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domingo, 6 de junio de 2010

POESÍA DE JORGE FERNÁNDEZ ESPINO



POESÍA DE JORGE FERNÁNDEZ ESPINO

I.

La persistente forma soñaría alguna vez
con el humoso blanco
de la primera memoria.
El blanco de titanio
viajero de paces
y absorbidas playas genitales
presenciaron la ígnea fecundidad de la tarde
alcanzando el profundo albor
en el mediano cristal de nuestras copas.
Los aceites descendían por tus brazos de luz
en la cóncava caparazón de la caricia.
Edades iban deshojándose
frugalicias telas del eternal banquete.
Elúdicos ritmos en madurado remojo
Solos
Viendo crecer la fruta en un cuadro antiguo
sobre azotado al mar
donde chamuscado cantar de roca
ninguna sirena espera.


II.

Allí, en la vértebra inscrita
calcos de ballena, penumbrada aullosa
la baba sacra de Jonás el chorro
y mis balbuceantes peomas y meopas
no eran aún el nuestro.
Lívidos ojerosos rezagos
espejito de invierno
con falda de muchacha
aleros de la idea eran nuestros aullidos
lobos del mismo dolor
corriendo en el espacio
bajo una luna
que ya casi era de todos
desde donde las acarameladas tizas
señoreaban
calcáreos rumbos a la hormiga.
Allá. Yeso en el barandel
amigajada pluma
orillando
el anglosajón índigo té
las cuatro y media de la tarde
mientras que los trogloditas
verisificantes del verbo
(lapsus linguae)
iban y venían
con sus dioses griegos a cuestas
gritando ¡Eureka!
por los resquicios de las bibliotecas.


III.

Vorágine con nombre que inscribió
en el huracán mítico
el génesis
donde antaño estuvo la ciudad
abandonada así por la luz
Xorgos
en murmura despotricando
que no hay señal en lo nuderal del hombre
que la cal de las paredes no haya escrito.
Las principales ocarinas trágicas
y la medusa príncipe
que el arenal toque del cántaro
en el horario.
El herbolario ámbar observando
nuevos terrenales goces de la fucsia
el primer corte en cinta
la espumarial undécima memoria
expuesta a todo jabón del monte.


IV.

Abandonado de murmura
viendo ya en el cósmico transluz
el humeante oval a veintisiete grados
el epsilón como una nueva abierta
separadas ballenas igual de sus antárticos sonidos
vararon en Deutschland
la Alemania de Beethoven y el Goethe
mastodónico arrastre grúas y camiones
lograron llevar de vuelta algunas
haladas por remolcadores
soltadas en alta mar
muchas fueron enterradas en la arena
bajo el canto de gaviotas pardas.
Algunos cascos de crustáceos
revolcados en la orilla
zanjas en el aullido último
década hacia el noventa
sin exhalos. Eolo silba en la auroral arena.



V.

La raspada en rojo vivo
amanecer del poro cada tarde
hemiciclo en la caída
el pensar absuelto entre dos sillas.
Una mosca bailando entre dos velas
único telón de fondo
Xorgos
dormitando preguntas
un Clos de Pirque derramado tiñendo balbuceos
estirado curvas sueña la erecta línea
lapiceros, palabras, uvas, todo ello
topacios monocorde, viejas notas.
El inscriptus Tael
Melkweg la una de la mañana
doblados de patas asesinados caballos
varamos mi capitán Mayo del sesentaiocho
con Sabina la pequeña
éramos un azteca reloj
caleta bajo el Intihuatana.

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