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lunes, 14 de junio de 2010

EL TEMA RELIGIOSO EN LAS TRADICIONES ORALES LAMBAYECANAS

EL TEMA RELIGIOSO EN LAS TRADICIONES ORALES LAMBAYECANAS

Por María Isabel De los Santos Exebio

¿Por qué el hombre dado a lo mundano y a lo material, manifiesta su religiosidad de diferentes maneras?. El hombre vive experiencias especialísimas, algunas veces sacras y misteriosas, por ello ha sentido, quizá, la necesidad de explicar todos estos sucesos producto de su sensibilidad imaginativa. El tema religioso de las tradiciones orales de nuestros pueblos tratan de explicar aquella presencia religiosa “extraña” que ha vivenciado, en todos los tiempos, el poblador lambayecano.
En los relatos lambayecanos está presente, por ejemplo, la idea de la prueba y del castigo divino como en la historia de La Juliana y El cerro La vieja, contadas en Motupe y Olmos. La leyenda del cerro La vieja tiene una mezcla de elementos propios de la cultura andina con la cultura española. Explica esta leyenda cómo es que en un cerro hay una gran cantidad de piedras amontonadas, como si una fuerza extraordinaria las hubiera ubicado allí. La leyenda narra que en ese lugar vivía una pareja de ancianos que cultivaban sandías; ellos eran malos y egoístas. Un día llega por allí, disfrazado de mendigo, el Señor, y se acerca a pedir agua. Los ancianos le niegan el agua sin saber que el mendigo, era Cristo. Al serle negada el agua, Cristo observa que en la chacra había abundantes sandías, entonces dice: “regálenme, pues, una sandía”, y los viejos, como eran malos, se la negaron. Ante esta situación Dios maldice a los ancianos y los convierte en piedras, diciéndoles que el agua y la sal no deben ser negadas a nadie. Por eso es que ese montículo está lleno de piedras. Hay una piedra grande que tiene una especie de santuario natural, allí los pobladores de la zona han puesto la imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa con la finalidad de contrarrestar la maldición del cerro. Ahora es un sitio muy visitado por los turistas. Este lugar es importante no sólo por la leyenda, sino porque se ha convertido en un mirador natural. Este relato no es muy antiguo, data de la época de la República y mezcla elementos culturales prehispánicos y españoles.
Otra historia similar a la anterior es la Juliana. Cuentan que hace muchísimos años las pampas de Olmos sólo estaban surcadas con dunas de arena y en noches de luna clara semejaban manadas de ovejas. Cerca al cerro que está ubicado por el río, vivía la Juliana. Su casa estaba constituida con varas y techada con ramas de palmera y olmo.
Juliana era de contextura ancha, tez morena, de mirada penetrante, sus lacios cabellos los dejaba caer hasta la cintura, amarrados con hilos de vivos colores. En una oportunidad, la Virgen María estuvo de paso por este árido suelo. Cuando el resplandeciente sol calcinaba la arena, la Virgen buscaba agua para saciar su sed, vio la casa de la Juliana y se dirigió hacia ella, llegó muy cansada, su rostro reflejaba lozanía, como los pétalos de una rosa; llamó a la puerta, salió la Juliana y la miró fijamente; la Virgen le interrumpió su silencio saludándola con voz amable, en seguida le pidió de favor que le regalara un vaso de agua. La Juliana le contestó que no tenía. Luego mirando las sandías le dijo que por amor a Dios, le vendiera una. Juliana le respondió que no eran sandías sino piedras. Y antes de retirarse la Virgen le dijo: “En verdad, en piedras se convertirán tus sandías y tú también”.
Juliana no le dio importancia a lo que la Virgen le dijo y furiosa le cerró la puerta, entró a su cuarto y le conversó lo sucedido a su esposo Antonio, acerca de la visitante, que era una mujer blanca, que hablaba con delicadeza y le había pedido agua y ella le negó. Ese día Juliana salió por la tarde a recoger leña y al mirar a su chacra se dio con la sorpresa que sus sandías se habían convertido en piedras, ella y su esposo también quedaron convertidos en piedras. Es así como hasta hoy se aprecian dos grandes moles que representan a estos personajes en el lugar llamado la Juliana. Vemos que en estas historias subyace por un lado el elemento incaico representado en la piedra (cerro) y el elemento hispano, que se deja ver en el sentimiento religioso que respira en estas historias, ello sin duda evidencia el arraigo religioso de nuestros pueblos.
También encontramos la marcada presencia de la cruz como en la historia de la cruz del calvario o del mismo cerro Chalpón. La cruz del calvario es una leyenda propia de Tumán, aparece aproximadamente en 1937, época en que Tumán era afectado por el toque de queda, motivo por el cual, todos los habitantes de la hacienda tenían que ingresar a sus hogares al escuchar el sonido de una campana que religiosamente resonaba a las nueve de la noche. Los vigilantes estaban autorizados a encarcelar a quien se encuentre fuera de casa a esa hora. Cierto día un grupo se quedó esperando su “socorro” que no era nada más que el pequeño adelanto que se brindaba al trabajador de la hacienda, a este día también se le conocía cómo sábado chico. Este grupo de trabajadores se quedó más tiempo del permitido, bebiendo licor y logrando evadir a los guardias.
Ya de regreso a casa, mientras pasaban por una huaca, la mujer de uno de los trabajadores llamada Carmen Gracia se percató que sobre ese lugar se podían percibir los movimientos de una figura humana, muy asustada le comentó a su esposo quien, incrédulo y con sonrisa en rostro, le dijo que estaba viendo visiones. Inmediatamente el hombre empezó a sentir intensos escalofríos. Al día siguiente le tuvieron que hacer una limpia ya que con esto los antepasados ahuyentaban los malos espíritus, después de esto visitaron a su patrón para comentarle lo que había sucedido y además pedirle que colocaran una cruz. Y es así como nace la historia de la cruz del calvario en la hacienda de Tumaneña.
Y continuando con la historia de cerros, muy presente en los relatos lambayecanos, en tierra olmana tenemos la historia del cerro Chalpón. Cuenta la historia que en el Cerro Chalpón existe la cruz Chalpón que es una cruz de Dios. En el Cerro Rajado, que queda al lado oeste de Motupe, existe la cruz del Diablo. Un buen día ambos cerros se disputaron el poder y el Cerro Rajado le ganaba al Cerro Chalpón, pero el arcángel San Miguel llegó en apoyo del Cerro Chalpón y con un sable enorme le abrió una grieta al Cerro Rajado, grieta grande, por eso es que a ese cerro se le conoce como Rajado, pues efectivamente tiene una inmensa grieta. Como no se pudo explicar esa formación geológica entonces se busca la explicación a través de esta leyenda. Allí existe una cruz que ha caído a un pozo de agua maloliente y dañina para la zona. En cambio el Cerro Chalpón tiene su manantial de agua bendita, agua pura que alivia el cansancio y cura los males. Esta es la demostración de la polaridad de los valores del bien y del mal presentes en esta leyenda. El es de la época republicana, con influencia en los pueblos andinos, en este caso, el pueblo moche. Cuando llegaron los conquistadores españoles se quedaron en Motupe y se convirtieron en colonizadores. La influencia viene por parte de ellos y se producen este tipo de leyendas mestizas: por un lado, los cerros, las piedras, son el elemento incásico, allí está el animismo que es propio de la creencia de los pueblos preincásicos, que creen que los cerros tienen vida, las quebradas, las piedras, los árboles; y por otro lado, la cruz como elemento incorporado por el conquistador.
Especial importancia merece esta tradición que según Augusto D. Leon Barandiarán en Mitos, leyendas y tradiciones lambayecanas (Lima, 1938), en ella se encuentra simbolizada la dualidad de la ley eterna; premio al uno y castigo al otro, por sus intenciones y acciones tan contrarias, aun cuando los dos cerros, fueron hijos del mismo Padre: Dios. El cerro Chalpón, fue dedicado a Dios, por esta razón, la cruz que se colocó en él, fue objeto de adoración, devoción y fe, en prueba del triunfo de la verdad cristiana; con el agregado de que cuando fuera encontrada por los hombres, se convertiría en milagrosa intercedora entre ellos y el Cielo. En cambio, la cruz colocada en el cerro Rajado, serviría para representar la influencia del mal y estaba determinado que cuando fuera encontrada por los hombres, en previsión del peligro que encerraba, se convertiría en tierra. De allí se explica por qué cuando esta cruz fue hallada por aquellos mismos que descubrieron la del cerro Chalpón, se convirtió en polvo, pues era la cruz del diablo, mientras que la del cerro Chalpón, aun hoy, es objeto de veneración porque es la cruz de Dios.
Pero siguiendo con la historia, cómo fue el hallazgo de la cruz de Dios, se cuenta que el señor Eulogio Torres conversaba que en sueño siempre se le revelaba una cruz que había sido dejada por un descalzo misionero en el Cerro Chalpón. En casa de Virginia Lozada, después de una misa celebraba a un familiar suyo, se realizó una cena en la que el tema de plática fueron precisamente los sueños, con aroma de café y en torno a la mesa, los presentes hilaban recuerdos fúnebres, un aire perfumado de religión acariciaba la sala familiar. La intervención de Eulogio despertaba el interés de los asistentes porque anunciaba que la cruz sería patrona de los creyentes del pueblo, y que podía elevar sus espíritus hasta el Divino Hacedor, les había dejado su lecho como símbolo de redención. Algunas personas le decían a Eulogio que la preocupación de su enfermedad lo hacía delirar.
Después de trascurridos varios días en el parque se reunieron Eulogio Torres, Isaías Olazábal y Augusto Bellodas; se sentaron en una banca de madera frente a la iglesia bajo la sombra de unos árboles de florido brillo, cuyo aroma perfumaba el aire, y el calor de la tarde era menos de lo acostumbrado en la estación, pero el calor de la inspiración divina abrió su mente y decidieron ir al Cerro Chalpón en busca de la cruz con el pretexto de buscar leña o de pastar el ganado caprino por la falda de aquella colina.
Con machete en mano se refugiaron en los densos árboles, fatigados, pero alentados en su propósito, escalaban la falda del cerro. Al tener sed pensaron buscar un jagüey, y luego de encontrarlo escarbaron la arena; esperaron un momento para que se llene, salía el agua cristalina, se persignaron y se inclinaron a verla y la probaron, tenía un sabor dulce, con aroma de tierra. Luego intercambiaron las miradas recreándose con la suave música de la fuente.
Isaías cogió su machete, dio unos cinco pasos hacia su lado derecho, rápidamente podó un árbol y avizoró el panorama, anunciándoles que ya eran las doce del día según la ubicación del sol; miraban hacia el horizonte, las cumbres parecían mujeres que peinaban sus cabellos, los mismos que se trenzaban con el leve tacto del aire. Las sombras que proyectaban los árboles y sus ramas dibujaban en los musgos de las rocas nidos de palomas. Isaías le anunciaba a Eulogio que el brillo de los celajes semejaban flores que coronaban las cimas. Luego vieron unas aves que desataban su vuelo, por entre los cerros, dibujando con sus alas cometas en el espacio. Isaías, con su callosa mano presionó el machete y con cada machetazo que daba hacía volar astillas, como fugaces mariposas; el sonido hacía eco en la falda del abismo, como el bramido de un toro que raya las montañas y se apagaba en la hondonada del silencio. Augusto, estaba silente, concentrado en sí mismo, sentado en una gruesa raíz, contemplaba las cumbres donde el aire apagaba sus silbos.
Los tres se dispersaron en diferentes direcciones. Augusto hacia el lado derecho, Isaías continuó subiendo. Prendiéndose en unas ramas de overo, se acercó a una gruta cuyo fondo estaba vacío y oscuro, despedía olor de orines. Eulogio lo esperaba sentado en una piedra, le advertía que tuviera cuidado, porque podría salir algún zorro, o puma; Isaías, repuso, “Ojalá salga, por algo tengo el machete en la mano; tengo un deseo de sacarle el cuero para ponerle en el cuello de una cabra, y así se alejarán los demás zorros y no harán daño; por que no se puede dejar el ganado solo por el campo”.
Eulogio se dirigió también a recorrer por el lado izquierdo de la falda del cerro, después de darse con la sorpresa de encontrar cuevas vacías, se interesó en otras, pero antes descansó un momento, mirando a su entorno, luego vio más arriba, frente a una cueva, una planta gigante que formaba una cruz, con la sombra que proyectaba el sol de la tarde. Subió venciendo dificultades, con el aliento entrecortado, pronunció unas palabras de júbilo y al acercarse vio en el interior una cruz de guayacán que estaba reposando medio inclinada y en voz baja exclamó: “¡Dios mío!, esta es la crucecita que ha dejado el padre Guatemala”. Luego se inclinó con el corazón lleno de emoción y de fe, se santiguó y adoró, sintió un profundo éxtasis, mientras las olas del aire de la tarde lo abrumaban con aroma de flores. Llamó a sus compañeros para informarles sobre el feliz hallazgo. Eran las tres de la tarde, aproximadamente, del día 24 de agosto de 1944.
Retornaron tranquilos y acordaron realizar un viaje a Trujillo para pedir apoyo de la diócesis. Al siguiente día, o sea, el 25 de agosto, Manuel Pizarro y el gobernador político de entonces, Pedro Falla Noriega, felicitaron sorpresivamente a Isaías Olazábal, a Eulogio Torres y a Augusto Bellodas por el encuentro de la crucecita. Rápidamente se formó una multitud y caminaron hacia la cuevita del Cerro Chalpón. Todos adoraron al sacro madero y luego lo levantaron en un anda y lo hicieron llegar hasta el pueblo, eran las cinco de la tarde, cuando el sol también manifestaba su alegría confundiéndose con el jolgorio del público, hasta que entró la cruz en el altar mayor de la iglesia, donde los creyentes, le pedían su bendición. Unos dudaban, diciendo que no hacía milagros. Alguien se acercó a patearla, como señal de burla y cayó sobre la multitud desmayado, arrojando un poco de sangre por la nariz, y enseguida lo levantaron para que le pidiera perdón. Los presentes exclamaron: “¡Milagro!”. Ante tal asombro, el padre Cattón, ofreció la primera misa.
Aún hoy los habitantes siguen temiendo a los cerros, al Chalpón se asciende solo donde se encuentra la cruz, a los otros sectores del cerro no se asciende por temor a encontrarse con un jardín y encantarse. Cuenta la leyenda del jardín encantado que en la cima del cerro existe un jardín, que es natural, hay hermosísimas flores de variadas especies enredaderas de colores raros y exóticos. Resulta que cuando se llega a ese jardín las personas se quedan allí, encantadas, sin poder salir ya, y se quedan por toda una vida. El jardín es regado por un manantial también hermosísimo, natural, que surge tal vez porque en la roca de granito del cerro existe una filtración, la cual es perenne, se mantiene hasta en época de sequía. Esta creencia es un modo de explicar este fenómeno natural.
La figura de la Virgen Madre está presente en las tradiciones lambayecanas como en la historia de la aparición de la Virgen María a la niña Teodora como cuenta la historia de La virgen del arbolito Nitape o como el relato ferreñafano Las lágrimas de la candelaria.
La historia de la Virgen del arbolito Nitape es muy especial. Se cuenta que el día 31 de mayo de 1973 se produjo un prodigioso suceso. Cuando el sol declinaba para ocultarse en el horizonte se le apareció la Virgen Inmaculada a la niña Teodora Gonzáles, en la copa de un algarrobo en el sector Nitape, cerca de la ciudad de Olmos. Todo ocurrió cuando la niña se dirigía del colegio a su casa, alcanzó a ver un rayo de luz color amarillo y escuchó una voz que la llamaba, y prosiguiendo su camino, de pronto, levantó la mirada al árbol y vio cómo la Virgen vestida de blanco, con velo celeste se mecía en las ramas del algarrobo. Ella sintió un poco de miedo y continuó hacia su casa y fue a contarle a su padre lo sucedido, y él le respondió que no tuviera miedo porque era cosa del cielo.
Pasados unos días, cuando la niña caminaba por el lugar, escuchó la voz de la Virgen que la llamaba, entonces ella se detuvo y le preguntó cuál era su nombre y la Virgen le contestó: "Yo soy la consagrada Inmaculada Virgen María Madre de Cristo". También le preguntó dónde vivía, y le respondió: "Vivo navegando". La Virgen le pidió a la niña que diera a conocer el siguiente mensaje: "Pídele a mis hijos que en este lugar celebren una misa en mi honor y me hagan un convento y yo te daré una prueba el día 18 de julio y todos verán señales de aparición en este lugar".
Por eso que el pueblo creyente en la Virgen María, empezó a llegar desde el 17 de julio y en esa misma noche la Virgen dio una manifestación en el cielo, formándose una hermosa palma luminosa, cubriendo toda la extensión del árbol y prolongándose hasta el cerro Pumpurre, por un lapso de cinco minutos, luego desapareció, dejando un ambiente perfumado de rosas frescas.
Al siguiente día, el 18 de julio de 1973 el sacerdote de la ciudad ofició una misa a las 10.00 a.m. en honor de la Virgen en la Iglesia Matriz de Olmos, cumpliendo así con su pedido. Al término de la misa, el párroco, acompañado de la niña Teodora, autoridades y seguidos por la población se dirigieron al lugar de la aparición llegando a las 12.00 m., de pronto el cielo nublado se despejó para dar paso al astro rey y empezó a girar como un disco, despidiendo destellos con sus rayos de luz de vistosos colores: violeta, celeste, naranja y azulado. Al ver esto la multitud lloraba y oraba, cayendo de rodillas, exclamando: “¡milagro, milagro!”.
En Ferreñafe, ubicamos la historia de la Virgen de la Candelaria. Ferreñafe es un pueblo tradicionalmente fiestero, por eso se afirma que si existe un lugar en el Departamento de Lambayeque con su sol quemante y sus vivos rayos, que aparta las nubes grises, volviéndolas risueñas, ese es el pueblo ferreñafano. Ferreñafe es también un pueblo muy religioso, no en vano se le conoce como el pueblo de la doble fe.
Ya hace más o menos dieciséis años, habiendo fallecido Monseñor Francisco González Burga, llegó un nuevo sacerdote para hacerse cargo de la parroquia “Santa Lucía”, era un sacerdote bastante joven.
En el distrito de Pueblo Nuevo, los primeros días del mes de Febrero se celebraba la fiesta de la Candelaria y los habitantes de este distrito ese año, como siempre, querían celebrar la festividad, pero el joven sacerdote no quiso brindar la imagen acostumbrada para traerla a su poza y hacerle su fiesta. Esa noche la poza estaba vacía, la gente sufrió por la ausencia de la imagen y esa misma noche se desató una torrencial lluvia.
Lo raro del caso era que solo llovía hasta la línea del ferrocarril, en línea recta y no llovía en otro lugar de Ferreñafe, ni en ninguno de sus distritos; solo llovía en Pueblo Nuevo. La gente del distrito comentaba que eran las lágrimas de la Virgen Candelaria, a quien no le habían permitido celebrar su fiesta. Al siguiente año, los nuevos sacerdotes recapacitaron y nuevamente volvieron a brindar la Virgen para la fiesta del dos de febrero. La fiesta de la Candelaria se ha hecho ya tradicional y es la mayor festividad del distrito de Pueblo Nuevo.
En Monsefú encontramos la singular historia de cómo se hizo cautivo el Nazareno. Cuenta la leyenda que en 1 545 en Santa Rosa vararon varios ataúdes de madera, corriéndose la voz entre los pobladores de Santa Rosa y pueblos aledaños. Fue la gente de los puertos a traerse un ataúd como trofeo, entre ellos los vecinos de Monsefú, Ciudad Eten, Pimentel; todos llevaban sus cajones sin problemas, pero los de pobladores de Pimentel quisieron levantar un ataúd y no podían, pues, pesaba demasiado; al ver esto los pobladores de Eten lo intentaron y no lo lograron; fueron los de Monsefú y el trabajo se les hizo más fácil al levantarlo, ya que no sintieron el peso y lo cargaron sin problemas, entonces ellos se llevaron el ataúd. Llegaron a su cuidad y en la Plaza de Armas se reunieron para abrir el cajón y ver qué contenía, lo abren y grande fue la sorpresa cuando observan que tenía la imagen de Jesús de Nazareno. El sacerdote entonces dispuso que se lleve a la Iglesia donde lo colocaron en un altar.
Continuamente la gente veía al Nazareno salir y andar por las calles llegando hasta la salida de la ciudad, se le veía por Ciudad Eten, por Chiclayo, por Villa Hermosa; entonces el pueblo toma la decisión de encadenarlo de pies y manos para evitar que vuelva a salir, y desde esa época se le empieza a llamar Jesús de Nazareno Cautivo de Monsefú, porque allí lo hicieron cautivo. Jesús Nazareno Cautivo es muy milagroso en una ocasión cuando el mar se salía de la Caleta Santa Rosa y se decía que el agua se llegaría hasta Monsefú, la gente muy asustada tuvo mucha fe y decidieron llevar a la imagen en anda hasta el mar, al llegar las aguas del mar se empezaron a retirar como por arte de magia, desde ese día la gente cree en él.
En Eten escuchamos los relatos de las apariciones del Divino Niño Del Milagro. La primera aparición tuvo lugar el miércoles 2 de Junio de 1 649 en la Hostia Consagrada durante la misa ofrecida por Fraile Jerónimo de Silva Manrique cura y vicario, un día antes de la fiesta de Corpus Cristi, en el pueblo de la Magdalena de Eten, habiéndose dicho las vísperas con gran solemnidad y descubierto el Santísimo Sacramento y colocado en su custodia sobre el Sagrario, al tiempo que el padre predicador subió al altar mayor para guardar la custodia en el Sagrario, apareció visiblemente en la Hostia Consagrada la figura de un niño muy hermoso, vestido con túnica como una morada, muy blanco y sus cabellos rubios, fue visto por todo el pueblo, que movido por la devoción y gozo espiritual posó sus rodillas en la tierra, dando gracias que se hubiese dignado a visitarles.
Los músicos cantaban y tocaban las chirimías y trompetas y replicaban las campanas y todos pueblos de los alrededores ya se habían enterado de tan grande milagro. Escribe el padre Guardián de convento de san Francisco Fraile Diego de Albarrazín que en el pueblo de Magdalena de Eten grandes y pequeños entonaron a viva voz, el acto siguiente: Viva la Fe que Confiesa / el Altísimo Misterio / en Que Cristo nos Dejó / su Divina Sangre y Cuerpo./ Y que en la Virgen María / tomo Nuestra Carne El Verbo ,/ que con el Divino Espíritu / y Dios Padre, es Dios Eterno.
El padre presidente del convento de Chiclayo Fraile marcos López, propuso al pueblo celebrar la fiesta de la en honor al Niño Dios y desde esa época hasta hoy celebra Eten con algarabía y devoción esta festividad del Dios niño.
Vemos pues que en todos estos relatos de diferentes manera está el elemento religioso. Según Ander- Ergg, citado por Sevilla en lo religioso y popular en Lambayeque de la Revista Utopía Norteña, entendemos religión como creencias, dogma, práctica y ritos que permiten vincular al hombre con la comunidad y cosmovisión es la visión del mundo en relación al hombre, sociedad, historia, universos.
Para Sevilla Exebio J. la religión mochica fue abierta al universo simbólico permitiendo que fuera interpolada por el tumi; la vara ritual de mando y en el período de extirpación de idolatrías por los cerros que son fuente de vida, pues ahí mora otro pueblo similar a este, con relación al origen de las cruces la cosmovisión popular establece que estas surgen en forma intempestiva, noticia al pueblo de una catástrofe, su parición expresa un hecho simbólico muy fuerte en la comunidad: es símbolo de ocupación territorial, es símbolo predominante de la religiosidad popular, es símbolo de poder y de salvación.






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