien, con mecanismos sutiles, inadvertidos, se disuade, se aliena, se asesina vocaciones, se entierra talentos. Y en ese derrotero siente que esa multiplicidad de expresiones tienen el perfíl adecuado para afirmar que estamos ante una GENERACIÓN. Y este tema es amplio, por lo tanta, discutible como también lo es el concepto Literatura lambayecana.
¿Qué tanto se puede hablar de generaciones literarias en nuestro medio? ¿qué tan serio es referirse a la existencia de una literatura lambayecana? Por cierto, interrogantes quemantes, incitantes. Muy a groso modo quisiera decir que el concepto o categoría generación en el campo de los estudios literarios alude a un conjunto de escritores que han nacido por los mismos años y escriben obras de algún modo gobernados por un espíritu común. Mayormente se le usa para ordenar los procesos literarios en el tiempo. Incluso se habla de un método generacional, que es usado por todos los estudiosos, ya sea de manera frontal o encubierta; en la concepción de Ortega y Gasset, son las generaciones en su suceder las que forman el devenir histórico, y entiende por generación a una élite, a un conjunto selecto de personalidades tocadas por el fuego del espíritu y, por tanto, encarnaciones de la Idea o del Bien, la Belleza y la Verdad. Por otro lado en la concepción materialista, siguiendo a los pensadores marxistas, se afirma que la historia no es nada más que la sucesión de diversas generaciones. El mismo Marx afirma: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”. Palabras claras y rotundas que me eximen de más explicaciones. Más bien, a manera de iluminar este asunto de la generación digamos que hay consenso en establecer siete condiciones que tipifican a una generación: 1) Coetaneidad o coincidencia en el nacimiento de sus integrantes, en un espacio no mayor de quince años. 2) Homogeneidad en su educación o formación intelectual. 3) Trato humano o relaciones personales entre los miembros de la generación. 4) Acontecimiento o experiencia generacional unificadora. 5) Caudillaje o existencia de un jefe espiritual reconocido por la generación. 6) Lenguaje peculiar de la generación. 7) Anquilosamiento de la generación anterior.
Siguiendo la lógica de los planteamientos de Nicolás Hidrogo él ve la presencia de una generación de escritores en el conjunto de jóvenes nacidos predominantemente entre los años 70-75, tienen educación superior (Universidades e Institutos), orientados a la pedagogía, hacen también periodismo, empiezan publicando plaquetas, cuantitativamente son poetas, aunque también hay narradores, la es intimista y cosmopolita, no se apegan a la tradición Lambayecana, es decir no reciben influencia de los creadores mayores de estos lares; generacionalmente son “solitarios, discrepantes, antagónicos y enrrevesados”, han transitado por los vericuetos de la infaltable bohemia, casi todos han recibido premios literarios, pugnan y se obsesionan por la calidad y la trascendencia, la temática lambayecana propiamente dicha está ausente en ellos. Y lo de siempre, forman grupos para direccionar sus andanzas y gritos (Arboleda, Argos, Ubicuos malditos).
En la lectura rápida que he realizado no he podido evitar traer a mi memoria el libro de José Miguel Oviedo, publicado en 1973 con el título de “ESTOS 13”, en el cual nuestro reconocido crítico literario nacional hace calas a la poesía del 70, examinando a los denominados “novísimos” en ese entonces (entre otros, los consagrados Jorge Nájar, José Watanabe, Juan Ramírez Ruiz, Abelardo Sánchez León, Tulio Mora, Enrique Verástegui). Hay parecido en la estructura del libro, guardando las distancias del caso. Hidrogo, al igual que Oviedo, presenta entrevistas, creaciones y traza un panorama que llama 9 asedios a la referida generación. También presenta fichas personales literarias de cada uno de los 16 escritores que serían miembros de la misma. (En el caso de Oviedo, presenta reportajes, críticas, comentarios, manifiestos y polémicas, a todos los cuales los engloba con el término de documentos). Una coincidencia más: Oviedo dice que todo su libro es un simple material de trabajo cuyo único valor que aspira tener es ser un documento sobre la poesía peruana actual; Hidrogo se manifiesta en similares términos, nos indica que su trabajo, al fin un trozo de vida, un rompecabezas para armar nos contacta, en su visión, con los nuevos valores de la literatura lambayecana.
Aún con las limitaciones que tiene inevitablemente este primer esfuerzo investigativo de Nicolás Hidrogo (verbigracia, nos hubiera gustado mayor desarrollo de un edificio teórico que sustente sus planteamientos; se extraña un mayor escarceo en los contextos sociales, políticos, económico-culturales que explican las manifestaciones literarias en estos pagos mochicas; un manejo más cauteloso del lenguaje explicativo de la ideas que exponen, que tienen que ser diferente al uso funcional); soy un convencido que estamos ante un trabajo que representa un claro, revelador y meritorio aporte en el campo virgen de los estudios crítico-históricos en Lambayeque. En esta delicada superficie no contamos con bibliografías sólidas, rigurosas y científicas. Puede resultar que este trabajo sea el inicio, la base en este sensible edificio que demandamos para afirmar el corpus de nuestra identidad como colectividad humana. Esperamos que vengan tiempos de fronda en esta vertiente. Que se sumen otras voluntades en la construcción. Incluso se pueden amalgamar inteligencias para elaborar en forma interdisciplinariamente la historia cultural de Lambayeque. Lograríamos frutos más trascendentales que los meros esfuerzos individuales que las más de las veces se agotan ante la inmensidad de la pradera.
Tanto su juventud, talento, energía creadora, terca voluntad y sus anchas ganas, Hidrogo puede rendir frutos mayores y de significación cualitativa. Ojala asuma con responsabilidad y modestia este enorme desafío. Queremos creer que así será.

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