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jueves, 3 de junio de 2010

LITERATURA REGIONAL LAMBAYECANA: PANORAMA Y PROMESAS

LITERATURA REGIONAL LAMBAYECANA: PANORAMA Y PROMESAS

Por:  Nicolás Hidrogo Navarro

(hacedor1968@hotmail.com)



a) Panorama real

En la región Lambayeque debe haber un promedio de 40 personas –fuera del sistema educativo o de alguna entidad del Estado, de manera libre-, entre adultos y jóvenes, que están dedicados más o menos seriamente a la producción de textos, difusión, promoción de nuevos valores a través de círculo literarios, mediante el periodismo cultural suplementístico o de manera individual. Si esto parece poco, diría que es muchísimo de manera superlativa. De esos cuarenta “loquitos o loquitas”, uno 80% son predominantemente jóvenes entre los 17 y 30 años. Esto es tremendamente alentador, en términos cualitativos y cuantitativos, en un país en donde los poetas regionales se cuentan con los dedos de las manos. Esto garantiza la continuidad de una tradición y la inmensa posibilidad de cambios e innovaciones que se tienen que hacer en estilística, temática, estructura, técnicas, concepción estética y orientación de la nueva narrativa y lírica que debe dejar de ser pueblerina, quisquillosamente cursi para ser un ente global estético del mundo y más allá de nuestra parroquia distrital.



Literariamente en la región Lambayeque, en los últimos dos años, se han publicado escasamente unos quince títulos de obras literarias (03 de cuentos y 12 poemarios). Obras teatrales, ninguna. No existen autores teatrales vigentes que hayan publicado en la región Lambayeque, sólo ejecutantes o actores. Una cosa es un actor y otro es un autor.



La literatura no es un evento de masas ni se parecerá jamás a un evento multitudinario de rock. La literatura como práctica creadora es una actividad selectivizada por propia inclusión pasional, pero jamás elitista ni exclusoria. Se puede entrar y salir a libertad absoluta. La literatura, de manera predominante, es un oficio solitario, en el crear, difundir y promocionarse. Sólo dos o tres personas viven complementariamente de la literatura, publicando y vendiendo sus textos (Andrés Díaz Núñez, Javier Villegas y Luis Hinojosa Valdera). El resto, o publica para vender una imagen a costa de perder todo lo invertido –fiando, regalando o guardándolo hasta que cada noviembre se convoque a un encuentro nacional o regional de literatura- o publica por la necesidad de ser, a partir de la enajenación de su propio texto y encontrar la satisfacción de haber exorcizado sus demonios y encontrar su propia cura catárquica.



Editoriales de apuesta programática literaria no hay en la región Lambayeque. Hay imprentas y servicio de impresión libre, a clientelaje, si quieres publicas tu millar de plaquetas por S/150.00, si quieres publicar tus quinientos libros, de entre 49-70 páginas, por S/1500.00 - S/2000.00 o siguieres armas tu machote de hojas sueltas y lo fotocopias para venderlo entre S/0.10 o S/ 0.30 soles como máximo. Y con cuidado porque en las escuelas o colegios no te abren las puertas fácilmente, motivo “Esas hojitas sueltas o textos no están en la programación oficial, por lo tanto no están adaptadas ni recomendadas pedagógicamente. En el magisterio todo texto que no está en la programación oficial o no tiene valor o aún hay que esperar que alguien determine su validez y lo recomiende”.



Las instituciones públicas y privadas ya no consignan presupuesto para promover la cultura literaria. Los juegos florales se vienen reduciendo sistemáticamente y en algunos municipios o universidades sólo de convoca para bodas de plata o de oro para algo o alguien. “La literatura es una vano oficio y como ya casi nadie lee por placer, sino por obligación, invertir en ello es gastar pólvora en gallinazos, además qué ganamos nosotros”, es el resumen paráfrasis de lo que piensan para sus adentros los gerentes, los directores, los regidores de cultura. Sólo para citar dos ejemplos concretos de entidades públicas: La municipalidad provincial de Lambayeque, en su presupuesto para el año 2007 ha consignado S/ 700.00 nuevo soles para promover todo evento de cultura y deportes (Fútbol, voley, danzas y un castillo de fuegos artificiales para la fiesta patronal del pueblo Joven Santa Rosa), nada para literatura; el gobierno provincial de Chiclayo en su presupuesto cultural del 2007, para promover sus Juegos Florales Municipales, VII (en poesía) y II (en cuento), no ha consignado ningún sol en premios, por ello se explica que el 2006 sólo hayan presentado nueve trabajos en cuento y diecisiete trabajos en poesía, y, el 2007 increíblemente dos trabajos en cuento y quince en lírica. Para los municipios es más edificante sembrar, -millones de su presupuesto participativo-, cemento donde antes hubo árboles, eso probablemente les sea más rentable fiduciaria y electoreramente.



Más literatura –en el acto de crear- se promueve fuera que dentro de las universidades y colegios. Más se vive el oficio y la vivencia de poeta fuera que dentro de las instituciones que han hecho de la literatura una letanía de teorización y poca vivenciación. No se puede enseñar y fomentar el arte de amar la lectura y el placer de crear textos con sólo recetas anquilosadas gramaticaloides e historicidad literaria, preceptismo de los géneros y el cumplimiento temeroso de una programación que privilegia los contenidos y descuida los procedimientos. Si todo estuviera bien, como engañifamente se presentan en los diagnósticos internos, ¿cómo es que desde hace unos seis años que vivimos siendo evaluados internacionalmente por PISA, seguimos saliendo jalados en ultimo y penúltimo lugar en comprensión lectora, intermitentemente? No puede haber compresión de textos sin hábito de lectura; no puede haber hábito lector si en la escuela o en el hogar nos fuerzan y condicionan y no nos enseñan amar a los libros: no puede haber amor a los textos si no vemos a nuestros padres leer ni a nuestros profesores crear ni publicar algo. Un docente de literatura que no publica nada, no tiene mucha autoridad ni espíritu pygmalión para exigir que sus alumnos lo hagan. No se pretende que el docente de Lengua y Literatura –que fue formado para tal, por convicción o por equivocación- sea poeta o narrador ni que a sus alumnos los convierta en Vallejo(s), Neruda(s) o Borges y Vargasllosa(s), pero sí que aprendan a valorar crítica y metacognitivamente la literatura.

Ser poeta o narrador no es un buen negocio, ahora, aquí, en Lambayeque en particular y en el Perú en general. Es un hecho casi marginal y un oficio casi mal visto por la familia y casi a medio kilómetro a la redonda de tu vecindario: “es un loco ocioso y haragán”, es la sentencia condenatoria. Es un lujo ser poeta a tiempo completo, que puedas darte cuando estás soltero, cuando dependes de una familia y tienes techo y pan o cuando haz perdido o aún no encuentras trabajo. Bajo este panorama ser poeta o narrador es rarísimo, pero es una de las pasiones más sublimes: ere tú y no lo que los demás quieren que seas; no ganas dinero, pero obtienes la máxima satisfacción de expresarte y rebelarte a tu propio yo y dios interior; no eres valorado ahora mismo, pero es posible que todo lo que escribas suelto o disperso ahora, logre ser alguna vez la gran obra que el mundo se perdió cuando estabas vivo, porque en literatura no hay mejor poetas o cuentista o novelista que el que está muerto o el que aparece por periódico y televisión a cada rato.



b) Perspectiva ideal

En literatura no basta haber publicado un libro precozmente a los doce años o salir en periódico en publirreportajes cada cierto tiempo. En literatura se es o no poeta día a día. En literatura se es poeta las veinticuatro horas al día y no sólo los fines de semana o cada vez que hay un encuentro o conversatorio literario. La literatura es la actividad que más pone a prueba la convicción, la pasión, la vocación y la madera de la constancia y la terquedad de los hombres. Pues, no sólo debes enfrentarte a la familia, a la burla de tus compañeros de clase o trabajo, a la indiferencia de las autoridades, a las zancadillas de tus propios colegas de creación y el frustrante y alicaído mercado de lectores. Muchos y hasta en tropel empiezan la maratón por el apelativo de poeta o escritor, sólo dos o tres llegan a la meta, barbados y ancianos, rotozos cual quijotes después de una imaginaria batalla con gigantes y endriagos y peor de pobre que cuando empezaron; pero, mucho más ciclópeos, mucho más memorables y trascendentes, mucho más humanos y humanizantes. Abogados, ingenieros, médicos, profesores mueren todos los días y son llorados sólo por su familia y amigos. En literatura se vive para siempre y se renace en la memoria de los lectores, a cada rato.



Me suenan todavía en la memoria los nombres de de los que ahora están en la brega literaria: Nicanor de la Fuente Sifuentes , Alfredo José Delgado Bravo, Andrés Díaz Núñez, Javier Villegas Fernández, Carlos Bancayán Llontop, Jorge Fernández Espino, Rully Falla Failoc, Guillermo Ortiz Suárez Ernesto Zumarán Alvites, Carlos Becerra Popuche, Stanley Vega Requejo, Luis Hinojosa Valdera, William Piscoya, Luis Ángel Yomona Yomona, Joaquín Huamán Rinza, Juan Montenegro Ordoñez, Rubén Mesías Cornejo, Dandy Berrú Cubas, Fernando Odiaga Gonzàles, Marcoantonio Paredes, Maria Elena Flores Alvitez, Antonio Castro Cruz, Teresa Menor Alarcón, Gerardo Carrillo Burga, Brander Gonzáles López, Marles Eneque Solano, Paul Muro Losada, Carlos Muro Yovera, Arturo Bravo Flores, Luis Alberto Hurtado Ramírez, Jonathan Larrea Colchado, Alex Castillo, Naneska Alarcón Gonzáles, Fernando Odiaga Gonzáles, Rolando Barrios Sandoval, Juan Felipe Chilón, Ronald Calle Córdova, Matilde Granados Requejo, David Villena Reyes, Henger Capuñay Fenco, Krishtian Valiente Uriarte, César Boyd Brenis, Cromwell Castillo Cabrejos, José Abad Escurra. Claro, a excepción de los cuatro primeros, ellos todavía no son muy conocidos, pues no están en las programaciones oficiales. Cuántos de ellos quedarán, cuántos nuevos surgirán, no lo sé, sólo el tiempo lo dirá.

EPÌLOGO:

La perspectiva de la literatura sigue firme y maciza en los jóvenes como promesa y continuidad, aunque no hayan tenido su bienvenida de postas por su generación precedente. La literatura sigue vigente aunque no tenga auspicio de mecenas ni apoyo oficial. La literatura sobrevivirá por los semilleros que se gestan, a veces ocultos, en los colegios y universidades y fuera de ellas, aun de aquellos que fueron desaprobados en ortografía y análisis morfosintáctico.

En las clases de literatura se debería adoptar la clase laboratorio y taller antes que la de auditorio y adormileros monólogos. Para incentivar la lectura deberíamos trabajar el binomio: biblioteca hogar, biblioteca barrio y biblioteca escuela. Para incentivar la creación literaria deberíamos invertir semanal y pedagógicamente una hora de teoría preceptivista, dos de lectura y dos de creación. Dejemos al verbo y sus clases tranquilos que ya harto saturado están los alumnos. Hagamos de los verbos y sus combinaciones pluscuanperfectas carne literaria y no mero tormento paporretero.





Lambayeque, noviembre 08 de 2007




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